Parábolas año 2012

Parábolas año 2012

Virgen del Valle

Puerta al Cielo

Virgen del Valle - Isla de Margarita - Venezuela

Parábola 252

El Maestro, sentado sobre una piedra estaba acomodando a su alrededor piedras de diferentes tipos. Habían unas que brillaban, habían esmeraldas, rubíes, pero habían también piedras de caliza, habían piedras formadas por la Naturaleza con muchos años, resistentes, más no eran bonitas.

Algunos Segundos y Primeros se acercaron, y se le quedaron viendo y no decían nada.

El niño, que estaba cerca, se acerca, y le dice:
– “Maestro, ¿qué Estás haciendo?”.

Él se voltea, le sonríe, y le dice:
– “¿Qué crees tú que Estoy haciendo?”.

El niño, se agacha y mira las piedras detenidamente, levanta la cara, y le dice al Maestro:
– “Maestro, ¿por qué brillan estas?”.
– “Porque son piedras preciosas”, le responde el Maestro.

El niño, agarra una de las piedras que habían sacado de una cantera, le dice:
– “¿Y ésta, Maestro?”.
– “¿Tu qué crees?”, le dice el Maestro.

El niño, se queda mirando fijamente a las piedras, y le dice:
– “Creo que esta es la más importante”.

Los Segundos y los Primeros que estaban, se pusieron a reír y se miraban entre ellos diciendo:
– “Este niño no sabe nada”.

El Maestro, le pregunta:
– “¿Por qué crees tú, que es la más importante?”.
– “Porque estas que brillan son muy lindas, pero solo se usan en adornos, en collares, en pulseras. Pero estas, se usan para construir las casas donde nos protegemos del calor, de la lluvia y del frío”.

Todos se quedaron estupefactos, el Maestro los miró y ellos bajaron la mirada, tomó al niño de la mano, y le dijo:
– “Tienes razón, vente sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 17 de diciembre de 2012
Hora: 11:51 p.m.

Parábola 251

El Maestro, sentado en una piedra, ha caminado mucho y estaba cansado, y se volteó y vio al niño que correteaba detrás de una linda mariposa. El niño, abrió las manos, vio la mariposa entre las suyas, la contemplaba con ojos curiosos.

El Maestro, se le queda viendo, Él fue a ver que iba a hacer el niño. Y el niño, se acercó suavemente a unas matas que estaban en el camino y posó a la mariposa en una de ellas.

El Maestro, alzó los ojos y dijo:
– “Gracias, Padre, porque hay muchos como él”.

Y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 04 de diciembre de 2012
Hora: 04:42 a.m.

Parábola 250

El Maestro, venía caminando pensativo, le habían dicho muchas cosas, las había oído serenamente. Mas, Él sabía cuál era Su destino.

Y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 20 de noviembre de 2012
Hora: 05:21 a.m.

Parábola 249

El Maestro, estaba sentado en la piedra.

El niño se le acerca, le hala la túnica, y le dice:
– “Maestro, ¿a Ti como que Te gusta mucho esa piedra?”.

El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “¿Por qué?”.
– “Porque siempre Te sientas en la misma piedra”.

El Maestro, que miraba a lo lejos el humo que salía de algunas casas que se quemaban y oía el ruido que hacían las máquinas tan pesadas, no le responde nada al niño.

El niño, estaba impaciente:
– “Maestro, ¿por qué Te gusta tanto esa piedra?”.

El Maestro, estaba tan entregado a una conversación que tenía con su Padre, que casi no oía lo que el niño le decía.

El niño, se impacienta nuevamente y le hala la túnica:
– “¡Maestro!, ¡Maestro!, ¿por qué Te gusta tanto sentarte en esa piedra?”.

El Maestro, por fin se voltea, y le dice:
– “¿No vistes hijo, que hemos caminado en círculo y es la única que hay?”.

El niño, se sorprende y se le queda viendo con su carita muy sorprendida.
– “Maestro, ¿hemos caminado en círculo?”.
– “Así es, hemos caminado en círculo”.
– “¡Maestro!”, dice el niño, porque la palabra círculo le sonó como algo sobrecogedor. “¿Y eso es malo?”.

El Maestro, enjuaga una lágrima, y le dice:
– “Hay que encontrar la salida, la salida está. Vente, párate, sigamos caminando vamos a buscarla”.

Y siguieron caminando…

El niño, agarró una piedra de caliza, se devuelve y raya la piedra donde se sentaba el Maestro.

El Maestro, lo ve y se queda callado.

Un Segundo y un Tercero que estaban detrás, le dicen al niño:
– “¿Por qué rayaste la piedra?”.

El niño, le dice:
– “Para saber, que por aquí habíamos pasado y no caminar en círculo”.

El Maestro, le toma la mano con infinito amor, y le dice:
– “Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 24 de octubre de 2012
Hora: 4:15 p.m.

Parábola 248

Estaban dispersos, muchos Unos, muchos Dos, muchos Tres, estaban dispersos. No entendían nada, no comprendían nada. Se iban para allá, se iban para acá y veían al Maestro a lo lejos, como que estaba lejos, parecía que estaba muy lejos y caminaban para un lado y caminaban para otro y no entendían nada, y no entendían nada.

El Maestro, los miraba desde donde estaba y tenía paciencia, y esperaba. Pero de repente, siente que le halan la túnica:
– “¡Maestro, Maestro!”, le dice el niño. “¿Qué les pasa?, ¿por qué van de un lado para otro?”.

El Maestro, se voltea, le acaricia la cabeza al niño, y le dice:
– “Porque les falta caminar junto a Mi”.
– “¡Pero Maestro!”, le dice el niño. “¡Si caminamos siempre Contigo!”.
– “No siempre, no siempre caminan Conmigo”.
– “¡Ay, Maestro!”, le dice el niño. “Si yo los veo”.

El Maestro, le vuelve a hacer cariño en la cabeza, y le dice:
– “Pero Yo no lo siento. Vente sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Todos esos Dos, Tres y Unos que estaban dispersos ven que el Maestro se aleja agarrando de la mano al niño y se quedan unos a otros mirándose.
– “¿Será que nos va a abandonar?”.

En eso el niño se voltea, y les dice:
– “¿No van a caminar junto al Maestro? Vengan, sigamos caminando”.

Todos se quedaron sorprendidos, se miraron unos a otros, bajaron la cabeza y silenciosamente se fueron caminando junto al Maestro, avergonzados, apenados.

El Maestro, llega a una orilla donde había una piedra y se sienta. Ve que están todos inquietos y que se sientan a Su alrededor. Y les dice:
– “¿Qué os preocupa tanto? ¿No sabéis acaso, que cada cosa tiene su tiempo?”.

Se paró, se volteó, y les dijo:
– “Sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

El Maestro, se voltea y se acerca a un Segundo y a un Tercero, se le queda mirando a los ojos.

Ellos bajan la mirada. El Maestro le levanta a un Segundo el rostro, y les dice:
– “No bajen la mirada”.
– “Maestro, ¿Te fallamos?”.

El Maestro, les dice:
– “Debéis recordar, que Yo he tenido mis horas de angustia, que Estuve 40 días y 40 noches”.
– “Pero Maestro”, le dicen tanto el Segundo como el Tercero:
– “Hemos caminado tanto Contigo y todavía no hemos aprendido”.

El niño, se acerca y se queda callado. No dijo nada.

El Maestro, les dice:
– “Cada hora, cada instante hay un aprendizaje, a veces doloroso, a veces alegre, más siempre hay un aprendizaje, lo importante es que sigamos juntos, que caminemos juntos, esto es lo importante porque ustedes saben, vosotros sabéis que al final del camino, Mi Padre nos espera, así que sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado 13 de octubre de 2012
Hora: 03:15 p.m.

Parábola 247

El Maestro, iba caminando, se sentía un poco cansado. En eso ve a un anciano, que estaba sentado y lo saludó.

El niño, le hala la túnica, y le dice:
– “Maestro, ¿yo seré como ese anciano cuando crezca?”.

El Maestro, le hace cariño por la cabeza con mucha suavidad, y le dice:
– “Recuerda esto, hijo Mío, en él, hay sabiduría y eso se adquiere con el amor y con el tiempo. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Y el niño, que era un poquito inquieto, le dice:
– “Pero bueno, Maestro, si no llego a viejo no voy a ser sabio, no voy a tener sabiduría”.

El Maestro, se sonríe, se le queda viendo, y le dice:
– “Ven, siéntate en Mi regazo, mira esos árboles”.

El niño, se le queda viendo a los árboles. Había uno frondoso, alto, fuerte; había uno no tan alto, pero también frondoso y había una que estaba comenzando a crecer.

El Maestro, le dice:
– “¿Cuál de esos tres eres tú?”.

El niño, en caramente, le dice:
– “Pues, el alto y frondoso, Maestro”.

El Maestro, le dice:
– “Ahí tienes la respuesta. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 06 de agosto de 2012
Hora: 05:35 p.m.

Parábola 246

El Maestro, caminaba con muchos Primeros, Segundos y Terceros. Y pasa por un pueblo, va por el medio, por un lado. Algunas casas se veían destruidas, algunos comercios se veían saqueados, en algunas ventanas alguien se asomaba con discreción para no ser visto. Y pasó caminando. Todos se quedaron silenciosos.
– “Maestro”, le dice un Segundo, “¿No vas a hacer nada?”.

El Maestro, se voltea, y le dice:
– “¿Qué quieres que haga?”.
– “Tenemos que recoger todos estos pedazos”.

El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “Sigamos caminando…”.

El Segundo, no entendía nada, cómo iban a seguir caminando si había tanto destrozo y tanto quehacer ahí, no entendía nada.

El niño, se le queda viendo a la cara al Segundo, y hace un gesto como diciendo:
– “Ay, otra vez”, sale corriendo donde el Maestro, y le dice:
-“Maestro, no nos toca a nosotros recoger los pedazos”.

Y el Maestro, le dice:
– “Así es”.

El niño, sigue caminando al lado del Maestro y le hala la túnica:
-“Maestro, ¿porque son ellos los que tienen que recoger los pedazos?”.

El Maestro, con infinito amor le toca la cabeza y le dice:
-“Porque mientras ellos no entiendan, que no deben haber pedazos, tendremos que seguir caminando”.

Y siguieron caminando…

Cargó al niño, lo abrazó y siguieron caminando…

El Segundo, seguía dudoso, y decía:
– “¿Pero no es que tenemos que ayudar?, ¿no es que tenemos que hacer?, ¿no es que tenemos que dar? No entiendo”.

Y ya a la salida del pueblo, llegando al nacimiento de un rio, donde habían muchos árboles frutales, llegó un Segundo de repente, se voltea y mira hacia el pueblo, y ve que la gente que estaba asomada en las ventanas, ocultas así en las ventanas, estaban saliendo, y estaban recogiendo los pedazos.

El Maestro, que todo lo ve, lo deja quieto y pasan las horas, mas, el Segundo seguía sin entender porque era medio bruto o estaba confundido hasta que al fin ya cuando el Maestro se disponía a descansar, había caminado tanto, se le acerca, y le dice:
– “Maestro, ¿no teníamos nosotros que ayudarlos a ellos a recoger los pedazos?”.

El Maestro, lo mira con infinito amor, y les dice:
-“Nosotros teníamos que enseñarles a que no deben tirar los pedazos”.

El niño, se acerca al Segundo, y le dice:
– “¡Pero si ya te lo dijo!, ¿cómo que no lo entendiste?”.

El Segundo, avergonzado, baja la cabeza y el Maestro se le acerca y lo abraza, y le dice:
-“No son solo palabras las que decimos, son huellas que dejamos en el camino y esas huellas van haciendo su fruto. Y debéis recordar, que por su fruto lo reconoceréis. Y una cosa os digo a todos los que estáis aquí caminando a Mi lado, la próxima vez que pasemos por este pueblo, que han vivido tantos temores y angustias, seremos bien recibidos. Vamos, descansemos porque mañana debemos seguir caminando”.

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 20 de julio de 2012
Hora: 10:30 a.m.

Parábola 245

El Maestro, venia caminando por las calles vacías; la gente se había ido. Los que lo seguían, los Primeros, los Segundos, miraban asombrados las calles vacías, mas, seguían al Maestro. Se decían a sí mismos:
– “Si el Maestro pasa por ahí, nosotros los seguimos”.

Mas el niño, viendo que no habían niños, que no había nadie, sale corriendo donde Está el Maestro, le hala la túnica, y le dice:
– “Maestro, ¿y dónde está la gente?”.

El Maestro, le pasa la mano por la cabeza con mucha dulzura, con mucha ternura, y se le queda viendo, como pensando: “¿Qué le digo?”.

El niño, se impacienta, y le dice:
– “¡Maestro, Maestro!, ¿dónde está la gente?”.

El Maestro, le vuelve a pasar la mano por la cabeza con infinita dulzura. Ya los Segundos, los Terceros se habían acercado; los Cuartos, los Quintos, ya habían muchos alrededor del Maestro.

El Maestro, se les queda viendo a todos, le vuelve hacer cariño al niño, y le dice:
– “Se fueron”.

El niño, le dice:
-” Ya lo sé, Maestro, pero ¿para dónde?”.

El Maestro, le vuelve a hacer cariño al niño en la cabeza:
– “Buscando su destino”.

El niño, se queda pensativo agarrado de la mano del Maestro, y le dice:
– “¿Maestro y no es lo que nosotros estamos haciendo?”.

El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “Vente, sigamos caminando” …

Habían Segundos y Terceros, que murmuraban entre ellos, y se decían:
– “¿Por qué Él le responde todo al niño?”.

Y un Segundo, dice:
– “Sera que le causa gracia”.

Pero un Primero, que se había acercado mucho al Maestro, se voltea, y les dice:
– “Porque él no tiene temor de decir lo que piensa, porque él es un alma pura y dice lo que siente, y en cambio nosotros, arrastramos nuestras miserias y nuestros miedos”.

El Maestro, que lo oye, porque el Maestro todo lo oye, se voltea, y les dice:
– “Por eso están caminando Conmigo. Vengan sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 28 de junio de 2012
Hora: 07:55 p.m.

Parábola 244

El Maestro, estaba sentado sobre una piedra y veía a lo lejos al pueblo. Y observaba callado que unos corrían, que otros lloraban y muchos celebraban.

Uno de los Segundos se le acerca, y le dice:
– “Maestro, ¿qué es lo que ves?”.

El Maestro, no contesta, seguía observando. Casi no oyó la pregunta.

El Segundo, que era insistente, le dice:
– “¡Maestro!, ¿qué es lo que ves?”.

El Maestro, se voltea con los ojos llorosos, y les dice:
– “Es que no han caminado Conmigo, cuánto les falta por aprender. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

El niño, que estaba correteando por ahí, se acerca al Maestro y le hala la túnica, le dice:
– “Maestro, ¿y entonces?, yo tengo mucho tiempo caminando Contigo, a mí me duelen los pies”.

El Maestro, lo levanta, le acaricia la cara, y le dice:
– “Mejor es que te duelan los pies y no el alma. Vente, sigamos caminando”…

El niño, se quedó como sorprendido, pues él veía los fuegos artificiales y él veía la alegría, no entendía.

Volvió otra vez donde el Maestro y le volvió a halar la túnica, y le dice:
– “¡Maestro, Maestro, Maestro!, pero ¿cómo les va a doler el alma si están celebrando?”.

El Maestro, lo carga, le vuelve a hacer cariño, y le dice:
– “Ven Conmigo futuro, que ayudarás. Sigue caminando a Mi lado”.

El niño, se sorprende, y le dice:
– “¿Futuro? ¡Yo no me llamo futuro!”.

El Maestro, sonríe:
– “Lo eres, y como tú, hay muchos”.
– “Pero Maestro, yo Te pregunté fue por el dolor del alma”.

El Maestro, suspira, lo carga, lo abraza, y le dice:
– “Es que se Me olvidó, que eres un niño. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 13 de junio de 2012
Hora: 09:10 a.m.

Parábola 243

El Maestro, venía caminando con un grupo, que no hacía mucho se le había incorporado; habían muchos Segundos, Terceros, Cuartos, y Quintos. Mas, el niño que siempre caminaba con Él en ese momento no lo veía por ninguna parte. Y estaba pasando por el bosque, no era propiamente un bosque, era un sembradío, eran fuertes y grandes las matas de olivo, mas, seguían ahí, las dos que estaban secas.

El Maestro, se voltea y sabiendo que era un grupo nuevo, le pregunta, a los que estaban a Su lado:
– “¿Qué es lo que ven ahí?”.

Uno de ellos se queda viendo con detenimiento, el otro caminaba al lado de los árboles y el que miraba con detenimiento, le dice:
– “Este árbol está seco, y este otro, también”.

El otro le dio la misma respuesta, el Maestro se queda callado, pensativo y en eso se acerca uno que estaba rezagado, y el Maestro se le queda viendo:
– “¿Y que ves ahí?”.
– “Unos árboles repletos, hermosos, con una buena cosecha”.

El Maestro, le dice:
– “Ponte aquí, a Mi lado”.

Se acercaba a otro y le pregunta:
– “¿Qué es lo que ves ahí?”.

Ese otro mira a los árboles, y le dice:
– “Hay unos árboles muy hermosos, mas, hay dos secos entre ellos”.

El Maestro, sonríe, lo agarra y le pone, le dice que se sentara justamente al lado del que había mandado a sentar. Y así fue preguntando. La gran mayoría decía, que había dos árboles secos; el Maestro, los colocaba hacia el otro lado, hasta que por fin uno que era un poco inquieto le pregunta:
– “Bueno Maestro, ¿y a qué se debe esto?, ¿qué quieres Tu saber?, ¿por qué las preguntas, y no nos das respuesta?”.

El Maestro, les dice a todos que hagan un círculo, alrededor de Él, y les dice:
– “A los que vieron los árboles secos, ustedes vieron solamente los árboles secos, no pudieron ver, a los que estaban florecidos, llenos de frutos a su lado”.

Ellos sorprendidos, se voltearon y vieron que en efecto habían unos árboles frondosos, hermosos, florecidos. Todos se quedaron callados.

El Maestro, les dijo:
– “No se os preocupéis, pronto, aprenderán a ver, a los árboles floridos. Vamos, sigamos caminando”.

Siguieron caminando…

– “Maestro”, le dice uno. “Mira este árbol, ¿se está secando?”.

El Maestro, toca el árbol y el árbol florece.
– “Maestro, ¿qué hiciste?”.

Él le responde con infinito amor:
– “Saqué a relucir lo que no ves, la hermosa vida que circula, por sus ramas, su follaje hermoso, frondoso”.
– “Maestro, pero si se estaba secando”.

El Maestro, le respondió:
– “No, no se estaba secando, eras tú quien lo veía seco. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 27 de mayo de 2012
Hora: 02:23 a.m.

Parábola 242

Maestro, estaba pensativo, caminaba, sin ver a su alrededor, tenía pensamientos confusos en la cabeza, expiraba uno, inhalaba otro; había que algunos tenían, que tomar decisiones fuertes, que cambiarían su vida, los miró con admiración, porque vio que algunos estaban rezagados.

Un joven, se acerca:
– “Maestro, ¿crees que valga la pena lo que estamos haciendo?”.

Entonces se lo lleva, y le dice, y lo ve a los ojos:
– “Observa las nubes como se desplazan, mira las montañas brillantes; tú eres la obra de Mi Padre, infinito”.

Caminando, y se acercaron a una flor, donde un colibrí la estaba chupando, hermoso, con sus colores brillantes al Sol. Le dice al joven:
– “¿Tú crees que esto vale la pena?”.

El joven, le dice:
– “Sí, sé que sí, pero mira a un lado del camino, mira lo que está pasando”.

Y habían unos huesos de animales, que los habían cazado y los habían maltratado, para quitarles, sus osamentas, ni si quiera era para comer.

El joven, le dice:
– “¿Y esto Maestro, por qué sucede esto?”.

El Maestro, le dice:
– “Son los que no caminan a Mi lado, no saben ver al colibrí en la flor; pobre de ellos, arrastrarán sus culpas”.

El joven, seguía desconcertado, y le dice:
– “¿Y Tu Misericordia? me hablaste de Tu Misericordia”.

El Maestro, le dice:
– “Más ellos necesitan creer realmente. Sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 26 de abril de 2012
Hora: 08:26 a.m.

Parábola 241

– “Maestro”, le pregunta un Segundo. “¿Cuándo vamos a crecer?, hace tanto que distes Tu palabra”.

El Maestro, se le queda mirando y una gran melancolía lo invadió.

– “¿Qué me dices, Maestro?”.

El Maestro, se queda pensativo y ve a lo lejos, mas no veía nada, nada había que ver. Se volvió más melancólico.

– “Maestro, Te hablé. Dame una respuesta que cambié mi corazón y serene mis angustias”.

El Maestro, se voltea y con infinito amor, le dice:
– “Debemos caminar más”.
– “Maestro, pero si hemos caminado tanto”.

Y el Maestro, se voltea, y le dice:
– “Tanto es lo que nos falta por caminar. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 14 de abril de 2012
Hora: 03:01 a.m.

Parábola 240

El Maestro, veía sentado en una piedra, en lo alto de la montaña, que no era muy alta, una colina, y veía a todos sus discípulos que estaban descansando, ya dormidos, y pensaba:
– “¿Los Estaré formando bien?”.

Y en eso, oyó la voz del Padre, que le decía:
– “Las enseñanzas las das, mas, cada quien es libre para entenderlas y aceptarlas”.

El Maestro, se queda pensativo, y le responde:
– “Libres, qué regalo tan grande, Padre Mío”.

Y oye la voz de su Padre, que le dice:
– “Mas, pasará mucho tiempo para que el hombre aprenda a manejar esa libertad y será gracias a Ti, que la van a lograr”.

El Maestro, se paró, bajó la colina hacia donde estaban los discípulos que ya se estaban despertando, y les dijo:
– “Vamos, sigamos caminando, que hay mucho que hacer”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 24 de marzo de 2012
Hora: 01:18 a.m.

Parábola 239

El Maestro, se separó del grupo y bajó a la ciudad, caminaba entre la gente, estaban absortos en sus trabajos, preocupados en que tenían que llegar a tiempo, llegar a tiempo, ¿a dónde?
Y no lo veían, pasaban al lado, lo cruzaban, iban caminando y no lo veían. De Su rostro cayó una lágrima y no lo vieron. Caminaba por las calles, todos buscaban algo, querían algo, trotaban, caminaban y no lo veían.

El Maestro, llega a la plaza y ve venir a un niño que jugaba con su perro. Al pasar frente a Él, el perro se echa a sus Pies y se queda inmóvil. Llega un pajarito y se posa en el banco. Y luego llega otro. Y el perro seguía echado.

El niño, le decía:
– “¡Párate!, ¡muévete!”, sorprendido de que no le hiciera caso. “Maestro, cómo es que no camina, sigue echado. Vamos, vamos, sigamos con el Maestro”.

El Maestro, le sonríe, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “Pronto estarás a mi lado”.

Tomó al niño de las manos y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 17 de febrero de 2012
Hora: 09:18 a.m.

Parábola 238

El Maestro, se levanta y silenciosamente baja al pueblo, y busca la casa donde lo alaban, y entra silencioso, se acerca al altar. Le dice:
– “¿Padre, es que acaso no fue suficiente?”.

Pone las manos en la cabeza y llora, viendo todo en Su mente, desfilan todos los dolores que están pasando y vuelve a decirle:
– “¿Padre, es que no fue suficiente?”.

Una voz, le responde:
– “Tú Eres Mi Hijo Amado, el Elegido. Ten paciencia, el tiempo se hace largo, mas es corto. El ejército de amor, de comprensión…”.

Él se quedó pensativo, se levanta y sale, se encuentra al niño en la puerta, y le dice:
– “Maestro, ¿Estabas llorando?”.

El Maestro, se le queda viendo y se queda callado, y el niño le dice:
– “No llores, yo estoy aquí y mira todos aquellos amiguitos míos que están jugando, también están aquí”.

El Maestro, le dice:
– “Esa es Mi alegría, sigamos caminando…”.

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 02 de febrero de 2012
Hora: 01:36 a.m.

Parábola 237

El Maestro, se había alejado mucho caminando y se acercó a un pueblo, era un pueblo pequeño, de pocos habitantes. Había un pozo donde todas las casas cercanas, se iban y se servían agua en las tinajas. A Él le extraño, que la gente se ocultara, la gente no salía y decidido tocó la puerta: ¡PO, PO!

La puerta se abrió suavemente y el rostro se asoma, y le pregunta:
– “¿Qué quiere?”.

El Maestro, con infinita paciencia, le dice:
– “¿Quiero saber por qué ustedes tienen todo cerrado?, ¿qué pasa?”.
– “Es que no queremos perder lo que tenemos, no queremos salir”.

El Maestro, se les queda viendo, y les dice:
– “Ay, de ustedes, que cuidan tanto lo que tienen y dejan pasar lo que van a tener. Y os digo, si saléis a caminar Conmigo, pronto estaremos juntos en el Reino de Mí Padre”.

El señor, la señora, que estaba, que estaban en cuclillas, abre viendo en Él una luz especial, y le dice:
– “Pero si Eres el Maestro, que de tanto hemos oído hablar”.

El Maestro, se les queda viendo, y le dice:
– “Pues no será mucho lo que han oído, pues sus miedos los mueve. Los invito a que caminéis a Mí lado para que seáis libres toda la Eternidad”.

Y salieron y siguieron caminando junto a Él…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 25 de enero de 2012
Hora: 12:27 a.m.

Parábola 236

El Maestro, vio que estaban todos dormidos, era el amanecer, y vio que más abajo de las colinas, donde están los viñedos, donde los pastores caminan silenciosos, dispuestos al nuevo día de trabajo. Decidió bajar, quería mezclarse con Su pueblo, quería Estar entre todos, sentir sus necesidades y ayudarlos, entender su lenguaje.

La gente se levantaba temprano, ya que se acostaban muy temprano de noche; y caminó en las casas y caminó en las calles; y se recreaba con lo que veía, gente sencilla, gente trabajando, gente haciendo.

Se detuvo un momento para sentarse debajo de un árbol, estaba algo cansado.

En eso, se le acerca un niño, y le dice:
– “¿Quién eres Tú, eres nuevo por aquí?”.

El Maestro, sonríe:
– “Sí, soy nuevo por aquí, pero Me voy a quedar por toda la Eternidad”.

El niño, que no entiende, va corriendo donde su papá, y le dice:
– “Papá, allí hay un señor que está sentado debajo del árbol, y yo le pregunté, que era nuevo por aquí, y me respondió: “Soy nuevo por aquí, pero Me quedare por toda la Eternidad”.

El padre, sorprendido con la respuesta del forastero, se acerca, y a medida que se acerca, no puede creer lo que sus ojos ven, era el Maestro al que había visto hablar, en las colinas, y arrodillándose frente a Él, inclinando la cabeza, le dice:
– “Maestro, Maestro”, no le salían las palabras.

El Maestro, le pone la mano en el hombro, y le dice:
– “¡Qué hermoso hijo tienes!”.
– “Maestro, ¿yo también estaré contigo por toda la Eternidad?”.

El Maestro, se levanta, y le dice:
– “Así será. Me voy, debo seguir caminando”.

Y siguió caminando…

El niño, se acerca al padre, y le dice:
– “¿Por qué te le arrodillaste, ante Él?”.

El padre, abraza al niño, y le dice:
– “Tuviste la dicha de conocerlo, tuviste la dicha de hablarle, me puso la mano en el hombro”.

El niño, no entendía, y se queda mirando, aquel hombre que se alejaba caminando, y le dice:
– “Pero papá, parece igual, que nosotros”.

El padre, le dice al niño:
– “Tu lo has dicho, parece, pero no lo es, y pronto vas a caminar junto a Él. Vente”, le dijo. “Sigamos caminando”.

Y se fueron caminando…

El Maestro, decide caminar más tiempo entre los pueblos y las ciudades. Le mandó avisar a sus seguidores que se quedaran quietos, que Él Estaba bien; quería compartir la vida cotidiana, quería sentir el olor de la hogaza del pan cuando era cocinado, cuando el queso de la cabra…

Extasiado, contemplaba todo, las mujeres cargando sobre sus cabezas el agua que sacaban de los pozos.

En eso, vio venir un hombre, que montaba en un caballo brioso, que lo quería tumbar, era un caballo joven, impetuoso, muy impetuoso. Mas, el joven se aferraba a él. El Maestro, extiende Su mano, y el caballo se acerca sumiso donde Esta Él, y le pone el hocico en la mano; el Maestro, le acaricia la cara al caballo, tenía una mancha blanca preciosa.

El jinete asombrado, le dice:
– “¿Quién eres Tú, un domador de caballo?”.

Levanta la mirada y le dice, mirándolo con mucho amor a los ojos:
– “No, Soy un dominador de hombres”.

Y siguió caminando…

El jinete, se baja del caballo, y se acerca:
– “¿Cómo que un dominador de hombres?; por ahí hay uno diciendo, hablando de libertad, de que hay un solo Dios, de Misericordia, y Tú me vienes a decir, que eres un dominador de hombres”.

El Maestro, se voltea, y lo mira, y le dice:
– “Dominio, con sabiduría; dominio, con amor; dominio, con generosidad, desprendimiento”.

El jinete, le dice:
– “Pero eso no es dominar”.

El Maestro, le dice:
– “¿Tu no viste que acaso, que yo le hice cariño, y él se quedo dócil?”.
– “Es cierto”, le dice el jinete.
– “Domínalo con amor, es un brioso, es un gran caballo, es una hermosa creación”.

El jinete, sorprendido, le dice:
– “¿Creación?”.

El Maestro, le extiende las manos, y le dice:
– “Todo lo que está aquí ha sido creado por Mi Padre”.

En eso el jinete lo reconoce, y le dice:
– “¡Maestro, Estás aquí!”.

El Maestro, le pone la mano en la cabeza ya que el jinete se había arrodillado con una silla, con una rodilla, sujetando la silla del caballo, y le dice:
– “Siempre Estoy, solo tienes que invocarme y llamarme, que siempre Estoy”.

Y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 15 de enero de 2012
Hora: 01:42 a.m.

Parábola 235

El Maestro, venía caminando, no tenía mucha gente a su alrededor, de hecho, se separó, y siguió caminando, y llegó a un sitio donde había mucha gente reunida, y unos hablaban y otros hablaban; el Maestro, se sienta.

Y se oyen, se oyen las voces de los que hablaban, más ninguno se oía, todos gritaban, nadie se entendía.

El Maestro, menea la cabeza, se levanta, y sigue caminando…

– “¡Ay, Padre!”, exclama mirando al cielo. “Tócalos con el Espíritu Santo, para que se vuelvan, envueltos en su sabiduría. ¡Ay, Padre!, cuánto debo caminar todavía. Mas, una cosa Te digo, seguiré caminando”.

Y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 14 de enero de 2012
Hora: 02:49 a.m.

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