PARÁBOLAS DEL AÑO 2011
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Había un Primero, que se sentía muy agobiado, por las cosas que veía y aunque caminaba a Su lado, no las podía cambiar. Y se sentaba a tirar piedritas, y piedras, y piedras, y horas pasaba tirando piedritas, y el Maestro lo miraba.
Y pasaban los días y el Primero se sentaba, nuevamente a tirar piedritas, y piedritas, y ahí pasaban las horas.
El niño, le llamó la atención, y se acerca, y le dice al Maestro:
– “Maestro, ¿por qué le permites que pase tantas horas tirando piedritas, cuando hay tanto que hacer?”.
El Maestro, se queda viendo al niño, le hace cariño por la cabeza, y le dice:
– “Porque va a llegar un momento, en que se va a dar cuenta, que ya no hay piedritas que tirar, sino hay que recoger y sembrar”.
El niño, no entendía lo que le dice, y se voltea y ve al Primero, que había dejado de tirar piedritas, y se había volteado, y había oído, algo de lo que el Maestro le había dicho al niño.
El Maestro, se acerca al Primero, con el niño tomado de la mano, y le dice, acariciándole la cabeza:
– “No te angusties, estás caminando a Mi lado y a veces, ¡es tan difícil!, y más cuando se carga la Cruz”.
El Primero, sorprendido se le queda viendo, y el Maestro, le dice:
– “Vente, Yo te la voy a llevar, así te pesará menos”.
El Primero, le dice:
– “No Maestro, si yo la llevo es para aliviarte a Ti”.
El Maestro, le dice:
– “Por eso caminas a Mi lado, déjame está vez, que estás tan angustiado, poderte aliviar Yo”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 31 de diciembre de 2011
Hora: 04:12 a.m.

El Maestro, venía caminando con todos a Su alrededor. Estaba feliz había dejado a muchos que caminaban con Él, caminando por otro sendero y vio que había muchos nuevos que se incorporaban, que oían la buena nueva.
Estaba feliz, se voltea al cielo, y le dice:
– “Padre, Padre, cuánta alegría en Mi corazón, cuánta alegría en Mí corazón”.
Y se voltea y los ve a todos, habían grupos reunidos, Dos y Tres y Cuatro y Cinco. Y Cinco y Seis. Habían muchos Ochos y estaban serenos, y estaban tranquilos, estaban oyendo la nueva.
El niño, se le acerca, y le dice:
– “Maestro, hay uno que dice, que el verbo se hizo carne”.
El Maestro, se voltea, levanta al niño en sus brazos, lo aprieta, y le dice:
– “Siente el latido de Mi corazón”.
Y el niño, le dice:
– “Maestro, ¿Tu Eres el verbo?”.
El Maestro, le dice:
– “Así es”.
El niño, se acurruca en sus brazos, y le dice:
– “Me siento tan seguro Contigo”.
El Maestro, sonríe, y le dice:
– “Yo te digo, que así será por toda la Eternidad”.
Se levantó y le dijo a los demás:
– “Vamos, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 24 de diciembre de 2011
Hora: 12:41 p.m.

El Maestro, venía caminando, no se oía nada, ni siquiera los pájaros, ni las ranas. Había un silencio, que no era normal.
Le hace señas, a varios de sus discípulos, a muchos Segundos y Terceros y Cuartos.
Se sientan y el Maestro, les dice:
– “Vamos a hablar”.
Los Segundos, los Terceros y los Cuartos no entendían, si siempre oraban, pero obedientes se sentaron y como un murmullo se oían sus voces en aquel silencio.
El niño, ve que al Maestro se le sale una lágrima, se acerca y se recuesta en sus piernas, y le dice:
– “Maestro, ¿qué es lo que Te preocupa?”.
El Maestro, le dice con infinito amor:
– “El silencio”.
El niño, se sorprende y se queda quieto, y se da cuenta que solamente se oye el murmullo de los que estaban orando, que no se oía ningún ruido, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué este silencio?”.
El Maestro, no pudo evitar que otras lágrimas se deslizaran por Su rostro, le acaricia la cabeza, y le dice:
– “Ni mucho ruido, ni mucho silencio”.
Un Segundo, que los estaba oyendo, se le arrodilla, y le dice:
– “Maestro, está quietud me preocupa”.
El Maestro, le dice:
– “Debemos orar, porque los ruidos se van a desatar y solo con la oración los vamos a calmar. Vamos, sigamos caminando, que bien lo podemos hacer, orar mientras caminamos”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 19 de diciembre de 2011
Hora: 05:17 a.m.

El Maestro, había llegado a un lugar del que nunca había hablado, y al que no le habían hablado. No lo conocía, le pareció interesante todo lo que veía.
Muchos Segundos y Terceros estaban como maravillados de ver que había paz y tranquilidad, de que la gente caminaba feliz.
– “Maestro”, le dicen. “¿En dónde estamos, Maestro?”.
El Maestro, se voltea, y les dice:
– “No sé, ¿por qué no preguntamos?”.
Un Tercero, se acerca a uno de los residentes, y le pregunta:
– “¿Dónde estamos?”.
El residente, se voltea sonriendo, y les dice:
– “En una parada del camino, para que tomen fuerza”.
El Maestro, se sonríe, se acerca a un Quinto, y le dice:
– “Las cosas de Mí Padre, cuán hermosas son. Vamos, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, miércoles 02 de noviembre de 2011
Hora: 11:38 p.m.

Un Primero, se sentía muy triste porque un Segundo lo había maltratado. Un Tercero, se acerca, y le dice al Maestro:
– “Maestro, ¿viste que aquel Primero está triste?”.
El Maestro, con suave voz, le dice:
-Déjalo. Preocúpate más por el Segundo, que no está caminando a Mi lado. Vente, sigamos caminando”…
El niño, se acerca al Primero, y le dice:
– “No estés triste, el Maestro te ama”.
Y el Primero, le responde:
– “Es que no he enseñado a los demás a amar”.
Y el niño, le dice:
– “No estés triste”.
El Maestro, se acerca, le pasó la mano al Primero por la cabeza, y le dice:
– “Cuán grande es tu tristeza, cuán grande será tu recompensa”.
El Primero, le dice al Maestro:
– “¿En qué estoy fallando?”.
El Maestro, le dice con infinito amor:
– “Ayuda a ese Segundo a que camine a Mi lado. Vente y sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 23 de octubre de 2011
Hora: 3:20 a.m.

El Maestro, estaba sentado a la orilla del camino, que tantas veces había caminado y estaba triste.
Un Segundo, se le acerca, y le dice:
– “Maestro, ¿viste cómo han maltratado aquel pobre?, ¿cómo tiene la espalda destrozada?”.
El Maestro, con lágrimas en los ojos se voltea, y le dice:
– “Sí, todo porque camina Conmigo”.
– “¿Y entonces, Maestro, en este Segundo, ¿qué vas a hacer?”.
– “Darle Mí amor, darle Mí amor, esperar que se recupere y que siga caminando Conmigo”.
El niño, que era muy inquieto, le dice:
– “Maestro, ¿y por qué no te acercas a él y le pasas la mano por la espalda, para que se le quiten los dolores?”.
El Maestro se sorprende, y le dice al niño:
– “¿Crees que debo acercarme a él?”.
– “Sí”, le dice el niño.
El Maestro, se sonríe y le hace cariño en la cabeza al niño, y le dice:
– “Si Yo Estoy en él y él está en Mí, ¿qué más me puedo acercar? Vente, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
El niño, no quedó muy satisfecho con las palabras y hala al Maestro por la túnica, y le dice:
– “¡Maestro, pero Tú le puedes quitar el dolor! ¡Quítaselo!”.
El Maestro, agarra al niño y lo carga, y se acerca al que habían maltratado, al que tenía la espalda destrozada. Con mucha suavidad le pasó una mano por la espalda, y una lágrima caía de sus ojos.
El niño, le dice:
– “Maestro, si le Estás quitando el dolor, ¿por qué lloras?”.
El Maestro, le responde:
– “Porque su dolor, es el Mío. Vente, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
El Maestro, abraza, al que le dolía la espalda, que ya las marcas le habían desaparecido, lo aprieta, lo suelta y sigue caminando…
El niño, le dice, halándole la túnica:
– “Maestro, ¿no le vas a decir unas palabras?”.
El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “El ya no las necesita, vente sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 19 de octubre de 2011
Hora: 10:15 a.m.

Un Segundo, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, ¿ves aquel que está sentado, en la orilla del pozo?, ¿no era uno de los Primeros, que caminaba Contigo?”.
El Maestro, se voltea, y le dice:
– “Caminaba no, camina Conmigo. Vente, sigamos caminando…”.
El Cuarto, que estaba oyendo la conversación, se le acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, quiere decir que, aunque no estemos al lado Tuyo, ¿estamos Contigo?”.
El Maestro, le responde:
– “¿Por qué crees, que camináis a Mi lado?”.
– “Para aprender, Maestro”.
– “¿Y para qué tenéis que aprender?”.
El Cuarto, se queda pensativo, y el Maestro, le dice:
– “Para enseñar, a que los demás, también caminen Conmigo. Vamos, sigamos caminando…”.
El niño, pensaba:
– “Hay muchas cosas que no entiendo realmente, pero me gusta tanto el tono de Su voz, la mirada de Sus ojos, que yo voy a seguir caminando con Él”.
Y siguió caminando…
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 04 de octubre de 2011
Hora: 05:00 p.m.

Había mucho revuelo, se veía a lo lejos el revuelo, y los Segundos y los Terceros se acercan al Maestro, y le dicen:
– “Maestro, ¿por qué hay tanto revuelo?”.
El Maestro, se voltea, y les dice:
– “Porque no Me conocen, por eso tenemos, que caminar, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 27 de septiembre de 2011
Hora: 03:25 p.m.

Habían muchos Segundos, Terceros, Cuartos y Primeros, muchos, muchos, muchos. Estaban todos sentados en la colina alrededor del Maestro, eran tantos, eran muchos. El Maestro, los miraba con infinito amor, y les hace un señalamiento, que miraran el paisaje, que miraran arriba, que miraran a los lados.
El niño, se acerca, y le dice:
– “Maestro, ¡ajá!, estamos viendo. Ahora explícame una cosa, Maestro, ¿por qué en ese pueblo que está allá abajo hay casas más grandes que otras, si estamos todos caminando?, ¿no deberían ser iguales?, ¿todas las casas iguales?”.
El Maestro, se sorprende, y mira al niño asombrado, le acaricia la cabeza, y le dice:
– “Observa, mira lo que tienes al lado, ¿cómo son?, descríbemelo”.
– “Bueno, el que está aquí, es gordo, tiene barba, el de más allá es delgado; este es calvo, la señora, la que lleva, los cuencos. Bueno, ninguno es igual al otro”.
El Maestro, le dice:
– “Ahí tienes la respuesta”.
Más el niño no se queda convencido, y se va y se sienta, y empieza a contemplar las casas. Habían unas donde ya habían prendido la luz, porque ya estaba anocheciendo, y habían prendido unas internas en las puertas de las casas, con su llama pero, habían otras casas muy humildes que no prendían las llamas de la puerta. Y seguía un poco, sin entender, mas, se quedó dormido.
Cuando amanece, que todos se levantan, él se acerca al Maestro:
– “Maestro, ¿no estamos caminando, para ser todos iguales?”, y se lo dijo con un dejo de tristeza.
El Maestro, le dice:
– “No, estamos caminando para llegar a Él, y en Él, y con Él, seremos todos iguales. Vente, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 23 de septiembre de 2011
Hora: 07:50 p.m.

El Maestro, iba caminando en un sendero, que dé lo largo que era, se veía angosto al final, y muchos Primeros, Segundos y Terceros lo seguían, y Él caminaba, y caminaba, y caminaba, no paraba.
Y llegó la noche y no paró. Los Segundos y los Terceros se sentían cansados y se querían parar, y se querían sentar. Mas, el Maestro caminaba y caminaba.
El niño, lo hala de la túnica, y le dice:
– “Maestro, Maestro”.
El Maestro, vuelve en sí, pues estaba ensimismado en Sus pensamientos, y se le queda viendo con ternura, y le dice:
– “Dime”.
– “Maestro, tengo sueño”.
El Maestro, se para y se voltea, y vio a los Segundos, y a los Terceros, y a los Quintos, y a los Primeros, que tenían caras de cansados. Les hace una seña, se sienta y se voltea, y les dice:
– “Debemos descansar, pero debéis recordar, que hoy nos falta mucho por caminar. Y seguiremos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 19 de septiembre de 2011
Hora: 12:45 p.m.

El Maestro, venía caminando, subió un poco a la colina, se quedó dormido. Con Él venían muchos Primeros, Segundos y Terceros, muchos, que también se recostaron y se quedaron dormidos.
Y pasaron las nubes y pasó la Luna, y salió el Sol, y seguían dormidos. El Maestro, se despierta y se sienta, da las gracias, y se queda mirando a lo lejos, y ve que parecían hormigas que se movían, mas no eran hormigas, eran caminantes que no sabían para dónde ir; unos iban para acá, otros para allá, se tropezaban, regresaban, no sabían dónde ir.
El Maestro, se levanta, el niño se despierta y ve que el Maestro se levanta, y le dice:
– “Maestro, todos están dormidos. ¿Para dónde vas?”.
El Maestro, sonríe, le acaricia la cabeza al niño, y le dice:
– “A buscar a aquellas, mis ovejas, que están allá perdidas, que no saben adónde van”.
El niño, sonríe, y le dice:
– “¿Te puedo acompañar, Maestro?”.
Él lo levanta, se lo pone en los hombros, y le dice:
“Vente, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Muchos Segundos y Terceros y Cuartos se despertaron, y hacía calor y buscaron al Maestro. Lo vieron en la distancia un poco a lo lejos, que llevaba al niño consigo y se acercaba a los que caminaban para acá, para allá, para acá, para allá, y unos Segundos, unos Terceros y unos Cuartos se preguntaban:
– “¿Qué estará haciendo el Maestro?”.
Y otro niño, que estaba cerca, les dice:
– “Lo que siempre hace: caminar, buscar y encontrar”.
Y un Segundo, que estaba oyendo, que era un poco más sensato, les dice:
– “Sabias tus palabras; buscar y encontrar, mas, debemos recordar lo que el Maestro nos dice, que Él siempre Está, así que vayamos tras de Él y sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
El Maestro, ya había llegado a su destino, se baja el niño de los hombros y se acerca. Habían dos o tres o cuatro, Segundos y Terceros que estaban tristes, no sabían dónde ir. Cuando vieron al Maestro se sorprendieron, y le dijeron:
– “Maestro, Te estábamos buscando, mas no sabíamos dónde encontrarte”.
El Maestro, con infinito amor, les dice:
– “Aquí Estoy, siempre Estoy. Vengan, vengan conmigo y sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes, 09 de septiembre de 2011
Hora: 11:30 a.m.

Le dice el Segundo al Primero:
– “Maestro, ¿por qué me duele tanto la cabeza?, estoy caminando a Tu lado”.
El Maestro, se le acerca, le dice:
– “Porque estás caminando a Mi lado”.
– “¡Ay, Maestro!”.
– “Vente”, dice Él, abrazando con mucho amor. “Sigue y camina Conmigo, que ya estamos cerca”.
Y siguieron caminando…
El niño, que estaba oyendo, piensa:
– “¿A mí también me irá a doler la cabeza, porque camine a Su lado?”, se queda callado y se sienta en una piedra.
El Maestro, se voltea y lo ve, le hace señas para que lo siga. El niño, lo mira desconcertado.
De repente, recuerda nuevamente los pájaros volaron, cuando lo veía hacer caminar a los enfermos, recordaba Sus palabras cuando estaba en el monte sentado dando paz y serenidad. Todo eso cruzaba por la mente del niño, mas, se decía:
– “¿También, me va a doler la cabeza?”.
El Maestro, Se dio cuenta, ya que Él todo lo sabe, de lo que estaba sintiendo el niño y caminó unos pasos más allá, hizo señas a los que lo seguían y Se sentó.
Pasó una hora y el niño seguía pensando, y no se levantaba de la piedra.
Y pasó otra hora, el Maestro, oraba al Padre, todos en silencio no sabían qué pasaba. Por fin, el niño se levanta, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, quiero siempre caminar a Tu lado”.
El Maestro, le toca la cabeza con infinito amor, y le dice:
– “Te estaba esperando”.
Y siguieron caminando…
El niño, iba caminando junto al Maestro y lo veía con cuánto amor atendía a las personas, atendía a los enfermos, a los que tenían hambre, y seguían caminando…
El Maestro, se voltea, y le dice al niño:
– “Ven, acompáñame quiero que veas esto”.
Toma al niño de la mano y van caminando, y caminan, y caminan, y pasan por un sitio donde todo estaba quemado, donde estaba todo destrozado y siguen caminando, y pasan por un sitio donde estaban los árboles caídos, el piso mojado, y siguen caminando… Y pasan delante de una casa, estaba en el suelo toda derrumbada, y siguen caminando, por fin llegan a un claro y el Maestro le dice al niño: -Rosaura, inhala aire como en un suspiro-
– “¿Qué ves a lo lejos?”.
El niño, la mirada a la distancia, que había hombres que levantaban las piedras caídas, estaban haciendo casas y vio que había otro que recogía los árboles caídos, lavan la leña, prendían fuego para quitarse el frio, y algunos sonreían.
El Maestro, toma al niño en los brazos y lo levanta para que vea mejor y sigue caminando, y volvieron a pasar donde había árboles caídos, ruinas de casas, zonas devastadas y siguieron caminando…
El Maestro, baja al niño, y le dice:
– “¿Qué ves allá a lo lejos?”.
El niño, se voltea, y le dice:
– “Maestro, hombres trabajando, están limpiando, están ordenando”.
El Maestro, lo toma en brazos y dice:
– “Por eso debes caminar, por eso camino. Llegará un momento en que todo estará limpio, en que todo estará ordenado y habrá paz”.
El niño, emocionado sentado en Sus piernas, le dice:
– “Maestro, no importa si me duele la cabeza, yo quiero caminar a Tu lado, yo quiero la paz”.
Y el Maestro, le mueve el pelo con infinito amor, y le dice:
– “Y la paz tendrás, te lo prometo por Mi amor”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 29 de agosto de 2011
Hora: 04:42 a.m.

El Maestro, se acerca hacia un pozo y ve que hay dos niños tratando de sacar agua, el Pozo estaba casi seco. El Maestro, los ayuda y logra sacar agua, y el niño mayor la toma y se la pasa al hermano menor. El Maestro, lo mira, y dice:
– “No es por ustedes y no es por ustedes. Por eso es, que sigo caminando”.
Y siguieron caminando…
Y después, que el niño pequeño tomó, al grande le quedó muy poquita y el Maestro se devolvió, la sacó y le dio al mayor:
– “Toma, en Mi reino nunca te faltará de beber”.
El niño, en su inocencia, le pregunta:
– “¿Y dónde queda eso, Señor?”.
El Maestro, le acaricia la cabeza, y le dice:
– “Pronto lo sabrás, cuando camines a Mi lado por toda la Eternidad”, y siguió caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 28 de julio de 2011
Hora: 12:07 a.m.

El Maestro, se acerca a uno de los Segundo, que estaba ayudando a uno de los Terceros, ya que éste se había caído. Y lo ve trabajar como lo atiende, como le cura la herida, como le envuelve con una tira de lino puro crudo, ya que el Maestro Estaba ahí, estaba cumpliendo su misión.
El Maestro, le pasó al lado.
– “Maestro”, le dice el Tercero, que había sido el que estaba herido. “Viste, ¿cómo me curó el Segundo?”.
Le sonríe, le acaricia la cabeza:
– “Como él, muchos curarán las heridas, por eso tenemos que seguir caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 22 de julio de 2011
Hora: 02:04 a.m.

Un Segundo, se acerca al Maestro, iban caminando, y se dio cuenta que el Maestro se había quedado rezagado a un lado del camino, y tenía la mirada triste, y miraba al cielo, oía los ruidos, y los gritos.
El Segundo, se le queda parado al lado, no se atreve a preguntar, se queda quieto sin hacer nada, se queda quieto sin hacer nada.
El Maestro, tomó una hoja que ya estaba seca, se le queda viendo, con infinita tristeza.
El Segundo, le dice:
– “Maestro, es sólo una hoja”.
El Maestro, no contesta, seguía triste, se agacha, y agarra otra hoja, no estaba tan seca, no estaba tan seca, la contempla en silencio, tenía las dos hojas en la mano izquierda. Se levanta, se acerca al arbusto donde las hojas se habían desprendido, tallo fresco que brotaba de la punta, y una lágrima se deslizó sobre Su rostro, miró al cielo, y le dijo:
– “Gracias, Padre, siempre Estás”.
El Segundo, que no había entendido nada, se queda, absorto.
El Maestro, seguía dando las gracias en una oración profunda y sentida, tan sentida que Sus lágrimas corrían por sus mejillas, caían en la hoja seca, la que estaba casi seca, y se empezaron a poner verdes, y empezaron a brillar.
El Segundo, le dice:
– “Maestro, ¿será así qué Tú tienes que llorar, para que haya vida?”.
El Maestro, se voltea, y le dice:
– “En este retoño, está es la vida, está es la muerte”, le enseña las hojas que ya se habían vuelto verdes. “Yo Soy la vida y la muerte, y te digo que después de la misma, resucitarás y te volverás, hoja nueva y fresca, y aun así, seguirán retoños nuevos emergiendo todos los días”.
El Segundo, avergonzado, baja la cabeza, y le dice:
– “Maestro, ¿seguimos caminando?”.
El Maestro, le acaricia la cabeza, y le dice:
– “Sí, sigamos caminando”.
Siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 02 de julio de 2011
Hora: 01:06 a. m.

Un Segundo, se acerca al Maestro, y le pregunta:
– “Maestro, Te estaba observando, tienes rato mirando a lo lejos. ¿Qué es lo que te preocupa, no ves que, si Tú Estás preocupado, nosotros nos derrumbamos?”
El Maestro, voltea el rostro, lo mira, vuelve a voltear el rostro y mira a la distancia, y le dice:
– “Os vais a derrumbar, mas, una cosa os digo, os volveréis a levantar, y seguirán caminando Conmigo”.
El Segundo, recuesta su cabeza en el hombro del Maestro, y le dice:
– “Maestro, yo no me quiero derrumbar”.
El Maestro, le dice:
– “¿Ves el río?, ¿viste como sus aguas corren plácidas? Mas, ¿vez aquella nube, en su cabecera?, Yo te aseguro que este río, esta noche se desbordará”.
– “Maestro”, le dice el Segundo. “¿Y qué podemos hacer?”.
– “Quitarnos de la orilla y esperar que vuelva a su cauce”.
Se paró, y le dijo:
– “Vente, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
El Segundo, se quedó pensativo y decidió volver hablar con el Maestro, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué no evitas que se desborde el río?”.
El Maestro, se voltea, y le dice:
– “Cuando el río se desborda, limpia, se lleva muchas cosas por delante”.
El Segundo, le responde:
– “Maestro, pero también se lleva muchas vidas, y mucha tristeza”.
El Maestro, con infinita paciencia le dice:
– “¿No sabes que después del día viene la noche y después de la noche viene el día?, nos toca esperar el día. Vente, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 15 de junio de 2011
Hora: 07:02 a.m.

El Maestro, estaba sentado sobre una piedra y veía a uno de los Segundos, que hablaba y hablaba, no cesaba de hablar. Terceros, Primeros, Segundos, se le acercaban, pero se cansaban y se iban.
El Maestro, se levanta de la piedra, y le dice:
– “¿No te das cuenta, que todos se van?”.
– “Sí, Maestro, ya me di cuenta”.
– “Recuerda, las ideas no se imponen, se señalan, se hace pensar”.
El Maestro, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “Vente, sigamos caminando…”.
Un Tercero, que había oído toda la conversación, se acerca al Maestro:
– “Maestro, hay una duda, que necesito que por favor me la aclares”.
El Maestro, la mira, ya sabía lo que le iba a preguntar, y le dice:
– “Dime”.
– “El mal, Maestro, ¿cómo hacemos, para manejar el mal?, está en todos lados, está en todas partes”.
El Maestro, suspira, mira al cielo, y le dice:
– “Con vuestras oraciones, con vuestro amor, la luz disipa la oscuridad. Recordad eso, no le temáis al mal, no puede más que vosotros, que estáis caminando a Mi lado. Vente, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 10 de febrero de 2011
Hora: 08:34 p.m.

El Maestro, les dijo a los Terceros, a los Cuartos y a los Quintos, que quería bajar nuevamente a ese pueblo donde había una Iglesia que lo honraba diariamente, donde hacían la Cena, Su Última Cena tal como Él se los había enseñado.
Los Segundos y los Terceros, le dijeron:
– “Maestro, queremos bajar contigo”.
Él se voltea, y les dice:
– “No. Debéis caminar”.
Se dio la vuelta y bajó hasta el pueblo; caminó por sus calles, por sus avenidas, vio un mendigo tirado en una esquina, la gente pasaba como si no existiera y una lágrima corrió por Su mejilla.
El mendigo, que lo estaba viendo, le dice:
– “Señor, ¿lloras por mí?”.
Él lo miró a los ojos y siguió caminando…
El mendigo, viendo en el suelo la lágrima que había caído, la tocó y se puso el dedo en los labios, y sintió una gran paz, levantó los ojos al cielo:
– “El que todo lo puede, se ha dignado a venir a verme, ¿quién soy yo?, ¿quién soy yo para merecer esta gracia?”, y se puso a llorar como un niño.
Recogió sus cosas, se paró y se fue a un parque, se sentó en un banco, y veía la hierba, y veía las flores, los niños jugar, y sintió que sus manos tenían nueva vida, y que su cuerpo necesitaba un baño. Y fue y se bañó, y se cortó el pelo, y regresó a su casa donde se quedó.
El Maestro, llegó a la Iglesia, estaba abierta, más, estaba sola. Había una anciana allá y otro, no había casi nadie; en eso sonaron unas campanas anunciando la misa y entraron dos, tres, seis o siete más y se sentaron a oír la misa. Mas, nadie lo veía, Él era uno más entre todos y nuevamente una lágrima se deslizó por Su mejilla.
Un niño, que estaba cerca, le toma la mano, y le dice:
– “No llores, ¿Estás solo? Yo te voy a acompañar”.
Y en eso la madre ve que el niño se le había acercado al Maestro y lo llama, preocupada, que estaba ante un desconocido, y el niño se voltea, y le dice:
– “Mamá ¿no ves que Está llorando? Cuando yo lloro tú me acompañas, déjame quedarme aquí con Él”.
La madre, le ve los ojos al Maestro y sintió que algo muy grande la inundaba, se sentó y se puso a orar.
El Maestro, le pasó la mano por la cabeza al niño, y le dijo:
– “¡Ay, esperanza, siempre estás ahí!”, se paró y siguió caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 19 de enero 2011
Hora: 11:48 a.m.

El Maestro, iba caminando, pausado, lento; un Tercero se acerca, y le dice:
– “Maestro, ¿no tenemos que ir más rápido?”.
El Maestro, le dice:
– “Estoy algo cansado, será mejor que nos acostemos, ya se está haciendo de noche y seguimos mañana”.
Mas el Tercero, que era un poco necio, le dice:
– “Maestro, pero ¡si ya nos queda poco!, caminando más rápido llegamos”.
El Maestro, se le acerca, y le dice:
– “No es poco lo que queda y aquí, hay mucho que decir. Mejor es descansar para saber lo que debemos decir”.
Se sentó, se puso a orar. El Tercero, le hizo señas a los demás y todos, se recostaron, y se quedaron dormidos.
El Maestro, se levanta muy temprano y los vio dormir, y pensó:
– “Estaban tan apurados, y míralos ahí”.
Los fue llamando a todos, y todos se le acercaron.
El Tercero, le pregunta:
– “Maestro, ¿vamos a seguir?, porque esto, no parece tener fin”.
El Maestro, se le acerca, y lo abraza, y le dice:
– “Sólo cuando lleguemos a Mi Padre, será el fin y será el inicio. Vente, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
El Maestro, cuando llegaron al sitio, miraba aquella destrucción, todo estaba destruido, los ríos se habían desbordado, las casas se habían caído, unos robaban a otros, se llevaban todo.
El Maestro, se sintió tan triste. El niño, que lo estaba viendo, se le acerca y le dice:
– “No Estés triste, Maestro”.
Él se sorprende y le acaricia la cabeza. El niño, le dijo:
– “Acuérdate, que nos dijiste, que siempre Estarías ahí, no puedes Estar triste, Te necesitamos. ¿Quién me va a cuidar a mí, si Tú no Estás?”, se puso a llorar.
El Maestro, lo levanta en brazos y lo cobija, y siguió caminando con el niño en los brazos.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 02 de enero 2011
Hora: 03:59 a.m.
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