Parábolas año 2007

Parábolas año 2007

Virgen del Valle

Puerta al Cielo

Virgen del Valle - Isla de Margarita - Venezuela

Parábola 130

El Cuarto, se acerca al Tercero, y le dice:
– “¿Qué estás haciendo?”.

El Tercero, levanta los hombros, y dice:
– “Es que no sé”.

El Cuarto, le dice:
– “¿Cómo que no sabes?”.
– “¡No, no sé!, no sé qué quiero hacer, no sé a dónde ir, no sé qué quiero tener”.

Uno de los Segundos que estaba oyendo, se le acerca, y le dice:
– “Pero si tienes de todo, no te falta nada, tienes casa, comida y, además, tenemos al Maestro”.

Todos se voltearon y miraron al Primero, que estaba sentado, hablando con muchos Segundos, muchos Terceros y muchos Cuartos, y Quintos.
Se acercaron al Primero.

El Primero, El Maestro, se voltea, y les dice:
– “¡Acérquense!”.

Y mirándoles, les dijo:
– “Pronto vais a saber, a dónde vais y lo qué queréis, bajo su recuerdo, debéis desprenderos de las cosas materiales, os atan demasiado y no os permiten avanzar”.

El Tercero, avergonzado baja la mirada.

El Maestro, con infinito amor se acerca, le toca el rostro, y le dice:
– “Confía más en Mí, sígueme”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo, 16 de diciembre de 2007
Hora: 08:40 p.m.

Parábola 129

El Tercero, le dice al Segundo:
– “¿Viste lo que hace el Cuarto?”.

El Segundo, se voltea y ve que el Cuarto con una varita de paja movía la arena. Se sorprende y se le acerca, le pregunta:
– “¿Qué haces?”.
– “Estoy buscando”.
– “¿Y qué estás buscando?”, le dice el Cuarto.
– “No lo sé”.

El Segundo, se queda pensativo.
– “¿Cómo puedes buscar algo que no sabes?”.

Y el Primero, que los estaba oyendo, con infinita ternura se acerca, y les dice:
– “Está buscando lo que siente en su corazón, ya lo encontrará”.

Y siguieron caminando…

Y el Quinto, se acerca al Maestro, siempre preguntón:
– “Maestro, ¿Cómo es eso que está buscando, si lo que está es registrando el suelo?”.

El Maestro, se voltea, y le dice:
– “Obsérvalo. ¿Qué está haciendo?”.
– “Dándole con una paja al suelo Maestro, a la arena”.

El Maestro, le dice:
– “Observa nuevamente. ¿Qué está haciendo?”.

En eso el Quinto, se le queda viendo y ve que él, movía la paja sobre la arena, mas no la miraba, no estaba ahí. Se voltea, se acerca al Maestro, recuesta su hombro en Él, y le dice:
– “Maestro, siempre sabes lo que nos pasa. ¿Cuándo llegaré a ser como Tú?”.

El Maestro, se voltea, y le dice con infinito amor:
– “Sigue caminando a Mi lado”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo, 09 de diciembre de 2007
Hora: 01:00 a.m.

Parábola 128

El Cuarto, pasaba por la grama y la tocaba con su mano, y después levantaba la mano, y tocaba los arbustos. Los arbustos eran ásperos, mas la grama era suave y tenía un verde precioso, pero él levantaba la mano y tocaba los arbustos.

El Quinto, que siempre era inquieto y preguntón, le dice:
-“¿Por qué pasas la mano por los arbustos, que te pican y que tienen hojas duras, cuando el césped, la grama que tocas, es lisa y mullida?”.

El Maestro, los estaba oyendo y se acerca, y espera con ansias la respuesta.

El Cuarto, se voltea y mira al Quinto, y le dice:
-“¿Qué ves aquí?”, señalándole el césped.
-“La grama, veo suavidad, veo brillo, veo un color muy hermoso”.

El Cuarto, le dice:
-“¿Por qué no la abres y qué ves abajo?”.
-“Tierra, hormigas”.

Le dice, nuevamente el Cuarto.
-“Mira al arbusto, ¿Qué ves ?”.

El Quinto, le dice:
-“¿Qué voy a ver? ¡Hojas ásperas!”.

El Cuarto, le dice :
-“Observa, observa con detenimiento”.

En una de las hojas, había un capullo, que en ese momento se estaba abriendo y una hermosa mariposa, salió de él.

El Quinto, se sorprende y baja la mirada, y el Primero les dice:
-“Aún en las horas más difíciles, en las horas más oscuras, en las ramas más secas y en los ríos más revueltos, siempre, siempre, la mano de Mí Padre Estará, y así como esa mariposa vuela, hermosa, después de salir del capullo, así en el río habrán peces”.

El Quinto, otra vez con su sentimiento, preguntón, le dice:
-“¡Maestro!, ¿pero no me vas a negar que las ramas picaban y que son ásperas?”.

El Maestro, se sonríe con mucha paciencia, y le dice:
-“Cuando aprendas a ver el capullo y a la mariposa, habrás crecido”.

Y siguieron caminando…

El Segundo y el Cuarto, se acercan al Primero, y le dicen:
-“Maestro, o a Tí, o Usted, perdone, Maestro, perdónenos, ¿pero a Usted no le parece que el Quinto es como medio extraño?”.

El Maestro, se voltea, y les dice:
-“No. Es brillante, es inquieto, quiere saber, pronto va a caminar a Mí lado”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, viernes 16 de noviembre de 2007
Hora: 11:00 a.m.

Parábola 127

El Cuarto y el Quinto, que era muy revoltoso, vieron a un Segundo que estaba muy feliz.
Estaba muy contento, se sentía libre.
– “Maestro, ¿Qué le pasa al Segundo?”.

El Maestro, se les queda viendo, y les dice:
– “¿Por qué no se acercan a él y le preguntan?”.

El Quinto, que era bastante necio a veces, le dice:
– “Bueno Maestro, ¿pero Tú no Eres el que lo sabes todo?”.

El Maestro, se le queda mirando, y le dice:
– “Acércate y pregúntale”.

El Quinto, se sintió un poco avergonzado, bajó la cabeza y se acercó al Segundo:
– “¿Por qué estás tan alegre?, ¿Qué es lo que te pasa?, a mí me lo puedes decir”.

El Segundo, se voltea y se le queda viendo, y le dice:
– A ti y a todos, ¿Qué es lo que tienes? Amor, soy libre en el amor y eso me hace muy feliz”.

Y siguieron caminando…

El Maestro, se acerca, y le pregunta:
– “¿Entendiste lo que te dijo el Segundo?”.

El Quinto, bajó la cabeza, y le dijo:
– “Sí Maestro, nosotros somos los que nos hacemos infelices, necesito más amor, ayúdame a recibir amor”.

El Maestro, le pasa la mano por la cabeza, y le dice, abrazándolo por el hombro:
– “Ven, camina a Mi lado”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, jueves 08 de noviembre de 2007
Hora: 07:35 p.m.

Parábola 126

Los Segundos, los Terceros, veían a lo lejos, a muchos, que estaban distantes, que no eran de su grupo, que se reunían y hablaban, y se preparaban, con ropajes extraños.

Los Segundos, los Terceros, los Cuartos se miran unos a otros, y se acercan al Maestro:
– “Maestro, ¿Qué le pasa, a aquellos que están tan lejos?”.

El Maestro, levanta la mirada, los ve, baja la cabeza, y les dice:
– “Es que aún no Me han encontrado. Sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

El Quinto, que era inquieto y revoltoso, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, si ellos no se acercan, ¿nosotros no podemos irlos a buscar?”.

El Maestro, se sonríe, contento, le pasa la mano por la cabeza, lo abraza, y le dice:
– “Ven vamos a buscarlos”.

Y siguieron caminando…

El Maestro, con los Segundos y los Terceros, los Cuartos y los Quintos se acercaron suavemente, a todos esos que estaban ahí, se pararon y se les quedaron viendo. Uno de los muchos que estaban ahí, se le acerca al Maestro, se le queda viendo, lo ve con la ropa humilde, sencilla, y se devuelve, y le dice a los que estaban con él:
– “Vamos, sigamos, que estos no tienen nada que dar”.

El Maestro, los ve alejarse. Y el Quinto que seguía siendo inquieto y nervioso, le dice:
– “Maestro, ¿por qué los dejaste ir?”.

El Maestro, se voltea, y les dice:
– “No tenemos nada que darles”.
– “Pero Maestro”, le dice el Quinto. “Sí, tenemos muchas cosas que darle”.

El Maestro, se sonríe, le pasa a mano por la cabeza nuevamente, y le dice:
– “Estás creciendo, tienes razón, sigamos tras ellos”.

Y siguieron caminando…

Y pasaron lunas, y pasaron soles, y el Maestro seguía caminando con los Segundos, los Terceros y los Cuartos sin acercarse mucho a los que estaban lejos, pero que cada vez estaban más cerca.

De repente, le dice a los Segundos y a los Terceros y a los Cuartos, vamos a sentarnos, y empieza a decirles cosas hermosas, les habla de la Naturaleza, del cielo, del Sol, de las estrellas, del amor, de la paz, del grupo que iba en frente, de los que eran muchos, algunos, se habían acercado.
El Maestro, siguió hablando, les siguió explicando la importancia que tenía la Naturaleza, los animales, la fortaleza. Los que estaban adelante llamaron a los que se habían acercado, ellos miraron a sus compañeros, vestidos con ropajes, con cueros, armados, y vieron al Maestro sentado, con todos los discípulos, se veían radiantes, se veían con luz, y bajando la cabeza, se quitaron la ropa de cuero, las cosas pesadas, y le dijeron:
– “Maestro, ¿podemos caminar con ustedes?”.

El Maestro le sonríe, y les dice:
– “Sigamos caminando…”.

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, martes 06 de noviembre de 2007
Hora: 01:00 a.m.

Parábola 125

El Maestro, se acerca, al Segundo, y le dice:
– “Debes retirarte, sentarte en aquella colina, 3 días, y te vendré a buscar”.

Y siguió caminando…

Los Terceros, los Cuartos, los Quintos y otros Segundos que estaban cerca:
– “Maestro, ¿por qué él tiene que retirarse a la colina 3 días, y nosotros no?”.

Y el Maestro, con infinita paciencia, se les acerca, y le dice:
– “¿No sabéis acaso, que cada uno de vosotros en su momento, sabréis lo que tenéis que hacer? Debéis obedecer, con vuestra humildad, con vuestra fe, con vuestra paciencia”. Y siguieron caminando…

El Quinto, que siempre era el revoltoso y nunca entendía nada, se acerca nuevamente al Maestro, y le dice:
– “Maestro, yo quiero ir a la colina con el Segundo, y estar con él los 3 días”.

El Maestro, se le queda viendo:
– “¿Para ver lo que hace?”.
– “¡Claro, Maestro!”.
– “Entonces no irás”.
– “¿Por qué?”.
– “Si me hubieras dicho, para acompañarlo, irías, pero no estás preparado”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, viernes 02 de noviembre de 2007
Hora: 02:15 p.m.

Parábola 124

El Cuarto, el Quinto y el Sexto llamaron a todos los otros Cuartos, Quintos y Sextos, buscaron a los Segundos y se reunieron todos. Ya que no veían al Maestro.
Un Tercero pregunta:
-“¿Alguno de ustedes lo ha visto?”.

Un Segundo, que venía caminando, les dice:
-“Yo sí lo vi, siempre lo he visto, pues no entiendo, ¿por qué ustedes no lo ven?”.

El Maestro, se acercó silenciosamente, y les dijo:
-“¡Ay, de aquellos, que no Me vean!, ¡ay, de aquellos, que no Me sientan! Tendrán que seguir caminando”.

Y siguieron caminando…

El Segundo, que le vio la mirada triste al Maestro, se acercó, y le dijo:
-“Maestro, ¿por qué Estás tan triste?”.

Él le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
-“Tú lo sabes, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

El Tercero, el Cuarto, el Quinto se acercan al Segundo, y le preguntan:
-“¿Qué te dijo el Maestro?”.
-“Que yo lo sabía”.

El Maestro, que los estaba oyendo, se acerca. Y los Terceros, los Cuartos y los Quintos, le dicen:
-“Maestro, el Segundo no nos quiere decir, que él lo sabía”.

El Maestro, se queda viendo con mucho amor al Segundo y le hace una seña. El Segundo, se acerca a todos entendiendo la seña, y les dice:
-“Es que Él siempre Está, aunque no lo veamos”.

El Segundo, se acerca al Maestro, y le dice:
-“Maestro, ¿te puedo hacer una pregunta?”.
-“Dime”, le dice el Maestro.
-“¿Tú sufres verdad?, cuando no Te ven, cuando no Te sienten”.
-“Mucho”, le dice el Maestro.

El Segundo, bajó la mirada y se le salió una lágrima. El Maestro, le pasó el dedo, la recogió, y le dijo:
-“Sigamos caminando…”.

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, martes 23 de octubre de 2007
Hora: 12:50 p.m.

Parábola 123

El Quinto, se acerca a un Cuarto y a un Tercero, y les dice:
– “¿Ves al Segundo?, no sé qué le pasa, ¿le preguntamos al Maestro?”.

El Maestro, que los estaba oyendo, se acerca, y les dice:
– “¿Qué queréis saber?”.
– “Maestro, mira al Segundo, está como triste, ¿lo estás observando?”.
– “Sí”, dice el Maestro.

El Cuarto y el Quinto, se quedan extrañados,
– “¿Será que el Maestro, no va a hacer nada?, ¿no se va a acercar a él?”.

Por fin, se acercan, y le preguntan:
– “Maestro, Maestro, ¿es qué lo vas a dejar solo?, ¿no ves cómo está?”.

El Maestro, se les queda viendo, y les dice:
– “No está solo, Yo Estoy en él, en sus pensamientos y en su amor”.

Y siguieron caminando…

El Quinto, que era tan rebelde, uno de los tantos Quintos. Siempre los Quintos eran rebeldes, se queda pensativo, se rasca la cabeza, los ojos, no sabía que hacer, si acercarse al Segundo y pasarle un brazo por los hombros o preguntarle al Maestro, “¿qué, por qué, había dado esa respuesta?”.

En eso, decidió acercarse al Segundo, se le sentó al lado, y lo abrazó, y le dijo:
– “No sé lo que tienes, solo sé que te quiero y estoy a tú lado”.

El Maestro, que lo estaba oyendo, se sonríe con infinita ternura y alegría, y dice:
– “¡Por fin! Sigamos caminando…”

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, jueves 11 de octubre de 2007
Hora: 12:25 a.m.

Parábola 122

El Cuarto, el Quinto y unos Terceros estaban reunidos, comentaban entre ellos, se decían cosas. Hablaban unos Segundos y unos Terceros:
– “Maestro, aquellos no te prestan atención”.

El Maestro, les dice:
– “Ya os dije, ahora no, mañana sí”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Baruta, Edo. Miranda, sábado 06 de octubre de 2007
Hora: 02:00 p.m.

Parábola 121

El Quinto, estaba sentado, contemplando las diferentes piedras que tenía en su colección, había caminado mucho, y en diferentes sitios, había agarrado alguna piedra, unas eran muy hermosas, otras eran ásperas, algunas brillaban, todas eran diferentes.

El Maestro, se le acerca, toma una de ellas, y le dice:
– “¿Crees que ésta sea más importante que está?”.

Él, muy serio, le dice:
– “No, Maestro”.

El Maestro, se sonríe, le acaricia el pelo, y sigue caminado…

– “Maestro”, se le acerca uno de los Segundos, y le dice:
– “¿Hasta cuándo vamos a caminar?”.

El Maestro, le dice:
– “Otra vez, ¿otra vez con la pregunta?”.
– “Maestro, es que quiero descansar, necesito descansar”.

El Maestro, se dio cuenta, de que se había desesperado, de que no había comprendido muy bien la pregunta, y le dice:
– “Te cansaste, ¿te cansaste de caminar a Mí lado?”.
– “No, Maestro, solo de caminar”.

El Maestro, se le queda viendo, admirando su sabiduría, y le dice:
– “Ven, vamos a descansar y después, seguimos caminando…”

Un Tercero, que estaba sentado con las piernas cruzadas, refunfuñando, se queda atrás.
Un Segundo, se le acerca, y le dice:
– “Vamos chico, no los podemos atrasar”.

El Tercero, le dice:
– “Es que no sé cómo adelantar, pareciera que no lo hago bien”.

El Maestro, que los estaba oyendo, les dice, con infinito amor y paciencia:
– “¿Por qué no dejan que sea Yo el que decida? Vamos”.

Y siguieron caminando…

Y un Quinto, que era muy rebelde, pero muy rebelde, todo lo analizaba y lo discutía, a todo le buscaba una explicación lógica, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, ¿es qué no tenemos derecho a dudar?, ¿es qué no tenemos derecho a estar cansados?, ¿es qué no tenemos derecho, y no tenemos derecho, y no tenemos derecho?”.

Y el Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “¿Qué te pasa?, nunca te he quitado tus derechos, eres tú el que no sabes cargar con ellos”.

Y siguieron caminando…

El Niño, que caminaba feliz, que cargaba las piedras en su bolsillo, se encuentra a un señor que estaba pensativo, no se reía, no sabía reír. El Niño se acerca, y le dice:
– “Hola, ¿por qué no sonríes?”.

Él, mal encarado, se le queda viendo, con las cejas fruncidas.
– “¿Y qué es eso?”.

El Niño coge sus dos dedos y le hace así.
-Rosaura, coloca los dedos índices en las comisuras de la boca, para hacer un gesto de una sonrisa forzada-
– “¿No te sientes mejor?”.

El hombre le hace gracia, y le dice:
– “Eres un poquito grosero”.
– “No”, le dice el Niño.
– “Solo soy feliz, solo soy feliz”.

Se va caminando, recogiendo piedritas y guardándolas en su mochila para que nadie las tropezara, y pensaba: “¿Por qué a la gente le costará tanto ser feliz?, si es tan fácil, si es tan fácil”.

Y el Niño sigue caminando y se tropieza con un viejo que estaba sentado, recostado en un árbol, se acerca, le mira sus manos, estaban arrugadas por los años, por el trabajo. El Niño, se acerca, toma una de sus manos, y le da un beso, le sonríe al señor, y se va cantando feliz.

El hombre, extrañado, se mira su mano, “¿Por qué se la habría besado?”.
– “¡Niño, Niño ven acá!, ¿por qué me besaste la mano?”.

Y el Niño, se devuelve, y le dice:
– “Porque en sus manos está el reflejo, de tanta vida, de tantos logros, de tantos trabajos, merece mí respeto”.

El anciano, se sorprende, se le humedecen los ojos. El Niño, viendo lo que había hecho, se acerca y lo abraza, y le dice:
– “Siempre, siempre, hay quien reconoce lo que sus manos han hecho”.

Y se va cantando feliz…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, lunes 24 de septiembre de 2007
Hora: 02:45 a.m.

Parábola 120

Un Tercero, se acerca al Maestro, al Primero, y le dice:
– “Maestro, ¿Tú has observado al Quinto allá a lo lejos, que está como ausente?”.

El Maestro, le pasa la mano por la cabeza con suavidad, y le dice:
– “Es que él cree que perdió a un ser querido”.
– “¿Y no lo perdió, Maestro?”.
– “Nunca, el amor es eterno, el amor no se pierde”.

Y siguieron caminando…

Un Cuarto, un Tercero y un Segundo, que estaban oyendo, se quedaron sorprendidos, y se acercaron al Maestro:
– “Maestro, ¿Tú crees que algún día tendremos Tu sabiduría?”.

Y el Maestro, se sonríe con infinito amor, y les dice:
– “Sigan caminando”.

Y siguieron caminando…

El Primero, les dice a todos los Segundos, a todos los Terceros, a los Cuartos, los Quintos, eran muchos, muchos, muchos, muchos, que se sentaran.
Y todos respetuosamente, se sientan. Él se pone en la parte más alta de la colina y se les queda viendo. Todos guardaron silencio, no hablaban y pasó un minuto, y pasaron dos, y pasó media hora, y ya empezaron a sentirse inquietos, se movían en sus puestos, cruzaban las piernas, las estiraban, se rascaban el ojo, se rascaban la espalda.
El Maestro los miraba y no decía nada, y pasó otra media hora, y ya tenían calambres en las piernas, ya no sabían qué hacer.

Por fin, un Segundo se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué estamos sin hacer nada?, ¿por qué estamos sentados?”.

El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “Para que aprendáis a caminar”, les hizo una seña, se levantó y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, sábado 22 de septiembre de 2007
Hora: 09:10 p.m.

Parábola 119

El Segundo, le dice al Tercero:
– “Vamos a preguntarle al Maestro, ¿por qué tanto tiempo quieto?”.
– “¿Tú crees?”.

Le dice el Cuarto, que estaba oyendo la conversación:
– “Puede ser que esté cansado”.
– “No”, le dice el Segundo,
– “Él no es así, Él no se cansa. ¿No sabes acaso, quien es Él?, Él no se cansa”.

Se acercaron:
– “Maestro, ¿por qué tienes tanto tiempo sentado?”.

El Maestro, se voltea, los mira con infinito amor, y les dice:
– “¿No veis acaso, que Estoy en el ahora? Ya tendremos tiempo, para el mañana”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, miércoles 12 de septiembre de 2007
Hora: 11:15 p.m.

Parábola 118

El Cuarto, el Quinto y el Sexto oían mucho ruido ¡claro!, ellos no habían estado las otras veces que había ruido y eran jóvenes, estaban empezando, se acercan a unos Segundos y a unos Terceros, y le preguntan:
– “¿Por qué tanto ruido?, me atormenta”.

Ellos se les quedaron mirando, y le dijeron:
– “Vamos a buscar al Maestro y sigamos caminando…”.

El Cuarto y los Quintos y los Sextos nuevos, se preguntaron así mismos:
– “¿Y estos que tienen tanto tiempo caminando, no saben de dónde viene el ruido?”.

El Maestro, que los estaba oyendo, pues Él siempre oye, se acercó, y les dijo:
– “Depende de los ruidos, hay ruidos del alma, ¿acaso esos no los habéis oído?”.

Y siguió caminando…

El Cuarto, el Quinto y todos los que estaban ahí, como eran tan jóvenes se sorprendieron:
– “¿Y es que el alma hace ruido, Maestro?”.

Se acerca uno tímidamente:
– “Maestro, Maestro”.

El Maestro, se voltea con una sonrisa, le pasa la mano por la cabeza, y Él le dice:
– “El ruido del alma, el ruido del corazón se diluye en las lágrimas de los ojos, más ensordece, debéis caminar, sigamos caminando…”.

El joven que era bastante impertinente y no se dedicaba a pensar, quería que todo se le explicara detalle a detalle, se quedó rezagado. Un Segundo, se acerca, y le dice:
– “Ven acá, los ruidos que estás oyendo, los hacen, los que tienen vacío los ruidos del alma”.

Y siguieron caminando…

Y los ruidos seguían con más fuerza en la noche, se veían como luces y no los dejaban dormir, no los dejaban pensar. El que era tan impertinente se acerca al Maestro, más de pronto se detiene y se dio cuenta, que una lágrima se deslizaba por Su mejilla, retrocedió, comprendió y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, martes 04 de septiembre de 2007
Hora: 04:45 p.m.

Parábola 117

El Segundo, se acerca al Primero, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué están todos tan alborotados? ¿Qué es lo que pasa? Corren para acá, corren para allá, agachan la cabeza, buscan, registran. ¿Qué les dijistes?”.

El Maestro, se sonríe con cierta picardía, y le dijo:
– “Debéis buscar algo que para vosotros sea importante, y que defina qué es vuestras vidas”.
– Maestro, ¿Tú le dijiste eso?”.
– “Así es”.
– “¿Y para qué?”.
– “Ya verás, ya verás”.

Y siguieron caminando…

Todos seguían alborotados buscando y se preguntaban unos a otros:
– “¿Ya conseguiste lo que buscabas? ¿Ya encontraste lo que buscabas? ¿Viste lo que buscabas?”.

El Maestro, los llama, y les dice:
– “Siéntense y cada uno de ustedes Me va a mostrar lo que para si es importante para su vida”.

Uno de los Cuarto se acerca, y le dice:
– “Mira esta piedra”.

El Maestro, la mira, levanta la mirada, y le dice:
– “Es una piedra”.
– “¡Claro Maestro!, es una piedra, pero ésta y otra, y otras piedras, van a hacer mi casa, van a construir mi casa, y esta piedra tiene el valor de mi casa”.

El Maestro, le pasa la mano por la cabeza. Se acerca otro y le enseña con timidez, y era un Tercero, era muy tímido, abre su mano y le enseña un cristal, que brillaba como una estrella.
Y el Maestro, le dice:
– “¿Qué representa para ti?”.
– “Maestro, representa la luz, el brillo, con esta piedra siempre voy a tener luz”.

El Maestro, le acaricia la cara y se acerca otro, que abre una caja, que tenía muy bien envuelta, toda cubierta de telas, y mantas, las fue quitando una a una, ya todos tenían curiosidad, ya todos se habían acercado.
Y el Maestro, le dice:
“¿Qué tienes ahí?”.
– “Maestro, mira lo que tengo, unas semillas, las semillas las voy a sembrar, y van a florecer y muchos árboles darán”.

Y así cada quién le fue enseñando diferentes cosas.

El Maestro, se voltea, y les dice:
– “Yo les voy a mostrar la caja que les tengo para ustedes, lo que para Mí es importante”.

El Maestro, con mucho cuidado, suelta las ataduras de la caja, la abre y para sorpresa de todos, no hay nada.
– “¡Maestro!, ¿es una broma acaso?”, le dicen todos.
– “No. Miren bien lo que hay en la caja”.

Todos se acercaron y miraron la caja, se la pasaron de mano en mano, no veían nada, la caja estaba vacía, cuando llega nuevamente al Maestro, Él se voltea, y les dice:
– “¿Qué habéis visto?”.
– “Maestro, una caja vacía”.
– “No, no es una caja vacía, está llena con todas las inquietudes de vosotros, de vuestras cajas, de lo que habéis buscado, está llena con el universo de vuestro amor”.

La cerró, la guardó y siguió caminando…

El Maestro, se voltea y vio que uno de los que había llegado de último, un Séptimo o un Octavo, estaba como alejado, estaba como triste.
– “¿Qué te pasa hijo Mío?”.
– “Maestro, no tuve tiempo de buscar nada”.
– “¿Por qué?”.
– “Es que estaba ocupado recogiendo las piedras del camino para que nadie se hiciera daño en los pies”.

El Maestro, le dice con mucho amor:
– “Ven”.

Abre su caja, que estaba vacía, y le dice:
– “Colócalas aquí y sigamos caminando…”.

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, miércoles 29 de agosto de 2007
Hora: 03:00 a.m.

Parábola 116

El Segundo, se había alejado un poco, no quería que lo vieran que estaba triste, mas, el Tercero y el Cuarto, se dieron cuenta, y se acercaron silenciosamente:
– “¿Qué te pasa?”, le dijeron al Segundo. Él levantó sus ojos:
– “Nada, nada que no se pueda arreglar”.

El Cuarto y el Quinto se quedaron pensativos, no le gustaban verlo triste, él era tan alegre, siempre sonreía, les daba ánimo y aunque le doliera mucho a veces los pies, las manos, el caminar, siempre estaba sonriente, siempre tenía una alegría.

Preocupados se acercan al Maestro:
– “Maestro, ¿Tú te diste cuenta que el Segundo, uno de Tus primeros Segundos, se la pasa triste?”.

El Maestro, les hace seña, y les dice:
– “Vamos a caminar, él en su tiempo, encontrará la paz, sólo debe saber que estamos aquí. Caminemos junto a él, que nos sienta, solo eso”.

Y siguieron caminando…

Pero el Quinto, seguía preocupado, extrañaba la alegría del Segundo, extrañaba que siempre los alentaba, extrañaba su confianza:
– “Maestro, ¿hay que esperar mucho tiempo?”.

El Maestro, le dice:
– “Cada quién tiene su tiempo para crecer, no hay ni que apresurarlo, ni que detenerlo. Sigamos caminando…”.

El Séptimo, el Octavo que eran así como medio curiosos y no entendían muy bien esa conversación, un poco como sublime, ellos eran medio rústicos, estaban recién incorporados, habían muchas cosas que no habían visto, se acercan al Maestro:
– “Maestro, ¿nosotros para caminar a Tu lado habrá momentos en que estaremos tristes, y en que no cantaremos?”.

Y el Maestro, suspira, les pasa la mano por la cabeza, y les dice:
– “Sigamos caminando…”.

El Maestro, los detiene a todos, y les dice que se sienten a su alrededor. Extiende sus manos, y les dice:
– “Levanten los ojos, ¿ven las estrellas? Se los dije en una oportunidad, ¿quién se mueve, las estrellas o nos movemos nosotros en la Tierra?”.

El Cuarto, se sorprende, y le dice:
– “Maestro, ¿Es importante saber quién se mueve?”.

Y el Maestro, lo mira pensativo, y le dice:
– “Realmente no, lo importante es que sigamos caminando…”.

Llegaron a un río donde había una muchacha sentada, que se estaba curando los pies, se había dañado con una piedra, eran piedras pequeñas que tenía en los pies, pero el Maestro vio a un niño sonriente, a un niño hermoso, a un niño que sabía vivir, no conocía los problemas de la madurez, él disfrutaba del aire, del tiempo, además tenía una gran sabiduría, se acerca, y le dice al niño:
– “¿Qué haces?”.

El niño, sorprendido lo mira, y le dice:
– “¿Quién eres tú?”.
– “Un caminante”.

El niño, le dice:
– “¿A Ti también te molestan las piedras en los pies? Porque yo te las puedo quitar, las llevo en mi bolsito y así no te molestan”.

El Maestro, se sonríe, le pasa la mano por el cabello, se voltea y mira a los Segundos, y a los Terceros, y a los Cuartos, y les dice:
– “A ellos, a estos niños, son los que debemos llevar a caminar”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, martes 28 de agosto de 2007
Hora: 02:41 a.m.

Parábola 115

El Tercero, se acerca al Quinto, a uno de los tantos Quintos y lo ve que va recogiendo hojas, hojas sueltas en el camino. El Quinto, se las ponía en las manos, las contemplaba, las miraba, las tocaba, algunas las guardaba, otras las soltaba.

El Primero, lo estaba viendo, se sonrió y siguió caminando…

El Tercero, ya tenía curiosidad y el Segundo, se acercó, y un Cuarto, y un Séptimo, y rodearon a ese Quinto.
– “¿Qué haces?”.

El Quinto, levanta la mirada, les enseña triunfante una hoja hermosa que tenía en las manos.
Ellos le dijeron:
– “Pero, si es solo una hoja”.

El Quinto, sorprendido, les dice:
– “¿Es que ustedes no han visto las hojas?”.
– “¿Y qué es lo que tenemos que ver?”, le dice un Quinto igual a él que estaba a su lado.

Este Quinto, se voltea, recoge dos o tres y se las enseña.
– “Estas tres representan la vida, ésta está naciendo, está fresca, dura, brillante y ésta otra, representa la madurez, ya el color está empezando a ponerse más claro, y ésta otra representa el ocaso, ya está amarilla, ya está marrón, se va a convertir en abono”.

El Tercero, se ríe, y le dice:
– “Pero eso lo sabemos”.

El Quinto, se le queda mirando fijamente, y le dice:
– “Recoge una hoja”.

El Tercero, sorprendido recoge una hoja al azar.

El Quinto, le dice:
– “Abre la mano, enséñala. ¿Qué ves en la hoja?”.
– “Nada”.

El Quinto, le dice:
– “Observa tiene gotitas de rocío, mira la hormiga que la está caminado, mira como muerde un pedacito, hay un universo en esa hoja, hay vida que se desplaza”.

El Tercero, se rasca la cabeza.
– “Visto de esa manera es más que una hoja”.

Y todos dijeron:
– “¡Es más que una hoja!”.

Se voltean al Maestro que se había acercado silenciosamente, y le dicen:
– “Maestro, ¿Qué ves Tú en las hojas que tiene el Quinto?”.

Él se sonríe, los mira con mucho amor, y les dice:
– “Sabiduría”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, jueves 16 de agosto de 2007
Hora: 11:51 p.m.

Parábola 114

El Segundo, se acerca al Tercero, al Cuarto y les dice, bajando la voz:
– “¿Ustedes se dieron cuenta de lo que el Primero tiene en sus manos?”.

El Tercero y el Cuarto extrañados.
– “¿Tiene algo en las manos?”, el Segundo, les dice, “Yo creo que sí”.

El Quinto, que los estaba oyendo, les pasa a un lado, se acerca al Primero, y le dice:
– “Maestro, enséñame Tus manos”.

El Maestro, mueve la cabeza, suspira, y le dice:
– “¿Es que todavía tengo que enseñar las manos?”.

El Quinto, sorprendido baja la cabeza. El Maestro, le enseña las manos, se voltea y sigue caminando…

El Tercero, le dice al Segundo, el Cuarto los estaba oyendo:
– “Me parece que el Quinto está llorando”.

Se acercaron a él y en efecto, estaba llorando. Eran lágrimas silenciosas que rodaron por su rostro.
– “¿Por qué lloras?”, le dice el Segundo.
– “Le vi las manos”, le contesta el Quinto.

Sorprendidos bajaron la cabeza miraron al Primero que se alejaba caminando y siguieron caminando…

El Primero, viendo la confusión que había y ya se habían acercado muchos Segundos, muchos Terceros, muchos Cuartos, Quintos, Sextos, Séptimos, habían muchos. Les hace señas que se sienten, Él se sienta, cruza sus piernas, levanta las manos y se las enseña, todos guardaron silencio, no dijeron nada.

El Primero, se levanta y sigue caminando…

El Segundo, muy triste, le dice al Tercero, al Cuarto y Quinto y a todos los demás que estaban ahí:
– “Siempre las tenía y no se las veíamos”, bajó la cabeza llorando y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, sábado 11 de agosto de 2007
Hora: 9:50 a.m.

Parábola 113

– “Maestro”, le dice el Segundo a el Primero. “Aquí estamos todos, todos los Segundos, todos los Terceros, todos los Cuartos, los Quinto, los Séptimos, aquí estamos todos Maestro”.

El Maestro los mira y se sienta, el Segundo le dice:
– “Maestro, aunque a veces caminemos y tomemos caminos desviados no nos dejes solos, Te necesitamos tanto”.

El Maestro, se les queda viendo y les dice, con infinito amor:
– “No sabéis, que aún en los caminos desviados Yo Estoy ahí”.

Se paró y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, jueves 02 de agosto de 2007
Hora: 12:35 p.m.

Parábola 112

El Primero, se acerca a donde estaban el Tercero, el Cuarto y el Quinto, y les dice:
– “Quedaos quietos, quedaos tranquilos, buscad en vosotros mismos la respuesta, más debéis recordar, que Yo Estoy aquí y sigo caminando…”.

El Cuarto, el Quinto, el Sexto, se preguntaron así mismos:
– “¿Qué nos habrá querido decir, si estamos tranquilos?”.

El Segundo, que los estaba oyendo se acerca al Primero, y le dice:
– “Maestro, como que no entendieron”.

El Maestro, con infinito amor le acaricia el cabello, y le dice:
– “Ahora no, mañana sí”.

Y siguieron caminando…

El Segundo, ve al Sexto y al Séptimo. El Séptimo estaba riéndose, se veía tan feliz, se acerca y ve que se estaba riendo porque estaba haciendo unos diseños, unos dibujos en la arena, en la tierra y había hecho rostros de un Tercero y de un Cuarto. El Segundo, le pregunta:
– “¿Y porque te ríes?”.
– “Porque los hice felices, y comparto su alegría”.

El Primero, se acerca al Séptimo, y le dice:
– “Estás cerca, muy cerca”.

Y siguieron caminando…

El Tercero, el Cuarto y el Quinto se sorprenden y se acercan al Segundo, y le dicen:
– “¿Cómo va él a estar cerca, si poco tiempo que llegó?, ¿y nosotros que tenemos tanto tiempo no lo estamos?”.

El Segundo, se sorprende igual que el Primero y se quedan viendo el uno al otro, y el Primero, le dice:
– “Si no os sentís que estáis cerca, cerca no estarán”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, domingo 29 de julio de 2007
Hora: 04:12 p.m.

Parábola 111

El Quinto, el Cuarto, y el Tercero estaban dispersos.

El Segundo, que hablaba con el Primero, los mira y se entristece.

Y siguieron caminando…

El Tercero, el Cuarto, el Quinto, el Sexto, el Séptimo daban círculos, iban para allá, iban para acá.

El Segundo, los vuelve a mirar. En eso, el Primero, le pasa la mano por la cabeza:
– “Dales tiempo, ya caminarán de nuevo”.

Y siguieron caminando…

El Segundo, que los amaba profundamente, mira al Primero, y le dice:
– “Solo Tú, solo Tú”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, martes 24 de julio de 2007
Hora: 5:00 p.m.

Parábola 110

Un día, alguien caminó, se encontró muchas cosas en el camino, hermosas flores, árboles, mas también se tropezaba con las piedras y las piedras les dañaba los pies, más Él se recreaba tanto con las flores, con los árboles, con el trinar de los pájaros que no le dio importancia a los golpes de los pies. Y al caer la noche, prendió una fogata y se sentó, y para su sorpresa tenía los pies sangrantes, heridos y le dolían. Pero fue tan hermoso lo que vio, fue tan grande lo que vivió y lo que sintió, ¿Qué importa que lloren unos pies un poquito de sangre?, si el corazón tiene júbilo y alegría.

Amaneció, se puso unas vendas en los pies y siguió caminando, volvió a ver los árboles, los pájaros, el camino era verde, mullido. Mas los pies le dolían, se sentó en una piedra, y dijo:
– “Voy a revisar porque me duelen los pies”.

Tenía zapatos pequeños, zapatos que no le quedaban, nunca tiempo, nunca tuvo tiempo de comprarse unos zapatos a su medida, siempre estaba tan ocupado con los demás. Siempre estuvo tan ocupado viendo los árboles, el cielo, y se quedó dormido. Y pasaron las horas y le dio fiebre, y los pies le dolían, ¡Cuánto le dolían sus pies! En eso se sentó, observó sus pies, observó el cielo, y el paisaje, y se dice para sí mismo:
– “Tengo que curarme los pies, mientras hay heridas que duelen no puedo disfrutar del paisaje, ni de los pájaros, ni del camino”.

Muchas veces nosotros tenemos una piedrita en el zapato que nos molesta, pero es eso, una molestia, una simple piedrita y no le damos importancia, y la piedrita maltrata, y hace daño, pero envueltos en la alegría de ver todo lo que está alrededor no le damos importancia a la piedrita, y ese es el error, hay que quitar la piedrita, hay que continuar, no hay que sentir dolor, solo paz, solo tranquilidad. Por muy insignificante que parezca una piedrita cuanto daño hace cuando es continua o es acaso, que se les olvida que una gota de agua puede a perforar un can… (Suspira) un cántaro. Siempre buscamos las piedras grandes que nos tropiezan más las pequeñas son las que hacen más daño.

El señor estaba caminando, se había arreglado sus pies, se había vendado los pies, y se le acercó a un niño, el niño estaba feliz, el niño estaba contento, no le dolía nada, no se había tropezado con ninguna piedra, y él asombrado se le acerca, y le dice:
– “¿Cómo hiciste para no caer en ninguna piedra?”.

El niño se voltea sorprendido, y le dice:
– “Yo las recojo, las tengo en mi bolsillo, me acompañan mas no me hacen daño”.

El señor que venía caminando junto con el niño. Que el niño que llevaba sus piedras encima se encontraron con una muchacha, la muchacha estaba sentada en el árbol, estaba triste, muy triste. El niño en su inocencia, le dice:
– “¿Por qué estás triste, si eres tan hermosa, si eres tan linda?”.

La muchacha levanta sus ojos y le enseña sus pies:
– “Es que tengo muchas piedras dentro del zapato y me están haciendo daño”.

El niño, le acaricia, le dice:
– “Dámelas, yo las guardo, yo te las llevo”.

Y se fueron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, lunes 16 de julio de 2007
Hora: 1:30 p.m.

Parábola 109

El Tercero y el Cuarto, estaban hablando entre ellos:
– “No sé, no comparto lo que hace el Segundo”.

El Quinto y el Sexto, se acercaron:
– “Nosotros tampoco”.

El Primero, que los estaba oyendo, se acerca, y les dice:
– “Cuanto les falta a ustedes por llegar a ser Primeros”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Baruta, Edo. Miranda, sábado 14 de julio de 2007
Hora: 05:59 p.m.

Parábola 108

El Tercero, le dice al Cuarto:
– “¿Tú sabes dónde fue el Segundo?.

El Cuarto, le dice:
– “No sé, él cree que lo está haciendo bien”.

El Primero, que los estaba oyendo, baja la cabeza, los mira y sigue caminando…

El Cuarto, se sorprende con la respuesta del Tercero, se sintió inquieto, no era lo que esperaba, se acerca al Primero, y le dice:
– “Maestro, ¿Tu crees que el Segundo lo está haciendo bien?”.

El Maestro, se voltea, le acaricia el pelo, y le dice:
– “¿No sabes acaso, que él no hace nada que Yo no quiera que haga?”.

Y siguieron caminando…

El Tercero, se quedó pensativo y se acerca nuevamente al Primero, y le dice:
– “Maestro, ¿Cómo podemos hacer lo que Tu quieres que hagamos?”.

El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “Recordad, el Segundo está muy cerca de Mí, él sabe lo que está haciendo”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Baruta, Edo. Miranda, viernes 13 de julio de 2007
Hora: 12:20 p.m.

Parábola 107

El Cuarto, le dice al Quinto:
-“¿Qué le pasa al Segundo, lo veo como triste?”.

El Tercero, que los estaba oyendo, dice:
-“Sí, si se ve triste”.

En eso se voltearon y vieron que se acercaba otro Segundo.

El Primero, se acerca al Segundo que estaba triste, y le dice:
-“Levanta la mirada, que ya está llegando”.
-“No… Él siempre Está”.
-“Siempre Estoy”.

El Segundo ve, y ve que se acerca, y se voltea, y le dice al Primero:
– “Gracias Padre”.

Y siguieron caminando…

El Cuarto, se acerca al Segundo que estuvo triste, y le dice:
-“¿Cómo es eso que te pones triste, si estás tan cerca del Primero?”.

El Segundo, se sorprende, y le dice:
-“Tú también estás cerca del Primero y yo te he visto triste caminando”.

El Primero, ve a los dos Segundos, que se reían y estaban contentos.

Se acerca al Tercero, Cuarto, Quinto, y les dice:
-“Todo pasa, todo pasa”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 10 de junio de 2007
Hora: 10:15 p.m.

Parábola 106

El Cuarto y el Quinto, estaban discutiendo. El Segundo, le dice al Tercero:
– “¿Los ves? Están discutiendo”.

El Tercero, le dice:
– “Sí, ya tienen tiempo discutiendo”.

El Primero, que los estaba oyendo, baja la cabeza, y sigue caminando…

El Segundo, se acerca al Tercero, y le dice:
– “Vamos”, llegando junto al Cuarto y al Quinto, y pregunta:
– “¿Qué tanto discutid?”.

El Cuarto y el Quinto, se voltean, y le dice:
– “Es que no quiero ir por ese camino”.

El Tercero, se acerca, mira el camino, sorprendido se voltea, y les dice:
– “¿Qué tiene ese camino que no quieres ir por el?”.

El Primero, que los estaba oyendo, se acerca, y les dice:
– “Toda la verdad, toda la verdad”.

Y siguieron caminando…

El Cuarto, le dice al Quinto:
– “Yo no temo seguir ese camino, yo sé cuál es mi verdad”.

El Tercero, le dice:
– “Yo también sé cuál es la mía”.

El Segundo, le dice al Tercero:
– “¡Oye! ¿Y hay diferentes verdades?”.

El Primero, con infinita paciencia, les dice:
– “No, hay maneras distintas de buscarlas”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Pariaguán, Edo Anzoátegui, jueves 17 de mayo de 2007
Hora: 06:42 a.m.

Parábola 105

El Primero, se acercó, se iluminó dónde estaban los Terceros, los Cuartos y los Quintos, y los vio rodeados de muchos Segundos y Terceros, se sonrió, dio la vuelta y siguió caminando…

El Cuarto, le dice al Quinto.
– “Me pareció ver al Primero, seguro”.
– “Sí, yo creo que era el Primero”. Y se acercó, y el Quinto, le dijo:
– “Estamos haciendo lo que nos enseñó”.

El Cuarto, le dijo:
– “Ya lo sé”.

Y siguieron caminando…

El Primero, se dio cuenta de que hablaban de Él, los miró, miró al Cielo, y dijo:
– “Gracias Padre”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Pariaguán, Edo. Anzoátegui, martes 08 de mayo de 2007
Hora: 10:15 p.m.

Parábola 104

El Primer Segundo, le dice al Primer Tercero:
– “Vamos a saludar al Maestro y le damos las buenas nuevas. Le hemos mandado mucha gente, debe Estar muy contento”.

Y se fueron caminando…

Al fin lo localizaron recostado en una piedra mirando.
Cuando los vio llegar, se levantó, se acercó y los abrazó.

– “Maestro”, le dice el Primer Segundo.
– “Maestro”, le dice el Primer Tercero. “Vinimos a verte, te hemos mandado mucha gente”.

En eso se dieron cuenta que el Maestro Estaba sólo, voltearon la cabeza, buscaron de lado a lado, y no había nada.
– “Maestro”, dijeron los dos. “¿Y los que Te enviamos?”.

El Maestro, sonrió con tristeza.
– “No han encontrado el camino, ya llegarán. Los abrazó”.

Y siguieron caminando…

El Primer Segundo y el Primer Tercero, se miraron.
– “Maestro”, se preguntaron. “¿Será que no lo hice bien? ¿Será que no lo explicamos lo suficiente?”.

El Maestro, los miró con mucha ternura, y les dice:
– “Recuerden, que hay caminos sin puente, que hay caminos con piedras, y a veces no hay camino”.

Ellos dos se miraron, bajaron la cabeza.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 19 de abril de 2007
Hora: 02:20 p.m.

Parábola 103

El Primero, siente unos pasos, se voltea y ve que se acercan más nuevos Segundos, y más nuevos Terceros, los espera. Cuando llegan a Él, le preguntan:
– “Buenas, ¿es Usted acaso el Maestro?”.

Él le responde con un movimiento de cabeza afirmativamente.
– “Nos dijeron que teníamos que Buscarlo, que teníamos que caminar con Usted”.

Él no dice nada, Él no hace nada.

El Tercero, le dice al Segundo:
– “¿Será que no habla? ¿Tú qué crees?”.

El Segundo, le dice:
– “Estamos llegando, vamos a esperar”.

El Tercero, que también era impaciente como el otro Tercero, le dice:
– “Maestro, ¿qué venimos a hacer aquí?, ¿qué venimos a buscar aquí?”.

El Maestro, se sonríe, lo mira con mucho amor, y le dice:
– “¿Qué tal si empezamos por la paciencia?”.

Y siguieron caminando…

El Primero, oía como comentaban el Segundo y el Tercero, y se dijo así mismo: “Son como los niños, más van a crecer”.

Se voltea, y les pregunta:
– “Miren al cielo. ¿Qué ven?”.

Los dos voltearon la cabeza, y dijeron:
– “Vemos nubes allá”.
– “¿Y qué hacen las nubes?”.
– “Se mueven”.

El Maestro, se acerca a un árbol, y les dice:
– “¿Qué ven?”.
– “Las hojas que se caen”.

El Maestro, se les queda viendo y bajaron la cabeza.

Cae la noche, se sientan alrededor de la fogata.
– “Maestro”, le dice el Segundo y el Tercero. “¿Por qué no entendemos nada? ¿Por qué tuvimos que mirar al cielo?”.

El Maestro, con mucha paciencia y mucho amor, les dice:
– “No todo lo que ven es lo que ven. No eran las nubes las que se movían, no era el árbol el que se le caían las hojas”.
– “¿No eran las nubes las que se movían? ¿No era el árbol…?”.

Ellos no entendían nada.

El Maestro, les dice con infinito amor:
– “Hay momentos en que las nubes se mueven, pero hay momentos en que la Tierra gira. Hay momentos en que el árbol se le caen las hojas y hay momentos en que el árbol es que las bota”.

Ellos se miraron uno al otro.
– “Maestro, ¿Qué quieres decir con eso?”.
– “Que debéis tener paciencia para ver, aún para lo que aparentemente ven”.

Y siguieron caminando…

El Tercero, le dice al Segundo:
– “¿Será este el aprendizaje? Porque si es así no creo que aguante mucho”.

El Segundo, que se había recostado mirando al cielo estrellado, le dice:
– “Maestro, mañana me voy a fijar si realmente es el árbol que bota las hojas o son las hojas que se caen del árbol”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 11 de abril de 2007
Hora: 09:05 p.m.

Parábola 102

El Primero, se regresa por donde había andado tanto y se acerca al Segundo, y al Tercero, que estaban sentados conversando y riéndose.
Cuando vieron al Primero, se levantaron, y le dijeron:
– “Maestro, ¿Qué Haces aquí?”.

El Maestro, los miró con tristeza, y les dice:
– “Me quedé esperando que Me enviaran y llegaran los Primeros, los Segundos, los Terceros, los Cuartos, todos los que tenían que llegar, mas no llegó nadie”.

El Segundo y el Tercero, bajaron la cabeza.

De repente, el Tercero que era el más revoltoso, le dice:
– “Maestro, ¿dijiste los Primeros? ¿Es que hay muchos más?”.

El Maestro, mirándolos con mucho amor, les dice:
– “¿A dónde creéis, que os lleva la sabiduría y el amor? Todos aprenden, todos crecen y todos llegarán a ser Primero. Recuerden esto, los Estoy esperando”.

Se dio la vuelta y siguió caminando…

El Segundo y el Tercero, tenían los ojos llenos de lágrimas y lo vieron alejarse.
– “¿Qué hicimos?, ¡lo abandonamos!”.

El Tercero, con las lágrimas que le corrían por las mejillas, le dijo al Segundo:
– “Recuerda, Él dijo, que siempre podríamos regresar”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado 24 de marzo de 2007
Hora: 02:50 p.m.

Parábola 101

– “Maestro”, le dice el Sexto acercándose a Él que Está sentado.
– “Maestro, ¿es cierto eso, que me tengo que ir?”.

El Maestro, levantó la mirada, lo mira con mucho amor.
– “Es cierto, debes ir a sembrar”.
– “Maestro, pero si no estoy listo”.
– “Sí estás”.
– “¿Estás seguro, Maestro?”.

El Maestro, lo mira con mucho amor, y le dice:
– “Puedes regresar, siempre puedes regresar”.

El Cuarto, el Quinto, el Sexto, el Segundo y el Tercero, se preguntaban entre sí.
– “¿Cómo es eso que el Maestro dice que nos tenemos que ir?”.

El Maestro, viendo la confusión, se acercó, y les dijo:
– “Váyanse”.
– “¡Maestro!”, le dijeron todos a la vez. “¿Nos tenemos que ir?”.
– “Avísenles que siempre podrán regresar”.
– “¿A quiénes?”.
– “A los otros Segundos, Terceros y Quintos, y Sextos que ustedes Me van a enviar”.

Ellos se miraron sorprendidos y comprendieron. Y les dio vergüenza y pena.

El Maestro, los miró con infinito amor, le pasó la mano por el cabello al Tercero, que era muy inquieto.
– “Siempre podrán regresar, siempre”.

Y siguieron caminando…

El Maestro, Estaba sentado y vio que se acercaba el Tercero a quién Él le había acariciado el pelo.
– “Maestro, Maestro, no me diste las instrucciones”.

El Maestro, se sonríe, lo mira con infinito amor, y le dijo:
– “No abandones nunca el camino, no te desvíes de él, no te dejes deslumbrar por nuevos amaneceres. Recordad, sigue por este camino, atiende a tú corazón, siempre podrás regresar”.

Dio la vuelta.

Y siguieron caminando…

El Tercero, lo vio con nostalgia, se iba alejando lentamente. Se volteó.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 21 de febrero de 2007
Hora: 08:12 p.m.

Parábola 100

El Quinto, le dice al Cuarto:
– “¿Qué Está haciendo el Primero?”.
– “No sé”, le dice el Cuarto. “Parece que Está contando algo”.

El Quinto, dice:
– “¿Nos acercamos?”.

Se acercaron silenciosos…

El Maestro, los mira, y les dice:
– “Venid, vosotros los que Me oís, pronto estaréis libres.
Venid, sentaos a Mí lado”.

El Segundo, viendo que amanecía, se estira y se queda contemplando las nubes, sintiendo la suave brisa en su rostro, ve como poco a poco va llegando la luz. Se voltea para ver a los demás y ve al Maestro que seguía hablando. No se habían dado cuenta que la noche había terminado, estaban entusiasmados, estaban felices.

El Cuarto, se levanta, y le dice:
– “Maestro”.

El Maestro, se levanta, y le dice:
– “Gracias. Sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 19 de febrero de 2007
Hora: 01:54 p.m.

Parábola 99

El Quinto, se acerca al Cuarto, y el Sexto viendo que el Quinto se acercó al Cuarto, se asoma.

El Quinto, le dice al Cuarto:
– “¿Qué es ese ruido?”.

El Cuarto, se voltea y mira a la distancia.
– “¡Ay, ya te acostumbrarás!”.

El Quinto y el Sexto, se miran, y le dicen:
– “¿Ya nos acostumbraremos? ¿Cómo nos podemos acostumbrar a tan infernal ruido?”.

El Segundo y el Tercero, se acercan, y le hacen señas a los demás Segundos y Terceros.
– “¿Qué pasa?”.

El Cuarto, le dice mirándolos:
– “Es el Quinto y el Sexto, están molestos por el ruido”.
– “No estamos molestos”.

El Cuarto, les pregunta:
– “¿Y entonces?”.
– “Porque estamos sorprendidos de tus respuestas. ¿Cómo nos vamos a acostumbrar a ese ruido tan desagradable?”.

El Primero, se acerca con mucho amor al Quinto y Sexto, y les dice:
– “Venid a Mí lado”.

Se acercó al Cuarto, y le dice:
– “¿Cómo puede ser que te acostumbres a tan infernal ruido?”.

Llamó al Cuarto y al Quinto, y les dijo:
– “Venid Conmigo, que estás caminando Conmigo”.

Y siguieron caminando…

El Primero, se acerca dónde está el Segundo, el Tercero, el Cuarto, el Quinto y el Sexto, y les dice:
– “Vamos que está saliendo el Sol, miren su luz, ya pasó la hora oscura, reciban la luz”.

Todos se sorprendieron y se miraron unos a otros, no había más ruido. Se oían los pájaros cantar, el cielo despejado, el pasto estaba húmedo de rocío. Miraron al Maestro que Estaba rodeado de luz brillante, hermosa. Se acercaron a Él, sonrieron.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 08 de febrero de 2007
Hora: 08:20 p.m.

Términos, Condiciones y Privacidad:

1. Identificación y Aceptación: El presente documento regula el uso del sitio web puertalcielo.com. Al acceder, el usuario acepta de manera íntegra y sin reservas las condiciones aquí expuestas, conforme a lo establecido en la normativa venezolana vigente sobre comercio electrónico y mensajes de datos.

2. Propiedad Intelectual y Derechos de Autor: De conformidad con la Ley sobre el Derecho de Autor, todo el contenido, obras artísticas, archivos históricos, textos y elementos multimedia alojados en este sitio están protegidos. La titularidad de los derechos morales y patrimoniales corresponde al administrador del sitio o a sus respectivos autores. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial sin autorización expresa, bajo las sanciones previstas en la ley.

3. Protección de Datos y Privacidad: En cumplimiento con el Artículo 60 de la Constitución, se garantiza la protección del honor, vida privada e intimidad de los usuarios. Cualquier dato recolectado será tratado bajo principios de confidencialidad y solo para los fines autorizados por el usuario.

4. Limitación de Responsabilidad: El administrador no garantiza la disponibilidad ininterrumpida del sitio y no se hace responsable por daños derivados de virus o ataques informáticos externos, que puedan realizar algunos usuarios, de acuerdo con los límites establecidos en la Ley Especial contra los Delitos Informáticos.

5. Responsabilidad del Usuario: Al publicar en la sección «Testimonios de fe», el usuario declara ser el autor único y responsable del contenido enviado. La plataforma no suscribe ni se hace responsable por las opiniones, relatos o afirmaciones vertidas por terceros, las cuales son de exclusiva responsabilidad civil y penal de quien las emite.

6. Restricciones de Contenido: Queda terminantemente prohibida la publicación de mensajes que:

Inciten al odio, la violencia, la discriminación o la intolerancia en cualquiera de sus formas.
Contengan lenguaje ofensivo, difamatorio o que atente contra la privacidad y el honor de terceras personas.
Promuevan actividades ilícitas o vulneren derechos de propiedad intelectual.

7. Derecho de Moderación y Retiro: La administración de la web se reserva el derecho de revisar, moderar, editar o eliminar de forma definitiva y sin previo aviso cualquier testimonio que, a su solo criterio, infrinja estas normas o las leyes vigentes en la República Bolivariana de Venezuela.

8. Cesión de Uso: Al enviar un testimonio, el usuario concede a la web una licencia gratuita, no exclusiva y mundial para reproducir y difundir dicho texto dentro del contexto de la plataforma.

9. Jurisdicción y Ley Aplicable: Para cualquier controversia derivada del uso de este sitio web, las partes se someten a la jurisdicción de los tribunales de la República de Venezuela, renunciando a cualquier otro fuero que pudiera corresponderles.

Política de Privacidad:

1. Compromiso de Privacidad: En cumplimiento con el Artículo 60 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, este sitio web garantiza la protección de la vida privada, intimidad y honor de sus usuarios. Nos comprometemos a no ceder, vender ni compartir sus datos personales con terceros sin consentimiento previo.

2. Datos Recolectados: Solo recopilamos información personal (como nombre o correo electrónico) cuando el usuario la proporciona voluntariamente a través de formularios de contacto o suscripción. Asimismo, se informa que el servidor puede recolectar datos técnicos (cookies) para mejorar la experiencia de navegación, según lo previsto en la Ley sobre Mensajes de Datos y Firmas Electrónicas.

3. Uso de la Información: La información recolectada se utiliza exclusivamente para:
Responder consultas o mensajes enviados por los usuarios.
Enviar actualizaciones sobre proyectos artísticos o históricos si el usuario se ha suscrito.
Optimizar el rendimiento técnico de la plataforma.
Y para ser publicada en la sección de: «Testimonios de fe».

4. Seguridad de la Información: Aplicamos medidas de seguridad digitales para proteger los datos contra accesos no autorizados, de acuerdo con los estándares de la Ley Especial contra los Delitos Informáticos. El usuario tiene derecho a solicitar la actualización o eliminación de sus datos en cualquier momento escribiendo a nuestro contacto oficial.

5. Consentimiento: Al navegar por este sitio y utilizar sus funciones, usted declara conocer y aceptar nuestra política de tratamiento de datos personales.