PARÁBOLAS DEL AÑO 2009
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El Maestro, le hace una seña a todos, que se detuvieran a descansar, habían caminado mucho y se sentaron a la orilla de una montaña, que hacia el fondo tenía un río, pasar al otro lado era difícil pues tenían puentes y se veían lejanos.
Un Cuarto y un Quinto, se reúnen con un Sexto y un Séptimo, se sientan todos juntos y se preguntaban entre sí, conversaban entre ellos.
– “¿Será que teníamos que cruzar esos puentes? ¿Tendremos que caminar tanto?”.
Un Cuarto, responde:
– “También podemos descender, caminar a la orilla del río y esperar que haya un lado angosto para cruzar”.
Y estaban hablando sobre las cosas que podían hacer.
El Primero, se había quedado dormido, pues estaba muy cansado. Y pasó la noche y amaneció, caminó un rato, se sentó sobre una piedra grande, se puso a mirar a lo lejos.
Los Cuartos, los Quintos, los Siete que habían estado conversando, se le acercan y le dicen:
– “Maestro, ¿qué ruta vamos a seguir?”.
El Maestro, se voltea y les dice:
– “¿Díganme ustedes cuál quieren seguir?”.
Un Quinto, le dice:
– “A mí me parece que debemos cruzar esos puentes”.
Un tercero, le dice:
– “Podemos bajar y caminar a la orilla del río y encontrar un lado angosto para pasar”.
Y así, le fueron dando todas sus opiniones y el Maestro seguía callado, hasta que por fin un Segundo, le pregunta:
– “Maestro, ¿no, nos vas a responder?”.
Él se voltea y mirándole le dice:
– “En cada uno de ustedes hay una respuesta y todas son válidas, ¿veamos cuál es la que tiene mayoría? Y sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Decidieron bajar y caminar a la orilla del río, iban todos contentos, el día era muy hermoso, tenían agua fresca para beber, más el río se hacía cada vez más ancho, no se encontraba un lado angosto para pasar:
– “Maestro, está atardeciendo”, le dice un Tercero. “Maestro, ¿cómo vamos a hacer para pasar”.
El Maestro, se voltea y le dice con mucha paciencia:
– “¿Acaso no habéis disfrutado del camino? Han tomado agua limpia, clara, nos recreamos con las flores, más el paisaje, ¿es tan importante qué pasemos o nos quedemos aquí en la orilla?”.
Un Cuarto y un Quinto y un Siete se miraron entre sí y ven la cara del Maestro, y le dijeron:
– “Maestro, tienes razón, lo importante es caminar a Tu lado”.
– “Sigamos caminando…”.
Volvió amanecer, todos se acercaron al agua, se lavaron su cara, comieron lo que tenían y siguieron caminando, caminando y caminando, llegaron a un sitio donde había un hombre que hablaba, hablaba alto y había mucha gente alrededor de Él, y decía cosas, se sentían importantes y la gente lo miraba.
El Maestro, se acerca con su grupo y se le queda viendo, admirado de aquel hombre que estaba parado en ese sitio, hablándole a todos con tanta fuerza. En eso el que hablaba, ve al Maestro y se quedó callado, él bajo del sitio donde estaba, se acercó a Él y le dijo:
– “Maestro, ¿me dejas caminar a Tu lado?”.
El Maestro, sonriendo le dice:
– “¿No vistes que me acerqué a ti?, ven camina a Mí lado”.
Y siguieron caminando…
Los Cuartos y los Quintos se quedaron un poco atrás y uno que era un poco impertinente le dice, un Siete, le dice a un Quinto y a un Sexto:
– “¿Y cuánta gente va a seguir caminando?, no, nos va a alcanzar la comida, menos mal que hay agua en el río”.
Un Segundo, se acerca y le dice:
– “¿Desde cuándo estás caminando con nosotros?”.
– “Desde hace tiempo, no sé, semanas, meses”.
– “¿Y te ha faltado comida alguna vez?”.
El otro comprendió, bajó la mirada y dijo:
– “Sigamos al Maestro, que va caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo: Miranda, Carrizal, lunes 28 de diciembre de 2009
Hora: 10:47 p.m.

El Primero, se da cuenta de que unos Terceros y unos Cuartos se habían quedado rezagados.
Se acerca a ellos, y les dice:
– “¿Qué hacéis, por qué no os acercáis?”.
– “Maestro”, le contestan los dos. “Nos sentimos un poco cansados, hemos caminado mucho, nos duelen los pies”.
El Maestro, se sentó a su lado, se quitó sus sandalias trenzadas, se vio sus pies llenos de tierra y Él les dijo:
– “Es verdad hemos caminado, Yo también Estoy cansado, vamos descansemos y después, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 10 de diciembre de 2009
Hora: 05:03 p.m.

– “Maestro”, le pregunta, la Segunda. “¿Qué es el amor, Maestro?”.
El Maestro, que estaba sentado hablando con muchas personas, se sorprende por la pregunta y se le queda viendo, la vio, que tenía una tristeza profunda en sus ojos, más siguió hablando y no le respondió. Ella, se sentó a su lado y esperó con paciencia, que Él terminara de hablar.
Y pasó una hora y dos, y llegó la noche y Él seguía hablando, y ella esperó pacientemente. De repente, el Maestro se voltea, le acaricia el cabello suavemente y le dice:
– “Esto es amor, lo que tú has hecho, lo que tú haces, eso es amor”.
Bajo la mirada, se dirigió a todos los demás y siguió hablando. Pasaron los días y caminaban de aquí y de allá, y llegaban a pueblos lejanos. Él se emocionaba viendo a la gente cuando se le acercaba, los niños lo tocaban y Él sonreía.
De repente, se voltea y le dice a la Segunda:
– “¿Ves?, esto es amor”.
Ella, sorprendida le dice:
– “¿Qué Maestro?”, pues estaba pensando en otra cosa, ya se le había olvidado la pregunta.
– “Esto, que, con tanto dolor, que sientes, caminas a Mí lado, eso es amor. Vente sigamos caminando…”.
El niño, que era un recién llegado, se acerca y le hala la túnica al Maestro, y le dice:
– “Maestro, ¿si siente tanto dolor, por qué la dejas que camine, no es mejor que se quede sentada?”.
El Maestro, se sonríe, levanta al niño en sus brazos y lo carga, no le responde.
El niño, se olvidó de la pregunta y siguieron caminando, en eso ve a la Segunda, que caminaba con dificultad, le dolían los brazos, le dolían las manos, le dolían las piernas, le dice:
– “Maestro, Maestro, ¿no ves que está sufriendo?”.
El Maestro, le dice con infinito amor al niño:
– “No, está compartiendo. Sigamos caminando…”.
Llegan a un claro y el Maestro coge el pan y les dice a todos:
– “Vamos a compartir”.
El niñito, que era inquieto, se le acerca y le dice al oído:
– “Maestro, yo solo quiero pan, yo no quiero el dolor”.
El Maestro, le dice:
– “¿Cómo que el dolor?”.
– “Sí, Tu dijiste, que ella tenía dolor, porque estaba compartiendo”.
El Maestro, se sonríe y le dice:
– “Quédate tranquilo y come el pan, que del dolor de ella me encargo Yo”.
Sentado sobre una roca, el Maestro, les hace seña a todos, que se sienten, habían muchos Primeros, Segundos y Terceros, y todos se sentaron, y el Maestro les dijo:
– “Todos se preguntarán, ¿qué hacen aquí? También Me lo pregunto, ¿qué hacen ustedes aquí?”.
Un Primero, que ya había llegado a ser primero, levanta la mano y le dice:
– “Seguirte Maestro, aprender Tus enseñanzas, para poderlas dar”.
Un Cuarto, le dice:
– “Maestro, es que me encantan Tus palabras, me llenan de tanta paz”.
Y el Maestro, le dice:
– “¿Creen ustedes, que alguna vez dejaremos de caminar?”.
El niño, que se había dormido, recostado de Él, abre los ojos y le dice:
– “Maestro, si ya no camino contigo, ¿qué puedo hacer?”.
El Maestro, se sonríe, le hace cariño y le dice:
– “Tranquilo, siempre caminarás conmigo. Vente sigamos caminando…”.
El Maestro, de repente, se para en un sitio donde había muchos árboles de diferentes tipos, unos grandes altos, unos pequeños, unos medianos, más todos tenían sus hojas de diferentes formas y tamaños. Se voltea y le pregunta a un Tercero:
– “De estos árboles, ¿cuál crees tú, que es el más importante?”.
El Tercero, le responde:
– “El alto, el fuerte”.
El Maestro, se voltea y le pregunta a un Quinto:
– “¿De estos árboles cuál crees tú qué es el mejor?, ¿qué es el más importante?”.
– “A mí me parece, que aquel porque tiene unas hojas muy hermosas”, que estaba al lado del árbol grande y alto.
Se voltea a la Segunda, que lo seguía con un poco de dolor y le pregunta:
– “¿Cuál de estos árboles crees tú, que es el más importante?”.
Ella se voltea, los mira a todos, admira la belleza de las hojas, de su follaje y le dice al Padre:
– “Maestro, todos son igual de importantes”.
El Maestro, sonríe y le dice:
– “Así es, no importa el tamaño, ni la forma, ni el color de sus hojas, todos vinieron a cumplir un espacio en este terreno. Así son ustedes, todos son de igual de importantes. Vamos, sigamos caminando…”.
Un Quinto, que estaba medio rezagado, se quedó contemplando los árboles y pensaba, rascándose la cabeza:
– “¿Cómo puede ser, que son todos iguales? No puede ser igual un árbol grande, frondoso, que este pequeñín que está aquí”.
En eso, una hermosa mariposa pasa volando alrededor de él, pasa por entre el árbol grande, por el otro árbol y termina aterrizando en el pequeñín, que tenía una flor, la mariposa se apoya en él y recibe su aroma, se levantó con más fuerza y siguió volando.
El Maestro, que lo estaba viendo, sonríe, él bajo la cabeza y lo entendió, y siguió caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 06 de diciembre de 2009
Hora: 10:18 p.m.

Habían Segundos, Terceros, Cuartos, Quintos, muchos, que seguían al Primero y empezaron a caer unas gotas de lluvia, algunos trataron de taparse, otros no les importaba, el Primero seguía caminando, de repente, se voltea y le dice a todos:
– “Subamos a la colina”.
– “¿Por qué Maestro?”, le pregunta un Cuarto.
– “Por aquí pasa un riachuelo”.
El Cuarto, le dice:
– “Maestro, es apenas muy poca la cantidad de agua que baja”.
El Maestro, le dice:
– “Sígueme, subamos”.
El Cuarto, que lo respetaba, él no quería perderse de estar cerca de Él cuando hablara, pues pensaba que, si iba a la colina arriba a charlar con ellos, lo siguió. Y mientras subía, llovía y empezó a llover más fuerte y el riachuelo se convirtió en un río, y el río se desbordó, y se llevó casas y árboles, y grandes rocas cayeron.
El Cuarto, estaba asombrado viendo todo lo que pasaba desde su sitio seguro y así como empezó, así terminó, se acercó al Maestro y le dijo:
– “Maestro, no comprendí lo que me querías decir, no entendía lo que me querías decir”.
El Maestro, tenía una gota de agua en la mano, se la enseña y le dice:
– “¿La ves?, es pequeña, se desliza, es transparente; más cuando son muchas y están unidas se vuelven poderosas y si no se controlan, se vuelven salvajes y arrasan con todo”.
El Cuarto, se le queda viendo pensativo y le dice:
– “Maestro, ¿en nuestras vidas hay muchas gotas de agua?”.
El Maestro, le responde:
– “Sí las hay, lo que hay es que aprender a controlarlas. Vente sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Y pasó un día, y pasaron dos, y el Sol brillaba y caminando lentamente llegaron a la orilla de un lago, se veía quieto, sus aguas reposadas reflejaban el cielo y las montañas cercanas.
El Maestro, se sienta y lo contempla, el Cuarto se acerca y le dice:
– “Maestro, ¿esa es una gota de agua controlada?”.
El Maestro, se voltea y le dice:
– “¿Lo crees así?, así será. Vente, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando, y pasaron montañas y valles, llegaron a la orilla del mar, donde las olas iban y venían, iban y venían, era una danza hermosa, burbujas danzaban con el movimiento.
El Cuarto, se acerca al Maestro:
– “Maestro, ¿esta también es una gota?”.
El Maestro, se voltea, y le dice:
– “Más que una gota, es la vida. Vente, sigamos caminando…”.
Y siguieron caminando por el riachuelo nuevamente, el camino era angosto y lleno de tierra, y se volvió pantanoso, les costaba caminar.
El Cuarto, que era insistente se acerca al Maestro y le señala sus pies llenos de barro, y lo que le costaba caminar dentro del fango y le dice:
– “Maestro, ¿esta es otra gota de agua?”.
El Maestro, se voltea y le dice:
– “Según como la veas”.
El Cuarto, le dice:
– “Maestro, tengo los pies sucios llenos de fango”.
– “Si para ti fango es, fango será”, dio la vuelta y siguió caminando…
El Cuarto, se quedó pensativo, se sentó a la orilla del camino pues estaban cansados y se quedaron varios días. De repente, el Cuarto observa, que a la orilla del camino donde el agua se había sostenido un poco más, estaban brotando unas pequeñas ramitas verdes, tímidas, pero estaban creciendo, se quedó mirando al Maestro, le dijo:
– “Maestro, gracias ya comprendí”.
– “Sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 25 de noviembre de 2009
Hora: 11:45 p.m.

Una Segunda, seguía de cerca de unos Terceros y a unos Cuartos y debes en cuando se volteaba a ver la piedra que había dejado atrás, la miraba con nostalgia, la miraba con tristeza, recordaba las palabras del Maestro, pero aun así sentía mucho dolor en su corazón.
El Maestro, que la estaba viendo, se le acerca y le dice:
– “¿Quieres regresar, quieres verla de cerca nuevamente?”.
Ella levanta los ojos, lo mira con infinito amor y le dice:
– “Maestro, ¿y si le damos más tiempo?”.
Él sonríe, le caricia la cabeza, y le dice:
– “Vente, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
Maracaibo, Edo. Zulia, sábado 07 de noviembre de 2009
Hora: 09:00 p.m.

El Maestro, venía caminando, en eso ve a una Segunda, que estaba sentada al lado de una piedra, los demás caminaban, pero ella seguía sentada al lado de la piedra.
El Maestro, se le acerca y le dice:
– “¿Qué estás esperando?”.
– “Maestro, que la piedra se vuelva arena”.
El Maestro le dice, tomando el polvo del camino con sus manos:
– “Esto que tú ves en Mis manos, tomó miles de años en formarse”.
– “¿Tanto, Maestro?”.
– “Así es”.
– “¿Y qué debo hacer?”.
– “Observa la piedra, ¿ves que tiene de este lado un pequeño arbusto, está creciendo? Obsérvala bien, tiene una flor diminuta”.
– “Es cierto Maestro y es muy linda además”.
– “Obsérvala de este otro lado, ¿viste la casa donde hay tantas hormigas trabajando?”.
– “Sí Maestro, ¿qué debo hacer entonces, Maestro?”.
– “No esperes nada de la piedra, disfruta lo que ella tiene, contempla lo laboriosas que son las hormigas, disfruta del aroma de su flor pequeñita y sigue caminando”.
El Segundo, se voltea y le dice al Maestro:
– “Ya entendí Maestro, ¿no tengo que esperar verdad?”.
– “No”, le dice el Maestro. “Disfruta lo que en ella hay, mas, sigue caminando a Mi lado”.
El Segundo, le dice al Maestro con los ojos aguados, muy triste:
– “Maestro, ¿nunca se va a convertir en arena?”.
El Maestro, con infinita paciencia, haciéndole cariño por el pelo, le dice:
– “Ya te dije, pasarán muchos años”.
Le extendió la mano, la levantó y le dijo:
– “Sigamos caminando…”.
El Maestro, observa que la Segunda seguía moviendo la cabeza viendo a la piedra y la movía con tristeza. Y el Maestro, se le acerca y le dice, haciéndole nuevamente cariño por el pelo:
– “Recuerda la florecita que tiene en su base, la casa de las hormiguitas que trabajan laboriosamente recuerda eso”.
La Segunda, se voltea, lo mira con infinito amor y le dice:
– “Así es Maestro, ya entendí, ya entendí”.
– “Vente”, le dice Él. “Sigamos caminando…”.
La Segunda, se acerca al Maestro y le dice:
– “Maestro, quiero regresar un ratico a donde está la piedra”.
El Maestro, se le queda viendo, pues tenía los ojos llenos de lágrimas, y le dice:
– “¿Qué esperas encontrar?”.
En ese momento ella entendió y comprendió, levantó los ojos hacia Él y le dijo:
– “Nada, Maestro, solo debo verla con los ojos del amor”.
El Maestro, le dice:
– “Así es, sigamos caminando…”.
Ella camina silenciosa al lado de Él y de repente, se voltea, y le dice:
– “¿No crees que de repente a la piedra le duela ser una piedra y que quisiera ser otra cosa?”.
La Segunda se voltea y ve al Maestro, y le dice:
– “Eso pensé, pero sabes Maestro, una piedra, piedra es y voy a recordar la matica con la flor que tenía a un lado y las hormigas que le trabajaban al otro lado”.
El Maestro, se sonríe y le hace cariño, y le dice:
– “¿Todavía tienes ganas de regresar a verla?”.
– “No Maestro, la llevo en mí corazón”.
– “Así es”, le dice Él. “Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 27 de octubre de 2009
Hora: 12:19 a.m.

Un Cuarto y un Quinto veían que el niño estaba buscando por todos lados, se consiguió con otros niños, les decía algo y ellos movían la cabeza en señal de que no, y el niño inquieto seguía buscando y buscando, pero no se acercaban ni a los Cuartos, ni a los Cinco, ni a los Segundos, ni a los Terceros, él solamente estaba buscando.
Hasta que un Segundo, se le acerca y le pregunta:
– “¿Qué es lo que buscas?”.
El niño, sorprendido, se voltea y le dice:
– “¿No te has dado cuenta?”.
– “¿Qué?”, le dice el Segundo.
– “Que el Maestro no Está aquí”.
El Segundo, se sorprende, se acerca el Tercero y el Cuarto y el Quinto, y les dice:
– “¿Se dieron cuenta, que el Maestro no Está aquí?”.
Todos se quedan sorprendidos porque ninguno se había dado cuenta, estaban enfrascados en sus conversaciones, en sus labores, en lo que tenían que hacer.
El Niño, los deja a un lado y lo sigue buscando, y pasa el día, y cae la noche, y amanece.
El niño, cansado se había quedado dormido y vuelve a pasar el día, y vuelve a caer la noche, el niño no quería comer, se sentía muy triste.
El Segundo, se acerca y le dice:
– “No estés triste, ya verás Él viene pronto”.
El niño, se voltea y le dice con sus ojos llorosos:
– “Es que se fue sin avisarme”.
El Segundo, no sabía que responder, ya la inquietud del niño se le había pasado a los Cuartos, a los Quintos y volvía a pasar el día, y volvía a pasar la noche.
El niño, se volvió a quedar dormido de tanto esperar.
De repente, cuando abre sus ojos ve la figura del Maestro que viene caminando lentamente, Estaba cubierto de mucho polvo, se veía cansado, se veía triste.
El niño, sale corriendo, lo hala por la túnica y en un tono severo le reclama:
– “¡Maestro!, ¿cómo es eso que Te fuiste y no me dijiste a dónde ibas?, ¿no sabes que estoy muy preocupado por Ti?”.
El Maestro, le acaricia la cabeza y sigue caminando…
El niño, se sorprendió, nunca había visto al Maestro así, lleno de polvo, triste y pensó:
– “Sería que le hablé muy duro, sería que lo regañé”.
Los Cuartos, los Terceros, los Quintos estaban callados, no decían nada. El Maestro, se había sentado sobre una roca, se había quedado quieto, ninguno se acercaba, todos tenían preocupación, mas no temor, no querían perturbarlo.
Mas el niño, que estaba jugando con otros niños no aguantó más, se acercó, se recostó a los pies del Maestro, puso su cabecita en la túnica de Él y se quedó dormido, no habló.
El Maestro, le acarició su cabeza y siguió callado, y pasaron las horas, y llegó la noche.
El niño, se despertó, sintió hambre, voltea su carita y le ve a los ojos al Maestro, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué no compartes conmigo lo que Te pasa? Siempre nos dices que debemos compartir”.
El Maestro, se sorprende ante la madurez de aquel niño, le vuelve a acariciar el pelo y sigue callado. El niño, sale corriendo a buscar una hogaza de pan, viene, la pica y le da al Maestro:
– “Come Maestro, no has comido nada”.
El Maestro, lo mira, tenía los ojos ausentes, tenía una profunda tristeza. El niño, viendo que no podía, se pone a llorar. El Maestro, le pasa un dedo y le recoge las lágrimas, le dice:
– “No llores”.
– “Maestro, ¿será que Te perdí, será que Te perdí?”.
El Maestro, le dice:
– “Al contrario estás viviendo conmigo mis momentos difíciles”.
El niño, suspira, se recuesta de Él y le dice:
– “¿Maestro, y tienes muchos momentos difíciles?”.
– “Algunos, unos más que otros”.
– “¿Y qué podemos hacer Maestro, para que no los tengas?”.
El Maestro, le acaricia la cabeza y le dice:
– “Caminad conmigo, siempre caminad conmigo”.
Un Segundo y un Tercero, se acercaron al Maestro, que tenía al niño dormido en su regazo:
– “Maestro”, con timidez y respeto le preguntaron. “¿Por qué tienes tanto polvo?”.
El Maestro, los mira y les dice:
– “Porque polvo somos y a polvo iremos”.
Un Tercero, le dice a un Segundo:
– “¿Qué sería lo que presenció el Maestro, que lo puso tan triste?”.
Uno de los Primeros, porque ya habían varios Primeros, les dice:
– “Vamos a seguir caminando con Él”.
Y siguieron caminando…
El niño, se despierta y se queda mirando al Maestro, y le dice:
– “Maestro, Tu podías haber evitado que ese polvo Te bañara y ese fango Te ensuciara, que esas piedras no Te lastimaran”.
Y el Maestro, le responde:
– “Los acontecimientos están dados no se pueden cambiar, mas, una cosa les digo, sigamos caminando. ¿Ven aquel punto a lo lejos?”.
El niño, queda muy impaciente y le dice:
– “¡Otra vez Maestro!, ¿vas a volver a decirnos que al final del camino está la luz?”.
El Maestro, se sonríe, lo abraza y le dice:
– “Gracias a ti, gracias a ti, es que Estoy caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 09 de octubre de 2009
Hora: 06:55 p.m.

Los Cuartos, los Quintos, los Segundos y los Terceros siguieron al Primero, y llegaron donde estaba un grupo reunido.
El Primero, les dice:
– “Siéntense alrededor Mío, que desde aquí podemos divisar toda la orilla”.
Se preguntaban unos a otros:
– “¿Qué querría decir Él?”.
Les señaló el mar, se volteó y les dijo:
– “¿Vieron las olas? Las olas van, pero vienen, van, pero vienen, así son los que han caminado conmigo, van, pero vienen y seguirán caminando”.
El Cuarto y el Quinto, que habían iniciado toda la conversación se sintieron avergonzados, habían dudado, se habían inquietado.
El Primero, se acerca a ellos y con infinito amor les dice:
– “¿Por qué os angustiáis? No sabéis acaso, que oscurece y en medio de la noche siempre hay una estrella que brilla y cuando sale el Sol se puede presentar una nube gris. No os mortifiquéis, debéis recordar esto, no dudéis más, el que camina conmigo, ya os los dije, siempre seguirá caminando. Vamos, sigamos caminando…”.
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El Primero, seguía caminando con muchos Segundos, Terceros, Cuartos y Quintos, estaban subiendo la colina y estaba recordando unas palabras, que había dicho un Segundo, que desde lo alto todo se podía ver, se sonreía. Los Terceros, los Segundos, los Cuartos se preguntaron:
– “¿Por qué se sonríe?, ¿de qué se estará acordando?”.
El niño, que estaba correteando y que no le había dado importancia a nada de lo que estaban hablando, ya que estaba muy entretenido agarrando unas hermosas hojas, se acerca al Primero y le dice halándole la túnica:
– “Maestro, ¿por qué Te sonríes?”.
El Maestro, le mueve la cabeza, le movía su pelo que lo tenía todo lleno de bucles, y le dice:
– “¿Qué ves allá a lo lejos?”.
– “Camino, árboles, casas, el mar, el río”, el niño iba volteando la cabeza. “La montaña, las nubes”.
El Maestro, le dice:
– “¿Y?”.
– “¿Qué quieres que te diga, Maestro? ¡Vida!”.
– “Eso es, así es. Vente sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 30 de septiembre de 2009
Hora: 08:15 p.m.

El Primero, les dice a un Segundo y a un Tercero:
– “Quiero bajar al pueblo, quiero ver a las personas que se encuentran allí, quiero caminar por sus calles”.
– “Maestro”, le dicen. “¿Te acompañamos?”.
– “Prefiero, que se queden aquí, que al atardecer Yo llegaré, Estaré de regreso”.
Un Cuarto y un Quinto, que estaban oyendo, se acercan al Segundo y al Tercero, y les dice:
– “¿Qué será lo que va a hacer al pueblo, que quiere caminar por sus calles y no nos lleva a nosotros? Esperaremos, vamos a esperar”.
El Primero, llega al pueblo y ve a los niños corriendo, jugando, y ve a los jóvenes celebrando, las señoras sentadas en las puertas de las casas estaban hablando, mas, nadie lo veía. Él pasaba silencioso a su lado, en eso siente, que le dan un golpe y se voltea, un niño con unos hermosísimos ojos castaños, café claro, le dice:
– “¿Te pegué muy duro?”.
El Maestro, se sonríe y le dice:
– “¿Me viste?”.
– “¡Claro!, ¿no viste que Te pegué con la pelota?”.
El Maestro, le dice:
– “¿Quieres caminar conmigo?”.
– “¡Maestro!”, le dice el niño. “¿No te acuerdas, que yo siempre camino contigo?”.
El Maestro, se le queda viendo; en eso se acercaron varios niños, había rostros aceitunados, había algunos más blancos, otros parecían chocolate, todos se reían. El Maestro, les dice:
– “Y ustedes todos, ¿Me ven?”.
– “¡Claro!”, le dicen los niños. “¿Por qué no vienes a jugar con nosotros?, siempre caminamos contigo, pero nunca tienes tiempo de jugar, siempre Estás tan ocupado”.
El Maestro, levanta la mirada al cielo, se sonríe y les dice a los niños:
– “Vamos a jugar”.
Y se olvidó de caminar por las calles, y se olvidó de las mujeres que estaban sentadas en las puertas y de los jóvenes, que hablaban, se volvió un niño más y jugó con ellos.
En eso se dio cuenta que estaba cayendo la noche, se acerca a los niños, y les dice:
– “Me tengo que ir”.
El niño de los ojos marrones, hermosos, le dice:
– “Maestro, Tú nunca Te vas, siempre Estás con nosotros”.
Él les pasa la mano por la cabeza, les hace un cariño y se va caminando, pasa delante de las mujeres, pero las mujeres no lo vieron, pasó delante de los jóvenes y de repente, uno se voltea y le pareció conocido, pero siguió hablando con su compañero. El Maestro, se sonrió, siguió su camino y llegó donde estaban los Primeros, porque ya había varios Primeros, que habían caminado mucho con Él, donde estaban los Segundos, los Terceros, los Cuartos, los Quintos.
Ellos viéndole la cara de felicidad le preguntaron:
– “Maestro, ¿por qué vienes tan contento?”.
El Maestro, se les queda mirando con infinito amor y les dice:
– “Porque ya hay muchos, que naciendo caminan conmigo, vamos, sigamos caminando”.
Y siguieron caminado…
Un Tercero, que era un poquito terco, se acerca al Maestro, que estaba sentado descansando:
– “Maestro, ¿cómo es eso, que ya nacen caminando contigo?, no lo comprendo”.
El Maestro, con infinita paciencia, le dice:
– “Ven, acércate, mira todas las personas, que hay allí; hay unas, que tienen el pelo castaño, otros rojizo, otros amarillo”.
– “¿Y?”, dice el Tercero.
– “¿Tú crees, que, porque tengan el color del pelo diferente, porque sus cabellos sean cortados de otra manera, no pueden caminar conmigo?”.
El Tercero, se le vio hecho un ocho en la cabeza, menos comprendía y le dice:
– “Claro Maestro, pero si esos son los que caminan contigo siempre”.
El Maestro, le dice:
– “Los que nacen caminando es porque ya vienen de Mi Padre y son los que me van a ayudar a que todos caminen hacia Él”.
El Tercero, avergonzado baja la mirada y le dice:
“Yo empecé muy tarde, ¿verdad?”.
El Maestro, lo abraza, le pasa un brazo por los hombros y le dice:
– “No, empezaste cuando tenía que ser, ni antes ni después. Ven sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 18 de septiembre de 2009
Hora: 04:00 p.m.

Un Cuarto, le dice a un Quinto:
– “¿No sientes el aire, que está como denso?”.
Y el Quinto, respira y dice:
– “Sí, está denso”.
Un Tercero, se acerca y le dice:
– “Se están quemando los árboles y la vegetación, debemos seguir, el humo os puede hacer daño, ¿no ven el fuego? ¡Vámonos!”.
El Maestro, que Estaba sentado, se levanta, se acerca al fuego y empieza a pagarlo, y lo apagó.
– “¡Maestro!”, le dice el Tercero. “Pudistes haberte quemado”.
El Maestro, extiende la mano y agarra una hormiga, que caminó sobre su dedo, levanta la otra mano y una mariposa se posa en Él y se voltea, y les dice:
– “Nunca Me hubiera quemado más que ellos”.
Todos se quedaron sorprendidos y le dijeron:
– “Maestro, pero si Te estábamos cuidando”.
El Maestro, se voltea y les dice:
– “Nos hubiéramos alejado y el cielo se hubiera oscurecido por el humo, y cuántas de Mis criaturas hubieran muerto, cuánta vegetación, cuánto pasto, cuántas vi, cuántos olivos se hubieran quemado, porque lo dejaron avanzar. Así en cambio, no pasó nada”.
Y mirándolos fijamente les dice:
– “Y cuándo Yo no Esté, ¿a quién vais a cuidar?”, lo dijo con tristeza, se volteó y les dijo:
– “Sigamos caminando…”.
El Cuarto y el Quinto, se acercaban al Maestro y les dijeron:
– “Maestro, perdónanos, no queríamos dejarte solo”.
El Maestro, se voltea y los mira:
– “Más de una vez, Me vais a dejar solo. Sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
El Segundo y el Tercero, se acercan al Maestro y les dice:
– “Maestro, no queríamos que Te quemaras, queríamos protegerte”.
El Maestro, les dice:
– “Yo Me voy a ir, pero las enseñanzas quedan, a quién debéis proteger. Vamos sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 05 agosto de 2009
Hora: 11:20 p.m.

El Segundo, el Tercero y el Cuarto, se acercan al Maestro, que seguía sentado, tenía muchos días sentado, que estaba descansando.
El niño, que era tan impaciente le pregunta:
– “Maestro, ¿no te cansas de Estar descansando?”.
El Maestro, sonríe ante su inocencia y le dijo:
– “Tienes razón, vamos a seguir caminando, tenemos tanto que hacer”.
El niño, se acerca a los discípulos y les dice:
– “Acérquense más a Él, creo que los necesita, Está un poco triste, ¿no vieron cuánto tiempo estuvo sentado descansando?”.
Y un Segundo, le pregunta un poco molesto:
– “¿Y cómo sabes tú?”.
El niño, le responde:
– “Porque me duele el corazón”.
El Segundo, tomó al niño, lo abrazó y le dijo:
– “Vente, sigamos al Maestro, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo: Miranda, Carrizal, miércoles 22 de julio de 2009
Hora: 12:34 a.m.

Un Segundo, se acerca al Maestro que estaba sentado y le dice:
– “Maestro, ¿no vamos a caminar?”.
El Maestro, se voltea y le dice:
– “Dejadme descansar”.
El Segundo, bajó la cabeza y se retiró discretamente.
Los Cuartos, los Quintos y los Sextos, le preguntaron:
– “¿Qué te dijo el Maestro?”.
– “Que lo dejáramos descansar”.
Todos bajaron la cabeza y se sentaron.
El niño, que estaba oyendo, les dice:
– “Yo también cuando estoy muy cansado, me siento a descansar”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 17 de julio de 2009
Hora: 01:06 a.m.

El Maestro, se acerca a unos Segundos, a unos Terceros y a unos Cuartos y les dice:
– “¿Qué ven aquí?”.
– “¡Maestro!”, le respondieron. “Ya por este camino hemos pasado muchas veces, yo veo lo mismo”.
El Maestro, se les queda viendo y les dice:
– “¿Ven lo mismo?”.
– “Sí, Maestro”.
El niño, que había pasado pocas veces por ese camino, se voltea y le dice al Maestro, halando por la túnica:
– “Maestro, Maestro, yo encontré una cosa nueva”. -Habla en voz baja-
El Maestro, sonríe y le dice:
– “¿Qué?”.
Y le levanta al niño su mano, una hermosa piedra que brillaba al Sol.
Los Segundos, los Terceros y los Cuartos se agacharon y no encontraron ninguna piedra.
El Maestro, le hace un cariño al niño, lo levanta, lo abraza, sonríe y les dice a los demás:
– “Sigamos caminando…”.
Los Segundos, los Terceros y los Cuartos, se pararon debajo de un árbol, que les daba sombra y se preguntaron:
– “¿Cómo será, que nosotros no vimos esa piedra?”.
El Maestro, que los estaba oyendo, les dijo:
– “Recuerden lo que les dije, él ve lo que ustedes no ven”.
Todos bajaron la cabeza, el Maestro se acerca a ellos, les pasa el brazo por los hombros y les dice:
– “No bajen la cabeza, ábranla, abran sus mentes, sean como el niño, dejen que la luz les llegue a ustedes. Vamos, sigamos caminando…”.
Un Segundo, le dice:
– “Maestro, Maestro, mira las mariposas, hay una amarilla preciosa, hay una azul y hay esa marrón”.
El Maestro, se le queda viendo y le dice:
– “¿Qué le pasa a la marrón?”.
– “¡Es fea, Maestro!”.
El Maestro, extiende la mano y la mariposa se posa sobre Él, sus alas tenían diferentes tonos de marrón. Se voltea, y le dice:
– “¿Has visto sus colores?, son los colores de la tierra. Mira, este oscuro es cuando la tierra está húmeda y este marrón claro es cuando la tierra está seca”.
Levanta la mano y la mariposa se va volando.
El Maestro se voltea y les dice a todos con infinito amor:
– “Debéis aprender, que cada cosa en su momento, cada creación de Mí Padre, está en su lugar, nada es mejor que otro, ni otro es mejor que nada, hay diferencias, es el juego de la creación. Ustedes todos son diferentes, mas, Yo los amo por igual, esa es la lección “amaos los unos a los otros como Yo os amo”. Vamos, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 07 de julio de 2009
Hora: 11:47 p.m.

Un Tercero, se acerca a un Quinto y le dice:
– “¿Por qué estás tan quieto?”.
El Quinto, le dice:
– “No sé, realmente no sé”.
Un Cuarto, que estaba oyendo, se acerca:
– “¿Cómo que no sabe?”.
– “No, no sé, me provoca estar así”.
El Segundo, se acerca al Maestro y le dice:
– “Maestro, hay un Quinto, que se sienta y dice, que no sabe por qué está así”.
El Maestro, se le queda viendo al Segundo, y le dice:
– “Déjalo, que pase un tiempo consigo mismo, que pronto le va a llegar la luz y la verdad”.
El Segundo, sale corriendo y le dice al Quinto:
– “El Maestro, te manda a decir, que pronto te va a llegar la luz y la verdad”.
Y el Quinto, se quedó sentado, y pasaron las horas, y el Quinto seguía sentado, miraba al cielo, miraba el suelo, se miraba las manos y de repente, pasó volando una linda mariposa de tonos marrones, casi no se distinguía, se confundía con el suelo y entendió, se paró, se acercó al Maestro y le dijo:
– “Maestro, ¿Tú me enviaste la mariposa?”.
El Maestro, sonríe con infinito amor y le dice:
– “Sí”.
– “Entendí Maestro, entendí. No necesitamos tener grandes cosas, ni muchos colores, ni muchos brillos, solo necesitamos ser lo que somos, ¿verdad?”.
– “Así es”, le dijo el Maestro. “Vente sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
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El niño, se quedó un poco extrañado, porque no había entendido bien y se acerca corriendo, le agarra la túnica al Segundo y le dice:
– “¿Qué fue lo que te dijo el Maestro?”, -Con voz muy baja como en secreto- “Dime, ¿qué fue lo que te dijo el Maestro?”. -Alzando la voz-
En eso, pasó la mariposa que tenía tonos marrones volando y el Segundo le dice:
– “Que yo soy como esa mariposa”.
El niño, se sorprende y le dice:
– “¿Qué tipo de mariposa seré yo?”.
El Maestro, que lo estaba oyendo le dijo:
– “Tú eres un capullo que va a florecer, ten paciencia, vente, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 30 de junio de 2009.
Hora: 03:25 a.m.

Iban caminando detrás del Maestro, estaba amaneciendo, muchos dormían. Mas, un Segundo y un Tercero y un Cuarto y un Quinto, notaron, que el Maestro se movía, que miraba al cielo y lloraba y lloraba.
Un Tercero se acerca y le dice:
– “Maestro”, mirando al cielo. “Todas esas luces, que brillan a lo lejos, ¿por qué desaparecen cuando llega el día?”.
Y el Maestro, le dice:
– “¿Acaso tus tristezas y tus penas desaparecen cuando llega el día?”.
Y el Segundo, le dice:
– “Maestro, Tú sabes que no, que las penas solo las quita el tiempo”.
El Maestro, se voltea y le señala el cielo, donde ya la luz del día se asomaba, y les dijo:
– “Debéis recordar, que mañana en la noche volverán a estar ahí todas las luces y que ninguna es más importante que la otra. Mas una cosa os digo, así como siempre amanece, así se disipan las tristezas y cuando oscurece, que brillan las luces, debéis recordar las alegrías”.
Un Cuarto, que estaba un poco distante no entendía y le dice:
– “Maestro, es un poco complicado para mí lo que Estás diciendo”.
El Maestro, se acerca a él sonriendo y le dice:
– “Lo importante no es que desaparezcan, sino saberlas ver con alegría. Vente, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 22 de junio de 2009
Hora: 04:59 a.m.

Un Segundo, se acerca a un Tercero, y le dice:
– “¿Vistes cuánta gente hay sentada aquí en la colina?”.
– “Muchos y nadie parece preocupado. ¿Dónde Estará el Maestro?”.
El Segundo, responde:
– “Yo lo estoy buscando también”.
En eso se acerca un Quinto, y les dice:
– “¿Por qué no lo dejamos un poco tranquilo?, debe Estar agotado, son tantas las personas que se acercan a Él, que debe Estar cansado, necesita reponer fuerzas, hay que seguir caminando”.
Un Sexto y un Séptimo que estaban oyendo, le dicen:
– “Es cierto, vamos a recostarnos aquí junto a los demás”.
El Segundo, les dice:
– “Qué maravillosa obra, tantos esperando oírle y ninguno está apurado”.
En eso ve que se acerca el Maestro, saluda a uno, saluda a otro, besa a un niño, le acaricia el pelo a otro, hasta que va y se sienta debajo del árbol, se extiende y se dispone a dormir.
Los Segundos y los Terceros, que lo estaban viendo hicieron lo mismo, se acostaron a dormir.
Casi amanecía, cuando vieron que el Maestro se levantó y lo sintieron que Estaba rezando, Estaba orando y Sus palabras eran dulces, muy suaves, Estaba hablando con Su Padre. Ni el Segundo, ni el Tercero lo quisieron interrumpir.
El Maestro, que los había visto, les hace una seña y les dice:
– “Acérquense”.
Y ellos le dijeron:
– “No Te queríamos interrumpir”.
El Maestro, se voltea y les dice:
– “¿No sabéis acaso qué, cuando hablo con Mí Padre vosotros Estáis ahí presentes? Debéis aprender a hablar con Él”.
El Segundo y el Tercero bajaron la cabeza, y le dijeron:
– “Maestro, ¿Tú crees que nos va a oír?”.
Y el Maestro, se sorprende y se les queda viendo, y les dice:
– “Mirad cuánta gente hay en la colina durmiendo en el suelo, entre piedras, ¿creéis acaso, que ellos tampoco son oídos? Vamos, os falta caminar todavía, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 12 de junio de 2009
Hora: 02:33 a.m.

Un Segundo, que seguía al Maestro, viendo que el Maestro se alejaba, aparentemente se alejaba, él corrió hacia Él y se tropezó con un arbusto lleno de espinas y se le clavaron las espinas. Y sangraba por las manos, por los pies, se las quitó con cuidado.
Y el Maestro, viendo lo que pasaba se le acerca, y le dice:
– “Déjame aliviarte tus heridas”.
– “Maestro”.
– “Ven sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 05 de junio de 2009
Hora: 02:11 a.m.

Habían muchos Cincos, muchos Cuatros, muchos Tres, muchos Sietes y Dos, sentados alrededor del Maestro y Él les estaba hablando del amor, les estaba narrando la experiencia de una madre con dos hijos, que eran muy diferentes; en eso se dio cuenta que había un Segundo, que estaba sentado de espaldas a Él, a lo lejos. Se levantó y suavemente le llegó a su lado.
El Segundo, estaba tan ensimismado en lo que estaba haciendo, que no se dio cuenta que el Maestro Estaba ahí. Estaba como sacando cuentas, escribiendo, no se dio cuenta que el Maestro estaba ahí.
El Maestro, se da vuelta, volvió a subir la colina, se sentó y siguió hablando de la madre que tenía dos hijos, había un pesar en su corazón.
El niño, que había crecido, le dice al nuevo niño, que estaba ahí:
– “¿Qué crees tú que le pasa al Maestro?”.
El niñito, le dice:
– “Tú tienes más tiempo con Él, tu debes saberlo”.
En eso se dio cuenta, de que le había hablado mal y se acercó al joven, recostó su cabecita y le dijo:
– “No sé, ayúdame”.
Y el joven, le dice:
– “Yo creo que el Maestro a pesar de que está hablándole a todos, está triste, porque aquel que está allá no lo oye, está pendiente de algo que tiene que hacer y no lo oye”.
– “¿Tú crees?”, le dice el niño.
– “Yo sí creo, ese es uno de sus preferidos, lo ama mucho”.
El niño, se quedó pensativo y le dice:
– “Voy a decirle al Maestro”.
– “Maestro, ¡Maestro!”.
El Maestro, siente el halón de la túnica y le dice pasándole la mano por su cabecita:
– “Dime”.
El niño, acerca su boca al oído y le dice:
– “¿Estás triste porque el Segundo está allá de espaldas a ti?”.
El Maestro, sonríe y le dice:
– “Lo amo mucho”.
– “¿Y?”, le dice el niño.
– “Espera, pronto estará frente a Mi”.
– “Vente”, le dijo. “Sigamos caminando…”.
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A veces, sentimos que no tenemos tiempo, que se nos escabulle por los dedos. A veces, es el tiempo que no tiene tiempo con nosotros y nos escabullimos por sus dedos.
¡Ay, cómo quisiera detener el tiempo con mis dos manos!, dejarlo que se deslizara suave, lentamente, para que mi oración dure un poco más, para que pueda llegarle a Él mis palabras de amor, así a veces esté a Su espalda. No sé cómo decirle cuánto lo amo, no sé cómo acercarme a Él muchas veces, mas, sé que Está ahí, sé que Está ahí, y si te di la espalda mientras hablabas, sabía que Estabas ahí, sabía que Estabas ahí.
Rosaura Gonzalo
Caracas, Municipio Libertador, Edif.INCA, miércoles 20 de mayo de 2009
Hora: 06:52 p.m.

El Primero, iba caminando con calma, no tenía apuro, miraba a lo lejos, paisajes hermosos, estaba tan a lo lejos que parecía inalcanzable. Un Segundo y un Tercero se acercan y le preguntan:
– “Maestro, ¿qué Estás viendo con tanta atención?”.
Él responde:
– “El paisaje tan hermoso”.
Y el Tercero, le dice:
– “Sí, está tan lejos”.
El Maestro, se voltea y le dice:
– “¿Qué piensas tú de los que están allá y nos ven a nosotros aquí, al otro lado?”.
– “Maestro”, le dice el Tercero. “Desde allá, este paisaje es muy hermoso”.
– “Exacto”, le dice el Maestro. “Y aquí está. Sigamos caminando…”.
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Un Cuarto, que estaba oyendo, se quedó quieto y trató de ver lo que veía el Maestro, y descubrió las montañas y los valles, y las llanuras, y como se movían las nubes en el cielo, y como el agua pasaba por los cauces de los ríos, y sonrió.
El niño, que estaba cerca, hala la túnica del Maestro y le dice:
– “Maestro, ¿viste que el Cuarto sonríe?”.
El Maestro, le dice:
– “Sí, lo vi”.
– “Maestro”, le dice el niño. “Pero ¿por qué sonríe?, ¡dime!”.
– “¿Tú ves aquel paisaje?”.
– “Sí”, le dice el niño. “Es hermoso”.
– “Y este donde estamos ahorita, ¿qué te parece?”.
– “Hermoso también”.
El Maestro, se voltea, mira al Cuarto que seguía sonriendo y le dice al niño:
– “Ves, él está en el medio de los dos, por eso sonríe. Vente, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 19 de mayo de 2009
Hora: 09:30 p.m.

Una vez conversando con un fariseo, le increpé y le dije:
– “Cuánto ropaje llevas, brillante, con hilos de oro, podrías dar de comer a muchos hambrientos con ese ropaje”.
Y él Me contestó:
– “Yo me puedo quitar el ropaje y venderlo, me quedaría sin el ropaje, y mañana ellos tendrían nuevamente hambre”.
Me sorprendió esas palabras del fariseo, y le dije, que se acercara a Mí.
Tenía razón en lo que decía, no hay que calmar el hambre por calmarla, hay que llenarla permanentemente.
Todavía lo recuerdo, tenía túnicas con dorado, muy ostentosa, después que se convirtió ya no las usó más, pero un día, lo encontré sentado contemplando un brazalete que se ponía a presión en la mano, lo contemplaba con deleite y le dije:
– “¿Recuerdos de un pasado, presente?”.
Me respondió:
– “Era de mi mujer, la perdí, se la llevaron esclava”.
Y le dije:
– “Hoy te digo, que mañana le pondrás ese brazalete”.
Eran tiempos tan difíciles, la gente tenía temor, la vida no valía nada. Hasta que Mi Padre Me envió y supe lo que tenía que hacer, y como ese fariseo, se convirtieron muchos más, y más, y más. Mas cuántos fariseos hay por ahí que no se han convertido.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 10 de mayo de 2009
Hora: 01:59 a.m.

Un Segundo, se acerca a un Tercero, y le dice:
– “¿No has notado, que el Maestro tiene momentos en que Está ausente?, Está con nosotros, pero no Está”.
El Tercero, le contesta:
– “Lo he notado, pero le respeto Su momento. ¿Por qué te sientes preocupado?”.
El Segundo, le responde:
– “Sí, son cada vez más largas las ausencias, cada vez más largas Sus ausencias”, vuelve a repetir.
El niño, que los estaba oyendo, se queda sorprendido, porque él no se había dado cuenta de eso. Él veía al Maestro que se sentaba y veía que sus ojos le brillaban, y en su inocencia no comprendía lo que estaba pasando, pero como era tan inquieto, sale corriendo donde Está el Maestro, y le dice:
– “Maestro, ¿es cierto que te ausentas?, ¿es cierto que muchas veces Estas aquí, pero no Estás?”.
El Maestro, se voltea, le acaricia la cabeza al niño, se la vuelve acariciar, pero no le respondía.
El niño, con las caricias, se iba quedando dormido y el Maestro sigue acariciándole la cabeza, de repente el niño se espabila, y le dice:
– “¿Por qué lo haces?, no me quieres responder, ¿quieres que me duerma?”.
El Maestro, le dice:
– “¿Qué sentiste cuando Te acariciaba la cabeza?”.
El niño, se sorprende y le dice:
– “Bueno, que estaba aquí, pero que no estaba”.
– “Bueno, eso es lo que a Mí me sucede, que Estoy aquí, pero no Estaba. Sigamos caminando…”.
El niño, se acerca al Segundo y al Tercero, y les cuenta lo que pasó con el Maestro, pero hay algo que no, no se atrevía a preguntarle al Maestro, hasta que por fin se decidió, se acercó y lo haló por la túnica:
– “Maestro, Maestro, quiero preguntarte algo”.
– “Dime”, le dice Él.
– “Cuando me acariciabas la cabeza, yo sentía una inmensa luz que me envolvía y una gran paz”.
El Maestro, sonríe:
– “Eso es lo que Yo siento”.
El niño, le dice:
– “Porque vas con el Padre, ¿verdad?”.
– “Así es, son Mis momentos en que Me comunico con Él, y esa luz que tu sentiste, esa luz la siento Yo, y Me llena de fuerzas para seguir”.
El niño, sonríe, se recuesta, lo mira a los ojos y le dice:
– “Te quiero mucho”.
– “Yo también, vente, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 8 de mayo de 2009
Hora: 10:48 p.m.

Y todos se preguntaban por qué el Maestro venía caminando tan lentamente, lentamente.
El niño, que ya estaba un poco cansado, se acerca y le dice:
– “Maestro, ¿por qué caminas tan lentamente?”.
El Maestro, se voltea y le dice:
– “Estoy buscando un tronco especial”.
El niño, se rasca la cabeza, dice:
– “¿Un tronco especial?”.
– “Sí, sígueme y cuando lo encuentre, te lo enseño”.
Y siguieron caminando…
Siguieron caminando lentamente, lentamente, de repente el Maestro, dice:
– “Allí está”.
Todos se acercaron a ver el tronco, era un tronco seco, aparentemente muy seco.
El Maestro les dice a todos:
– “¿Qué ven ustedes en el tronco?”.
Un Segundo, le responde:
– “Debe haber sido un buen árbol”.
Un Tercero, le dice:
– “Qué raro que el viento no se lo llevó, tiene raíces cortas”.
Y así le fueron diciendo cada uno algo.
El niño, impaciente le halaba la túnica y le dice:
– “Maestro, Maestro, veo algo, ¡veo algo!”.
El Maestro, lo levanta en brazos y le dice:
– “Dime”.
– “Miren ahí arriba en aquella rama, ¿no les parece que hay un retoño?, hay una hojas”.
El Maestro, se sonríe y le dice al niño:
– “Así es, aún en los árboles que han sido fuertes y que el tiempo ha acabado con ellos puede haber un retoño”.
Baja al niño y siguieron caminando…
El Segundo, se acerca al Maestro y le dice:
– “Maestro, ¿por qué el niño siempre ve las cosas que nosotros no vemos?”.
El Maestro, con mucha paciencia, les dice:
– “Porque ustedes buscan lo evidente, él busca el amor, la luz. Vengan, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 01 de febrero de 2009
Hora: 09:59 p.m.

El Maestro, se acerca a los Segundos, a los Terceros y a los Cuartos, y a los Quintos, y a los Sextos y a muchos más que estaban, y les dice:
– “Vamos a dejar este camino de tierra seca y caminemos por el prado, vamos a sentir la hierba fresca”.
Y se fueron caminando…
Todos iban corriendo como niños, algunos se agachaban, recogían la hierba, veían las flores diminutas. Otros se recostaban y miraban al cielo, y veían las nubes pasar. Algunos se refugiaban bajo los árboles, estaban todos dispersos, pero estaban todos unidos y el niño se acerca, y le dice al Maestro:
– “Maestro, ¿por qué los sacastes del camino?”.
El Maestro, lo miró a los ojos, que le brillaban hermosamente y le dijo:
– “Para que vuelvan a ser niños, hay tanto camino que seguir. Vente sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 27 de enero de 2009
Hora: 12:43 a.m.

Un Tercero, venía caminando al lado de un Quinto, ve que el Maestro se para y mira a lo lejos.
Se acercan a Él y Él se voltea, y les dice:
– “¿Oyen los ruidos?”.
– “Sí, Maestro, parecen truenos”.
El Maestro, les dice con los ojos aguados:
– “Ojalá fueran truenos”.
Y siguieron caminando…
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¡Uhm!… ¡uhm!… ¡uhm! -Rosaura, se queja-
El Maestro, se retira, les hace señas de que quiere estar solo y se sienta arriba en una piedra, y le da la espalda al paisaje, y mira hacia la montaña, y observa los árboles, las hojas, los animales. Una lágrima se desliza por su mejilla.
El niño, que lo estaba viendo, viene corriendo hacia Él, le quita las lágrimas y le dice:
– “Maestro, no llores, no llores, los ruidos no duran mucho y yo estoy aquí, yo estoy aquí”, le dice el niño.
El Maestro, le pasa la mano por la cabeza, le toca su hermoso pelito y le dice:
– “Eso es lo que me consuela, que hay muchos como tú. Ven sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 22 de enero de 2009
Hora: 03:10 a.m.

Un Sexto, se acerca al niño, y le dice:
– “Mira sabe lo todo, ¿qué es lo que no hemos entendido de las puertas?”.
El niño, se voltea y no le contesta, sigue caminando…
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El Sexto, se acerca al Quinto y a un Séptimo y a un Octavo, no entendía lo de las puertas abiertas:
– “No entendí, qué es lo que está pasando”.
El Maestro, que oía los murmullos, decide sentarse en la colina, se pone al niño en las piernas y les dice a todos:
– “Bajé a un hermoso pueblo buscando Mí casa, cuando llegué todas las puertas estaban cerradas y una mujer se lamentaba de su fracaso, y de su tristeza. Al rato nos abrieron la puerta y entramos, llegaron unos ancianos y se pusieron a orar, oraban con la oración que Yo les enseñé. Y Yo Me volteé, ya que ninguno Me podía ver, solo la señora, la mujer que lloraba desconsoladamente a quien Mis palabras la habían calmado, le dije, cuando ella Me preguntó: “¿Por qué cierran las puertas si esta es la casa de Dios? me hizo tanto bien hablar contigo”, y El le dice con infinito amor, el Maestro: “Recuerda, la puerta la cierran los hombres, no la cierra Dios”.
Todos los que estaban con El bajaron la mirada y se sintieron avergonzados, y el niño se había quedado dormido plácidamente en el regazo.
Un Segundo se acerca:
– “Maestro”, y le dice, “Maestro, ¿siempre habrán puertas cerradas?”.
Y el Maestro, le dice:
– “No solamente habrán puertas cerradas, habrán puentes que no podemos cruzar, habrán caminos que se perderán, mas debéis recordar, que Dios, Mí Padre siempre Está ahí y os abrirá la puerta, y os cruzará de la mano los puentes y encontraréis el camino”.
Se levantó y les dijo:
– “Sigan caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 20 de enero de 2009
Hora: 12:19 a.m.

El Maestro, venía caminando con los discípulos. Les hizo una seña y les dijo que acamparan, y descansaran, que Él quería bajar a un pueblo que veía en la distancia.
Y se fue caminando, en ese pueblo Él no había estado y se quedó mirando las casas, y se preguntó:
– “¿Dónde estará la Mía?”.
En eso vio en una plaza, donde habían bancos y árboles, que sobresalía una cruz en el techo, y se dijo:
– “Esa es Mi casa, voy a verla”.
Y se fue caminando y llegó hasta la puerta, la del frente estaba cerrada, la bordeó, y la del medio estaba cerrada y vio que una mujer lloraba y lloraba en la puerta:
– “¿Por qué está cerrada la puerta?”, decía la mujer. “Yo quiero entrar a la casa, yo quiero estar en la casa de Dios, yo necesito estar en la casa de Dios”.
Y lloraba y lloraba. Él se le acercó con mucha suavidad y le preguntó:
– “¿Qué te pasa mujer, por qué lloras?”.
Ella se volteó sorprendida por la voz, una voz que la arrullaba y la calmaba, y le dice:
– “Es que tengo tantos problemas”.
Y le contó sus problemas, y Él los oyó, y ella sigue hablando, y Él la seguía oyendo, y la puerta, seguía cerrada. Y pasó un rato y ella se fue calmando, y le dice de repente:
– “Perdóneme, lo estoy agobiando con mis problemas”.
Y Él con su voz, que la arrullaba le dice:
– “Yo Estoy aquí para oírte”.
En eso abrieron la puerta, sonó duro, ¡CRAC!, cuando la movían, y le dice:
– “Pasa, esa es la casa de Mi Padre”.
Ella, le dice:
– “Sí, yo también quiero pasar”.
Y entraron, se oyó cuando abrieron la otra puerta, tenía tres (3) puertas, ambos lados y al frente.
Y entraron varias personas y se pusieron a orar, y la oración narraba la vida de Él. Él se sonreía, decían la oración que les había enseñado en una oportunidad. Él Estaba sentado al lado de la mujer, y la mujer dice:
– “¿Por qué la puerta estaba cerrada?, no deberían cerrar las puertas”.
Él se le queda mirando con infinito amor, y le dice:
– “Recuerda, las puertas las cierra el hombre, no las cierra Dios”.
Se levantó y siguió caminando…
El Maestro, regresó donde estaba el grupo, que había acampado, tal como Él les dijo.
Se acercó a ellos, los miró a cada uno con infinito amor, y les dijo:
– “Cuando veas cuando va, todos, habéis aprendido la lección, donde estéis, no cierren la puerta”.
Un Cuarto, que estaba oyendo, le dice:
– “Maestro, ¿de qué puerta Estás hablando?”.
El Maestro, se sonríe, le gustó la pregunta, y le dice:
¬- “La que estás sintiendo. Vamos, sigamos caminando…”.
Un Quinto, que no tenía mucho tiempo de estar caminando, dice:
– “¿Qué puertas vamos a cerrar sino tenemos casa, si siempre estamos caminando?”.
El Cuarto, se acerca, le pasa la mano por la frente, y le dice:
– “Dentro de un tiempo, cuando hayas caminado más con Él, sabrás, que no habrán puertas, ni ventanas, ni techos, ni muros que lo detengan. Esas son las puertas a las que se refería, vente”, le dijo, “Ven a caminar junto a Él”.
Y siguieron caminando…

El niño, que había oído todo, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, ellos no han comprendido, ¿verdad?”.
El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “¿Tú que crees?”.
– “No, no han comprendido”.
Lo agarró de la sotana y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 19 de enero de 2009
Hora: 01:58 a.m.

El Maestro, iba caminando, lento, cansado, arrastraba los pies. Estaba cansado, venía del pueblo, había bajado al pueblo y no vio nada. Las casas destruidas, las puertas abiertas y el silencio de muerte.
Se puso a llorar, se puso a llorar. Regresó cansado, muy cansado.
Todos se quedaron callados no sabían que había pasado ni los Cuartos, ni los Quintos. Nadie sabía que había pasado, ni que había visto el Maestro, solo lo vieron que caminaba cansado, que Estaba apagado, que Estaba triste y nadie se atrevía a preguntarle.
Calló la noche y descansaron, amaneció, se levantaron y caminaron. Estaban desconcertados no se atrevían a preguntarle al Maestro, ¿qué había pasado, por qué Estaba así?, ¿qué había visto?, ¿por qué estaba tan triste?
El niño, se suelta de la mano de un Segundo, que lo estaba llevando y se acerca al Maestro, y le dice, jalándole la túnica:
– “Maestro, Maestro”.
El Maestro, Estaba ensimismado, que no lo oía. Además, el pequeño lo hacía con mucha suavidad:
– “Maestro, Maestro”.
El niño, viendo que el Maestro no respondía, se para delante de Él, y le dice:
– “Maestro, ¿no me ves?, ¿no ves que estoy aquí yo?, que yo te amo, no me gusta verte triste Maestro”.
El Maestro, sorprendido, se detiene en su andar y se queda viendo al niño, y le ve que los ojos le brillaban, que estaba sano y hermoso, que había alegría y preocupación. Se agacha, lo abraza con infinito amor y suelta una lágrima.
El niño, le dice:
– “No llores Maestro, ¡me vas a hacer llorar a mí también”.
El Maestro, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “Estás lágrimas son de felicidad”.
El niño, se sorprende, y le dice:
– “Pero cómo, ¡si estabas tan triste!”.
El Maestro, le dice:
– “Le estaba pidiendo al Padre una respuesta y te envió a ti. Ven, sigamos caminando…”.
El niño, le pregunta nuevamente al Maestro:
– “Maestro, ¿y qué le Estabas pidiendo al Padre?”.
El Maestro, le responde:
– “Una esperanza, una esperanza”, y lo abraza.
Los Segundos y los Terceros que venían caminando todos preocupados, habían bajado al pueblo y habían visto las ruinas, las puertas abiertas, todo destrozado.
Se acercaron al Maestro:
– “Maestro, ¿hasta cuándo?, ¿hasta cuándo Maestro?”.
Y el Maestro, les dijo:
– “Sigamos caminando…”.
Todos caminaron, más había una gran tristeza en sus corazones. El Maestro, les había enseñado la belleza de los árboles, les había enseñado la vida y se dieron cuenta que tenían que caminar mucho más.
Y siguieron caminando…
El Tercero y el Cuarto y el Quinto hablaban entre si y caminaban, y caminaban, y se preguntaban:
– “¿Hasta cuándo caminaremos?, hace tanto calor, está todo destruido, no hay árboles”.
El Maestro, se voltea, señala en la distancia un punto, y les dice:
– “Allá vamos a encontrar agua, frutos y árboles. Sigamos caminando”.
Un Segundo, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, ¿y qué es lo que pasó?, ¿por qué esta todo destruido, arrasado?”.
El Maestro, se voltea mirándolo a los ojos, y le dice:
– “La ignorancia, el egoísmo”, suspira, del corazón le salió el suspiro. “Y la falta de amor y fe. Sigamos caminando que, de ese punto, que se ve a lo lejos vamos a encontrar agua, árboles y sombra”.
Todos se quedaron callados ya estaban tan impresionados con lo que veían y no entendían como el hombre podía hacerse tanto daño si era tan fácil, solamente había que seguirlo a Él.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 08 de enero de 2009
Hora: 04:23 a.m.
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