Parábolas año 2010

Parábolas año 2010

Virgen del Valle

Puerta al Cielo

Virgen del Valle - Isla de Margarita - Venezuela

Parábola 215

Habían pasado varios días, semanas quizás y el Maestro volvía a pasar, y se volvió a sentar viendo la tierra que estaba seca, y viendo la tierra que estaba húmeda, pero había brotes verdes, hermosos en su alrededor, y el Segundo, se le acerca, y le dice:
– “Maestro, ¿viste que bello los brotes verdes en la tierra húmeda, y aún en la tierra seca?”.

EL Maestro, que está orando, se voltea sorprendido, y le dice:
– “Por qué Me lo señalas?”.

El Segundo, le dice:
– “Porque fueron Tus lágrimas Maestro, que las hicieron crecer”.

El Maestro, lo abraza y le dice:
– “Ojalá que crezcan sin Mis lágrimas, si no, con Mi amor. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

El Segundo, le vuelve a preguntar al Maestro:
– “Maestro, ¿hasta cuándo vamos a caminar?; a veces pasamos por el mismo sitio, en tiempos diferentes, a veces hay lluvia, a veces hay Sol, a veces hay nieve, pero, volvemos a pasar por los mismo sitios”.

El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “Mientras Me necesiten, seguiremos pasando. Vente, sigamos caminando” …

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo Miranda, Carrizal, jueves 16 de diciembre de 2010
Hora: 12:37 a.m.

Parábola 214

El Maestro, miraba con preocupación el suelo y la tierra muy seca, se veían grietas. En algunas partes se veía lodo y no se veía hierba, se veía desolación. Y una lágrima corrió por su mejilla.

Un Segundo, que lo estaba viendo no se atrevía a acercarse, mas, vio que en donde caía la lágrima empezó a brotar la hierba verde y fresca.

Bajó la cabeza, dejó al Maestro solo, se alejó y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 01 de diciembre de 2010
Hora: 09:24 a.m.

Parábola 213

Había muchos Segundos, no había muchos Terceros, ni Cuartos, ni Quintos, se habían dispersado, cada quien estaba en lo suyo. Pero muchos Segundos, estaban a Su lado.

El Maestro, se siente cansado y se reclina de lado, sobre un puesto, un catre amarrado y se dispone a descansar.

Una buena mujer viene y con un aceite oloroso le limpia los pies. Siente tanto alivio, le dolían tanto; se relaja y se va quedando sentado, y se va quedando dormido.

En eso, un Segundo se acerca y lo ve extasiado, plácido, sereno.

Ya el Maestro les había advertido lo que iba a pasar, y el Segundo no lo podía creer, no lo podía entender y se aleja presuroso, todo consternado; se encuentra al niño que venía caminando y el niño le dice:
– “¿Qué te pasa Segundo?”.
– “Es que el Maestro está descansando”.

El niño, que le había notado la cara de preocupación al Segundo, le sonríe, y le dice:
– “No te preocupes, acuérdate lo que dijo, que aun estando cansado Él siempre Estará. Vamos, sigamos caminando”.

Y dejaron al Maestro descansando.

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Porlamar, jueves 28 de octubre de 2010
Hora: 01:09 a.m.

Parábola 212

Habían muchos Segundos, Terceros, Cuartos y Quintos.
Habían otros, que habían dejado el camino, mas, el Primero no se cansaba, entraba a valles y pueblos, y nunca se cansaba.

Al niño, que era muy inquieto le dolían los piececitos y halando su túnica, le dice:
– “¡Maestro!, ¡Maestro!”.

El Maestro, lo mira con mucho amor y el niño se quedó viéndolo, se quedó viéndolo, casi se le olvida lo que iba a preguntar. El Maestro, lo mira con infinito amor:
– “Maestro, me duelen los pies, ¿no Te cansas de tanto caminar?”.

El Maestro, extiende el brazo y le enseña el horizonte que se veía al frente.

Y el niño, le dice:
– “No Maestro, nosotros ya hemos caminado todo aquello que está atrás”.

El Maestro, sonriente, le dice:
– “Yo tengo que caminar todo eso que está allá, pero te voy a llevar en Mis brazos para que puedas caminar Conmigo”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 21 de octubre de 2010
Hora: 06:15 a.m.

Parábola 211

El Maestro, sentado en una piedra al pie de la colina veía muchos Terceros, Cuartos, Quintos y Sextos que lo seguían. Muchos, y cantaban con alegría y los niños corrían, las mujeres preparaban la comida, los hombres descansaban después de un largo día. Y Él los veía y sabía que iban a seguir creciendo.

En eso se voltea y ve que dos se estaban robando la comida y salían corriendo.

Un Segundo, se acerca, y le dice:
– “Maestro, se están robando la comida y no entiendo, si pueden comer aquí con nosotros”.

El Maestro, se voltea y con mucha seriedad, le dice:
– “¿Por qué crees, que deben caminar Conmigo?”.

El Segundo, no entiende y se le queda viendo, y le mostró, se acerca a el recién llegado.

El Maestro, se le queda mirando:
– “Maestro, puedo hablar”.

El Maestro, le dice:
– “Todo lo que hay aquí es tuyo”, y el que se acercó, le dice:
– “Pero ellos no lo sabían”.

El Maestro, le dice:
– “Es cierto, no supimos llegar a ellos, no lo sabían. Vamos, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 06 de octubre de 2010
Hora: 11:31 p.m.

Parábola 210

Un Tercero, se acerca al Maestro, que Estaba sentado a la orilla del camino descansando, y le dice:
– “Maestro, hay uno de Tus Primeros, de los que tantos amas, que no quiere ir, donde tiene que ir. ¿Es que acaso, ya no merece ser más uno, de Tus Primeros?”.

El Maestro, se voltea, y le dice:
– “Esas dudas que tiene, lo hacen crecer, mas, él va a ir, y la palabra la va a dar”.

El Tercero, le dice:
– “Maestro, pero ¿por qué obligarlo a ir, si no quiere ir?”.

El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “Ay, de él si no tuviera sus preocupaciones, no sentiría nada, estaría como muerto y Yo, la necesito viva”.

El Tercero, le dice:
– “¡Ay, Maestro!, ¡cómo quisiera tener Tu sabiduría!”.

El Maestro, le dice:
– “Camina a Mi lado”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 15 de septiembre de 2010
Hora: 11:34 a.m.

Parábola 209

El Primero, estaba sentado en una roca mirando la lejanía, muchos Segundos, muchos Primeros, muchos Terceros, ya habían tomado su camino donde les habían indicado que fueran, ya estaban pregonando la nueva “Nueva”, un solo Dios, un Dios de amor.

El niño, que lo miraba, pensó:
– “¿Será que Está triste porque se fueron casi todos?”.
– “Maestro”, le dice. “¿Estás triste porque se fueron todos?, pero yo estoy aquí”

El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “¿Qué ves ahí en el camino, hacia el fondo?”.
– “Maestro, veo unos gentiles que se acercan”.

Le acarició la cabeza, el niño sonrió, la recostó en su regazo, y le dijo:
– “Es verdad nunca Estarás solo”.

Y el Maestro, le dijo:
– “Sigamos caminando…”.

El niño, se voltea, y le dice:
– “Dentro de un rato Maestro, estoy un poco cansado”.

El Maestro, le acaricia la cabeza con infinito amor y Él le dice:
– “Siempre caminarás a Mi lado, siempre”.

Un niño, venía caminando y vio un ángel, que estaba parado, la luz le pegaba, le brillaba su ropa.
– “¿Quién eres tú?”, le dice el niño.
– “Soy tú Ángel de la Guarda”.
– “Pero no tienes alas”.
– “Las tengo guardadas”.
– “¿Y dónde las guardas?”, le dice el niño.
– “En tú imaginación, mas, recuerda, que yo estoy a tu lado”.

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 04 de septiembre de 2010
Hora: 03:06 a.m.

Parábola 208

Habían muchos Segundos y muchos Terceros, muchos Cuartos y muchos Quintos. Y el Primero, quería, que empezaran a caminar no al lado de Él, sino con Él llevando su mensaje, con Él en su corazón, tenían que expandirse ya era la hora, era la hora de partir, mas, ninguno quería salir, ninguno quería dejarlo, ¿cómo dejar a esa luz, que te abriga y te da calor?

El Primero, se voltea y les dice a varios, que estaban a Su derecha:
– “Irán por aquel camino y llevarán la palabra, que será dicha con amor. Algunos de ustedes sufrirán, mas, Yo os digo, que pronto estarán con Mí Padre”.

Después se voltea y mira a los de la izquierda, y les dice:
– “Ustedes irán por aquel camino, llevarán la palabra, hay de aquellos, que van a sufrir, pronto estarán con Mí Padre”.

Los que estaban atrás y los que estaban adelante, estaban todos callados hasta que uno se acerca, y le dice:
– “¿Y nosotros, Maestro?”.
– “Todavía no están listos, caminen Conmigo”.

Y siguieron caminando…

El niño, que estaba cerca, se acerca donde Está el Maestro y le hala la túnica:
– “Maestro, Maestro, ¿y cómo sabemos cuándo estamos listos?”.

El Maestro, se sonríe, le pasa la mano por la cabeza del niño, y le dice:
– “Cuando en tú corazón no sientas miedo por las palabras que vas a decir, cuando comprendas que la verdad es eterna, cuando la lleves feliz en tus labios, estarán listos”.
– “Maestro, pero yo me siento muy feliz a Tu lado”.

El Maestro, se sonríe con infinita paciencia y le acaricia la cara, y le dice:
– “Vente, camina conmigo necesito de tu alegría y de tu paz”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Caracas, Edo. Miranda, La Lagunita Country Club, jueves 19 de agosto de 2010
Hora: 12:43 p.m.

Parábola 207

El Maestro, se había alejado y Estaba sentado sobre una roca, miraba al valle; estaba desierto, se veía un río zigzagueante que pasaba, habían arbustos. Volteó la mirada y vio que las mujeres se acercaban a lavar la ropa al río y los hombres, estaban sentados en círculos hablando; y miró al cielo, estaba despejado, no había nubes, y miró la tierra, la toma en sus manos y estaba seca.

Habían pájaros, habían animalitos, pero se sentía una gran soledad.

Tomó las hojas de un arbusto que se estaban quedando secas, era un arbusto que tenía un aroma intenso, le pasó la mano suavemente y el arbusto revivió, movió las manos suavemente y las nubes aparecieron en el cielo, y empezó a llover con una lluvia suave. Todos se pusieron contentos porque estaba lloviendo, la tierra la tocó.
En eso uno de los Segundos se acerca, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué no Te acercas con nosotros, que Te Estás mojando?”.

Él se volteó y lo miró, con una mirada profunda, después levantó la cara hacia el cielo, y la lluvia le caía con suavidad, con delicadeza.
– “¡Maestro!”, le vuelve a decir el Segundo. “¡Vente con nosotros!”.

El Maestro, le responde:
– “¿No has comprendido, que Estoy disfrutando del regalo que Me acaba de dar Mí Padre?”.

El Segundo, se levanta, y siguió caminando…

La lluvia brillaba, eran gotitas diminutas, que brillaban y cobró vida la tierra, se refrescó el ambiente. El Maestro, se paró para acercarse a ellos y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 10 de agosto de 2010
Hora: 11:45 p.m.

Parábola 206

Un día, unos Terceros, unos Segundos y unos Cuartos vieron que unos niños estaban tirándoles piedras a un gato. Era un gatito chiquito, recién nacido.
El Maestro, iracundo se acercó a los niños, los apartó con la mano y levantó al gatico, y le puso la mano, y las heridas desaparecieron. El gatito, estaba hermoso.

El Padre, de uno de los niños, le dijo:
– “Pásale la mano a la pierna de mi hijo, para que se le cure esa herida”.

El Maestro, se voltea, y le dice:
– “Las heridas del gatico fueron hechas por el mal, las heridas de la pierna de tu hijo fueron hechas por tu ignorancia”.

Se volteó y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 30 de julio de 2010
Hora: 12:53 a.m.

Parábola 205

Habían muchos Dos, muchos Terceros, muchos Cuartos y eran muchos, mas, el Primero, el Maestro, no Estaba, pero ellos estaban ocupados haciendo lo que les enseñó y parecía que no lo extrañaban; cada uno iba tomando un rumbo diferente, iban caminando por senderos distintos.
Un Segundo, se acerca a un niño que correteaba, y le pregunta:
– “¿No extrañas al Maestro?, tenemos días que no lo vemos”.

El niño, sorprendido se voltea, y le dice:
– “¿No sabes que Él Está siempre aquí en mi corazón?”, se alejó corriendo.

Otro Segundo, que lo estaba oyendo le dijo:
– “Vente, sigamos caminando, caminando…”.

Un Quinto, que había oído toda la conversación, se acerca a ellos, y les dice:
– “Cómo quisiera ser ese niño, cuántas verdades nos dice”.

El Segundo, lo mira pensativo, y le dice:
– “Recuerda las palabras del Maestro, que debemos dejar al niño que tenemos dentro, que de vez en cuando aflore”.
– “Cierto”, le contesta un Tercero, que también lo estaba oyendo. “Mas, cuánta falta nos hace el Maestro”.

El niño, que pasaba por ahí, voltea, y dice:
– “¿No les dije que lo llevo en mi corazón?, y salió corriendo a jugar.

El Segundo, le dice al Quinto:
– “Vamos, sigamos caminando; cuánto nos falta, tenemos mucho que caminar”.

Y siguieron caminado…

El niño, ve que el Maestro se acerca y sale corriendo, y se le abraza en las piernas, y le dice:
– “Maestro, Te tengo que enseñar algo”.

El Maestro, sonríe, y le dice:
– “¿Qué será?”.

Le toma la mano al Maestro, se la pone en el corazón:
– “¿Lo sientes, Maestro?”.
– “¡Claro!”, le dice Él.
– “Ahí Estás Tú, ahí Estás Tú”.

El Maestro, lo abraza, le da un beso en el cabello, y le dice:
– “Vente, sigamos caminando…”.

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 12 de julio de 2010
Hora: 12:47 a.m.

Parábola 204

Un Segundo, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, hay uno de Tus Primeros, que se ha quedado rezagado”.

El Maestro, se voltea y lo ve que estaba sentado en una roca; se le acerca y se queda en silencio a su lado, y pasan los minutos y no le dice nada.

El Primero, se voltea a ver al Maestro, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué a veces no recuerdo Tus palabras, si camino tanto Contigo”.

El Maestro, se le queda viendo con infinito amor, y le dice:
– “Los caminos son parecidos y nos perdemos a veces, lo importante es que sigamos caminando”.

Le da la mano, y le dice:
– “Ven, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 21 de junio de 2010
Hora: 11:56 p.m.

Parábola 203

El Primero, se acerca a varios que lo seguían, muchos Segundos, muchos Terceros, y les dice con mucho amor:
– “Hay quienes predican, hay quienes actúan, mas, una cosa os digo, el que no predica y actúa a la vez, su tiempo está perdido”.

Un Tercero, se le acerca, y le dice:
– “Maestro, nosotros predicamos y actuamos”.

El Maestro, lo mira con mucho amor, y le dice:
– “Debéis ser sinceros con vuestros corazones, Mi Padre os espera con los brazos abiertos. ¿Creéis acaso, que Él no lo sabe todo?; seguid predicando y seguid actuando, más debéis recordar, os lo digo nuevamente, Mi Padre os está observando. Vamos, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 14 de junio de 2010
Hora: 02:11 a.m.

Parábola 202

Habían muchos Cuartos, muchos Quintos, Séptimos, Octavos. ¡Habían muchos Terceros y Cuartos, y Segundos!, y algunos, que habían llegado a ser Primero. Habían muchos, muchos, muchos, iban delante del Primero, iban detrás, iban a los lados y caminaban junto a Él; unos en silencio, otros hablaban, otros se reían, se sentían bien, se sentían en paz y llegaron a la anochecer a un pueblo donde la gente dormía, todas las lámparas estaban apagadas, no había ninguna prendida, y el Maestro, les dice:
– “Vamos a quedarnos en las afuera, para no perturbar la paz de los que están durmiendo”.

Y un Segundo, que era un poquito arrogante, le dice:
– “Maestro, hay que despertarlos, deben saber que Tú Estás aquí, deben saber que Tú Estás aquí”.

El Maestro, se acerca y les dice con infinito amor:
– “En la mañana ellos van a sentir, que Yo Estoy aquí, en la mañana”.
– “¡Pero, Maestro!”, insiste el Segundo. “Tenemos que despertarlos, ellos tienen que saber que Tú Estás aquí”.

El Maestro, con infinita paciencia, le dice:
– “¿Es que tú no sabes acaso, que Yo siempre Estoy con ellos?, déjalos dormir, mañana será otro día”.

El Segundo, molesto se retira y se acerca a un Tercero, y le dice, lo que había pasado, y el Tercero se le queda viendo extrañado, y le dice:
– “¿Tanto que has caminado con Él y no has entendido Su sencillez?”.

El Segundo, se sorprende, se voltea y mira al Maestro, que ya se había recostado en una estera, se sintió avergonzado, y le dice al Tercero:
– “Vente, sigamos caminando”…

Y se fueron caminando a la ladera donde tenían que dormir.

Y pasaron las horas y amaneció, todos se levantaron, y en el pueblo se corrió la noticia, que el Maestro Estaba con ellos, y todos se pusieron sus mejores galas, sacaron sus mejores manjares, querían llevárselos al Maestro, querían llevárselos a los que estaban con el Maestro, estaban todos felices, estaban todos contentos.

Un Segundo, se acerca al Maestro, tan así, un poco cabizbajo y avergonzado. El Maestro, lo abraza con infinito amor, y le dice:
– “Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Y los Terceros, y los Cuartos, y los Quintos, y otros Segundos, y otros Terceros, aprendieron.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 12 de mayo de 2010
Hora: 02:15 p.m.

Parábola 201

Un Segundo, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, ¿qué le pasa a ese Quinto, que recoge del suelo cuanta piedra bonita encuentra?”.

El Maestro, se queda callado, le dice:
– “Sigamos caminando…”.

Y pasan los días y el Quinto veía una piedra roja que brillaba, y la guardaba; veía una piedra verde que brillaba, y la guardaba; veía una amarilla que resplandecía al Sol, y la guardaba; en la noche se encontraba una plateada, que la luz de la Luna la hacía resplandecer, y la guardaba. Se apartaba para contemplarla y no dejaba que ninguno de los otros se acercara, cuando alguno se acercaba, él la guardaba.

Las cargaba en la espalda como en una especie de fardo y así pasaron los días, y llegó un momento en que se fue quedando atrás, las piedras pesaban mucho, eran muy lindas, pero pesaban mucho y ya no podía seguir el paso de los demás que iban con el Maestro, se iba quedando atrás, pero seguía necio agarrando cuanta piedra bonita encontraba, la metía atrás, hasta que llegó un momento, que el dolor en la espalda era insoportable y en los brazos.

El Maestro, deja que los demás pasen adelante y esperó con paciencia a ese Quinto.

El Quinto cuando lo ve, le dice:
– “Maestro, ¿qué haces?”.

El Maestro, con mucho amor va detrás de él, le suelta el fardo, le quita las piedras, y le dice:
– “¿Cómo te sientes?”.
– “¡Aliviado, me quité el peso de encima!”.

Y el Maestro, se voltea, y le dice:
– “Son hermosas, ¿verdad?”, mirando las piedras que se habían esparcido todas por el piso.

Y el Quinto, le dice:
– “Sí, Maestro, pero ¡cuánto pesan!”.

El Maestro, sonríe, y le dice:
– “Vente, sigamos caminando…”.

Y se fueron juntos caminando y las piedras quedaron ahí en el suelo. La roja, brillaba, la verde, la amarilla, eran muchas, pero pesaban tanto.

Y siguieron caminando…

El Maestro, se acerca al Quinto, y le pregunta:
– “¿Por qué no te quedaste con alguna de las piedras, que a lo mejor 1, 2 o 3, no pesaban tanto?”.

El Quinto, le dice:
– “Maestro, son sólo piedras, no me sirven para nada”.

El Maestro, se sonríe, le pasa la mano por la cabeza y le dice:
– “Sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

El Quinto, siguió caminando detrás del Maestro, y cuando veía una piedra bonita, la agarraba, la veía, la disfrutaba y la volvía a poner en su puesto; iba caminado alegre, contento.

El niño, que era tremendo se acerca, y le dice:
– “Quinto, ¿por qué estás tan contento si estás dejando a tus piedras atrás?”.

El Quinto, le mueve el pelo al niño, como se lo había hecho a él, el Maestro, y le dice:
– “Porque son piedras, eso, y nada más”.

Le agarra la mano, y le dice:
– “Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
La Lagunita Country Club, Edo. Miranda, jueves 06 de mayo de 2010
Hora: 01:30 a.m.

Parábola 200

Habían muchos Quintos, Cuartos, Terceros y Segundos caminando detrás del Primero, cada quien iba pensando, cada quien tenía sus preocupaciones o sus alegrías, pero más eran las alegrías, que las preocupaciones, porque iban detrás del Primero.

Pero había un Tercero, que no se sentía satisfecho, él quería estar al lado del Primero, siempre al lado del Primero, más siempre pasaba algo que lo impedía. A veces, se tropezaba y se caía, a veces, se quedaba dormido y se levantaba tarde cuando ya los demás iban caminando, a veces, se entretenía mirando el paisaje, pero aun así quería caminar justo al lado del Primero.

Y pasaron los días, muchos días, unos de Sol, unos de lluvia y el Tercero no alcanzaba al Primero. De repente, el Primero se para, se voltea, mira donde está el Tercero, se acerca a él, lo mira con mucho cariño, y le dice:
– “Sigamos caminando, quiero caminar a tú lado”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 21 de abril de 2010
Hora: 10:47 p.m.

Parábola 199

Un Segundo, y un Tercero, y un Cuarto, se acercan al Primero.

El Primero, estaba parado viendo a lo lejos como las llamas crecían, las casas eran destruidas, ardía por todas partes. El Primero, les fue a hablar, de repente, oyó cuando le decía mirando al cielo:
– “Padre, Padre, perdónalos nuevamente, no saben lo que hacen”.

Las Lágrimas le caían por su rostro, un Segundo baja la cabeza todo triste, preguntaba así mismo mirando al Segundo, y al Tercero, y al Cuarto:
– “Si el Primero no podía hacer nada, ¿qué podían hacer ellos?”.

El Primero, que le oyó los pensamientos, se acerca, y le dice:
– “Vente, sigamos caminando, detrás de esa colina va a salir el Sol”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 19 de abril de 2010
Hora: 02:13 a.m.

Parábola 198

Hay muchos Cuartos y Quintos, y Sextos, y entraron con el Primero a una de sus casas. Se inclinaron y se pusieron a orar. Y pasó un tiempo…, para algunos muy largo, para otros muy corto. Se levantaron y salieron.

Un Cuarto, le dice a un Quinto:
– “Se me hizo muy largo”.

Y un Segundo le dice, que estaba oyendo:
– “A mí no, a mí no se me hizo largo, se me hizo corto”.

El niño, que estaba oyendo le hala la túnica al Primero, y le dice con picardía:
– “Más cerca de Ti, más corto se hace, ¿verdad?”.

El Primero, se sonríe, le acaricia la cabeza, y le dice:
– “Sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 07 de abril de 2010
Hora: 02:27 a.m.

Parábola 197

Un viajero, que iba caminando, ve que regresan unos Segundos, unos Terceros, unos Cuartos y unos Quintos. Extrañado de ver que bajaba tanta gente del camino, los ve pasar hasta que se decide preguntarle a uno:
– “Disculpa, ¿hacia dónde van?”.

Un Segundo, al que le había preguntado, le responde:
– “Nos vamos”.

El viajero, sorprendido, le dice:
– “¿Por qué, regresa?”.

El Segundo, le vuelve a responder:
– “No regresamos”.

El viajero, pensando que le estaban tomando el pelo ya molesto, le dice:
– “Entonces, ¿qué están haciendo”.
– “Retomamos los pasos, que no supimos dar, para poder seguir caminando con Él, que va allá”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 24 de marzo de 2010
Hora: 10:27 p.m.

Parábola 196

Habían muchos Cuartos, Quintos y Sextos, estaban dispersos, se sentían de repente, cansados, habían caminado tanto, día y noche, noche y día sobre tierra seca, sobre pantano, sobre la arena y la nieve, se sentían cansados.

El Maestro, se voltea acercándose a ellos, extiende sus manos de las cuales salieron unos rayos hermosos de luz, y les dice:
– “¿Ven está luz?”.

Todos sorprendidos se miraron unos a otros, y le dicen:
– “Sí, Maestro, las vemos”.
– “Esa luz es la que ustedes deben tener en sus ojos cuando caminan a Mí lado”.

Hizo un movimiento y la luz desapareció, se miraron todos unos a otros y sus ojos brillaban, bajaron la cabeza avergonzados, y le dijeron:
– “Maestro, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

El niño, que había estado presenciando todo, se acerca a el Maestro y le hala la túnica, y le dice:
– “¡Maestro, Maestro!”.

El Maestro, se voltea y le acaricia la cabeza, y le dice:
– “Dime”.
– “Enséñame la luz que le enseñaste a ellos”.

El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “Acércate al agua, al lago que está ahí y mírate, y encontrarás esa luz”.

El niño, sale corriendo y se acerca al lago, y se ve, y ve sus ojos, sus ojos le brillaban, se devuelve corriendo, y él le dice al Maestro:
– “Maestro, ya entendí lo que quisiste decir”.
– “Así es, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 13 de marzo de 2010
Hora: 06:13 p.m.

Parábola 195

El Maestro, que iba caminando, de repente, oye a unos niños gritar y ve al niño que estaba discutiendo con uno más grande que él. Se acerca junto con unos Segundos y Terceros, y Cuartos, y lo oye:
– “¡Es qué no entiendo!, ¿por qué tenías que pisarlas?”, le decía el niño, el más pequeño al más grande. “Si no te están haciendo nada”.

El grande le decía:
– “Es que ellas pican”.

Habían muchas hormigas muertas en el piso y el niño le dice:
– “Pero ellas no te están picando a ti, si tú no te sientas cerca de ellas, ellas no te pican. A mí no me pican”.

El más grande, le dice:
– “¿Pero por qué te enojas tanto?, si no tienen importancia, son solo unas hormigas”.

El Maestro, se acerca dónde están los dos niños, y le dice:
– “Miren hacia el cielo”.

Los dos levantaron la cabeza y el más grande le dice:
– “¿Para qué Maestro?”.
– “Tú mira hacia el cielo, ¿ves aquella estrella, lejana, muy lejana?”.
– “Cierto, Maestro”.
– “¿Cómo crees que te están viendo desde esa estrella? Como si fueras una hormiga, ¿mereces acaso, que alguien venga y te pise, y te destruya?”.

El niño, le dice al Maestro, el más pequeño:
– “¡Ay, Maestro!, ¿yo no entiendo por qué tienen que destruir tanto?”.

Y el Maestro, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “Gracias a Mí Padre hay niños como tú. Vamos, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 01 de marzo de 2010
Hora: 12:51 a.m.

Parábola 194

Un Segundo y un Tercero, estaban buscando al niño, había llovido mucho, se habían tenido que refugiar en una cueva que encontraron al lado del camino, pero como eran tantos, algunos se tuvieron que ir para otra que estaba cerca hacia la derecha y el Primero les dice:
“¿Dónde está el niño?”.
– “Maestro, no lo sabemos, lo estamos buscando, como llovió tanto estos días”.

El Maestro, sale con ellos a buscarlo, ya había salido el Sol, desde la noche no llovía.

En eso ve que el niño estaba sentado a la orilla de un montículo y estaba viendo algo, extasiado, todos se acercaron con curiosidad.

El Maestro, se acerca y el niño se voltea, y le dice:
– “¡Maestro, mira qué hermoso!”.

Los Segundos, los Terceros, los Cuartos no veían nada, y el Maestro le dice:
– “Sí, ¿qué estás viendo?”.
– “Acércate Maestro”, le dice el niño.
– “Mira cómo está saliendo esa matica con sus hojas chiquiticas”.

El Maestro sonríe, le acaricia la cabeza, y le dice:
– “Así es, después de la tempestad viene la calma y en la calma emerge la vida”.

Los Terceros, los Segundos, los Cuartos, los Quintos que estaban oyendo, se miraban unos a otros y pensaban:
– “Otra vez, ¿por qué nosotros no vemos lo que el niño ve?”.

El Maestro, se voltea y les dice, como si hubiera oído sus pensamientos:
– “Porque siempre buscáis lo que está a la vista y no buscáis lo que está por salir. Vamos, sigamos caminando…”.

Pasaron los días, el niño se vuelve a perder y un Segundo se acerca corriendo, y le dice:
– “Maestro, otra vez no consigo al niño”.

El Maestro, le dice:
– “Id a buscarlo donde crece la matica”.
– “¿Tú crees, Maestro?”.
– “Vayan que él está ahí”.

Y se acercaron y en efecto, el niño estaba ahí, viendo crecer la matica, ya no era tan chiquita, ya había crecido y en sus puntas tenía una flor que estaba por abrir, una flor chiquitica de esas del camino, el niño se voltea y les dice a todos:
– “¿Vieron qué bella la mata?”.

Ellos se miraron, pensaron:
– “Pero si es una mata del camino, ¿qué tiene de especial?”.

El Maestro, que se había acercado silenciosamente, les dijo:
– “Es una sobreviviente, es valiente, es fuerte, soportó el temporal, soportó sequías y ahí está, y nos va a regalar una hermosa flor. Vamos, sigamos caminando…”.

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 05 de febrero de 2010
Hora: 10:06 a.m.

Parábola 193

El Primero, junto con el Segundo y Tercero y Cuartos y Quintos, habían llegado a un pueblo, pero no se oía ruido, no se oía nada, estaba todo quieto, las puertas de las casas estaban abiertas, no se veía a nadie adentro.

Un Segundo, se acerca y le dice:
– “Maestro, ¿qué pasa?, ¿dónde está la gente? No están ni siquiera los niños jugando”.

El Maestro, se queda callado, no dice nada y de repente, un Tercero ve que al Maestro se le desliza una lágrima lentamente por la mejilla, y se impactó:
– “¿Qué es lo que habrá pasado para que el Maestro se le salgan las lágrimas?”.

Había un silencio de muerte, el Maestro se inclina, coge un poco de la tierra y le dice, levantando la mano, mirando al cielo:
– “¡Padre, Padre!”.

Todos se habían quedado quietos, nadie decía nada, pues al Maestro se le deslizaban las lágrimas. Ellos no entendían qué pasaba, solo veían un pueblo vacío, sin nadie, sin ruido, sin nada y no entendían. Y el Maestro seguía arrodillado, cogía un poco de tierra, la levantaba al cielo y seguía:
– “¡Padre, Padre, Padre!”.

Y se puso a orar, mas no le decía nada a ellos y todos estaban nerviosos, no sabían qué hacer, no sabían a dónde ir.

El Maestro, se limpia las lágrimas, se les queda viendo, y les dice:
– “Sigamos caminando” …

Siguieron caminando, fueron pasando calles y calles, y empezaron a ver las casas en el suelo, derrumbadas, eran de frágil construcción, y las calles agrietadas, y un silencio de muerte. Se asustaron y caminaron más rápido, se acercaron más al Primero, para que Él los protegiera y empezaron a orar un Segundo, un Tercero, un Cuarto y un Quinto, empezaron a orar y los Sextos y los Séptimos, iban caminando con el Primero y seguían orando, seguían en el pueblo, habían animales muertos, caballos, cabras, corderos, no se atrevían a decir nada, solo rezaban.
Así, lo dejaron atrás y el Maestro, les dice:
– “¿Ven aquel árbol que está allá? Vamos a llegar hasta el para recostarnos, vamos a hacer una oración”.

Y así lo hicieron y en eso aparecieron unos niños, venían corriendo y jugaban y cantaban, cuando vieron al Primero, se le acercaron y le dijeron:
– “¡Maestro, Maestro!”.

El Maestro, los abraza, feliz, feliz y voltea, y les dice a todos los demás:
– “Ahora sí, sigamos caminando”.

Se paró y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 04 de febrero de 2010
Hora: 02:36 a.m.

Parábola 192

El Maestro, estaba sentado en una colina, hablándoles a muchos Segundos, Terceros y algunos Primeros, Quintos, Sextos, muchos, muchos, muchos sentados a su alrededor y decía las cosas, que llenaban el alma y muchos se sentían reconfortados, y sen sentían en paz. En eso el Maestro, se voltea y ve un Tercero, tenía los brazos vendados, tenía un ojo morado.

Se levanta y se acerca, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “No estás triste por los golpes, ¿verdad?”.

Sorprendido el Tercero se le queda viendo y baja los ojos tímidamente, y le dice:
– “No Maestro, estoy triste, porque me tuve que defender, ¿cuándo será el día que no, nos tengamos que defender?”.

El Maestro, le vuelve a pasar la mano por el ojo lastimado, y le dice:
– “Por eso tenemos que caminar, para que no hayan más lastimados. Vente, sigamos caminando…”.

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 31 de enero de 2010
Hora: 02:05 a.m.

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