Parábolas año 2013

Parábolas año 2013

Virgen del Valle

Puerta al Cielo

Virgen del Valle - Isla de Margarita - Venezuela

Parábola 261

El Maestro, se detuvo; se volteó para ver quiénes lo seguían y vio a muchos Unos, y Dos y Tres, y Cuatros y Cincos. ¡Muchos!, ¡muchos!, muchos Primeros, muchos Segundos, muchos Terceros, muchos. Pero discutían entre ellos, no se ponían de acuerdo.

Volteó la cabeza y siguió caminando…

Llegó a una roca, que estaba a la vera del camino, y se sentó a contemplar el paisaje, y vio la armonía de los pájaros en los árboles, y vio la armonía del viento que soplaba suave, y se fijó en las hojas, que caían lentamente. Había armonía, había paz.

El niño, que lo había estado viendo, se le acerca, lo abraza por la rodilla, sentándose en el suelo, y le dice:
– “Maestro, ¿qué Estás viendo?”.

Se voltea el Maestro, y le dice:
– “La armonía que hay en la creación de Mi Padre”.

El niño, que era inquieto, le dice:
– “Maestro, si todos ellos y hasta yo fuimos creados por Tu Padre, ¿por qué no tenemos armonía?”.

El Maestro, se sorprende ante la agudeza del niño y con todo respeto, le dice:
– “Porque no saben manejar todavía, el libre albedrio”.
– “Maestro”, le dice el niño. “¿Y por qué se los dieron, por qué nos lo dieron?”.

El Maestro, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “Porque Mi Padre es amor, por eso. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 10 de diciembre de 2013
Hora: 02:41 p.m.

Parábola 260

El niño, se quedó pensando, en lo que el Maestro le había dicho:
– “¡Eso! y no lo entendía, ¿por qué?, si se había pinchado tantas veces con la flor, con la rosa, ¿por qué, le seguían gustando, si le causaban dolor?”.

Iba caminando al lado del Maestro y no lo entendía, simplemente no lo entendía.

El Maestro, que todo lo sabe, que todo lo ve, que todo lo siente. Cuando llega al atardecer, le dice:
– “Ven, siéntate aquí a Mí lado”, y le dice. “¿Qué fue lo que no entendiste?”.
– “¡Maestro, discúlpame!”, dice el niño. “Es que Tu dijiste, que a Ti te había pasado muchas veces, y si Te pasó tantas veces, ¿por qué Te sigue gustando la flor?”.

El Maestro, se voltea, mira a los lados y había un arbusto con hermosas flores, muchas flores. Corta una, que el tallo estaba lleno de espinas, la acerca, la huele, y le dice al niño:
– “Huélela”.
– “¡Huele rico, Maestro!”, arranca un pétalo y se lo da al niño. “Mastícalo”.

El niño, no… bueno, voy a masticarla, la masticó, el Maestro masticó también un pétalo.
– “¿A qué te sabe?”.
– “¡Rico, Maestro!”.

El Maestro, le dice:
– “A veces, para llegar a esto, tenemos que pasar por esos momentos difíciles”.

El niño, le dice:
– “Maestro, ¿por qué hay que sufrir tanto para llegar a Ti?”.

El Maestro, se sorprende, y le dice:
– “¿Cómo supiste, que Yo era la flor?”.

El niño, que era muy inquieto, le dice:
– “Maestro, Tu Eres lo más grande”.

El Maestro, estaba, realmente sorprendido de la sabiduría del niño, y le dice, con mucho amor:
– “No, no hay que sufrir para llegar a Mí, lo que pasa, es que no saben llegar, y cuando llegan, se dan cuenta de todo el tiempo que perdieron, y de todas las espinas que se clavaron. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Oban, Escocia, Reino Unido, sábado 20 de julio de 2013
Hora: 12:45 a.m.

Parábola 259

– “Maestro”, le pregunta, el niño. “Necesito hablar contigo”.

El Maestro, se sorprende, porque lo había notado muy callado después que visitaron muchos lugares hermosos, muchas de Sus casas. Más, lo había visto callado, al niño.
Le dice:
– “Acércate, ven, siéntate en Mí regazo, ¿qué te pasa?”.
– “¡Ay, Maestro! Tú me dijiste que, desde casa grande, habían salido muchas casas pequeñas Tuyas, estaban llenas de Ti, pero hay algo, que me inquieta”.
– “¿Qué?”, le dice el Maestro.
– “La soledad de la casa grande, la ausencia de Tu presencia en la casa grande, en Tu casa principal”.

El Maestro, le pasa la mano en la cabeza, despacio, muy despacio lo toca, y le dice:
-” Amado hijo, hay muchas semillas como tú, que harán los cambios, los vas a ver. Vamos a llenarnos de paciencia. Recuerda, no todo lo que se ve, es lo que parece, ni todo lo que parece, es lo que se ve”.

El niño, niño al fin, le pareció medio complicado lo que el Maestro le decía.
– “Maestro, yo solo quiero que me digas una cosa, ¿Tú vas a Estar en la casa grande otra vez?”.

El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “Nunca Me he ido, solo que algunos, no Me saben ver. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

El niño, no quedó satisfecho con la respuesta y daba vueltas, y caminaba pa´ acá, miraba pa´ ayá, y caminaba pa´ acá, caminaba pa´ ayá.

Unos Primeros y unos Segundos que lo veían, se acercaron al Maestro, y le preguntaron:
– “Pero ¿qué le pasa?”.

El Maestro, se les queda viendo, y les dice:
– “Él ve lo que ustedes no ven. Vamos, sigamos caminado”.

Y siguieron caminando…

El niño, se acerca al Maestro con una rosa en la mano. Hermosa la rosa, grande, llena de espinas, y le dice:
– “Maestro, creo que entiendo algo”.

El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “¿Qué tienes?”.
– “Que hay que pasar las espinas, para llegar a la flor”.
– “Así es”, le dice el Maestro
– “Maestro, ¿y si no hubiera tenido espinas?”, le dice el niño. “¿No era mejor?”.

El Maestro, le dice con mucha paciencia:
– “Las espinas son, para defenderse. Ya lo entenderás. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Y llegando a un poblado, se acercaron al pozo. El niño, por estar inquieto, puso la rosa a la orilla del pozo, mientras el Maestro bajaba. Se levanta y vuelve a subir la mano, al ponerla se pinchó, y empezó a sangrar.
– “¡Maestro, estoy sangrando! ¡Maestro!”.

El Maestro, le dice:
– “Eso Me pasa a Mí todos los días, pero recuerdo, la belleza de la flor, su aroma, y sigo caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Oban, Escocia, Reino Unido, jueves 18 de julio de 2013
Hora: 06:31 p.m.

Parábola 258

El Maestro, se desprende del grupo y decide bajar.

Más un niño, inquieto se le acerca, le toma la mano, y le dice:
– “Maestro, ¿puedo bajar contigo?”.

El Maestro, lo ve y ve tanta inocencia en sus ojos, y le dice:
– “Sí”.
– “¿Y a dónde vamos, Maestro?”.
– “A Mí casa”.
– “¿A Tú casa? Hemos caminado mucho y no hemos visto Tú casa”.
– “Pero, esta es especial”.
– “¿Cómo especial?”, le dice el niño.
– “Siempre va a estar, siempre va a estar. Vente, sigamos caminando”.

Y se fueron caminando…

Y el Maestro, llegó. Había tanta, tanta gente de todas partes del mundo, y caminaban por aquí y por allá. Y caminaban y caminaban, y muchos se reían; otros levantaban la mirada buscando, más no lo veían al Maestro, no lo distinguían.

Habían hombres que pasaban presurosos a su lado, iban orando, y el Maestro en silencio los bendecía.

– “Maestro”, le dice el niño. “¿Por qué es tan grande Tu casa? ¿Tú necesitas que sea tan grande?”.

El Maestro, sonríe, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “Realmente no, pero de aquí han salido muchas casas, en muchos sitios, que son pequeñas”.

El niño, se rasca la cabeza pensativo.
– “Maestro, ¿y Tú necesitas tantas casas en tantos sitios?”.

El Maestro, le vuelve a hacer cariño por la cabeza, le dice:
– “Yo no”, pero señalando a la gente y al niño, le dice: “Más Tú y ellos, sí. Sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Oban, Escocia, Reino Unido, domingo 27 de junio de 2013
Hora: 01:00 p.m.

Parábola 257

– “¡Maestro!”, le dice el niño, agarrándolo por la sotana. “Maestro, ¿no es aquella Tu Madre? ¡Qué hermosa es!, resplandece entre todas las demás mujeres”.

El Maestro, sonríe, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “También es la tuya, y la de todos; algún día se las daré”.
– “¿Algún día?”, le dice el niño.
– “Sí, cuando esté por partir”.
– “Maestro, ¿cómo es eso?, si Estás aquí con nosotros”.
– “Pero Yo regresaré, así como parto, regresaré”.

El Maestro, sonríe al ver que el niño no entendía mayor cosa, y le dice:
– “Anda, déjalo así, acompáñame, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 05 de abril de 2013
Hora: 04:40 p.m.

Parábola 256

El Maestro, estaba sentado sobre una piedra, pues venía cansado de tanto caminar. Los Segundos, los Terceros, los Primeros todos se recostaron en la hierba, en los matorrales, donde consiguieron acomodo.

El Maestro, se quedó sentado, pensativo y analizaba viendo a lo lejos las ciudades, en algunas había bulla, en las otras había un silencio, en otras había mucha luz, en algunas había agua, en otras no. Él las podía contemplar todas, pues siendo Dios Hijo podía contemplar todo lo que sucedía. Y le oró al Padre y le dijo estas palabras:
– “Padre Mío, que Estás en el cielo. Santificado sea Tu nombre, ¿hasta cuándo Padre, va a seguir esto?”.

Y se quedó pensativo, callado.

Un Segundo, se le acerca y le dice:
– “Maestro, ¿Estabas hablando solo?”.

El Maestro, se voltea, y le dice:
– “Hablaba con Mí Padre”:

El Segundo, avergonzado baja la mirada y se quiso ir.

El Maestro, lo agarro del brazo, y le dijo:
– “No, quédate aquí, hablemos los dos con Mí Padre, que Él siempre nos va a escuchar”.

Después se pararon y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 26 de marzo de 2013
Hora: 09:10 p.m.

Parábola 255

El que había hablado con el Maestro, que había aprendido a oír, al cual el Maestro le dijo, que ya estaba por llegar. Se le vuelve a acercar, y le dice:
– “Maestro, está oscureciendo, ¿será ésta una noche muy oscura?”.

El Maestro, le dice:
– “Me temo que sí, no se van a ver las estrellas, hay muchas nubes”.
– “Sí, Maestro, yo también lo pensé”.

El Maestro, se voltea, tenía tristeza en sus ojos, y le dice:
– “Recuerda, que amanece”.
– “Ya lo sé, Maestro, pero es tan larga la noche”.

El Maestro, le dice:
– “Más largo es el día. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Los Segundos, los Terceros, los Primeros se preguntaban:
– “¿Qué tanto anda con el Maestro?”.

El niño, que estaba por ahí cerca jugando, los oye, y les dice:
– “Está haciendo lo que todos nosotros que estamos aquí tenemos que hacer, caminar junto a Él”.

Se miraron entre ellos y bajaron la cabeza.

El Maestro, que, aunque estaba lejos todo lo oía, se voltea y sonríe.

El niño, le pica el ojo y siguió caminando.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 24 de marzo de 2013
Hora: 08:50 p.m.

Parábola 254

El chaca, chaca, chaca de las hormigas, quieto muy quieto no pensaba en nada, tenía la mente en blanco, solo oía el sonido, del viento, y chaca, chaca, chaca de las hormigas.

¡Ay! -Rosaura, inhala aire cual suspiro-

Los alumnos, los Unos, los Dos, los Tres, los Cuatros, los que lo amaban, los que lo seguían, que habían crecido mucho, eran muchos, eran tantos, estaban, a un lado, y lo miraban, y se comentaban entre ellos:
– “¿Qué estará pasando por Su mente?”, y se susurraban unos a otros. “¿Qué estará pasando por Su mente?, ¿qué ira a hacer?, ¿qué milagros va a hacer?, eso es que se Está organizando, a lo mejor, va a hacer muchos milagros”.

Hablaban entre ellos, hasta que, por fin, uno de ellos, que parecía que era el más tímido, se le acerca, se le para al lado:
– “Maestro, disculpa que Te interrumpa, mas, ¿qué estás pensando?, ¿qué vas a hacer?”.

El Maestro, se voltea y se le queda viendo, y le dice:
– “No, no estoy pensando en nada, no voy a hacer nada. No ahora”.
– “Maestro, pero es que tienes mucho tiempo, sentado ahí”.

Él, le dice:
– “Ven, siéntate aquí, a Mi lado, quédate callado y escucha”.

Se sentó al lado del Maestro, todo tímido porque, primera vez que estaba tan cerca de Él, estaba muy emocionado

El Maestro, le dice:
– “Relájate, quédate callado, solo escucha”.

Y de repente, empezó a sentir una gran paz, y oyó el sonido del viento, y el chaca, chaca, chaca de las hormiguitas, y el Maestro, le dice:
– “¿Los oíste?”.
– “Sí, Maestro”.

En eso, le dice el Maestro:
– “Es el milagro. Todo, lo que tú ves aquí, es un milagro. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

El joven, se fue caminando junto al Maestro, y le dice:
– “Maestro, yo Te he visto hacer cosas, que no sé cómo puedes hacerlas. ¿Por qué tenemos que esperar que hagas cosas?, ¿es que acaso Tu palabra no basta?”.

El Maestro, se voltea y se le queda viendo, y le dice, con muchísimo amor:
– “Continúa”.
– “Yo creo que con Tu Palabra solo basta. No entiendo Maestro, por qué ellos necesitan ver, ¿qué pasen cosas?”.

El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “Ya pronto tu camino, va a llegar a su fin. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 15 de marzo de 2013
Hora: 07:45 p.m.

Parábola 253

El Maestro, Estaba muy entretenido, hablando con muchos Primeros, Segundos, Terceros. Había muchos sentados a sus pies, alrededor.

El niño, que estaba recostado en un árbol lo miraba, lo miraba.

Y el Maestro, hablaba, y hablaba, y hablaba, y era como un susurro sus palabras, a las que había que ponerle mucha atención, pues eran pausadas, relajantes, suaves como caricia, más había momentos en que había una cierta dureza.

El niño, lo miraba, y así pasó un rato, y pasó más de un rato; y el niño lo seguía mirando, hasta que no aguantó más y se acercó al Maestro, y le dice:
– “Maestro”, halándolo de la túnica. “Maestro”.

El Maestro, se voltea, con una sonrisa en los labios, se alegraba tanto cuando se le acercaba un niño; pasándole la mano por la cabeza, le dijo:
– “¿Qué quieres?”.

El niño, le responde:
– “Es que te oigo, desde aquel árbol que está allá tan lejos. Yo Te oigo, como si estuviera aquí a Tu lado, Maestro”.

Y el Maestro, le dice:
– “¿Y eso te sorprende?”.
– “¡Claro, Maestro!”.

El Maestro, le dice:
– “Recuerda, que el sonido sube”.

El niño, no entendió nada, se rasca su cabecita, se le queda viendo, y le dice:
– “Maestro, Maestro, ¿mientras más alto vaya, mejor Te oiré?”.

El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “Siempre que camines a Mi lado, siempre Me oirás, vente”.

Y siguieron caminando…

Algunos Segundos y Terceros, se preguntaban entre ellos:
– “¿Por qué será que el Maestro siempre le pone tanta atención al niño? Nosotros estamos junto a Él”.

El Maestro, los estaba oyendo, y se acerca, y les dice, con infinito amor, señalando al niño:
– “Porque él, hace, lo que ustedes no hacen”.
– “¿Qué, Maestro?”.
– “Preguntar, buscar, indagar, no se conforma. Quiere saber más y más, y vosotros, os conformáis”.

Los Segundos y Terceros sorprendidos de las palabras del Maestro, le dicen:
– “Maestro ¿pero no es eso lo que Tú quieres?, ¿no es eso lo que esperas de nosotros?”.

El Maestro, suspira, y les dice:
– “Espero eso y mucho más. Vamos, sigamos caminando, alcancemos al niño, que va mucho más lejos que vosotros”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 20 de febrero de 2013
Hora: 09:40 p.m.

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