Parábolas año 2015

Parábolas año 2015

Virgen del Valle

Puerta al Cielo

Virgen del Valle - Isla de Margarita - Venezuela

Parábola 288

El Maestro, iba caminando, meditando, oraba. En su caminar lento, Él iba orando, le hablaba a Su Padre, y le hablaba, y seguía caminando…

El niño, que lo estaba viendo, le extrañó, pues el Maestro siempre Estaba alegre, aún en los momentos más difíciles, Él Estaba alegre. Mas, el niño lo vio triste, lo veía preocupado, y por primera vez, sintió que debía dejarlo solo, que no debía acercarse.

El Maestro, que todo lo sabe, se voltea y se queda mirando al niño, y le dice:
– “Ven, camina a Mí lado”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 19 de noviembre de 2015
Hora: 09:50 p.m.

Parábola 287

El Maestro, venía caminando, pensativo, muy pensativo; y veía el pueblo, que estaba de este lado, a la izquierda, y veía al otro pueblo que estaba a la derecha, y se veían aparentemente iguales, más solamente era aparentemente. Y decidió bajar a la izquierda, y se metió en sus calles y caminaba, más no lo veían, simplemente no lo veían; sintió un gran pesar en Su corazón, y regresó al camino, y decidió bajar, al que estaba a la derecha, y caminó por sus calles, no lo veían, levanta la mirada, y piensa:
– “Padre, ¿será siempre así?”.

En eso un niño, que pasaba, lo agarra por la túnica, y le dice:
– “¿Qué es lo que ves allá arriba?”.

Él, se sonríe, y le dice:
– “¿Me Estás viendo?”.
– “¡Claro!”, le dice el niño. “¿Qué Estás viendo allá arriba?”.

El niño, se le queda viendo extrañado como diciendo, “¿Por qué me pregunta si lo veo?, ¿será que no está bien de la cabeza?”.

Y el Maestro sonríe, que sabía lo que pensaba el niño, y le dice:
– “Estoy viendo la luz, estoy viendo la luz. Vente, vamos a ver la luz, y sigamos caminando”.

Y sonriendo, y dándole gracias al Padre, siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 09 de noviembre de 2015
Hora: 01:29 p.m.

Parábola 286

El Maestro, oyó, un ruido, y risas, y se acerca, caminando, y hay una celebración, una celebración:
– “¿Y que estarán celebrando?”, se pregunta el Maestro.

En eso oye una voz que le dice al otro:
– “Estamos celebrando, la llegada del enviado del Señor”.

El Señor, se queda pensando:
– “¿Es que hay que celebrar la llegada de un enviado del Señor, con tanto lujo? ¡Ay, Padre!, ¡ay, Padre!”.

Y siguió caminando…

El niño, le toma la mano al Maestro, que tenía los ojos ahogados:
– “Maestro, ¿por qué lloras?, si están celebrando”.

El Maestro, se le queda viendo, lo toma de la mano, sigue caminando, y le dice:
– “Por eso lloro, por eso lloro. Vente, sigamos caminando” …

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado 10 de octubre de 2015
Hora: 03:21 p.m.

Parábola 285

El Maestro, venía caminando, y extiende Su brazo, -Rosaura, extiende su brazo derecho- y un pájaro hermosísimo, se le sitúa en, sobre Su mano.

Él, se le queda viendo, y el pájaro lo ve también. Hizo un movimiento para que se fuera a volar, pero el pájaro no se movía.

El niño, que estaba viendo todo, se acerca, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué lo quieres hacer volar?, si quiere estar contigo”.

El Maestro, se sonríe, y se asombra:
– “Es cierto, quiere estar conmigo, siempre quiere estar conmigo”.

Agarró al niño de la mano, y en el pájaro en la otra posada, y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 29 de septiembre de 2015
Hora: 01:39 p.m.

Parábola 284

Y el Maestro, se quedó pensando en la mujer, que estaba acostada en el suelo, y decidió devolverse, y la volvió a encontrar en el sitio, encogida, en posición fetal. Le hace un cariño por el cabello y ella abre los ojos, y lo mira, y Él le envió su inmenso amor.

Le extendió la mano, y le dijo:
– “Vente, sigamos caminando”.

Ella se levantó, se sacudió el polvo de la ropa, y siguieron caminando, agarrados de la mano…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 19 de septiembre de 2015
Hora: 09:13 a.m.

Parábola 283

El Maestro, se acerca lentamente, muy lentamente a una mujer que estaba, acostada en el suelo.

Ella abrió los ojos, y lo miró, como solo se mira a quien se ama.

Él, le acarició el cabello, y le dijo:
– “Eternamente, dulce amor Mío, eternamente”.

Y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, edo. Miranda, Carrizal, domingo 23 de agosto de 2015
Hora: 08:32 p.m.

Parábola 282

El Maestro, iba caminando; mucha gente lo rodeaba, “¡Ahí va el Bendito!, ¡ahí va el que nos va a curar!, ¡el Elegido, el Profeta, el Mesías!”, se oían los cantos, se oían las alabanzas, las alegrías, y Tú sonreías, con suavidad, con ternura; levantabas los niños del suelo y los abrazabas, y seguías caminando, y alejabas de Ti los pensamientos, de lo que Te venía; siempre supiste lo que Te iba a pasar, y, aun así, marchabas con alegría.

Y seguías caminando…

Y pasastes un pueblo y otro, y Te sentaste en la sombra de un árbol, y los contemplabas a todos, y en Tu mente alejabas los pensamientos de tristeza, pues sabías que muchos de los que estaban ahí Te iban a repudiar. Mas, Tus ojos veían, con luz brillante, a los que sabías que siempre, siempre Te iban a seguir.

Y lo dijistes, que venías a cambiar las cosas, pero que iban haber consecuencias, que iban haber alegrías y tristezas.

Te paraste, y seguiste caminando…

El niño, Te seguía, y no entendió muy bien las palabras; no comprendía qué era lo que pasaba.

El Maestro, se acerca a él, lo levanta y lo abraza, y le dice:
– “Tú eres uno de los elegidos, ya entenderás. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 15 de agosto de 2015
Hora: 06:28 p.m.

Parábola 281

El Maestro, iba caminando, con cierta tranquilidad, había dejado atrás los ruidos, las luces. Se sentía sereno, confiado, Estaba en paz, y acercándose al grupo de Sus seguidores, vio que dos de las mujeres hablaban entre ellas, con mucha tristeza.

Y se acerca, y les dice:
– “¿Qué os pasa mujeres, por qué estáis tristes, a qué le teméis?”.

Ellas, sorprendidas, se voltearon:
– “¡Maestro!. Maestro, es que nuestros hijos están lejos, muy lejos”, dice una.

Y la otra, le dice:
– “Y no sabemos nada de ellos. Yo les escribo, mas, no recibo noticias”.

Y la otra, le dice:
– “¡Ay, Maestro! Yo temo escribirles, porque me parece que los canso y se demoran tanto en llegar las noticias”.

El Maestro, se acerca a ella, les toma de la mano; cada mano en su mano, las tres manos juntas, y le dice:
– “Dejádmelo a Mí, déjaselo a Mí Padre, déjaselo a Mí Madre, no os preocupéis, no debéis preocuparos, seguid caminando”.

Y siguieron caminando…

El niño, que estaba oyendo, le dice:
– “Maestro, ¿cómo no deben preocuparse?, mi mamá se preocupa por mí”.

Y el Maestro, sonríe y le dice, agarrando una ramita del suelo:
– “¿Ves esta rama, pequeñita, con pocas raíces?, va a crecer, lentamente; después va a tener flores y esas flores se expandirán su aroma, y sus semillas, y después se cerrarán”.

El niño, le dice:
– “Maestro, no entiendo”.

El Maestro, le pasa la mano sobre la cabeza, y le dice:
– “Hay que dejar que las semillas se expandan. Vente, sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 20 de julio de 2015
Hora: 10:12 p.m.

Parábola 280

El niño, se acerca al Maestro, y le toca la lágrima, que había caído del cielo, y se le ocurrió probarla. El Maestro, se sorprende cuando lo ve:
– “¿Qué haces?”.

El niño, en su inocencia, le dice:
– “Quiero saber si es distinta”.

Y el Maestro, le dice:
– “¿Y qué sentiste?”.
– “Mucho amor, mucho amor. Te ama, ¿verdad?”.

El Maestro, le dice:
– “Sí, mas, Mi misión no ha concluido. Vente sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 21 de mayo de 2015
Hora: 11:04 p.m.

Parábola 279

El Maestro, venía caminando, seguía oyendo los ruidos, ruidos grandes, ¡explosiones!, cómo se caían las casas. Y desde el monte donde Él estaba, veía las nubes de polvo que se levantaban. Y una lágrima corrió por Su mejilla, y levantó la mirada hacia el cielo, y una gota de agua cayó sobre Su otra mejilla; bajó la cabeza, y siguió caminando…

Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado 16 de mayo de 2015
Hora: 03:59 p.m.

Parábola 278

El Maestro, decidió bajar a las ciudades; pensó, que ya le había enseñado a todos los que le seguían, lo que había en los montes, en las montañas, en el cielo, en las noches estrelladas, y decidió bajar a las ciudades. Les dijo, que quería ir solo, y así lo hizo. Caminaba entre la gente, mucha gente, ciudades grandes, grandes edificios, y la gente le pasaba al lado y no lo veían, cruzaba las calles, y no lo veían, sumergidos en un quehacer diario, en un hacer, en un tener, y no lo veían.

Cuando iba caminando, por la parte más bullosa, encontró una casa, que era de Él, y entró; ¡hermosísima Iglesia!, con unos vitrales hermosos, unos bancos brillantes, lustrados, donde se ponían las velas, había muchas, pero estaban casi todas apagadas. Él se acercó y empezó a prenderlas.

Un señor, que trabajaba en la Iglesia se le acercó, y le dijo:
– “Señor, si las prendes, tienes que introducir una moneda”.

Él se sorprendió, y se volteó y lo vio. El hombre sintió algo extraño, que lo dejó quieto, relajado, se dio la vuelta y se fue.

Él siguió caminando la Iglesia, suntuosa, hermosa, pero estaba sola. Habían dos o tres personas sentadas, en los bancos. Y se acercó al altar, las lágrimas cayeron por Su rostro, y dijo:
– “Padre, ¿será que fallamos?”.

En eso, un niño que había entrado a la Iglesia, se le acercó, y le preguntó:
– “¿Y esa vestimenta que tiene, no la había visto?”.

Él se asombró de la osadía del niño; se sentó en un banco, y el niño lo siguió:
– “¿Por qué la usas así?”.

Él respondió:
– “Porque me protege del calor y me protege del frío”.

En eso el niño levantó la mirada:
– “¡Ah!, ¡cómo la Iglesia!”. Él se sorprende por la respuesta del niño.
– “Sí”, le dice el niño. A mí la Iglesia me protege del frio y del calor, y cuando estoy triste vengo para acá, y siento mucha paz”.

Él sintió que Su corazón se llenaba de alegría, y comprendió que era la respuesta que estaba esperando. Besó al niño en la cabeza, se levantó, y salió.

El niño, lo alcanzó en la calle, y le dijo:
– “¿Qué haces?”.
– “Estoy caminando”.

Y el niño, con mucha sabiduría, le dijo:
– “Sigamos caminando”.

Y siguieron caminando…

Tres cuadras más allá, había otra Iglesia, otra Su casa, y Él entró, y vio que había un Sacerdote afanado, haciendo las cosas; se quedó parado, observándolo. El joven Sacerdote se le acercó, y le preguntó:
– “¿Lo puedo ayudar en algo?”.

Él sonrió, y le dijo:
– “Ya lo estás haciendo, seguiré caminando…”.

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 20 de marzo de 2015
Hora: 12:32 a.m.

Parábola 277

El Maestro, caminaba sereno, despacio, observando y analizando lo que pasaba a Su alrededor; no lo reconocían, y Él lo sabía, ¡claro, que lo sabía! Pero Él seguía caminando y de vez en cuando levantaba la mirada al cielo, y le preguntaba al Padre, ¿por qué?, ¿por qué? Y una lágrima corría por Su mejilla, se la secaba y seguía caminando.

Veía tantas cosas que no le gustaban.

Un niño, que jugaba cerca, junto con otros niños, les dice a sus amiguitos, que le iban a tirar unas piedras al Maestro, para molestarlo, les dice:
– “¡No hagan eso!”.

Y ellos, le preguntan:
– “¿Es qué Tú lo conoces?”.

El niño, se queda pensativo, y les dice:
– “No, pero lo quiero conocer”.

Y se acerca corriendo donde estaba Él, y le dice:
– “Maestro, por qué no caminas un poquito más hacia el fondo, para que no te tiren piedras”.

El Maestro, se voltea, lo mira con infinito amor, y le dice:
– “Esas piedras, que están tirando, no Me hacen daño”.

Y el niño, que era bastante inquieto, le dice:
– “Sí, pero ¡ah!, ¡fastidian, Maestro!”.

El Maestro, se queda viendo a los niños, que eran bastante pequeños, y soltaron, todos las piedras y se fueron corriendo.

El niño, que estaba al lado de Él, le pregunta:
– “¿Y cómo hiciste eso?”.

El Maestro, le dice:
– “¿No viste, que les sonreí?”.

El niño, levanta la mirada, y le ve el rostro, iluminado por una hermosa sonrisa; el Maestro le toma la mano, y le dice:
– “¿Quieres caminar un poco conmigo?”.

El niño, se sonríe, y le dice:
– “¡Sí!, ¿qué me vas a enseñar?”.

El Maestro, le dice con infinito amor:
– “A sonreír”.

Y siguieron caminando…

Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 08 de febrero de 2015
Hora: 04:05 p.m.

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