Parábolas año 2017

Parábolas año 2017

Virgen del Valle

Puerta al Cielo

Virgen del Valle - Isla de Margarita - Venezuela

Parábola 319

Y el Maestro, caminando, sus pies lo llevaron a una ciudad, la ciudad grande, mucha gente, caminaba de aquí para allá.
¡Me duele la cabeza!
Mucha gente imponente, tanta gente imponente y caminaban de aquí allá. Y él se quiso acercar, él se quiso acercar donde Estabas. No lo dejaron pasar, no era la hora, simplemente no era la hora. Y no Te dejaron pasar, ni siquiera Te vieron, ni siquiera Te vieron, y no Te dejaron pasar. ¡Y aquel lujo!

Y Tus recuerdos vagaban a cuando caminabas entre la humilde gente. Y entendí, que tenemos lo que queremos tener, porque no hemos comprendido Tú Amor.

El Maestro, se detuvo y siguió caminando, trató de pasar entre los que estaban sentados con medallas, con cosas, delante de Su altar, donde estaba el prelado, vestido con ropa suntuosa y le quitaban el gorro, y le ponían el gorro, y le ponían las manos, y le ponían el libro. Y el Maestro, miraba, ¡Dios mío! Y el Maestro miraba, y empezaron a caerle lágrimas, y lloraba silenciosamente, volteo los ojos al Padre, llorando. ¡Dios mío, nunca Te había visto llorar así! Llorabas de tristeza, y recordaste a los fariseos, y recordaste tantas cosas, no lo podías creer, todo era igual; cambiaban los ropajes, pero todo era igual. Y, sin embargo, y, sin embargo, tomaban el pan y decían: “Este es Mi cuerpo, que será entregado por vosotros”. Y tomaban el vino: “Y este es Mi sangre, que será entregada por vosotros”. Y Tú los mirabas, más, ellos no Te miraban, no sabían que Estabas ahí, no entendían que Estabas ahí. Y seguiste llorando, ¡yo no quiero que llores! ¡Dios mío Santo!, ¿qué hago yo para que Tú no llores?

En eso, un niño se acerca, le pasa la mano por la cara y toca Sus lágrimas, y el niño se puso a llorar, fue tanto el dolor que sintió en esa Iglesia impotente, ¡grande!, ¡imponente!, ¡llena de lujos!, de hombres vestidos con túnicas brillantes, que pasaban libros, que quitaban, gorros.

Y el niño, lloró también, se volteó al Maestro, y le dijo:
– “Maestro, esto va a cambiar”.

Le agarró la mano al Maestro, y le dijo:
– “No quiero verte sufrir. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 10 de diciembre de 2017
Hora: 04:10 p.m.

Parábola 317

El Maestro, caminaba sin ver, solo sentía, solo sentía. Y sentía de aquí, de allá y de más allá. Miraba hacia el suelo y miraba hacia el suelo, y el suelo estaba seco, reseco, muy reseco, y Él sentía, y Él sentía, sentía el dolor como si lo clavaban. Sentía tanto dolor, y caminaba, y caminaba.

Nunca se había sentido así, nunca, solo una vez cuando tuvo que enfrentarse a Sus miedos y a Sus temores.

“Abba, Abba, no nos abandones”, iba rezando, iba diciendo. Mas, no levantaba la cabeza y sentía, y sentía, sentía tanto dolor, tanto dolor, y no estaba en Sus manos, y no estaba en Sus manos. Y seguía caminando y volvía a caminar, y pasaba por sitios que ya había pasado, y todo seguía igual o peor. Y una lágrima se le escapa por Su mejilla, no quería levantar la cabeza, no la quería levantar todo estaba gris, todo estaba gris y no quería levantar la cabeza.

Y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado, 02 de diciembre de 2017
Hora: 06:03 a.m.

Parábola 318

El Maestro, caminaba, seguía con la cabeza baja, no levantaba la vista, y seguía caminando, en un sendero, de tierra; los árboles estaban secos, la hierba estaba como quemada y Él caminaba, y caminaba.

De repente, se para, se voltea y mira a los que lo siguen. Y vuelve a voltearse y sigue caminando…

El niño, que tenía rato viéndolo, se acerca, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué no levantas la mirada?, es que no sabes que necesitamos que nos veas, se Te olvidó que necesitamos que nos veas”.

El Maestro, se sorprende, ¡y se dio cuenta! Toma al niño en sus brazos, lo abraza, lo besa, se devuelve con el niño en los brazos en donde estaban reunidos todos sus seguidores, se sienta en una piedra y empezó a verlos a todos; levantó la vista, miró al Cielo y volvió a verlos a todos. Los hombres se tranquilizaron, las mujeres se pusieron a hacer su faena, y el niño, le dice:
– “Maestro, acuérdate, mira dónde cayó Tu lágrima, está brotando una flor. Tienes que mirarnos Maestro, nunca dejes de mirarnos”.

El Maestro, le sonríe al niño, y le dice:
– “Toma Mi mano, ven, camina conmigo”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 05 de diciembre de 2017
Hora: 08:00 p.m.

Parábola 316

El niño, que había visto al Maestro, meter los pies en el agua del arroyo. Se quedó pensando en la respuesta del Maestro, pero había algo que no le convencía y seguía caminando detrás del Maestro. Y se recordaba de los pececitos que vio, de bonitos colores, de muchos colores, y decía:
– “¿Cómo pueden sobrevivir esos pececitos de bonitos colores en un arroyo tan pequeño?”, eso iba pensando el niño y caminaba al lado del Maestro.

El Maestro, se sienta, y le dice a los que estaban con Él:
– “Vamos a descansar, ya la noche viene, esperaremos el amanecer. Mejor descansemos, porque va a ser una noche larga y hay que esperar el amanecer”.

El niño, sorprendido, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, dos preguntas, ¿te las puedo hacer?”.

El Maestro se sonríe, le pasa la mano por la cabeza al niño, y le dice:
– “¡Claro!, ¿qué es lo que quieres saber?”.
– “Es que me quedé pensando, es que en esos mares grandes y en esos ríos largos, no hay esos peces tan bonitos”.

El Maestro, se le queda viendo.
– “Eso no es realmente lo que te preocupa”.

El niño se sorprende, porque pensó que podía haber engañado a su Maestro. Cosas de niño.
– “Y de, bueno Maestro, realmente me sorprendió, que hubieran pececitos de tantos colores y tan bonitos. Y después regresé, mientras estábamos caminando y ya el arroyo estaba seco, y ya no habían pececitos, y ya no había arroyo. El arroyo no estaba”.

El Maestro, le dice:
– “Pero tú lo viste, ¿verdad? Y viste los pececitos”.
– “Sí, Maestro, yo estaba contigo, yo Te vi lavarte los pies”.
– “Bueno, viste lo que tenías que ver. Muchas veces, no vemos lo que tenemos que ver. Vamos, descansa que esta va a ser una noche larga y mañana tenemos que caminar. Va a ser una noche difícil”.

El niño, se acerca, y le dice:
– “Maestro, Maestro, ¿va a ser una noche difícil? ¿Es que acaso, no es difícil todo lo que estamos pasando?”.

El Maestro, con una paciencia infinita, le vuelve a pasar la mano por la cabeza, y le dice:
– “Recuerda que dije, que va a amanecer. Así que, descansa, que mañana te agarraré la mano y seguiremos caminando…”.

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Carrizal, viernes, 17 de noviembre de 2017
Hora: 07:30 a.m.

Parábola 315

El Maestro, venía caminando, siempre caminaba, todo el tiempo caminaba no se paraba en ningún sitio, solo a descansar, a extender la mano y ayudar. Mas, no se detenía, pues tenía tanto, tanto que caminar. Había tanto, tanto que ver, tanto que ayudar, tanto que dar, y cuando iba caminando se acercó a un hermoso arroyo que estaba limpio, sus aguas estaban cristalinas, se podía ver al fondo y en el fondo se veían los pececitos de colores y se veía la vida.
Él, levanta la mirada, y le dice:
– “Padre, ¿qué es lo que quieres que entienda?”. Y se queda viendo al rio, que no era un rio, era como un riachuelo, era como un… así… reflejaba la luz, reflejaba el Cielo y, sin embargo, se veía el fondo y se veían los pececitos, y se veían las maticas, y todo se veía. Entonces, Él decidió sentarse, se quitó las sandalias y metió los pies en el agua.

Un niño, que pasaba cerca, le dice:
– “Maestro, ¿qué Estás haciendo?”.

El Maestro, se voltea y mira al niño:
– “¿Qué crees tú, que Estoy haciendo?”.
– “¡Ay, Maestro contigo no es tan fácil saberlo!”.

El Maestro, se sorprende, y le dice:
– “¿Cómo que no es tan fácil?”.
– “Sí, a veces, para llegar a un sitio nos haces recorrer muchas cosas que no entendemos”.

Y el Maestro sonriendo, saca los pies del agua, se pone las sandalias, y le dice:
– “Pero, siempre llegáis, ¿verdad?”.

El niño, sonríe, le agarra la mano, y le dice:
– “Sí, siempre llegamos”.
– “Bueno”, le dice el Maestro. “Sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

El niño, se voltea, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué Te quedaste viendo tanto ese riachuelo?, cuando hay ríos, mares y tantas cosas gigantescas en la Tierra en la… en Tú Creación”.

El Maestro, con una paciencia que tenía infinita, le dice al niño:
– “Porque aún en las cosas más pequeñas hay belleza y ahí había mucha belleza, y mucha paz. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles, 15 de noviembre de 2017
Hora: 09:15 a.m.

Parábola 314

El Maestro, iba caminando, sus seguidores se habían quedado un poco atrás y se volvió a fijar en la mujer, que estaba sentada en la roca. Mas, le parecía, que ya no estaba llorando. Se acercó con ella, con cautela, no la quería sobresaltar, se le quedó mirando con sus ojos llenos de amor, y en efecto, no estaba llorando. Ella se volteó y lo miro con sus ojos hermosos, y había un brillo en la mirada. Y le dijo:
– “Maestro, descubrí, que tenía el cabello bonito, gracias a Ti”.

Y Él, le dijo:
– “¿Solo el cabello?”.

Ella, levantó la vista sobre las ruinas, sobre las ciudades devastadas, sobre los árboles quemados y encima de un árbol, que no se había quemado completamente, había un nido de pájaros, hermoso con sus polluelos. Y le dijo:
– “No, Maestro, vi la vida, todo va a continuar, ¿verdad?”.

Y Él, le responde:
– “Así es hija Mía, todo es cuestión de tiempo. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes, 06 de noviembre de 2017
Hora: 09:30 a.m.

Parábola 313

El Maestro, estaba caminando, y se encontró a la mujer, que en una oportunidad la vio llorando en una roca, solo que sonreía. Curioso se acerca a ella, y le pregunta:
– “Mujer, ¿ya no estás llorando?”.

Ella, se voltea, y le dice:
– “Maestro, Maestro, mis lágrimas limpiaron mi corazón. Mas, en Tus enseñanzas, enseñaron a mi alma y las tengo presente en el cada día. No más lágrimas, Maestro, solo hay que continuar y quiero continuar contigo, caminando contigo”.

El Maestro, le tomó la mano, y le dijo:
– “Vente, sigamos caminando…”.

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes, 27 de octubre de 2017
Hora: 06:44 p.m.

Parábola 312

Había muchas personas, muchas, iban de un lado, iban de otro. Estaban buscando, algunas no sabían, qué estaban buscando, solo buscaban. Iban de un lado, iban de otro y llegaba más gente, más gente. Y buscaban, y buscaban, algunos encontraban. Mas, no les era suficiente, otros no sabían, qué era lo que tenían que buscar, simplemente no lo sabían.

Y el Maestro, caminaba entre ellos, y no lo veían, no lo veían. Estaban muy ocupados en buscar y lo que no sabían que tenían qué encontrar, y no lo veían, y no lo veían. Y Él pasaba entre la gente, entre tanta gente, pero no lo veían, no lo veían.

Un niño, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro”.

El Maestro, se voltea, y le sonríe.

El niño, le dice:
– “Maestro, ¡no Te ven!, ¿por qué no Te ven?”.

El Maestro, haciéndole cariño en la cabeza al niño, le dice:
– “Porque no Me Están buscando”.

Y el niño, se queda pensativo, y le dice:
– “¿Y qué es lo que están buscando?”.

El Maestro, le dice:
– “Ellos no lo saben, pero cuando Me busquen, yo Estaré ahí. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 17 de septiembre de 2017
Hora: 03:03 a.m.

Parábola 311

El Maestro, caminaba solitario, tenía tiempo solo, muy solo. Y caminaba y caminaba, y veía las ruinas de las ciudades, y veía los árboles quemados, y caminaba, y caminaba.

Se sentó en una piedra, se pasó la mano por la cabeza y pensaba, y pensaba. Se levantó y siguió caminando, cuando vio una figura que estaba a lo lejos llorando.

Se acercó con sigilo hacia ella, ella lo sintió y se volteó, y lo miró. Había tantas preguntas en sus ojos y Él de repente, sintió que no le podía dar las respuestas, no en ese momento, había que esperar.

Ella, bajó la cabeza y siguió llorando, entonces Él con infinito amor le tocó el pelo, y le dijo:
– “Tienes un cabello hermoso”.
– “Maestro”, le dijo ella. “No es el cabello lo que me importa”.

Él, le responde:
– “Yo lo sé, pero aprende a ver las cosas bellas que hay, eso te dará fuerzas para seguir”.

Le tomó la mano, y le dijo:
– “Sigamos caminando…”.

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 18 de agosto de 2017
Hora: 11:50 a.m.

Parábola 310

El Maestro, había descendido, y decidió, caminar, en las ciudades. Veía todo a Su paso, mas, no veía nada, porque nada había que ver. Y se preguntó, y se analizó, y se volvió a preguntar: “¿dónde se habían hecho las cosas mal?”; seguía caminando, y entraba a los templos, a Su casa, y las había, las había visto tan vacías, y se volvió a preguntar: “¿qué se había hecho mal?”.

Caminó hacia un templo, de altos muros, con hermosos tallados, con hermosas imágenes, y se volvió a preguntar: “¿qué se había hecho mal?”, le sangraban Sus heridas.

Despacio se acercó, a un Sacerdote, que estaba confesando, y se arrodilló. El Sacerdote, le dijo:
– “Habla hijo mío”, sintiendo algo extraño en esa presencia, pero no la sabía definir.

Y el Maestro, le dijo:
– “¿Qué es lo que se ha hecho mal, para que el mundo esté, así como está?”.

Y el Sacerdote, le contesta:
– “¿Qué le parece si empezamos hablando, de algo más personal?”.

El Maestro, se sorprende, y le dice:
– “¿Más personal, de lo que se ha hecho mal?”.

Y el Sacerdote, que era un hombre muy inteligente, le dice:
– “También podemos hablar de lo que se ha hecho bien”.

Y el Maestro, le dice:
– “¿Bien?, pero la Iglesia está sola”.

El Sacerdote, le responde:
– “No, si Te acercas al altar, lo verás ahí Crucificado. No Está sola, Él siempre Está”.

El Maestro, se sorprende, y se queda pensativo. Sorprendido ante la respuesta del Sacerdote, y vio que era un hombre joven, que no tenía la experiencia de los años, pero si tenía el ardor de la juventud, y le volvió a decir:
– “Padre, ¿qué es lo que se ha hecho mal?”.

Y el Sacerdote, que era inteligente, le dijo:
– “Hijo mío, Tú sabes, que se ha hecho también mucho bien. ¿Por qué no Te recreas en el bien que has hecho?, cambiaste a la humanidad”.

Él, se sorprende, ante la respuesta, y le dice:
– “¡Me reconociste!”.

Y el Sacerdote, le responde:
– “¡Cómo no!, cómo no conocerte, Sabiduría Eterna. ¿Es que no sabes, que Tus dudas han sido las mías?, y que, si no es por Tu Presencia Divina en la Eucaristía, yo no podría estar aquí. ¡Cómo no reconocerte!, si Estás en cada uno, de los que vienen a confesarse”.

El Maestro, se sonríe, se levanta, y le dice:
– “Te bendigo en el nombre de mi Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Y el Sacerdote, le responde:
– “Amén, que así sea”.

El Maestro, se levanta, sale caminando y se para en la puerta.

El Sacerdote sale, y se asoma, y no ve a nadie.

Se acercó, y muy suavemente, le dijo:
– “Sigue caminando, que Yo voy a seguir caminando contigo”.

El Maestro, que lo oyó a lo lejos, se sonrió y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 30 de mayo de 2017
Hora: 12:30 a.m.

Parábola 309

El Maestro, estaba parado, no veía nada, no tocaba nada, estaba como ausente. No le hablaba a nadie y todos los que lo seguían estaban callados, no se atrevían a hablar. Y el Maestro, seguía parado, ausente y ni siquiera el niño se atrevía acercársele.

Y pasó la luz del Sol y llegó la luz de la Luna, y el Maestro seguía ausente en Sus pensamientos.

Y de repente, una lágrima cayó por Su mejilla y después otra, y después otra, llegaron a tocar el suelo. Él se volteó, y les dijo a todos:
– “Debéis seguir caminando. Seguidme”.

Y se fueron caminando…

El niño, que se había quedado retrasado, se acercó al sitio donde las lágrimas del Maestro habían caído. Curioso cómo era, se agachó y vio que había nacido un retoño verde, limpio. Y donde estaba la otra lágrima, otro retoño verde, limpio, y donde estaba la otra lágrima, otro retoño verde y limpio. El niño, los tocó y se maravilló, que en ese suelo tan árido donde solo había polvo y tierra, piedra, brotaran esos verdes retoños.

Se paró, los miró y le dijo al Maestro, que iba caminando adelante:
– “Maestro, espérame, no me dejes atrás”.

El Maestro, se volteó, se sonrió con el niño, y le dijo:
– “Vente, sigamos caminando”…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 20 de abril de 2017
Hora: 12:10 a.m.

Parábola 308

El Maestro, caminaba, se tocaba la cabeza, una y otra vez se tocaba la cabeza. Le dolían las espinas como si aun las tuviera ahí.

Se tocaba pensativamente y se acordó de su Madre, cuando Ella le pasaba las manos por el cabello y lo consolaba cuando se caía. Y recordó cuánto había sufrido viéndolo en la cruz. Mas, también recordó, Su alegría inmensa cuando lo vio de nuevo, y Están juntos caminando.

El niño, lo mira y ve que se sonríe solo, y se acerca a Él y le toca la barriga y él, Me dice:
– “Maestro”, viendo que el Maestro se tocaba la cabeza. “¿Qué haces?”.

El Maestro, le dice:
– “Recordando las cosas bellas, ¡hay tantas!”.
– “¡Ay, Maestro!”, le dice el niño. “Es verdad, pero la gente lo que hace es quejarse todo el tiempo y no ven todas las cosas hermosas que ha creado Tu Padre”.

El Maestro, que siempre se asombraba de la viveza del niño, le dice:
– “¿Y cómo sabes tú, que todo esto lo ha creado Mi Padre?”.
– “¡Ay, Maestro!”, le dice el niño. “Tú me lo has dicho, muchas veces. Además, Maestro, la fe no es solo tenerla, hay que vivirla, ¿verdad?”.
– “Así es, hijo Mío. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 29 de marzo de 2017
Hora: 09:04 p.m.

Parábola 307

El Maestro, viendo que todo los que lo seguían dormían, descendió por los caminos y entró en un pueblo o lo que quedaba de ese pueblo. Sintió una profunda tristeza, porque de bajo de esas ruinas de ese pueblo, habían otras ruinas y más abajo otras ruinas. Y aunque, se edificaban unos encima de otros siempre estaban en ruinas.

Y caminó por las calles vacías, por los edificios destruidos donde había tanto polvo, que casi no podía ver. Y no había ni árboles, ni pájaros, ni risas de niño, y seguía caminando, le dolían los pies, le dolían las manos, pero Él seguía caminando…

El niño, que lo había seguido silenciosamente, se le pone al lado. El Maestro, lo levanta, se lo pone en los hombros, camina con él, trata de encontrar la salida, no quería que el niño viera tanta destrucción, era tan inocente.

Y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 28 de febrero de 2017
Hora: 12:28 a.m.

Parábola 306

El Maestro, iba caminando, pensativo, quería trasmitir lo que Él sentía, pero a veces, las palabras se le escapaban o eso pensaba Él.

Se acercó al grupo, que estaban reunidos de Sus seguidores y sentándose en una piedra con muchos a Su alrededor, les preguntó:
– “¿Qué es para ustedes la fe?”.

Unos a otros se miraron asombrados.

– “Maestro, lo que Tú nos has enseñado”.

El Maestro, les dice con mucha paciencia:
– “¿Y qué les he enseñado?”.
– “Tener fe es creer sin ver”.

El Maestro, los mira, habían varios niños a Su alrededor. Uno que era muy especial, que Él sabía, que era especial se le queda mirando, y le dice:
– “¿Maestro, puedo hablar?”.
– “Ven”, le dijo Él.

Se acercó y se sentó en Sus piernas agarrándole la túnica. No tendría más de 4 años, era hermoso.
– “Maestro, yo sé, qué es la fe”.
– “¿Sí?”, le dice el Maestro.
– “¡Sí!”.

Todos pensativos, todos asombrados de que como ese niño se había atrevido a subirse a las piernas de Él y decirle tan contundentemente, que él sabía lo que era la fe.
– “Te estoy oyendo, le dice el Maestro. “Responde”.

El niño, abre su manito y la extiende hacia un lado, hacia el otro, y le dice:
– “Maestro, miro la Creación, miro las nubes, miro los hombres tan idénticos a Ti, tan diferentes. Veo a mis padres con su amor, veo a los caminos, que parecen que no tienen fin, pero siempre llegan a algún lado”.

El Maestro, estaba impresionado de la sabiduría del niño, le dice:
– “Sigue”.
– “Maestro, simplemente la fe se siente”.

Uno de los que estaba cerca, le dice:
– “Yo tengo fe porque yo creo en lo que no veo”, medio molesto el hombre.

El niño, se voltea y con su inocencia, le dice:
– “¿Y la sientes?”.

El hombre, se sorprende y se queda pensativo, y se pone a mirar alrededor lo que el niño había visto. Y contempló el cielo y contempló los árboles, y contempló los hombres tan parecidos a él, pero ninguno era igual, y vio a los animales pastar. Y se sonrojó.

El Maestro, besa al niño en la cabeza y lo baja, lo sienta a Su lado, y le dice:
– “Cuando hay una brisa, que acaricia tú rostro, cuando hay una luz que se prende en el firmamento, cuando hay la sonrisa de un niño, Está Mi Padre presente”.

El niño, que era muy tremendo, le dice:
– “¡Ay, Maestro, ¡menos mal que Tú si me comprendes!, porque eso es la fe. Yo creo sin ver, pero también la siento”.

El Maestro, le agarra la mano y le dice mirando hacia todo:
– “Vamos, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Un hombre, que se había quedado atrás agazapado, estaba molesto. No sabía por qué estaba molesto, pero él estaba molesto, todo el tiempo estaba molesto. Y pensaba: “¿Y las guerras?, ¿y la destrucción, y las necesidades?”, y seguía molesto, aunque caminaba detrás del Maestro, él seguía molesto.

El niño, se le acerca, y le dice:
– “Mírame a mí”.

El hombre, baja la cabeza, y lo mira:
– “¿Qué quieres mocoso?”.

El mocoso, le estira las manitos, y le dice:
-” Que me quieras. Hay tantas cosas para querer”.

El hombre, avergonzado baja la mirada. Ve que el Maestro lo está mirando. Se acerca donde Está el Maestro, y le dice:
– “Maestro, perdóname”.

El Maestro, le responde:
– “No tengo nada que perdonarte. El dolor hay que vivirlo, el dolor hay que sentirlo, solo así se va. Pero recuerda, siempre queda la brisa que te toca el rostro, la sonrisa de un niño, los árboles, el cielo, la fe. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 30 de enero de 2017
Hora: 07:15 p.m.

Parábola 305

El Maestro, iba caminando con lentitud, pensativo, le recriminaba al Padre, en silencio mentalmente, le decía: “¿Hasta cuándo?, ¿hasta cuándo tanta injusticia?, ¿hasta cuándo tanto dolor? Donde volteo la vista hay dolor y tristeza. ¡Ay, Padre!, aleja de Mí este cáliz!, ¡ay, Padre!”, y seguía con Sus pensamientos.

Y las lágrimas le salían y no quería que lo vieran, porque Él tenía que darles esperanzas a todos, Él tenía que ser fuerte y amoroso, no podía quebrarse, tenía que refugiarse en el amor de Su Padre. Mas, le dolía tanto lo que veía, lo que oía.

Y en eso uno de los niños, que estaban corriendo a Su alrededor, se le acerca, le dice:
– “Maestro, ¿Te has dado cuenta de algo?”.

El Maestro, se sorprende, se voltea y mira al niño:
– “No, estaba sumergido en Mis pensamientos”.

Y el niño, le dice:
– “¡Pero levanta la mirada al cielo! ¡Mira qué belleza esas aves cómo vuelan!”.

El Maestro, levanta la mirada y ve unos pájaros de hermosos colores que volaban, y hacían su nido, y habían huevitos de nuevos pájaros que iban a nacer.

Y el niño, en su inocencia, le dice:
– “Maestro, a veces tenemos, que mirar hacia el cielo”.

El Maestro, se sintió avergonzado, tomó las manos del niño, y le dijo:
– “Vas a ser un gran pastor”.

El niño, en su inocencia, le dice:
– “Lo sé, Tú me has enseñado. Sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 20 de enero de 2017
Hora: 07:15 p.m.

Parábola 304

El Maestro, caminaba, y caminaba. A veces, se paraba a observar y a oír lo que le decían, y seguía caminando…

Y siguió caminando hacia una roca, que estaba en la orilla; se sentó en ella y contempló maravillado la Creación.

Bajó Su mirada y vio a las hormigas, una tras otra, cómo se ayudaban, y levantó los ojos hacia un árbol que estaba cerca y vio como un lindo pájaro le llevaba comida a sus pajaritos, a sus polluelos, y sonrió.

Y se oían ruidos, ruidos lejanos, y había nubes de polvo. A veces, esos ruidos estremecían la tierra, y Él no comprendía, Él no entendía, ¿por qué tenían que dañar lo que era tan perfecto? Y una lágrima se deslizó por Su mejilla, Se sentía triste; ¿por qué el hombre, que fue creado a Su imagen y semejanza?, ¿cuál había sido el error?, ¿por qué tanta destrucción? Y rezaba para que Su Padre lo oyera, y le pedía respuestas, y en eso, uno de los niños, que caminaban con Él se le acerca corriendo, y le dice:
– “¡Maestro, Maestro!, ¡ven para que veas esto!”.

Él se levantó, un poco azorado, pues estaba inmerso en sus pensamientos, pidiéndole respuestas a Su Padre.

El niño, lo tomó de la mano, lo halaba de la túnica, impaciente, y le decía:
– “¡Ven Maestro, ven, para que veas esto!”.

Y se acercaron despacio, y el niño, le dijo:
– “¡Mira Maestro!, mira cómo va a salir”.

Y en eso vio, que poco a poco, se abría y unas alas aparecieron, y se movían, y una hermosa mariposa, se paró un momento, y levantó el vuelo. El niño suspira, y le dice:
– “¡Maestro!, ¡viste, qué belleza!”.

Él, le pasa la mano por la cabeza, voltea Sus ojos al cielo, y supo que era la respuesta.

Y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 3 de enero de 2017
Hora: 07:06 a.m.

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