Parábolas año 2006

Parábolas año 2006

Virgen del Valle

Puerta al Cielo

Virgen del Valle - Isla de Margarita - Venezuela

Parábola 98

El Tercero, le dice al Segundo:
– “Chico, no seas así, ¿no ves que el Cuarto está regresando?”.

El Quinto y el Sexto, se quedaron callados. No comprendían, no entendían nada, es más, estaban pendientes de lo que hacía el número Uno, que iba caminando adelante.

El Segundo, se acerca al Quinto y al Sexto:
– “Es mejor que conozcan al Cuarto, ustedes casi no lo han visto”.

El Quinto y el Sexto, se miraron extrañados, y le dicen:
– “¿Es que no está caminando con nosotros?”.

El Tercero y el Segundo, se quedan mirando uno al otro, y le dice:
– “Sí, lo que pasa es que él tuvo un tiempo por fuera”.

El Quinto y el Sexto, se asombraron:
– “¿Cómo es eso, están caminando con el Maestro y se quedan por fuera?”.

El Maestro, que los está oyendo, se voltea y los mira con infinito amor, y les dice:
– “Observen el camino, el que vamos a pasar, ¿qué ven ustedes en la distancia?”.

Todos se voltearon asombrados a mirarse unos con otros.
– “Maestro”, dice uno, “árboles”; el otro dice, “piedras”; el otro dice, “montañas”; y el otro dice, “ríos”.

El Maestro, les dice:
– “¿Eso es todo lo que ven?”.

Ellos extrañados se preguntaron entre sí:
– “¿Y qué es lo que querrá el Maestro que veamos?”.

Y siguieron caminando…

Y pasaron los árboles y hubo piedras, y se tropezaron, y cayeron, y se levantaron, y tuvieron que cruzar puentes para que el rio no se los llevara. De repente, aparece un claro con una grama preciosa donde había muchos pajaritos y mariposas.
El Maestro, les dice:
– “¿Qué es lo que ven ahora?”.

Todos contestaron:
– “¡Oh, Maestro, la grama, las mariposas, los pájaros!”.

El Maestro, se voltea, y les dice:
– “¿Y la paz?, ¿no veis que llegamos todos en paz?”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 01 de noviembre de 2006
Hora: 02:00 p.m.

Parábola 97

El Primero se voltea y ve al Tercero y al Cuarto, que había regresado, más el Segundo estaba rezando. Se acerca Él, y le dice:
-¨Recuerda, estás caminando a Mi lado, sigue caminando Conmigo¨.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 19 de octubre de 2006
Hora: 02:00 p.m.

Parábola 96

El Segundo, le dice al Tercero:
– “Como que se conocían”, pues el Quinto y el Sexto hablaban, y se reían.
– “Sí”, le dice el Segundo al Tercero. “Sí se conocían”.

Y siguieron caminando…

El Primero, se voltea, y le dice:
– “¿Es que acaso vosotros no lo conocéis?”.

Y siguieron caminando…

El Segundo, bajó la cabeza y el Tercero, le daba con los pies al suelo:
– “Creo que metí la pata. Hablo demasiado. Claro que lo conocíamos”.
– “Maestro”.

El Maestro, se voltea con mucha paciencia, se le queda mirando, y le dice:
– “¿Por qué te preocupas tanto en buscar lo que no es necesario? Sólo recibe lo que se te da y camina a Mí lado”.

Y siguieron caminando…

El Quinto y el Sexto, estaban felices, se reían, se acercan al Segundo y al Tercero, y les dice:
– “Qué suerte la de ustedes, han caminado tanto tiempo a Su lado”.

El Segundo, sorprendido, se le queda viendo.
– “¿Y por eso te reías?”.
– “Claro, me siento muy feliz. Ahora, yo también camino con ustedes”.

El Segundo y el Tercero, quedaron mirándose y bajaron la cabeza, y le dijeron muy apenado:
– “Maestro, nos falta todavía”.

Y el Maestro, sonríe, y les dice:
– “Seguid caminando”.

Y siguieron caminando…

El Quinto, el Sexto, el Segundo y el Tercero, vieron que el Maestro se desvió del camino. Había una casa.
– “Maestro, ¿por qué Te desvías? Deberíamos pasar por esa casa”.

El Maestro, se voltea, y les dice:
– “No están preparados. Al regreso”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado 02 de septiembre de 2006
Hora: 03:00 p.m.

Parábola 95

El Segundo, le comenta al Tercero:
– “¿A ti no te parece que el Cuarto es como un poco mandón?”.
– “¿Te parece?”, le dice el Tercero.
– “Sí, fíjate, nos dice, vayan por aquí, caminen por allá, sigan por aquí”.
– “No me había fijado”, le dice el Tercero.

El Segundo, le dice:
– “Fíjate”.

Y siguieron caminando…

El Primero, los oía y no decía nada.

El Cuarto, se acerca, y les dice:
– “Debéis sentaros delante de Él cruzando las manos y cruzando los pies. Debéis bajar la cabeza y ser más respetuosos”.

El Segundo y el Tercero, se quedaron mirándolo.

El Segundo, que era muy juguetón, le dice:
– “Pero si a Él le gusta como somos”.

El Cuarto, le dice:
– “Debéis hacerme caso”.

El Primero, los oía y seguía caminando…

El Segundo y el Tercero, se sintieron incómodos. Ya no sabían cómo sentarse, ya no sabían cómo caminar, no se atrevían a acercarse al Maestro, pues el Cuarto siempre levantaba una mano o los miraba. Y se pusieron tristes.

El Primero, los miraba.

Y siguieron caminando…

Y un día el Tercero, le dice al Segundo:
– “¿Y dónde está el Cuarto?, no lo veo por ningún lado”.
– “Maestro”, se acercan los dos. “¿Dónde está el Cuarto?”.

El Maestro, se voltea y los mira con mucho amor, y les dice:
– “Iniciando el camino, perdió el rumbo”.

Y siguieron caminando…

El Segundo y el Tercero, se preguntan:
– “¿Y ahora? ¿Quedamos solos nosotros?”.

En eso, vieron que alguien se acercaba.
– “¿Será el Cuarto? ¿Ya consiguió el rumbo?”.

Y siguieron caminando…

El Segundo, le dice al Tercero:
– “Mira, a ese no lo conozco, no es el Cuarto. Y no viene sólo, son dos”.
– “Maestro, se están acercando dos”.

El Maestro, se voltea, los mira con infinito amor, y les dice:
– “¿No sabéis acaso, que cuando alguno pierde el rumbo, hay dos que lo encuentran?”.

Y siguieron caminando…

El Quinto y el Sexto, llegaron sonrientes, estaban felices.

El Segundo y el Tercero, los abrazaron.

Y el Primero, les dijo:
– “Sean bienvenidos, caminen a Mí lado”.

El Quinto y el Sexto, le dijeron:
– “Maestro, vimos a uno que está desorientado, nos miró extrañados porque veníamos, y nos dijo que no era lo que nosotros pensábamos”.

El Maestro, se voltea, los mira, y les dice:
– “Está desorientado, mas, él va a caminar a nuestro lado”.

Y siguieron caminando…

El Segundo, que además de juguetón está inquieto, se acerca al Maestro, y le pregunta:
– “Maestro, ¿por qué el Cuarto no está caminando a nuestro lado?”.

El Maestro, le dice:
– “Porque tiene culpas, tiene fardos pesados”.
– “Pero yo no le vi nada”.

El Maestro, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “¡Ay, de aquel, que se cree dueño de la verdad! Ya os lo dije una vez, ¿en qué manos está la verdad? Sólo cuando lleguéis a Mí verdaderamente, la encontraréis. Debéis dejarlo en paz, él encontrará el rumbo”.

Y siguieron caminando…

El Tercero, que era un poco fastidioso, le dice al Segundo:
– “Bueno, la verdad es que nos mandaba mucho, nos regañaba mucho. ¿Será por qué no le hicimos caso?”.

Y el Maestro, con esa paciencia infinita, se voltea, y le dice:
– “No es eso, es que él realmente nunca caminó a nuestro lado”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 01 de septiembre de 2006
Hora: 03:00 p.m.

Parábola 94

El Segundo, el Tercero, el Cuarto, conversaban entre ellos.

El Segundo, le decía al Tercero y el Cuarto oía:
– “¿Tú sabes cuánto sufrió Él?”.
– “Claro”, le dice el Cuarto.
– “¿Tú crees que sigue sufriendo?”.
– “No debería”, le dice el Tercero. “Pues ya Resucitó”.

El Cuarto, se queda pensativo, y les dice:
– “¿Se acuerdan de las lágrimas? Fueron varias y varias veces”.

El Segundo y el Tercero miran al Primero, que se había adelantado caminando.
Baja la cabeza.

Y siguieron caminando…

El Tercero, se acerca al Segundo, y le dice:
– “Pero es que Él Resucitó y nos ofreció la vida eterna cuando se resucitara. No debería sufrir”.

El Cuarto, pensativo, les dice:
– “Cierto, no debería sufrir. ¿Y si le preguntamos?”.

El Segundo y el Tercero, le dijeron:
– “No, yo no me atrevo”.

El Cuarto, los mira extrañado, y les dice:
– “¿Por qué, si es nuestro guía? Si tenemos alguna duda vamos a preguntarle”.

El Segundo y el Tercero, se quedaron pensativos:
– “Sí, realmente sí, vamos a preguntarle. Maestro…”.

El Primero, se voltea y los mira. Estaba sereno:
– “¿Cómo es eso de que Tú lloras, si Tú Resucitaste?”.

El Maestro, sorprendido, se les queda viendo. El Segundo, se da cuenta de la sorpresa, y le dice:
– “Maestro, no Te quiero inquietar, pero nos has prometido la vida eterna cuando resucitemos. ¿Cómo es que Tú lloras si Resucitaste?”.

El Primero, se les queda viendo con mucho amor y con mucha tristeza, y les dice:
– “Yo Resucité para salvaros del pecado y que podáis vosotros de alguna manera alcanzar la vida eterna. Mas, vosotros estáis vivos y aunque caminan a Mí lado Me hacéis llorar”.

El Segundo, el Tercero y el Cuarto, se sorprenden:
– “¿Cómo Te hacemos llorar?, si Tú nos dijistes que los que caminamos a Tú lado no Te hacíamos llorar, sino que eran los otros”.

El Maestro, los mira con muchísimo amor, y les dice:
-Tenéis razón, son los otros”.

Y siguieron caminando…

El Cuarto, le dice:
– “Maestro, desde que Te vimos llorar no hemos tenido paz”.

El Maestro, se voltea, los mira y tomando una hoja, la levanta, la tira al viento. La hoja se mueve suavemente y va cayendo.

Y siguieron caminando…

El Segundo, que era juguetón, cuando estaban descansando, agarra una hoja, la suelta y espera. Y pone la mano.

El Tercero y el Cuarto, le dicen:
– “¿Qué haces?”.

El Primero, le responde:
– “Lo que le enseñé, a extender su mano. Vosotros debéis hacer lo mismo”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 22 de agosto de 2006
Hora: 02:00 p.m.

Parábola 93

El Segundo, se acerca al Tercero, y le dice:
– “¿Tú estás viendo lo que yo veo?”.
– “Sí”.

Los dos se voltean y miran al Cuarto que conversaba con el Primero.

El Tercero, le dice al Segundo:
– “¿De qué tanto hablarán si él acaba de llegar?”.

Y siguieron caminando…

El Segundo y el Tercero, se fueron quedando rezagados.
El Primero, los miraba con infinito amor.

Y siguieron caminando…

El Cuarto, viendo que se habían quedado rezagados, le dice:
– “Maestro”, al Primero. “¿Nos paramos un poco a esperarlos? Se han ido quedando atrás”.

El Maestro, se voltea, los mira, no responde nada.

Y siguieron caminando…

El Cuarto, por respeto, no le dijo más nada. Mas empezó a caminar un poco más lento y más lento para que el Segundo y el Tercero lo alcanzaran.

El Maestro, se volteó, los miró.

Y siguieron caminando…

El Segundo y el Tercero alcanzaron al Cuarto. El Cuarto, los fue a saludar y ellos le pasaron al lado sin siquiera sonreírle.

El Cuarto, se extrañó y miró al Maestro.

El Maestro, se volteó, lo miró.

Y siguieron caminando…

El Cuarto, se sintió muy triste, no entendió lo que pasaba, se acercó al Maestro, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué me trataron así, si los estaba esperando para acompañarte?”.

El Primero, miró al Segundo y al Tercero que bajaron la cabeza, y le dijo al Cuarto:
– “Hay quienes quieren estar siempre adelante y no se dan cuenta, que no es estar de primero, ni de segundo, ni de cuarto”.

Los tres, se quedaron pensativos esperando que el Maestro continuara.

Él los miró con tristeza, y les dijo:
– “No habéis comprendido que lo importante es estar, simplemente estar”.

Y siguieron caminando…

A lo lejos se oía mucha bulla y la Tierra se estremecía. El Maestro, miró al Cielo y dos lágrimas cayeron.

Y siguieron caminando…

El Segundo y el Tercero, se sintieron mal. Creyeron que ellos le habían ocasionado las lágrimas y se acercaron al Cuarto, y con infinita tristeza, le dijeron:
– “Queremos que camines con nosotros”.

Y siguieron caminando…

Y se oía el mundo y la Tierra temblaba, cada vez era más fuerte.

El Primero, levanta nuevamente la mirada al Cielo y dos lágrimas caen.

El Segundo, el Tercero y el Cuarto, ya no supieron que decir; se acercaron al Primero con mucha humildad, y le dijeron:
– “Maestro, aquí estamos”.

Y siguieron caminando…

Y llegó la noche y los ruidos se hicieron más fuertes, muy fuertes. Parecían relámpagos, mas no eran relámpagos. El Primero, se recuesta en un árbol, mira al Cielo y le caen dos lágrimas.

El Segundo, el Tercero y el Cuarto, se sentaron a su alrededor. Con timidez el Segundo, le pregunta:
– “Maestro, ¿por qué lloras si estamos Contigo?”.

El Tercero, le dice:
– “Puede ser que nos retrasemos un poco, pero siempre estamos Contigo”.

El Cuarto, bajó la cabeza y no dijo nada. No tenía nada que decir.

El Primero, levantó los ojos al Cielo y nuevamente cayeron dos lágrimas, los miró.

El Segundo, el Tercero y el Cuarto comprendieron, bajaron la cabeza.

El Primero, les dice:
– “¿Por qué os preocupáis por Mis lágrimas si no conocéis el sentido de las mismas?”.

Los tres levantaron la cabeza sorprendidos.
– “Maestro”, dijeron los tres a la vez. “Maestro, es porque Estás triste”.

El Maestro, miró al Cielo y cayeron dos lágrimas, y les dijo:
– “Mas que Mí tristeza es Mí impotencia. Tanto tiempo ha pasado, tanto tiempo han caminado y todavía no han comprendido nada”.

Y siguieron caminando…

Y amaneció…

El Segundo, el Tercero y el Cuarto se sentían muy tristes porque ellos no habían hecho nada, ellos estaban caminando con Él. ¿Qué habían hecho para que Él estuviera triste? No comprendían nada, ya no se atrevían a preguntar, ya no se atrevían a acercarse.

El Primero, viendo su confusión y su angustia, les dijo:
– “Vosotros sois lo que Me hacéis caminar. Mas, aquellos que no vienen a Mí lado son los que Me hacen llorar”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 01 de agosto de 2006
Hora: 07:15 p.m.

Parábola 92

A lo lejos, no tan lejos, se quedan rezagados el Cuarto y el Segundo.

El Tercero, se da cuenta y le llama la atención:
“¿Qué estarán hablando ellos?”.

El Segundo y el Cuarto, se fueron acercando enfrascados en su conversación sobre la Tierra, los animales, el mundo. Mas había un tema que no tocaban, el hombre.

Cuando el Tercero les pregunta, así se lo hacen saber, y el Tercero, les dice:
– “¿Y por qué esa ausencia del hombre? ¿No se acuerdan que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios?”.

El Segundo y el Cuarto, se miran extrañados, y les dicen:
– “Es que hay más cosas bellas de que hablar”.

El Tercero, se queda pensativo, y dice:
– “Sí, es cierto, hay muchas cosas bellas de que hablar”.

Y siguieron caminando…

El Primero, los oía, se voltea, les hace una seña, y les dice con mucho amor:
– “No porque ignoréis lo que sois, lo que seréis. Donde estés, donde estarás después de ser lo que son”.

Y siguieron caminando…

El Segundo y el Cuarto, bajan la cabeza, avergonzados y el Tercero, les dice:
– “Siempre se nos olvida que Él camina a nuestro lado”.

Y siguieron caminando…

El Primero, viendo que iban muy silenciosos y cabizbajos, les sonríe, y todo resplandeció alrededor, y les dijo:
– “Mirad Mí mano, ¿veis alguna diferencia con la vuestra?”.

El Segundo y el Tercero, y el Cuarto, miraron sus manos:
– “No Maestro”, contestaron a la vez. “Son iguales a las tuyas”.

El Maestro, sonríe, y les dice:
– “Miradlas bien y después hablaréis de las Mías”.

Y siguieron caminando…

Desconcertados se miraron entre sí, el Segundo, el Tercero y el Cuarto:
– “Eso ya lo sabemos, que ninguna mano es igual a la otra. Eso ya lo sabemos, que la Tuya es más gorda que las demás”.
– “¿Por qué tenemos que mirar Sus manos? No entiendo”.
– “Yo tampoco”, dijo el otro.
– “Ni yo”.

En ese momento, cuando se acercaron a preguntarle al Maestro que había en Sus manos, ¿por qué tenía que hablar de Sus manos? Vieron que Él hacía un gesto muy hermoso, acariciaba un pajarito que tenía en Sus manos. El pajarito bate sus alas y sale volando.

El Segundo, el Tercero y el Cuarto, se ven sus manos. Bajaron la cabeza.

Y siguieron caminando…

Después observaron que el Maestro con suma suavidad, tocaba el pétalo de unas flores silvestres. Bajaron la cabeza.

Y siguieron caminando…

Después vieron como levantaba la mano y acariciaba el aire. Bajaron la cabeza.

Y siguieron caminando…

El Maestro, se voltea con infinito amor:
– “¿Qué vistes?”, le dice al Segundo. “En Mis manos”.
– “Como acaricias al pajarito que volaba”.
– “¿Qué viste?”, le dice al Tercero:
– “Maestro, cómo tocabas las flores”.
– “¿Qué vistes?”, le dice al Cuarto:
– “Maestro, cómo sentiste la brisa en Tus manos”.

El Maestro, les dice:
– “Miradlas bien, porque lo que vistes en ellas es simplemente amor”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 07 de julio de 2006
Hora: 02:30 p.m.

Parábola 91

El Primero, le dijo al Segundo, al Tercero y al Cuarto:
– “Vamos a sentarnos”.

El Segundo y el Tercero, se miran sorprendidos:
– “Qué extraño, el Maestro nos manda a sentarnos”.

El Cuarto, dice:
– “¿No es usual acaso, que Él se siente?”.

El Segundo y el Tercero:
– “Él siempre Está caminando”.

– “Maestro”, le dice el Segundo al Primero: “¿Por qué nos sentamos?”.

El Primero, lo mira con lágrimas en Sus ojos, y les dice:
– “Debemos tomar fuerzas”.

El Segundo y el Tercero, le dicen, el Cuarto oye:
– “Pero si no estamos cansados”.

El Primero, los mira con infinito amor, y les dice:
– “Debemos tomar fuerza. Nos esperan muchos fardos que compartir”.

Y se quedaron sentados…

El Cuarto, que había llegado hace poco, les dice al Segundo y al Tercero:
– “Lo veo muy triste. ¿Por qué no esperamos y nos quedamos a Su lado en silencio?”.

El Segundo y el Tercero, le dicen:
– “Es verdad, vamos a acompañarlo. Quizás el estar juntos lo alegra un poco”.

Y se quedaron sentados…

El Segundo, ve como el Primero levanta la mirada al Cielo y exclama con profundo dolor:
– “¿Hasta cuándo Padre, hasta cuándo?”.

El Cuarto, el Segundo y el Tercero, se miraron sorprendidos, y entendieron que algo sabía el Maestro, que ellos no.

Y se quedaron sentados, orando en silencio…

El Cuarto, se acerca silenciosamente al Primero, y le pregunta:
– “Maestro, ¿por qué no le dices al Padre, que pare todo lo que va a suceder?”.

El Primero, se le quedó viendo con profunda tristeza, y le dice:
– “¿No sabéis acaso, que sois libres de decidir? Tú has caminado a Mí lado, Me encontraste, mas, debemos orar por todos los que no Me han encontrado”.

Y se quedaron sentados…

De repente, el Primero se para, les hace una seña, y les dice con una mirada de amor y de tristeza:
– “Debemos continuar”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 26 de junio de 2006
Hora: 09:58 a.m.

Parábola 90

El Segundo, se voltea, le hace señas al Tercero.
El Tercero, le dice:
– “¿Qué te pasa? ¿Qué quieres?”.

El Segundo, le dice:
– “Observa, mira quien viene ahí”.

El Tercero, se voltea, mira asombrado, y le dice:
– “¡El Cuarto! ¡Vino el Cuarto!”.

Y siguieron caminando…

El Tercero, le sonrió al Cuarto, y le dice:
– “Bienvenido”.

El Segundo, le dice:
– “Bienvenido”.

– “Maestro, Maestro”, le dice el Tercero al Primero. “Mira quien está aquí”.

El Maestro, se voltea, sonríe, y le dice:
– “Te estaba esperando”.

Y siguieron caminando…

El Segundo, le dice al Tercero:
– “¿Viste? Sabía que venía, mas no nos dijo nada. Debería habernos dicho, así estaríamos preparados”.

El Maestro, que los oye, voltea, y le dice con infinito amor:
– “¿No sabéis acaso, que serán muchos más? Ya os los dije”.

Y siguieron caminando…

El Segundo, se sorprende, y le dice al Tercero:
– “Yo no recuerdo que me lo haya dicho”.
– “Yo tampoco”.

El Tercero, pensativamente vuelve a decir, igual que el Segundo:
– “Realmente no recuerdo”.

Y el Cuarto, les dice:
– “¿Qué les pasa? ¿No les gusta que yo esté aquí?”.
– “Sí”, responden el Segundo y el Tercero. “Sí nos gusta mucho, es que estamos sorprendidos”.
– “¿Por qué?”.
– “Porque el Maestro te estaba esperando”.

El Cuarto, sorprendido, les dice:
– “Tanto tiempo caminando con Él y todavía no saben que Él lo sabe todo”.

Y siguieron caminando…

El Cuarto, se acerca al Primero, y le dice al Maestro:
– “Maestro, demoré mucho, ¿verdad?”.

El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “Llegaste cuando tenías que llegar, cuando estabas listo”.

Y siguieron caminando…

El Primero, se voltea, y ve al Segundo, al Tercero y al Cuarto que conversaban alegres, Se sonríe, mira al Cielo:
– “Gracias Padre”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 13 de junio de 2006
Hora: 10:45 a.m.

Parábola 89

El Tercero, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, Maestro”.

El Maestro, estaba contemplando un árbol bello, frondoso, se voltea, y le dice:
– “Dime”.
– “Te has dado cuenta, que el Segundo no está caminando a nuestro lado”.

El Maestro, se le queda viendo con infinito amor, y le dice:
– “Se desvió un poco del camino, pero él va a caminar a nuestro lado. Fíjate bien, ahí viene, ¿ves aquella mancha a lo lejos? Ahí está, está buscando el camino”.
– “¿Y qué hacemos, Maestro?”, le dice el Tercero.
– “Vamos a sentarnos en este árbol frondoso, que da frutos a esperarlo para que continúe caminando con nosotros”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 07 de junio de 2006
Hora: 12:40 p.m.

Parábola 88

El Segundo, le dice al Tercero:
– “¿No te parece, que hemos caminado ya mucho?”.

El Segundo, le responde:
– “¿Te parece?”.

Y siguieron caminando…

El Primero, se voltea, los mira con mucho amor, y les dice:
– “Vosotros sabéis, que solo camináis Conmigo mientras lo deseéis.
Una cosa os digo, Yo no os obligo”.

El Segundo y el Tercero bajaron la cabeza.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 28 de mayo de 2006
Hora: 04:45 p.m.

Parábola 87

– “¿Sabes?”, le dijo el Segundo al Tercero. “Hoy no le voy a preguntar nada”.
– “¿Por qué?”, le respondió el Tercero.
– “¿Es que no lo ves? Míralo cómo Está”, le dice el Segundo.

El Tercero, se le quedó viendo.
– “Tienes razón. Yo tampoco le voy a preguntar nada hoy”.

Y siguieron caminando…

Se detuvieron, se sentaron y no hablaron.

El Segundo, le hace señas al Tercero.
– “¿Qué vamos a hacer? ¿Le preguntamos?
Maestro, Maestro, ¿te molesta que Te preguntemos?”.

El Maestro, sorprendido, se les queda viendo, y les dice:
– “Nunca Me molestáis, mas, sí Me angustiáis cuando no se acercan a Mí. Preguntad todo lo que tengan que preguntar que la respuesta os la daré. Mi alma Estará con vosotros toda la eternidad”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 26 de mayo de 2006
Hora: 01:00 p.m.

Parábola 86

El Tercero, camina despacio, muy despacio.

El Segundo, viendo que se queda atrás, se voltea, se detiene y lo espera.
Mas, el Tercero, le pasa al lado y no lo ve.

El Segundo, extrañado, le dice:
– “¿Qué te pasa?”.

El Tercero, levanta sus ojos, se le queda viendo, y le dice:
– “Es que creo que no lo voy a poder alcanzar”.

El Segundo, lo abraza, y le dice:
– “Vamos. Yo te ayudo”.

Y siguieron caminando…

El Primero, se voltea y los ve abrazados, Se sonríe y sigue caminando…

– “Maestro”, le dice el Tercero al Primero. “¡Estás caminando como que muy rápido!”.

Y el Segundo, le dice:
– “Maestro, lo que pasa es que él está un poco cansado”.

El Maestro, se detiene, y les dice:
– “Vamos a descansar”, Se recuesta de un árbol y Se pone a orar.

El Tercero, le dice al Segundo:
– “¿Viste?, Está orando”.

El Segundo, le responde:
– “Siempre lo hace, ¿por qué te extrañas?”.
– “Es que yo no puedo ser como Él”.

El Primero, les dice:
– “Acérquense”.
– “Sí Maestro”, y se sentaron en frente de Él. Había caído la noche, y el Maestro, les dice:
– “Miren el Cielo”.

Levantaron la vista.
– “¿Qué quieres que veamos Maestro, las estrellas?”.

El Maestro, los mira con mucho amor, y les dice:
– “Parecen todas iguales, ¿verdad? Como luciérnagas prendidas en el vuelo, mas no son iguales”.

El Tercero, se le queda viendo, y le dice:
– “Maestro, yo quiero ser igual que Tú y no sé si lo voy a lograr”.

El Segundo, guarda silencio, pensaba lo mismo.

El Maestro, se les queda viendo con infinito amor, y les dice:
– “¿Vieron los árboles? Tampoco ninguno es igual al otro, pero todos son hermosos, como las estrellas. Así sois vosotros, no sois iguales a Mí, mas, Yo Estoy en ustedes y sois hermosos”.

Y siguieron caminando…

El Tercero, no muy convencido, le dice:
– “Maestro”.

Él se voltea con mucho amor y paciencia, y se le queda mirando.

– “¡Maestro, es que yo quiero ser igual que Tú!”.

EL Maestro, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “¿Todavía no te has dado cuenta, que la grandeza de Dios, nuestro Padre, ¿es que somos todos diferentes y a la vez iguales?”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado 22 de abril de 2006
Hora: 01:00 p.m.

Parábola 85

El Segundo, le dice al Tercero:
– “¿Ves lo que Está haciendo?”.

El Tercero, le responde:
– “Sí. ¡Qué extraño!”.

El Segundo, le vuelve a decir:
– “¡Realmente extraño!”.

Y siguieron caminando…

El Tercero, le dice al Segundo:
– “¿Ves que contigo va haciendo lo mismo?”.

El Segundo, le responde:
– “Sí”, realmente lo veo. ¿Le preguntamos?”.
– “No sé”, le dice el Tercero. “Lo veo como triste.
¿Y si lo dejamos un momento y esperamos que nos llame?”.

Y siguieron caminando…

– “Yo le voy a preguntar”, dice el Segundo.
– “Me parece bien”, le dice el Tercero. “Porque me siento triste y no sé qué pasa. No lo había visto nunca así. Tanto caminar con Él y no lo había visto así”.
– “Maestro, ¡Maestro!”.

El Maestro, deja con mucho cuidado lo que tenía en las manos en el suelo, se voltea y se les queda mirando.
– “Maestro, ¡Maestro!, perdóname si te interrumpimos. Pero es que no sabemos lo que Estás haciendo. ¿Estás jugando acaso? ¿Por qué nos sentimos tan tristes, si lo que Estás es jugando?”.

El Maestro, mira lo que tenía en la tierra, que había puesto con mucho cuidado, y les dice:
– “Ésta es una roca, tan sólida. Me soportaba, Me ayudaba, Me sostenía. Más tiene grietas que están creciendo y se puede romper, se puede desbaratar. Mas, Yo la debo cuidar”.

El Segundo, le dice:
– “¿Y qué le estás haciendo?, Maestro”.

El Maestro, se les queda viendo, y les dice:
– “Le Estoy dando paciencia para rellenar los huecos, le Estoy dando humildad para que se vuelva sólida y le Estoy dando amor para que siempre, siempre sepa que Estoy. Y sigamos caminando…”.

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado 15 de abril de 2006
Hora: 11:15 p.m.

Parábola 84

El Primero, se sentó, le hizo seña al Segundo y al Tercero, que se sentarán frente a Él.

Ellos se miraron asombrados, era la primera vez que le decía, sin ellos preguntarle que se sentaran.
– “¿Por qué os asombráis? ¿No os dije que ya estabas y estáis preparados para Oírme?”.

El Segundo y el Tercero, se quedaron callados y sonrieron llenos de gozo.
– “¡La palabra del Maestro!, la palabra del Maestro”.

Y esperaron y esperaron. Y el Maestro no hablaba, y esperaron y esperaron…
Se miraban uno al otro, pero guardaban silencio. Y esperaron y esperaron…

Llegó la noche. Y esperaron y esperaron…

Por fin el Segundo, le dice al Tercero:
– “Yo le voy a preguntar, ¿cuándo va a empezar? Porque ya tengo hasta sueño.
Maestro, Maestro”.

El Maestro, se le queda viendo con mucho amor, y les dice:
– “Dime”.
– “Maestro, ¿cuándo vas a empezar a hablar?”.

El Maestro, se sorprende y se les queda viendo, y les dice:
– “¿Acaso en vuestros pensamientos y en vuestros recuerdos, no están Mis palabras?”.

Se levanta. Y siguieron caminando…

El Segundo y el Tercero, se preguntan:
– “¡Como que lo hicimos mal!, o ¿será que no tiene nada nuevo que decir?
Yo no me atrevo ya a preguntarle”.

El Maestro, se voltea, y les dice:
– “¿Estáis viendo que cayó la noche? Mañana va a amanecer, siempre amanece”.

Y siguieron caminando…

-Rosaura, inhala aire profundamente y continúa-

Y las primeras luces del amanecer.

El Segundo se levanta, se acerca al Tercero, y le dice:
– “¡Despiértate!, ya el Maestro se Está moviendo. A lo mejor ahora sí nos habla”.

El Segundo, le dice:
– “Nos ha hablado todo el tiempo, sólo que no lo Estábamos oyendo”.

Y siguieron caminando…

El Maestro, se acerca a un árbol y se recuesta, les hace seña. Ellos se acercaron a Su alrededor, y el Maestro, les dice:
– “Debéis poner más atención. Yo sé que no es fácil caminar a Mí lado. Yo sé que no es fácil entender Mí lenguaje, pero si Me oís con las voces de vuestros corazones Me entenderéis mejor. Si Me sentís en cada abrazo que os doy Me entenderán mejor”.

El Segundo y el Tercero, bajaron la cabeza.

El Maestro, les dice:
– “No se sientan avergonzados, hay tantos que han caminado a Mí lado y ni siquiera sabían que lo estaban haciendo. Hay otros que caminaban a Mí lado sabiendo que lo estaban haciendo y no Me veían”.
– “Maestro”, le dice con voz triste el Segundo y el Tercero, también. “Nosotros Te amamos, siempre estaremos Contigo, no Te vamos a dejar sólo”.

El Maestro, sonríe, levanta Su mirada, mira el Cielo, mira la lejanía, los mira a ellos, y les dice:
– “Recordad, cuánto os amo”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 09 de abril de 2006
Hora: 06:20 p.m.

Parábola 83

El Segundo, muy cansado, había caminado tanto. Le dice al Tercero:
– “Vamos a sentarnos a hablar con Él. Estoy cansado y realmente quiero oírlo. ¡Me reconforta tanto!”.

El Maestro, se voltea, los mira y sentándose, les dice:
– “¿Qué queréis que os diga?”.
– “Maestro, háblanos de Ti”.

El Maestro, se les queda viendo, y les dice:
– “¿Qué queréis que os diga? ¿No habéis caminado lo suficiente Conmigo al lado, que todavía no Me conocéis?”.
– “No es eso Maestro. Queremos saber más de Ti”.

El Maestro, los mira, y les dice:
– “Extended vuestras miradas, ¿Qué veis?”.

El Segundo y el Tercero se miraron, se voltearon y miraron.
– “Maestro, lo de siempre, lo de todos los días”.

El Maestro, les dice:
– “Abrid vuestros oídos, poned atención, ¿Qué oís?”.

El Segundo y el Tercero, se quedaron quietos para ver que oían.
– “Maestro, lo de siempre”.

El Maestro, se voltea, mira alrededor y los mira fijamente, y les dice:
– “Ahora, decidme, ¿qué sentís?”.

El Segundo y el Tercero, bajaron la cabeza, y le dijeron:
– “Maestro, sigamos caminando…”.

El Maestro, se levanta, les acaricia la cabeza, y les dice:
– “Os amo. Sigamos caminando…”.

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 03 de abril de 2006
Hora: 06:00 p.m.

Parábola 82

El Tercero, va caminando, con la mirada baja, con lentitud.
El Segundo, le sigue, también con la mirada baja, con lentitud.

El Maestro, se voltea y los mira con tristeza en sus ojos.

Y siguen caminando…

El Segundo, se para, y le dice al Tercero.
– “Fueron muchos, ¿verdad?”.
– “Muchos”, dice el Tercero.
– “¿Tú crees que esto se podía haber evitado?”, dice el Segundo.

Y el Tercero, le dice:
– “No sé, estábamos caminando”.

Y siguieron caminando…

– “¡Maestro!”, le dice el Segundo al Tercero. Y el Tercero al Segundo:
– “¡Maestro, Maestro!”.

El Maestro, se para, se sienta, se pasa la mano por la frente, se limpia el sudor y la tierra, y espera con paciencia a que se acerquen.
– “¿Qué queréis preguntarme?”.

El Segundo y el Tercero, le dicen casi a la vez:
– “Maestro, ¿se pudo haber evitado esto?”.

El Maestro, se les queda viendo, y les dice:
– “¿Cómo parar el vuelo de un pájaro si está buscando su nido?”. Y sonríe triste.

El Segundo y el Tercero se miraron a los ojos, y dijeron:
– “Es verdad, estaban buscando un nido”.

El Maestro se levanta.

Y siguieron caminando…

-Rosaura, inhala aire profundamente y continúa-

– “Maestro”, le dice el Segundo. “Maestro, perdona que Te interrumpa nuevamente, pero ¿es que acaso no hay muchos nidos en los árboles?”.

El Maestro, se voltea un poco sorprendido, y les dice:
– “Hay muchos nidos en los árboles, más ¿de quién es cada nido?”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 29 de marzo de 2006
Hora: 04:00 p.m.

Parábola 81

El Tercero, se acerca al Segundo:
– “Quiero hablar con el Maestro, quiero preguntarle cosas, quiero enterarme de muchas más”.

El Segundo, le dice:
– “¿No te parece que al caminar a Su lado estás aprendiendo?”.
– “Sí, pero es que quiero conversar con Él, hay cosas que necesito saber”.
– “Acércate”.
– “Es que me da pena, tiene tantas cosas encima. Me voy a acercar”.

El Segundo, acompañando al Tercero, se acercan al Maestro.
– “Maestro”, le dice el Tercero. “Disculpa que Te interrumpa, sé que Estás orando”.

El Maestro, se voltea, lo mira con mucho amor, con infinito amor, y le dice:
– “Pregunta. Ya era hora”.

El Tercero, se sorprende y se sonríe, y le dice:
– “Lo estabas esperando”.
– “Lo estaba esperando”.
– “Maestro, dime una cosa, ¿todo lo que está en la Tierra lo creastes Tú?”.

Él se sonríe, y le dice:
– “Mi Padre”.
– “Pero Maestro, ¿Tú no Eres el Hijo del Padre?”.

El Maestro, se le queda mirando con infinito amor, y le dice:
– “Sí”.
– “¿Y entonces?”.

El Maestro, con infinita paciencia, le dice:
– “¿Ves tus manos?, ¿ves tú rostro? Fue Mí Padre. ¿Ves Mis manos?, ¿ves mí rostro? Fue Mí Padre. Pregunta lo que quieras saber”.
– “Maestro, ¿todo lo que está en el Cielo, también lo creó nuestro Padre?”.

El Maestro, se le queda viendo con infinito amor, y le dice:
– “Claro. Todo lo que se mueve, todo lo que está estático, todo lo que sonríe, todo lo que está alegre, todo lo que brilla cuando la oscuridad desaparece, todos los aromas, aún las tristezas, todo lo creó Mí Padre”.

Y siguieron caminando…

El Segundo, se acerca al Tercero, y le dice:
– “Yo creía, que le ibas a preguntar algo más importante. ¡Eso es obvio!, ¿no sabes que todo lo creó el Señor?”.

El Tercero, se queda pensativo:
– “¿Será, que no le supe hacer bien la pregunta? ¿Sería, que se la tenía que preguntar de otra manera?”.

Y siguieron caminando…

Y pasaron los días y los días, y el Maestro, se voltea, y le dice al Tercero:
– “Ven siéntate, descansa a Mí lado, recuéstate en Mí hombro”.
– “Maestro, Maestro, creo que no Te supe hacer la pregunta”.
– “¿Tú crees, que es importante la pregunta?”, le responde el Maestro. “¿Por la pregunta en sí o por lo que querías decir?”.
– “¡Ay, Maestro, ¡es que a veces no sé cómo preguntarte!”.

El Maestro, le acaricia la cabeza, y le dice:
– “Tú solo pregunta y siente, y levántate, vamos a caminar”.

Y siguieron caminando…

El Segundo, se acerca al Tercero, y le dice en son de broma:
– “Yo creía que le ibas a preguntar, quién fue el primero, quién creó al hombre, cómo fue creado el hombre”.

El Tercero, se sorprende, y le dice:
– “No has entendido. No es la pregunta, es el caminar a Su lado”.

Y siguieron caminando…

El Segundo, se sintió avergonzado, bajó la cabeza y se puso atrás.

El Maestro, se para, y le dice:
– “¿Por qué estás apenado?”.
– “¡Ay, Maestro!, ¿me oíste?”.
– “Siempre te oigo, siempre te oigo. Sigue caminando a Mí lado”.

Y siguieron caminando…

– “¿Creéis acaso, que todo se basa en lo que veis, en lo que tocáis, en lo que coméis, en lo que sentís? ¿Creéis acaso, que sólo basta respirar, ver y sentir?
Desde siempre y por siempre respiraréis, sentiréis, veréis y vuestro crecimiento será enorme, y Yo Estaré ahí, siempre ahí, siempre ahí.

No todo está dicho, no todo está escrito. Ya os lo dije, ¿quién tiene la verdad en la mano, si ninguna de las dos son iguales? Mas no por eso ninguna verdad es diferente a la otra.
Debéis permanecer unidos en la oración”.

El Segundo, oía extasiado lo que le decía el Maestro y el Tercero también. Y se miraron las manos y se dieron cuenta, que no las tenían iguales. Lo sabían, pero no se habían dado cuenta.

Y siguieron caminando…

– “Maestro”, le dice el Segundo. “Me gustan Tus palabras, me llenan de paz, me fortalecen, me dan fuerza para caminar a Tú lado”.

El Maestro, sonríe, lo mira con mucho amor, y les dice:
– “Ya estáis preparados para oírla, podemos caminar y hablar, podemos caminar y sentir, podemos caminar y oler, podemos caminar y amar, podemos caminar y orar”.

Y siguieron caminando…

– “Maestro… Maestro”.
– “Déjalo”, le dice el Tercero. “¿No ves que Está descansando?”.

El Segundo, se voltea, y le dice:
– “Pero Él no se cansa, Él siempre Está”.

Y siguieron caminando…

– “¡Maestro!… ¡Maestro!… ¡Maestro!… Como que sí Está descansando”.

Y siguieron caminando…

El Maestro, se voltea, los mira, y les dice:
– “Miren el Cielo. ¿Qué ven?”.
– “Eso ya lo hemos hecho, Maestro. Las nubes, moviéndose”.
– “Miren bien el Cielo. ¿Qué ven?”.
– “El azul”.
– “¡Verdad!”, dice el Maestro. “Ahorita no hay nubes, está el azul. ¿Creen ustedes que, porque no se mueve ese azul, Está descansando?”.

El Segundo y el Tercero se quedaron mirando, levantaron su cabeza y contemplaron el Cielo despejado, de un azul hermoso. Y en ese momento un pájaro pasó volando, ¡una mariposa!

– “Tienes razón, Maestro”, le respondieron. “No Estabas descansando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 22 de marzo de 2006
Hora: 05:30 p.m.

Parábola 80

El Segundo, le dice al Tercero:
– “¿Tú no crees, que es hora de que nos detengamos un poco? ¡Mira cuántas hojas hay en el suelo!, podemos recostarnos en ellas”.

El Tercero, ve las hojas, las toca, las huele, le dice:
– “¡Están húmedas!”.
– “¿Cómo van a estar húmedas, si está todo tan seco?
Maestro, ¿por qué están húmedas las hojas?”.

El Maestro, se voltea y de sus ojos caían lágrimas. Se le quedó mirando, y les dijo:
– “Sigamos caminando…”.

El Tercero y el Segundo, recogieron hojas húmedas con las lágrimas del Maestro, las pusieron en su corazón.

Y siguieron caminando…

– “Maestro”, le dice el Segundo. “Maestro, ¿es que acaso te causamos dolor? ¿Es que no sabemos caminar Contigo?”.

El Maestro, se voltea y viendo que tenían las hojas apretadas contra su pecho cada uno, y que tenían los ojos húmedos, les dice:
– “¡Cuántos de ustedes quisiera que caminaran a Mí lado!”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, lunes 13 de marzo de 2006
Hora: 02:48 a.m.

Parábola 79

El Segundo, caminaba despacio, se reía, contemplaba lo que estaba a su alrededor. Se agachaba, recogía piedritas en el camino, las guardaba.

El Tercero, viendo lo que hacía el Segundo, se le acerca y le pregunta:
– “¿Por qué recoges las piedritas, si piedras simples son?”.

Él le responde:
– “Tiene muchos colores. Mira ésta, ¡brilla, está verde!”.
– “Pero son piedras nada más”.
– “Pero a mí me gustan”.
– “Pero no es como para que estés alegre, son simplemente piedras.
Maestro, ¿no te parece a Ti que son simplemente piedras, como para que él esté tan alegre recogiéndolas y guardándolas?”.

El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “Hay, de aquel, que guarda lo que quiere.
Hay, de aquel, que recoge el amor.
Hay, de aquel, que lo lleva consigo”.
– “Pero Maestro, son simples piedras”.

El Maestro, lo mira con infinito amor, y le dice:
– “Vamos camina, todavía te falta mucho por caminar”.

Y siguieron caminando…

El Tercero, sorprendido, se agacha y recoge una piedrita, recoge otra piedrita y recoge otra piedrita. Se las puso en las manos.
– “Quiero ver qué es lo que ellos ven, que yo no le veo”.

Vuelve a recoger otra piedrita y otra piedrita, y otra piedrita.
– “Tienes un rayo azul en la mano”.

Y vio como las piedras que eran piedritas pequeñas algunas tenían brillo, otras tenían color. Su forma le recordaban algo conocido, alguna. Y se acercó al Maestro, y le dijo:
– “Maestro, ya entendí lo que me quisiste decir. No son sólo piedras, ¿verdad?”.

El Maestro, con infinita paciencia, le dice:
– “No, son años de formación, de vida, de caminar”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, martes 07 de marzo de 2006
Hora: 11:36 a.m.

Parábola 78

El Segundo, le dice al Tercero:
– “¿Te diste cuenta, que siempre caminamos y que se puede ver desde aquí hacia la derecha y hacia la izquierda?”.
– “Sí, me di cuenta, pero pensé que era lo normal”.

El Tercero, dice:
– “Yo me siento como si caminara arriba”.

Y el Segundo, le pregunta:
– “¿Arriba de qué?”.
– “Arriba, ¿no ves que todo se ve allá abajo?”.

Él se voltea, los oye y se sonríe, y sigue caminando…

El Segundo y el Tercero se sienten cansados, y le dicen:
– “Maestro, ¿podemos pararnos? Estamos cansados, ya es de noche, mira las estrellas”.

El Maestro, sigue caminando…

El Segundo, le dice al Tercero:
– “¿Será que no nos oyó?”.

Siguen caminando detrás de Él y con timidez, le dicen:
– “Maestro, estamos cansados, cayó la noche, mira las estrellas. ¿Podemos descansar?”.

El Maestro, se voltea, y les dice:
– “Aún falta, aún falta”.

Y siguieron caminando…

El Tercero y el Segundo, se preguntaron así mismos: “¡Claro, Él no se cansa, ¡pero nosotros sí!”.

Y siguieron caminando…

– “Maestro”, después de un rato de pensarlo. El Segundo, le vuelve a decir:
– “¡Ahora sí no puedo más, necesito descansar! ¡Mira qué lindo este lugar, Maestro!
Aquí podemos pasar la noche”.

El Maestro, se voltea, y les dice:
– “Ya hemos llegado, aquí estaremos en paz. A veces, hay que caminar un poco más para encontrar la paz”.

Y se dispusieron a descansar.

-Rosaura, inhala aire profundamente y continúa-

El Segundo y el Tercero, recostados cada uno de un árbol, contemplaban las estrellas y estaban agradecidos de ver tan maravillosa obra.

– “Maestro, ¿cómo sabías Tú que estaba este lugar tan hermoso, para poder descansar?”.

El Maestro, se voltea y los mira con infinito amor.
– “Descansen, que mañana seguiremos caminando…”.

El Maestro, le dice al Segundo y al Tercero, cuando ya estaba amaneciendo:
– “¿Estáis muy cansados?”.

Y ellos respondieron:
– “¡No! El descanso nos hizo bien”.
– “¿Estáis dispuestos a seguir caminando a Mí lado?”.
– “¡Claaaro!”, respondieron los dos a la vez.
– “Debéis saber que no siempre va a ser grato. Habrán espinas, habrán huecos, habrán desvíos, habrán caídas. Os vais a lastimar algunas veces y aun así, ¿vais a continuar caminando Conmigo?”.
– “¡Claaaro!”, le contestaron los dos.
– ¿Estáis seguros?”.
– “Maestro, tanto que hemos caminado Contigo y todavía nos preguntas si estamos seguros”.

El Maestro, se acerca, les pasa la mano por el cabello revolviéndoselo, y les dice:
– “Sois Mis hijos amados. Sigamos caminando…”.

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 26 de febrero de 2006
Hora: 03:10 p.m.

Parábola 77

El Tercero, dice al Segundo:
– “¿Por qué estás triste?”.

El Segundo, le dice:
– “No sé, es algo que está en el ambiente. ¡Es que ni los pájaros cantan, ni la brisa se siente! ¿Tú no lo notas acaso?”.

El Tercero, le dice mirando a todos lados:
– “La verdad, es que hay como una sensación extraña.
Tienes razón y ¿Dónde están los animales?”.

Se quedaron viendo y analizaban todo. ¡Y de repente, no había nada!

– “¿Y si le preguntamos al Maestro?”, le dice el Segundo al Tercero.

Y el Tercero, le responde:
– “Vamos a preguntar al Maestro”.
– “Maestro, ¿por qué los pájaros no están cantando? ¿Dónde están los animales?”.

El Maestro, se les queda viendo muy triste, y les dice:
– “Sigamos caminando…”.

El Segundo y el Tercero se miraron extrañados, esperaban otra respuesta. Esperaban: ¡Están al Norte, están al Sur o en vuestros corazones! Pero el Maestro, les dijo:
– “Sigamos caminando…”.

Y ellos bajaron la cabeza. Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 17 de febrero de 2006
Hora: 06:00 p.m.

Parábola 76

El Tercero, le dice al Segundo:
– “Estás pensativo, ¿qué te preocupa?”.
– “Las máscaras, hay muchas máscaras”.

Y el Tercero, le dice:
– “Trata de ver lo que hay detrás de las máscaras”.
– “¿Y cómo?, si son gruesas, pesadas”.
– “¿Le preguntamos al Maestro?”.
– “¡Ay, lo molestamos tanto!”.
– “Pero debemos preguntarlo. Él nos podrá indicar que hacer”.

– “Maestro”, le dice el Segundo. “El Tercero y yo, queremos preguntarte, ¿por qué las máscaras tan gruesas?”.

El Maestro, se voltea y los mira con infinito amor, y les dice:
– “No miréis las máscaras. Buscad en sus corazones y veréis como ellas se desmoronan”.

Y siguieron caminando…

El Tercero y el Segundo, se quedaron pensativos.
– “¿Mirar en los corazones? ¿Será que nos falta mucho todavía por caminar a Su lado?”.

El Maestro, se voltea con infinito amor, y les dice:
– “Estáis caminando a Mí lado”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 31 de enero de 2006
Hora: 06:55 p.m.

Parábola 75

– “¿Qué te pasa? ¿Por qué estás así?”.

El Tercero, le dice al Segundo.
– “Estoy sorprendido, ¡no entiendo cómo pudo pasar una cosa de estás! ¡No encuentro explicación!”.
– “Vamos a preguntarle al Maestro”.
– “A mí me da pena”.
– “¿Por qué?, Él Está siempre con nosotros”.
– “Sí, Él Está con nosotros, pero permitió que esto pasara. Yo no le voy a preguntar nada”.
– “Yo, sí”.

– “Maestro”, Él se voltea, los mira con amor.
– “¿Qué Me vais a preguntar?”.

El Segundo, un poco apenado, le dice:
– “El Tercero, está muy perturbado con lo que pasó y pregunta, ¿qué en dónde Estabas Tú?”.

El Maestro, se les queda viendo, y les dice:
– “Estaba rezando, por los que tienen necesidades, por los que no saben lo que hacen, por los que no caminan a Mí lado”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 23 de enero de 2006
Hora: 01:40 p.m.

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