



¡Ay, me duele la cabeza!, ¡me duele mucho la cabeza!, ¡me duele tanto la cabeza!
¿Dónde estoy? ¡Ay, cómo me duele Su dolor!… ¡ay, de mí!… hay tanta oscuridad, quítenme la oscuridad. -Rosaura, se queja mucho-
“Amada hija, no permitas, que te perturbe, no permitas, que te toque”.
(Rosaura)
¡Madre, me quiere matar!
“¿Tú crees acaso, que lo va a poder lograr?”.
(Rosaura)
Madre, ¿qué me pasó hoy? Estuve vagando por las calles, no me acuerdo.
“No estuviste sola, tú Ángel te acompañó. Qué importa lo material, llegaste sana y salva”.
(Rosaura)
Es que ni siquiera sé cómo llegué. ¿Es que estoy permitiendo algo que no debo?, ¿es que estoy actuando mal?
“Al contrario, cada día lo estás haciendo mejor. Y a ese, que un día fue un destello de luz, a ese que llaman satán, no le gusta. Y a Mis hijos amados, mientras más cerca están de Mí, más los ataca. Pero no van a poder, no te inquietes, lo que hoy se perdió mañana florecerá, no te inquietes”.
(Rosaura)
Es que no sé qué pasó, llamé a un teléfono, que no conozco, los teléfonos no servían. Llamé a María, a Marino…
“Y seguirán pasando cosas así, como hubo llamadas desde un teléfono muerto para que todos supieran, que Yo Estaba presente. Habrán señales, unas pequeñas, otras grandes”.
(Rosaura)
Madre, no sé qué pasó.
“No importa lo que pasó, ya pasó. Importa lo que vas a hacer ahora. Te vas a recoger, Te dije en una oportunidad, que escribieras, que iba a guiar tus manos”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, es que no he tenido tiempo.
“Quiero, que tomes ese tiempo, no vas a salir, estarás en un retiro en paz. No quiero, que nada te moleste, ni te perturbe. Sólo la oración será tú compañía. Lo vas a hacer, y el séptimo día vas a salir y van a ir todos, y te acompañarán a Mí casa”.
(Rosaura)
¿Todos?
“Sí”.
(Rosaura)
¿Cómo el otro día?
“Como el otro día”.
(Rosaura)
Madre, ¿tengo, que quedarme toda la semana en la casa? No sé si voy a poder, yo no puedo dejar a los demás así. ¿Cómo voy a dejar a Alba sola? Además, no tengo comida en la casa… no puedo, no sé… estoy confundida.
“¿Alguna vez te ha faltado algo? ¿No sabes acaso, que te rodean todos los que te aman? Y aquel, que diese de lo suyo, mil veces se le multiplicará. Te necesito en paz”.
(Rosaura)
No estoy muy en paz, ¿verdad? Es que últimamente los dolores han sido muy fuertes, pero yo no reniego de ellos, al contrario, los he llevado con mucho amor.
“Lo sé, pero tú cuerpo necesita reposo, tú mente necesita aclarar sus ideas, necesitas buscar dentro de ti. No quiero que nada te perturbe”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, me lo estás poniendo un poco difícil, no sé, Madre.
¿Viste que tengo a Tú Hijo conmigo? -Se toca un crucifijo, que tiene en el pecho-
“Siempre lo tienes contigo”.
(Rosaura)
¿No Te vas a aparecer más?
“¿Quién te dijo eso?”.
(Rosaura)
No sé, como no me he portado últimamente bien…
Yo, también Te amo, Madre.
“Y a todos vosotros… debéis cuidarla. La persona, que le está haciendo daño está muy cerca, Myrna le oyó su sonido. Myrna, sabe que hoy pasó algo, presten atención a Myrna.
Satanás, se está valiendo de ella, que es un ser de baja luz para dañarla, tiene una vecina, que practica cosas que van en contra de la verdad de Dios, tiene que estar recogida y hacer oración. Y al séptimo día ir a la casa de Mí Hijo y recibir la Eucaristía. Debéis cuidarla”.
(Rosaura)
Madre, ¿te puedo hacer una pregunta? ¿Estás cosas me están pasando porque no soy digna de Ti?, ¿no lo estoy haciendo con toda la nobleza de mí alma? Madre, ¿no soy merecedora de Tú amor? ¿Por qué estás lagunas? Ayúdame.
“Ha habido las señales, y ninguno os habéis dado cuenta. Hasta Ángeles se le han acercado para protegerla. No todo el que entra a Mí casa, entra con amor. Debéis cuidarla”.
(Rosaura)
¿Pero de qué me van a cuidar?, ¡Imagínate, Madre!
“De ti misma, de tus miedos, de tus dudas, de tus temores. No os lo dije, os necesito fuertes y unidos”.
(Rosaura)
Pero, yo no dudo de la misión, ni de ellos. Yo, los quiero mucho a todos.
“Se ven envueltos en situaciones diarias, sabe por dónde dar, sabe lo que te puede molestar. Vas a salir el séptimo día, como la mariposa, que sale de su capullo, fuerte, hermosa, radiante”.
(Rosaura)
Si es Tú deseo, así será, pero me va a costar bastante.
“El séptimo día irás a la Casa de Mí Amado Hijo y todos juntos lo recibirán en cuerpo y sangre, y serán bendecidos. Y habrá una nueva señal que todos van a entender”.
(Rosaura)
Te quiero mucho, Madre… están alegres -Los ángeles-
Es que la Madre, Está presente.
¿Por qué lloraron todos? No me gusta que llores.
-Marino, María Mata y Alba, fueron a casa de Rosaura, porque ella estaba sintiéndose mal. Al llegar Marino y María Mata, esperaron en la sala, mientras Rosaura y Alba conversaban en el cuarto. Al salir, hicieron notar, que los cuadros que estaban encima de la mesa del comedor, que estaba pintando Rosaura, estaban llorando escarchas-
“No son lágrimas, son luz de vida, es protección. Estoy allí, en cada uno de ellos Estoy”.
(Rosaura)
Pero impresiona.
“Estaba protegiéndolos”.
(Rosaura)
¿Es que no lo estoy haciendo bien, que necesito que me protejas tanto?
“Ay, Mí amada hija, porque lo estás haciendo bien, porque todos lo están haciendo bien es que necesitan más protección”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 28 de septiembre de 2003
Hora: 09:50 p.m.
Madre, Madre… Madre, ¿todavía estás triste? Madre.
Yo también… Madre, ¿qué puedo hacer?, ¿qué puedo hacer?
A veces, me vienen dudas y no quiero juzgar a nadie, ni pensar en nadie… Yo los quiero. Nos quieren dividir, nos están atacando.
Ayúdame, ayúdame.
“Sólo si buscáis en tú corazón encontrarás la respuesta. Sabes, que ese es el camino indicado, no sigas luchando”.
(Rosaura)
No es fácil, no es fácil, ¡me da tanta pena contigo!
¿Cómo hago?, ¿cómo hago?
Voy a Tú casa, la veo tan vacía, que me da tristeza. Son tan pocos los que llevan la palabra de Tú Hijo con verdadero amor, están enfrascados es en tener, más, no en ser y me produce tanto dolor. Ellos, que están tan cerca, están cada vez más lejos. No nos dejan ayudar, no se dejan ayudar, los dominan sus temores, en todas partes ven lo malo, en todas partes. Siento mucha lástima, mucha lástima.
Cómo explicarles, que todas esas cosas son banales, que deben ser más generosos con el prójimo, que deben tener más tiempo. Cómo explicarles, que Él nunca se cansaba, siempre había una sonrisa.
Cuando voy a Tú Casa lloro mucho, pues sé que eso no es lo que Tú Amado Hijo quiere, menos mal que hay algunos, que realmente lo aman, si no, no sé qué será.
“Hay muchos más de lo que tú piensas, que no se dejan ver, que cumplen su misión. No estés pendiente de los que tienen oropeles, está pendiente de los que silenciosamente trabajan, así como lo haces tú, como lo hacen todos. Eso es lo que agrada a Mí Amado Hijo, eso llena de paz Mí corazón. ¿Cómo voy a estar triste? Recuerda, siempre Estoy, siempre. Y te envío las señales, más, tú a veces, no las quieres ver”.
(Rosaura)
Lo que pasa, es que las entiendo después que han pasado, no en el momento, ¡y me da tanta tristeza!
“Yo también te amo”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 22 de septiembre de 2003
Hora: 07:00 p.m.
“No creo que sean necesarias las palabras. Vosotras sabéis muy bien lo que ha pasado. Debéis comprenderos mejor. Que os sirva de lección lo que habéis vivido”.
-Hubo un silencio largo en la grabación y continuó-
“No es lo que pensáis. ¿Creísteis acaso, que os iba a abandonar? ¿Cuántas veces os debo repetir las mismas cosas? Mi corazón Está adolorido, muy adolorido. ¿No me vas a decir nada?”.
(Rosaura)
¡No me atrevo, Madre!
“¿Creéis acaso, que Estoy triste, sólo por lo que vosotras pensáis que hacéis? ¿Es que no veis lo que pasa a vuestro alrededor? Cada quien se sumerge en sus propias necesidades, en su momento y no miran a su entorno, y no se dan cuenta de lo que sucede a su alrededor. Por eso, os estamos forjando poco a poco. ¿No sabéis acaso, que todas, de alguna manera, son parte de la luz? No permitáis, que esa luz se apague, que os envuelva la oscuridad. Está al acecho, pendiente, agazapada, pero no es más que un triste, un triste recuerdo de lo que un día fue, un destello de luz. Recordad siempre, sois luz. Me inquieta, Me angustia, cuando os veo distanciadas”.
(Rosaura)
¡Oh, Madre!, no sé qué decir.
“No digas nada, no es necesario. Quien sino Yo, que Soy tú Madre, te comprende. A todas las comprendo, mas, debéis comprenderme a Mí. Recordad siempre, Me tenéis al alcance de vuestras manos. Soy vuestra Madre, os amo, no permitáis que os alejen de Mí, no permitáis, que las dudas, los temores os inquieten, ya Mí Amado Hijo os lo dijo: la única verdad absoluta, es ÉL”.
(Rosaura)
¡Madre, no me gusta verte triste, no me gusta sentirte triste! ¿Por qué a nosotras si no damos la talla?
“No la dais si no la queréis dar, pero sí podéis, todas pueden, todos pueden. No podemos permitir, que nadie se sacrifique. Os quiero fuertes y unidos. Mí Amado Hijo, os necesita.
Recordad siempre, nunca os dejo solos, siempre Estoy con vosotros”.
-Rosaura, abre los ojos, dice sentirse muy triste y con ganas de llorar. Después, continúa-
“¿No sientes acaso, como acaricio tú rostro?”.
(Rosaura)
¡Madre, estoy tan avergonzada!, ¡todos estamos avergonzados!
“Sentid Mí abrazo, os estoy envolviendo con Mí manto. ¿Estáis viendo Mí protección?
-Empezó a caer mucha escarcha-
Te dije un día, que era luz de vida, Mí luz. Estás rodeada de luz, ellas están rodeadas de luz. Yo Estoy presente en cada uno de sus momentos. Si van a poder, no debéis temer.
Recuerda, te quiero alegre”.
(Rosaura)
¡Oh, Madre!, ¿cómo podemos estarlo, si Te veo triste?
“Yo también te amo”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 16 de septiembre de 2003
Hora: 03:15 p.m.
¡Me duele tanto la cabeza!, ¡ay, Madre!, ¿por qué me duele tanto la cabeza?
“¿No será, porque eres demasiado severa contigo misma, y con los demás?”.
(Rosaura)
¿Soy muy severa conmigo misma?
“Si, contigo misma”.
(Rosaura)
A lo mejor, sí, a lo mejor espero demasiado y doy poco. A lo mejor es eso, quizás debo aprender, quizás debo crecer. Es que esto de crecer y crecer y crecer, ¿hasta cuándo tenemos que crecer?
-La respuesta de la Madre, fue mental para Rosaura-
(Rosaura)
Ya lo sé.
“No quiero verte sufrir, quiero verte alegre, sonriente. ¿No sabes acaso, que eso alegra Mí corazón?”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, no es fácil, no es fácil. Veo tantas cosas todos los días.
“Mí Amado Hijo, no te da más de lo que no puedas soportar. Sé más generosa, deja pasar las cosas, no hagas caso. ¿No sabes, que así te lastimáis y lastimáis a los que están a tú alrededor?”.
(Rosaura)
¡Es que no me comprenden, realmente no me comprenden y ya no sé qué hacer!
No creo que me comprendan, me siento a veces, que no puedo dar más, me siento a veces atada a mis debilidades.
“Ay, Mí amada hija, quizás he sido demasiado severa contigo, quizás los demás han interpretado Mis palabras muy literalmente”.
(Rosaura)
Madre, ¿qué quieres Tú, que yo haga?
“Lo que haces, ni más ni menos, quizás más”.
(Rosaura)
¿Cómo crecer? Yo quiero ayudarlos a todos y de repente, me siento, que los descontrolo, que no los ayudo.
“¿Recuerdas, lo que le dijiste ayer a la señora, que estaba contigo?”.
(Rosaura)
¿A cuál?
“A la señora, que estaba al lado tuyo. Le dijiste, que no fuera tan severa con ella misma, que perdonara. Hablaste del perdón, le dijiste, que cuando se perdonaba, se liberaba”.
(Rosaura)
Pero, yo no soy rencorosa, yo no guardo rencor en mí corazón.
“Ya lo sé”.
(Rosaura)
¿Y entonces? No entiendo lo que me quieres decir.
“Acuérdate, que Yo no hablo solo para ti. Yo hablo para todas Mis hijas y Mis hijos. Algún día estas palabras serán leídas y releídas, y muchos los comprenderán y lo entenderán, y verán la importancia del perdón y del amor. Tú lo sabes, tú lo aplicas, lo dices todos los días. No sufras, no Me gusta verte sufrir”.
(Rosaura)
¡Ay!, ¡Madre, perdóname!, soy tan poquita cosa, pero Te amo, Te amo mucho.
“Lo sé, Yo también te amo y a ellas y a ellos”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 10 de septiembre de 2003
Hora: 02:05 p.m.
“Rosaura, ¿por qué te inquietas tanto?, ¿no sabéis acaso, que Yo siempre Estoy con vosotros?”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, creo que en este momento no me estoy portando bien, ¿verdad? Me he debilitado mucho, pero Te prometo, que voy a crecer, voy a ser más fuerte. ¡Es que me afectan las cosas!, yo me hago la que no, pero me afectan.
“Yo, lo sé, pero debes tener paciencia, ya el peligro está pasando, lo habéis enfrentado muy bien. Debéis continuar alerta, mas, no preocupados.
Sois más firmes que la roca y tenéis más fuerza que el agua. Y el agua y la roca juntos y la roca y el agua también. Nada puede contra eso.
No debéis pensar, que os abandono, te lo dije, los quiero fuertes y unidos. Vienen momentos difíciles, no para ustedes, para los demás y seréis la espalda de muchos”.
(Rosaura)
¿Para nosotros no hay más momentos difíciles?
“En la medida en que crezcáis en la fe estaréis más fuertes. Os amo y os bendigo”.
(Rosaura)
Gracias, Madre.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 17 de agosto de 2003
Hora: 06:15 p.m.
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