PARÁBOLAS DEL AÑO 2008
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Un Quinto y un Cuarto, vieron a un Segundo que se alejaba, se sentaba en una piedra y se ponía a mirar el horizonte.
Y pasaron horas y llegó la noche, amaneció y seguía sentado en la piedra mirando al horizonte. Ya preocupados se acercaron al Maestro, y le dijeron:
– “Maestro, ¿vistes al Segundo, que no hace sino mirar el horizonte?, ni siquiera se ha parado a comer”.
El Maestro, se voltea, y les dice:
– “No necesita comer, está llenado su espíritu, sigamos caminando…”.
El Segundo, se levantó de la piedra, se acercó donde estaba un agua y se lavó la cara. Se acercó donde había pan y peces secos y comió. Después se acercó al Maestro y silencioso se quedó a su lado oyéndolo hablar. El Maestro, hablaba de la creación, de la vida, de la belleza.
El Segundo seguía callado sin decir palabra.
Cuando termina de hablar el Maestro, el Cuarto y el Quinto se acercaron al Segundo y le preguntaron:
– “¿Oíste lo que el Maestro nos estaba diciendo?”.
El Segundo, se sorprende y levanta los ojos, y les dice:
– “Siempre lo oigo, siempre”.
El Quinto, le dice:
– “Es que te veías tan ausente, como cuando estabas sentado en la piedra mirando al horizonte”.
El Segundo, se voltea y mira al Maestro. El Maestro, responde por él:
– “Es que estaba nuevamente nutriendo su espíritu. Vamos, sigamos caminando…”.
– “Maestro”, le dice un Segundo. “¿Y el niño que estaba con nosotros, no lo has visto?”
El Maestro, se voltea, y le dice:
– “¿Tan absorto estabas en tus pensamientos, que no lo has visto crecer?, míralo ahí viene caminando”.
Se volteó y un joven venía caminando, riéndose, feliz, contemplaba las piedras, contemplaba las hojas, sentía el viento en su cara y embozó una sonrisa tan hermosa que los iluminó a todos.
El Maestro, sonrió, y les dijo:
– “Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 30 de diciembre de 2008
Hora: 01:58 a.m.

Un Segundo, que era muy cercano al Maestro se había retirado hacia la parte alta de la colina, estaba sentado quieto, recogía arbustos, se los ponía en las manos, y pensaba:
– “¿Para qué sirven estos arbustos, sino tienen ni siquiera la gracia del color?”.
Después, recogía tierra y piedras, se les caían de las manos, y se preguntaba:
– “¿Para qué tanta tierra y tantas piedras si el verde de los pastos es mejor?”. Y así, seguía cavilando.
El Maestro, de repente, sintió su tristeza, sus dudas, sus inquietudes y se voltea. El niño, le hace señas que quiere ir, el Maestro, le dice en un gesto que se quede donde está y lentamente se acerca dónde estaba el Segundo, que era uno de sus preferidos, lo amaba con profundidad y su dolor era su dolor, se sienta al lado de él, y le dice:
– “¿Qué te pasa?”.
El Segundo, le dice:
– “¿No sabes lo que me pasa? Tanto que he caminado a Tú lado, ¿y no sabes lo que me pasa?”.
El Maestro, comprendió que el Segundo estaba viviendo un momento difícil, y le dice:
– “Dímelo con tus palabras, que de repente, no serán como las Mías”.
El Segundo, respiró y se relajó, y le dijo:
– “Maestro, ¿cuánto hace, que camino contigo?”.
Y el Maestro, le dice:
– “Desde siempre”.
– “¿Desde siempre, Maestro?”.
– “Sí, desde siempre, lo que pasa es que hay momentos, que tú no lo sabías”.
– “Maestro, si camino desde siempre, ¿por qué a veces, siento que hay dos caminos?, ¿por qué a veces, siento que caminara en dos caminos diferentes, aun estando al lado tuyo?”.
El Maestro, se queda pensativo y se da cuenta que la crisis que tenía el Segundo, su bien amado había sido fuerte, era fuerte, le pasa una mano por la cabeza, y le dice:
– “Explícame, ¿qué hay en esos dos caminos, que caminas a Mí lado?”.
El Segundo, le dice:
– “En uno hay felicidad, hay esperanza, hay futuro, siento la brisa, siento el pasto en mis pies, siento la alegría de vivir, Tú palabra me enaltece, es como música en mis oídos, me siento tan dichoso cuando voy por ese camino”.
– “¿Y?”, le dice el Maestro. “¿Cuál es el otro, el camino?”.
– “Maestro, el de la tierra seca, el de los arbustos sin vida, el dolor de no ser comprendido, la tristeza de ver lo que sucede y que no podemos hacer nada. No he logrado unir los dos caminos y siento que Te he defraudado”.
El Maestro, se saca la túnica de la cabeza y deja caer su pelo de un color marrón, con algunos tonos brillantes sobre su rostro, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué haces eso?”, le dice el Segundo.
Y el Segundo, le dice:
– “No entiendo, ¿qué tiene que ver tú cabello con lo que Te estoy diciendo?”.
El Maestro, le dice:
– “Obsérvalo, ¿ves este lado?, ha llevado Sol, está desteñido, mas, este que ha estado cubierto y protegido está más oscuro, no se ha desteñido, más los dos nacen de la raíz de Mí cuero cabelludo, los dos son Míos y si te pones a analizar, verás que hay canas, y muchas otras cosas más”.
El Segundo, le dice:
– “¿Los dos caminos son tuyos?”.
– “Los dos”, le contesta el Maestro. “Cuando te veo sonreír, que vas por el verde, que vas contento, Mí corazón se llena de alegría y le sonrío a Mí Padre. Cuando te veo por el camino donde están los arbustos, donde está la arena, Mí corazón se llena de amor y tiendo la mano, para agarrarte, para protegerte, para cuidarte”.
Al Segundo, se le escapan unas lágrimas de los ojos, se recuesta sobre Él, y le dice:
– “Maestro, Te amo tanto, ¿cuándo terminarán los arbustos?”.
El Maestro, con mucha suavidad, le toca la cara, y le dice:
– “Los arbustos siempre van a estar, pero siempre estará también el verde prado, así como están los tonos de Mí cabello, así estarán y Yo Estaré ahí, siempre”.
El Segundo, se pone a llorar, y le dice:
– “Maestro, tanto que camino contigo, ¿por qué tengo está tristeza?”.
Y el Maestro, que tenía mucha paciencia y veía ya que el niño venía corriendo a interrumpirlos, le dice:
– “Porque todo forma parte de un todo, ¿cómo puedes apreciar la belleza del verde prado sino tropiezas con un arbusto? Vente, sigamos caminando…”.
El niño, por fin había llegado donde estaban ellos y se dio cuenta que el Segundo, le caía una lágrima por los ojos y en su infinita inocencia se acerca él, y le limpia la lágrima, y le dice:
– “No llores, yo te amo, mira lo que te traje, lo conseguí en el prado verde al lado de un arbusto, mira qué flor tan hermosa para ti”.
El Maestro, se sonríe, el Segundo levanta la mirada, ve al Maestro, ve al niño, y le dice al Maestro y al niño:
– “Sigamos caminando…”.

Y me quedé sentada en la orilla, cerca de una piedra, no tenía a donde ir, no quería ir para ningún lado, simplemente quería estar sentada en la piedra. Y de repente, se me acerca el niño, y me pregunta:
– “¿Quién eres?”.
Me volteo y le digo:
– “¿Tú, qué crees?”.
– “Estás como perdida”.
– “¿Lo crees?”, le digo yo.
– “Sí, estás como pérdida”, dice él con su sabiduría de niño elocuente, y le respondí:
– “Si estuviera tan perdida tú no me hubieras encontrado”.
El niño, se rasca la cabeza, y me dice:
– “¿Tú como que conoces al Maestro?”.
Me sonrió:
– “Lo llevo en Mí corazón, lo estoy buscando”.
– “¡Ah!”, dice el niño. “No te preocupes yo te llevo a Él”.
Y le digo:
– “¿Tú crees que esté preparada?”.
– “¡Ay, a Él no le importa!”, dice el niño. “Él te prepara”.
Me toma de la mano y seguimos caminando…

Había una rosa, que no era muy grande, era pequeña, pero tenía tantas espinas, tantas espinas, que nadie podía llegar a su tallo, muchas espinas. Ni siquiera las hormigas se atrevían a subir hasta que un día vino una corriente de aire y cortó la rosa, y cayó sobre un lago pequeño que estaba a la entrada de una casa y la rosa floreció, y vino una joven, y la tomó en sus manos, y vio que la rosa era hermosa y no tenía espinas, no la pinchaba, la puso sobre un pocillito de agua y la rosa duró mucho tiempo, hermosa, fue cambiando de color, lentamente, ¡hermosa la rosa!
El tallo con las espinas se quedó en el suelo, en la Tierra y un granjero que pasaba, dijo:
– “Qué raro este tallo con tantas espinas, ¿será que da rosas hermosas? Los tallos con más espinas dan flores hermosas”.
Lo picó en varios pedazos y lo sembró, lo cuidó, y al poco tiempo empezaron a salir los botones, pero ninguno era tan hermoso como la rosa, que se había ido al lago y que estaba metida en el pocillo, mas, era muy linda.
Él le quitaba las espinas para que se volviera tan hermosa como la rosa, pero no se cambiaba, se mantenía.
-Inhala aire profundamente y continúa-
Un día, vino venir a una muchacha joven, que cargaba la rosa, la tenía en la mano, la estaba dejando secar, para guardar sus pétalos y él admirado se acercó a ella, y le pregunta:
– “¿Dónde conseguiste estos pétalos?”.
Ella, le dijo:
– “Me la trajo el viento”.
– “¿El Viento?”, le dijo él.
– “Sí, el viento”.
La tomó con suavidad entre sus manos, agarró cada pétalo y lo puso en un libro donde tenía su historia, su biografía, su diario y el último pétalo, que era el más pequeño, pero el más lindo quedó en la última hoja.
El hombre maravillado, le dice:
– “¿Y cuántos pétalos tenía esa rosa?”.
La muchacha, se le queda sorprendida, y le dice:
– “Lo suficiente, para ser feliz, aprecio tanto el regalo que Dios me ha enviado”.
El hombre, miraba su rosa, que había crecido en unos rosales hermosos, mas, ninguna tenía la rosa, que le había visto en las manos de la muchacha, y se preguntaba:
– “¿Qué será lo que le falta, a estas flores, para que sean tan hermosas como ella?”.
Y el viento le susurra al oído:
– “El amor, déjalas, que se vayan con amor, no las tengas encerradas para ti”.
El hombre, agarró la flor más bonita de las que tenía y la levantó, y esperó que el viento se la llevara, la soltara del tallo y en efecto el viento la soltó y se la llevó. Él siguió corriendo hasta donde llegaba y cuál fue su sorpresa, que llegó donde la muchacha, que había tenido la primera rosa, ella lo miró sorprendida, y él le dijo:
– “Yo estoy aquí por la gracia del amor, por la gracia del color de la rosa y por la brisa del viento que me trajo hasta ti, y te voy a cuidar, y me voy a quedar contigo”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 21 de diciembre de 2008
Hora: 04:29 p.m.

Un Segundo, se acerca al Maestro, que estaba sentado, empezando la noche, a ver a las estrellas que aparecían en el firmamento, y él le dice:
– “Maestro, ¿podremos llegar algún día a tocar las estrellas?”.
Y el Maestro, le dice:
– “Sí”.
– “Maestro, las estrellas están muy lejos”.
Y el Maestro, se voltea, y le dice:
– “Eso depende”.
– “¿Depende, de qué?”.
– “De cómo las mires”.
Le hace una seña y lo levanta, y lo lleva a donde estaba el niño, que estaba metiendo las manos en las aguas, en un pozo que se encontraba a flor de tierra.
Se acercan a él, el Segundo, le dice y un Tercero, que se había acercado, y un Cuarto, todos preocupados porque había anochecido y el niño se estaba mojando, pero notaron que el Maestro estaba tranquilo, se acerca al niño, y le dice:
– “¿Qué haces?”.
El niño, sonriendo con una mirada brillante, con una luz hermosa en sus ojos, le dice:
– “Maestro, tocando a las estrellas, ¡míralas!”.
Las estrellas se reflejaban majestuosas en el agua.
El Segundo, se le queda viendo al Maestro callado y el Maestro, le dice:
– “¿Quieres ver otras? Mírale los ojos como le brillan, mira la estrella que tiene en sus ojos.
Vente, vamos a sentarnos, déjalo que juegue un rato más”.
Pasa un rato, se quedaron dormidos contemplando las estrellas. Cuando ya estaba amaneciendo el Segundo se acerca nuevamente, junto con el Tercero y le vuelve a preguntar al Maestro:
– “Maestro, yo quiero saber si realmente vamos a llegar a esas estrellas”.
El Maestro, se voltea, lo mira con infinito amor, y le dice:
– “Si sigues caminando a Mi lado, te prometo, que pronto estarás en una estrella”.
Y siguieron caminando…
El niño, que ya se había despertado y había oído, le hala la túnica al Maestro, y le dice:
– “Maestro, Maestro, qué una estrella, que a todos les preocupe tanto, ¿por qué no ven lo hermosa que son en la noche, que brillan, que tienen luz?”.
El Maestro, le dice al niño:
– “Cuando tu crezcas, vas a sentir también esas inquietudes”.
– “¿Sí, Maestro?”.
– “Así es, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 30 de noviembre de 2008
Hora: 02:19 a.m.

El Tercero y un Cuarto, y un Quinto, ven al Maestro que observaba a lo lejos y caminaba de arriba hacia abajo y de abajo para arriba.
Y se preguntaban:
– “¿Qué pasará?”.
El niño, que estaba jugando muy tranquilo, ve la inquietud y se les acerca:
– “¿Qué les pasa, por qué están tan preocupados?”.
– “¿No te has dado cuenta?, mira al Maestro, va de arriba abajo y de abajo arriba mirando a lo lejos”.
El niño, les dice con tono de sorpresa:
– “¿Y no le han preguntado?, ya yo le pregunté”.
Ellos, se miraron unos a otros, asombrados, y le dijeron:
– “¿Qué te dijo?”.
– “Que el día que Él se quedara quieto…”
– “¿Sí?”, le dicen el Segundo y el Tercero y el Quinto, y todos.
El niño, dice:
– “Mejor se lo preguntan ustedes, porque no me acuerdo muy bien las palabras”, y se va corriendo.
Los Segundos, los Terceros y los Cuartos y los Quintos:
– “¡Ay, niño tenía que ser!”.
Hasta que un Segundo, se acerca, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué vas hacia arriba y hacia abajo y de abajo hacia arriba con tanta inquietud mirando a lo lejos?”.
– “Es que veo como se preparan”, le responde el Maestro. “Y no Me puedo quedar quieto”.
– “¿Y para qué se preparan?”.
El Maestro, se voltea, le acaricia la cabeza, y le dice:
– “Para la guerra y no para el amor”.
El Segundo, baja la cabeza y el Maestro, le dice:
– “Menos mal que ustedes están caminando conmigo, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 11 de noviembre de 2008
Hora: 06:35 p.m.

El niño, se acerca a un Tercero, a un Cuarto y a un Quinto:
– “¿Dónde Está el Maestro?”, les pregunta.
Ellos, se voltearon y se les quedaron viendo:
– “Él a veces, desaparece, no sabemos a dónde va”.
El niño, se rasca la cabeza, y dice:
– “¿Ya lo ha hecho otras veces?”.
– “¡Muuuchas veces!”, le contestaron varios a la vez.
– “A bueno”, levantó sus hombros. “Me sentaré a esperarlo”.
Los Terceros, los Cuartos y los Quintos, le dicen:
– “No, tienes que caminar”.
El niño, se voltea, y les dice:
– “Si no Esta Él, ¿con quién voy a caminar?, yo lo voy a esperar”.
Los Segundos, los Terceros levantaron los hombros y siguieron caminando, más, el niño, se quedó sentado y pasaron las horas, y se entretenía viendo las hormigas, viendo las nubes como cambiaban, y seguía sentado. Y ya, casi al oscurecer, siente unos pasos, y ve que Estaba el Maestro.
– “Te Estaba esperando, te demoraste mucho. ¿Qué Estabas haciendo?”, le dice el niño, porque estaba ya un poco cansado de tanto esperar.
El Maestro, lo levanta con mucho amor y lo abraza, y le dice:
– “Moviendo las nubes, moviendo las hormigas”.
El niño, se ríe:
– “¿Tu Estabas moviendo las nubes y moviendo las hormigas?”.
El Maestro, le dice:
– “Sí, a veces, tengo que hacerlo; vente, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 30 de octubre de 2008
Hora: 05:55 p.m.

El Tercero, el Cuarto y el Quinto, estaban caminando detrás del Maestro y se voltearon preocupados, vieron que habían muchos Terceros, Cuartos, Quintos, Sextos, mas, no veían al niño; se preocuparon y se preguntaron:
– “¿Dónde se abra metido?, ¿dónde se abra metido?”.
Se acercaron al Maestro:
– “¡Maestro!, Maestro, ¡creo que el niño se nos ha perdido!, ¡creo que el niño se nos ha perdido!” -repitió el otro también.
El Maestro, se voltea, mira la distancia, mira aquí y mira allá, y se acerca. Los toma por el brazo y les dice:
– “Vamos a buscarlo”.
Encontraron al niño hablando con una viejita sentada, toda arrugada, con un bastón en la mano. La viejita, le decía al niño las maravillas que había, las cosas que le iba a dar, todo lo que iba a encontrar y el niño estaba embelesado viendo a la viejita, y el Maestro se acerca silenciosamente por detrás de la viejita, le pone la mano en el hombro:
-Rosaura, hace una expresión de sorpresa, como de susto-
– “¡Ah!”, se sorprendió cuando era el Maestro, salió corriendo, dando gritos y se fue.
El niño, le dice:
– “Maestro, ¿qué le hiciste a esa pobre vieja?”.

El Maestro, viendo la inocencia del niño, lo agarra, lo carga, lo toma en sus brazos, lo apreta, y le dice:
– “Nada mi amor, te estaba protegiendo, no debí haberte dejado solo. Ven, camina a Mi lado”.
Y siguieron caminando…
El Segundo, el Tercero y el Cuarto, se sintieron un poco avergonzados, pues ellos en su corazón habían tenido celos del niño, que con su brillantez y con sus palabras, lograba decir cosas que los desconcertaban.
El Maestro, se acerca a ellos y los abraza, y les dice:
– “¿Se dieron cuenta?”.
– “Sí, Maestro, ¡cuánta inocencia, Maestro!”.
El Maestro, los abraza, y les dice:
– “Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carriza, sábado 25 de octubre de 2008
Hora: 11:25 a.m.

El niño, vio que el Maestro estaba pensativo, se le fue acercar, más, un Segundo estaba cerca de él, le dice:
– “¡Déjalo!, ¿no ves que Está pensado, no ves que Está orando?”.
El niño, en su inocencia, le dice:
– “Pero yo quiero orar con Él”.
El Segundo, que era un poco impertinente, le pregunta:
– “¿Qué vas a saber tu orar mocoso, si eres un niño?”.
EL niño, se le queda viendo sorprendido, y le dice:
– “El Maestro, dice que yo sé orar, ¿dudas de la palabra del Maestro?”.
El Segundo, se sintió un poco avergonzado viendo la madurez del niño y se retiró discretamente.
El niño, se fue acercando donde estaba el Maestro y se sentó a un lado, quieto, casi no respiraba, para no molestarlo, no se movía.
El Maestro, se voltea, y le dice:
– “Regálame una sonrisa”.
El niño, le dice:
– “¿Una sonrisa, Maestro?”.
– “Sí”, le dice él. “Cuando tu sonríes, sale la luz del Sol”.
El niño:
– “Maestro, si la luz del Sol la llevas Tu todo el tiempo contigo, ¿cómo va a estar en mi sonrisa?”.
El Maestro, le dice con mucho amor:
– “Recuerda que tu caminas conmigo, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 14 de octubre de 2008
Hora: 02:40 a.m.

El Maestro, estaba viendo a un Segundo que se registraba la túnica, buscaba en el piso y no le prestaba atención a sus palabras y buscaba, y buscaba.
Se acerca:
– “¿Qué buscas?”.
– “Ay, Maestro, tenía unas monedas en mi bolsillo y se me perdieron”.
El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “¿Por qué te preocupas?, más adelante hay muchas monedas, las vas a encontrar”.
– “Sí Maestro, pero ya estas las tenía aquí”.
El Maestro, con infinita paciencia, le dice:
– “¿Oístes algunas de Mis palabras?, ¿oístes la fábula que estaba contando? ¿Rezastes acaso conmigo?”.
– “No, Maestro, estaba buscando las monedas”.
El Maestro, le pasa la mano por la cabeza con infinito amor, y le dice:
– “¿Qué es más importante, que hayas perdido tus monedas o que no me hayas oído, ni entendido? Ven, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 09 de octubre de 2008
Hora: 04:39 a.m.

Un Séptimo, logró acercarse a donde estaba el Maestro sentado y lo oyó hablar. Se quedó asombrado porque apenas movía los labios, no alzaba la voz y, sin embargo, sus palabras se esparcían por toda la colina y todos la oían, parecía algo mágico, pero lo que más le llamó la atención era su paz, su serenidad, y pensó:
– “¿Podré yo algún día, encontrar esa paz y esa serenidad?”.
El Maestro, se voltea, se le queda viendo, y le dice:
– “Sigue caminando conmigo, que la encontrarás”.
¡Se sorprendió tanto!, le había leído los pensamientos y una lágrima deslizó por su mejilla recordando las veces que había pensado que era fastidioso caminar tanto, que le dolían los pies, que le molestaba el calor.
El Maestro, se voltea, lo mira con mucho amor, y les dice:
– “Es cierto, más, sigamos caminando…”.
Y el Maestro, se voltea, y le dice:
– “¿Por qué se sorprenden, no sabéis acaso, que no hay nada en este mundo que Mi Padre no sepa? Quién Soy Yo, sino el Hijo de Mi Padre”.
Se sintió un silencio, había una gran paz, el niño dormía recostado en un Segundo, plácido, nadie quería hablar, había una armonía en el ambiente, algo tan hermoso.
El Maestro, se les queda viendo, y les dijo:
– “Veréis, lo lograréis, sólo tenéis que caminar a Mi lado, como Yo camino en el vuestro”.
Todos se sorprendieron y Él se sonrió:
– “¿Por qué se sorprenden, no saben acaso, que siempre Estoy con ustedes? Sigamos caminando…”.
El niño, se despierta de las piernas del Segundo y se estira, y los oye hablar entre ellos, y murmurar.
El niño, que era un poco inquieto los estaba oyendo y se acercó al Maestro, y le dice:
– “Maestro, Maestro”, halándolo por la túnica. “Maestro, Maestro”.
– “Dime”, le dice Él con aquella paciencia.
– “¿Es cierto lo que están diciendo?”.
El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “¿Qué es lo que están diciendo?”.
El niño, le dice:
– “Como que no es cierto”.
El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “¿Por qué no es cierto?”.
– “Bueno, porque si no, Tu supieras lo que te iba a preguntar”.
El Maestro, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “¿Qué quieres oír, que si puedo saber lo que venías a preguntarme o, que si tengo una respuesta para darte?”.
El niño, se sorprendió, se quedó un poquito… no entendió mucho. Se quedo viendo los ojos del Maestro y había una luz tan hermosa, y lo invadió esa paz. Sonrió, se recostó en las piernas de Él, y él le dijo:
– “Maestro, Tú también eres algo niño, te pareces a mí”.
El Maestro, sonrió, le acarició la cabeza, y le dijo:
– “Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 28 de septiembre de 2008
Hora: 08:00 p.m.

El niño, iba caminando al lado del Maestro y asomándose por la ladera de una montaña, vio las ruinas de una ciudad, y le dice al Maestro:
– “Maestro, ¿qué es eso?, ¿por qué la ciudad está en ruina?”.
El Maestro, se voltea, le hace un cariño, y le dice:
– “Porque no caminaron conmigo, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 15 de septiembre de 2008
Hora: 12:59 a.m.

El Primero, estaba sentado en una colina. Se acerca uno de los Segundos, acompañado de un Tercero, y le dice:
– “Maestro, Maestro, ¿ves aquel grupo que viene? ¿Los dejamos que pasen?”.
El Maestro, sorprendido se voltea, y le dice:
– “Por supuesto, todos son bienvenidos”.
El Segundo y el Tercero, se quedaron mirándose los unos a los otros:
– “Maestro, ellos han hecho mucho daño”.
El Maestro, se les queda viendo, y le dice:
– “No saben, que los que han hecho más daño, son los que Me tienen que ver”.
El Segundo y el Tercero, se rascaron la cabeza sorprendidos:
– “¡Maestro!, ¿y entonces? ¿Qué diferencia hay, entre los que nos portamos bien y los que se portan mal?”.
El niño, que estaba jugando y que estaba cerca, le hala la túnica al Segundo, y le dice:
“¡Chico!, ¿no sabes que, para un padre, ningún hijo es malo?”.
El Maestro, se sonríe ante la sorpresa de ese Segundo y de ese Tercero, y les dice:
– “Tengo que enmendarles el camino, tienen que aprender”.
El Tercero, no estaba muy convencido y le dice arrodillándose frente a Él poniéndole la cabeza en su regazo:
– “Maestro, ¿y todo el sacrificio que hemos hecho nosotros, para ser buenos?”.
El Maestro, le levanta la cara, le acaricia la mejilla, y le dice:
– “¿Fue un sacrificio? Mejor, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…

El niño, se había ido corriendo, bajó la ladera y se encontró con el grupo que estaba subiendo. Se pone las manos así, -En la cintura- y le dice:
– “¿Ustedes son los malos que están buscando al Maestro?”.
Ellos se miraron sorprendidos, se pararon.
El niño, se les queda viendo, se dio cuenta de que quizás había hecho algo malo, en eso les dice:
– “No se preocupen, lo que pasa es que el Maestro es tan bueno que, ya sabe quiénes son ustedes”, y sale corriendo.
Ellos avergonzados se quedaron parados, no se atrevían a moverse, no se atrevían a seguir:
– “¿Qué hacemos?”.
Y de repente, silenciosamente se les aparece un hombre con una apariencia muy suave, con una gran luz, y les dice:
– “Al que buscáis, ya lo habéis encontrado”.
Ellos bajaron la cabeza, todos avergonzados.
Él alarga su mano, les da la bendición, y les dice:
– “Sigamos caminando, sois bienvenidos”.
El Segundo y el Tercero no estaban conformes con lo que había pasado, porque veían al Maestro hablar con todos los que eran malos, sentados alrededor y estaban hablando entre ellos:
– “Y no es justo, y no me parece, y yo no sé qué”.
El niño, que los estaba oyendo, se les acerca, y les dice:
– “¿Es qué ustedes no confían en las palabras del Maestro? Yo, sí”.
Ellos bajaron la cabeza, los dos avergonzados. Se pararon y se acercaron, se sentaron detrás del Maestro, para oír lo que el Maestro le decía a los que ellos sabían que habían sido malos.
El Maestro, les estaba hablando del hijo pródigo, todos bajaron la cabeza.
En eso el Maestro, se voltea y se queda mirando al Segundo y al Tercero con infinito amor, se levantó, se acercó dónde estaban ellos, los abrazó, y les dijo:
– “Sigamos caminando”, y así abrazados, siguieron caminando…
Y los que alguna vez fueron malos y se habían equivocado, se habían quedado sentados.
El niño, se acerca, y les dice:
– “¡Párense!, ¿no oyeron lo que dijo el Maestro?, que sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, jueves 11 de septiembre de 2008
Hora: 08:14 p.m.

El Maestro, estaba sentado, como en una hoguera, tenía muchos a su alrededor.
El niño, que siempre los acompañaba, se había quedado dormido.
Uno de los Cuartos o de los Quintos, le dijo:
– “Maestro, ¿es cierto que Tú vas a regresar?”.
El Maestro, se le queda viendo, se voltea y lo mira, y le dice:
– “¿Es que tú crees que alguna vez, Me vaya a ir?”.
El Segundo, que tenía al niño dormido en su pierna, le dice:
– “Maestro, las escrituras dicen que cuando Tú te vayas, Tú vas a regresar”.
El Maestro, se voltea y se le queda viendo con una cierta interrogante, y le dice:
– “¿Ves al niño que está en tus piernas, durmiendo, relajado con su inocencia?”.
– “Sí, Maestro”.
– “Ahí Estoy. Estoy en ti y Estoy en cada uno de los que están aquí”.
– “Sí, Maestro, eso lo entendemos, pero queremos saber si Tú vas a regresar nuevamente”.
El Maestro, “¡ahhyyy!”, suspira, y les dice:
– “Cada vez que alguien hable en Mí nombre, reciba Mis palabras y las de a conocer, ahí Estaré”.
El Segundo y el Tercero y el Cuarto, le preguntan:
– “Maestro, ¿cómo los profetas?”.
Y el Maestro, se le queda viendo:
– “Los tiempos cambian, hay una evolución en la humanidad, serán luces que vendrán, serán destellos de Mí y en muchas personas Me encontrarán, y a través de sus palabras siempre, siempre Estaré”.
El Quinto, que era medio fastidioso, le dice:
– “Maestro, ¿pero vas o no vas a regresar?”.
El niño, que estaba dormido, se estira, y le dice:
– “Pero no estás entendiendo, que es que nunca se va a ir”.
El Maestro, sonríe, le pasa la mano por la cabeza del niño, y les dice:
– “Sigamos durmiendo, que mañana tenemos que caminar”.

Había amanecido y todos, el Maestro y sus discípulos, el Uno, el Dos, el Tres, el Cinco, los Diez, los ¡uh!, todos los que habían se disponían a caminar.
El niño, se acerca tímidamente al Maestro y lo hala por la túnica, le dice: -En voz muy baja-
– “Maestro, Maestro, Maestro”.
Él se voltea, porque lo oye hablar:
– “¿Por qué hablas tan bajo?”.
– “Es que no quiero que me oigan”.
El Maestro, se sonríe, se sienta, y le dice:
– “¿Qué Me quieres decir?”.
– “Maestro, ¿por qué allá no han entendido, que Tú nunca Te vas a ir?”.
El Maestro, se sonríe y le dice cariñosamente revolviéndole el pelo:
– “Por eso, es que están caminando conmigo. Vente”, le dijo. “Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 03 de septiembre de 2008
Hora: 12:26 a.m.

Habían pasado muchos días, muchas Lunas y muchos Soles, y el Maestro, de repente, les dice a los muchos Unos, Tres, Cuatros, todos los que habían, porque ya habían algunos que ya se habían vuelto Uno, y les dice:
– “Yo quiero caminar un poco solo”.
Todos se quedaron pensativos:
– “¿Y para dónde querrá ir?”.
El Maestro, les hace una seña y se despide:
– “Pronto Estaré de nuevo con ustedes”.
Y se va caminando por un sendero que llevaba al pueblo, al pueblo donde Él había estado, el pueblo donde había una Iglesia, y entró.
El niñito, lo seguía de cerca, pero no se atrevía ponérsele al lado.
El Maestro, entró en la Iglesia, en ese momento no estaban hablando de Él, ni de su vida. Había un gran silencio, la Iglesia estaba casi vacía y de repente, se voltea, y ve al que hablaba muy bonito, al que conocía su vida, lo vio arrodillado en una esquina y lo vio llorar, y lloraba, y había sentimiento en sus palabras.
El Maestro, se le acerca y se arrodilla a su lado, mas, él, el que hablaba tan bonito, no lo vio. Él estaba sumergido en su tristeza, de repente, suena una campana, se para y se dirige subiendo las escaleras, y empezó nuevamente a llegar gente de todas partes, porque las campanas sonaban, BIN-BAN, BIN-BAN.
Y de nuevo empezó a hablar y hablaba tan hermoso, conocía su vida, sus milagros y lo ponía de ejemplo, pero el Maestro está vez lo vio diferente, lo había visto llorar, no había visto a un hombre envanecido, había visto al hombre buscando al Padre, consciente de sus defectos y de sus errores.
Cuando termina que baja las escaleras y se reúne con la gente, el Maestro le pasa al lado y le toca la cara. Él siente como una brisa, mas no logra ver al Maestro, pero esa brisa lo refrescó y lo hizo sentir en paz, y las lágrimas se secaron.
El niño, que era tan impertinente, le dice:
– “¡Maestro!, ¿ese no fue el que el otro día te puso triste?, ¿el que Tú dijiste que no caminaba contigo?”.
El Maestro, se le queda viendo al niño, y le dice:
– “Su dolor es parte de Mí dolor y su tristeza Me acompaña. Así que de nuevo empezó a caminar conmigo”.
El niño, que no entendía nada, sale detrás del Maestro:
– “Maestro, ¿se va a unir a nosotros caminando?”.
El Maestro, se voltea, y le dice:
– “Todavía no, pero lo va a hacer, sí lo va a hacer y lo Estaré esperando”.
Agarró al niño de la mano, y le dijo:
– “Sigamos caminando…”.
Los Cuartos, los Quintos y los Sextos, ven llegar al Maestro. Venía relajado, venía en paz y comentaron entre ellos:
– “Como que le fue bien”.
El niño, que era muy tremendo, se acerca a ellos, y les dice:
– “Si tanto le preocupan lo que le pasa al Maestro, ¿por qué no van con Él?”.
El Maestro, que lo oye, se sonríe y le pasa la mano al niño, y le dice: -Rosaura, se toca el cabello-
– “Ya tú también tendrás tu momento donde caminaras”.
– “¿Solo?”, le dice el niño.
– “No, ya nunca caminaras solo”.
Y siguieron caminando…
Un Quinto, se pregunta:
– “¿Pero por qué esta curiosidad del Maestro de bajar a los pueblos? Se distrae, no nos enseña”.
– “¿Tú crees?”, le dice un Cuarto.
– “¡Claro!, ¿no lo ves? Allá va otra vez a otro pueblo”.
El niñito, se voltea, y le dice:
– “¿Por qué ustedes en vez de estar discutiendo, no lo siguen y se van caminando con Él?”.
Ellos reaccionan y se quedan viendo al niño:
– “¿De dónde salistes tú?, le pregunta un Quinto al niño.
El niño, sorprendido, le dice:
– “Del amor de mis padres”.
El Quinto, avergonzado baja la mirada, le toma la mano al niño, y le dice:
– “Dame un poquito de ese amor”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 20 de agosto de 2008
Hora: 11:29 p.m.

Un Segundo, le dice a un Tercero:
– “¿Te fijaste, que desde que fue a aquel pueblo el Maestro, se retira de noche un rato antes de dormir, a pensar?”.
– “Sí, sí me fije, ¿qué habrá pasado que lo marcó tanto?”.
El niño, que estaba oyendo, les dice:
– “Es que allá hay uno, que no caminó con Él”.
El Segundo y el Tercero se voltean y le dicen al niño:
– “Hay muchos que no caminan con Él”.
El niño, se rasca la cabeza pensativo:
– “Es cierto, yo tampoco caminaba con Él”.
Y sale corriendo, se acerca donde el Maestro, y le hala así: -Rosaura, hace el gesto de que hala una túnica-
– “¡Maestro, Maestro!, no me gusta verte pensativo y triste”.
El Maestro, sorprendido se le queda viendo al niño, y le dice:
– “No Estoy triste”.
– “Ay, Maestro, Estás como estoy yo cuando me quitan mi fruta preferida.”
El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “Sí, es cierto, la ventaja es que ese árbol va a dar más frutos”.
El niño, que no entendía mucho, era muy pequeño, le dice:
– “¿A qué árbol te refieres?”.
– “Al árbol del amor y del conocimiento, y ese que no caminó conmigo, en algún momento, Me lo encontraré y cruzaremos, quizás Me vea cuando cruce el camino, quizás no, pero si te digo una cosa”.
– “¿Qué?”, le dice el niño.
– “Nosotros sigamos caminando…”.
Los Segundos, los Terceros, los Cuartos, los Quintos se preguntaban:
– “Bueno, ¿y por qué este niño tiene esa facilidad para hablar con el Maestro y nosotros no? Todo el tiempo está en conversaciones con el Maestro, y nosotros no”.
El Maestro, que tenía una paciencia, infinita paciencia, se acerca y se les queda viendo con mucha ternura, y les dice:
– “Tiempo tengo para el niño, tengo tiempo para ustedes, más aún, tengo tiempo para hablar con Mi Padre. Sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…

El niño, que lo había oído, lo vuelve halar por la túnica, y le dice:
– “Maestro, ¿Tú también perdiste a Tu Madre, como la perdí yo?”.
El Maestro, se sorprende, y le dice:
– “No… No, Ella siempre Está conmigo”.
El niño, le dice:
– “¿En dónde está que no la veo?”.
El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “Rescatando almas para que caminen conmigo”.
El niño, se recuesta en las piernas del Maestro y sonríe.
El Maestro le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “¿Por qué estás tan feliz?”.
– “Porque si Tú tienes a Tu Madre que trae almas a caminar contigo, quizás fue Ella la que me trajo”.
El Maestro, le mueve la cabeza con sus manos, todo su cabello, y le dice:
– “Así es, fue Mi Madre la que te trajo conmigo”.
Se levanta, extiende la mano, y le dice:
– “Ven pequeñín. Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, viernes, 15 de agosto de 2008
Hora: 10:05 p.m.

Un Segundo y un Tercero, se quedan viendo al Maestro que se alejaba.
El Cuarto, les pregunta:
– “¿No lo van a seguir?”.
– “No, Él nos dijo que quería estar solo, que quería acercarse al pueblo a ver que sabían de Él, que lo esperáramos aquí”.
Y el Maestro, siguió caminando y llegó al pueblo, había un sitio de reunión, una Iglesia y Él entró. Nadie lo reconoció, nadie lo sintió. Él se acercó encantado y vio a una persona que hablaba de Él, decía cosas hermosas, conocía Su vida. Él se quedó maravillado, pensó: “Cuanto ha estudiado, cuánto conocimiento”.
Y el que estaba ahí encaramado seguía hablando de las bondades de Dios, de la generosidad del Padre, del sufrimiento del Hijo y bla y bla y bla y bla.
Termina la conmemoración y baja unos escalones, todo el mundo se acerca a saludarlo y el Maestro que Estaba ahí, no lo reconoció.
En eso, el Maestro ve, que se le acerca una señora, que le costaba mucho acercarse a él, pues la había maltratado y la había humillado, pero ella pensando que era un digno representante de su amor, se acercó a saludarlo. Y él envanecido, que tenía tanto bla, bla, bla, se volteó y la ignoró.
Y el Maestro, sintió como le clavaban una daga nuevamente en el corazón. Se acercó donde estaba la señora y le pasó suavemente la mano por el rostro. Ella se volteó y lo miró, no se dijeron nada, mas, ella sintió una gran paz y se retiró caminando lentamente.
En eso el Maestro siente, que le halan de la túnica, era el niño que lo seguía a todas partes, y le dice:
– “Maestro, Maestro, ese hombre que habló tanto y tan bonito, ¿caminó contigo?”.
El Maestro, se sonríe, y le dice al niño:
– “El no, más aquella que va caminando allá, ella sí”.
Lo agarró de la mano y siguieron caminando…
El Maestro, se acercó donde estaban todos los Segundos y Terceros con el niño de la mano.
Un Tercero, que era bien arriesgado le preguntó:
– “Maestro, ¿cómo Te fue?”.
El Maestro, se le queda viendo y antes que pudiera responder el niño en su inocencia, le dijo:
– “Yo creo que no le fue bien, porque viene triste”.
El Tercero, le dice:
– “Maestro, ¿qué pasó?”.
El Maestro, le contestó:
– “Falta tanto camino por andar, mejor descansemos, porque nos falta mucho todavía”.
El Maestro, les dice:
– “Vamos a sentarnos aquí a hablar”.
Todos se sentaron alrededor de Él.
El niño, que ya estaba cansado, se quedó dormido en las piernas del Segundo, y el Maestro les dice:
– “Ustedes han caminado conmigo, han vivido conmigo, han sentido conmigo, el conocimiento que tienen lo tienen de Mis experiencias compartidas con ustedes. Mas, ¡ay, de aquellos, que hablan de ellas como si fueran suyas y el ahora de Dios no están complementados!, mas no la practican. ¡Ay, de ellos! Cuánto sufre Mí corazón, cuánto Me invocan, cuánto invocan a Mí Padre.
¡Ay, de ellos, que lejos están de ser lo que predican ser!
Debéis tener conciencia de esto, para que juntos sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo, 10 de agosto de 2008
Hora: 01:49 a.m.

Un Segundo, le dice al Primero:
– “Maestro, ¿oíste, a ese caminante recostado en la roca, lo que dice?”.
El Maestro, se voltea, y le dice al Segundo:
– “Lo oí”.
– “Y entonces, Maestro, ¿Qué hacemos?”.
– “Acercarle a el camino y que camine con nosotros, y sigamos caminando…”.
El Maestro, se acerca al que ya se había levantado de la roca donde estaba sentado, y le dice:
– “¿Encontrastes el camino?”.
– “Sí, Maestro”.
– “¿Vistes que solo tenías que serenarte, mirar con calma el sendero y él te llevaba a Mí?”.
– “Sí, Maestro”.
– “Ven, sigamos caminando…”.
El Tercero, le dice al Maestro:
– “Maestro, ¿por qué él no ha encontrado el camino si lo tenía delante de sus ojos?, ¿será qué tenía que encontrar una persona que lo ayudará a encontrarlo?”.
El Maestro, le acaricia la cabeza, y le dice:
– “Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 19 de julio de 2008
Hora: 11:15 p.m.

El Maestro, estaba sentado, eran como las 10:00 de la mañana de un día soleado, hermoso. Se sentía el trinar de los pájaros y la brisa suave del viento, y Él les hablaba muy entusiasmado a los Segundos, a los Terceros, a los Cuartos y a tantos que estaban a su alrededor, y se veía contento, se veía feliz.
El niño, que estaba parado a una corta distancia, mas no oía lo que decían, pensaba para sí mismo:
– “Cómo me gustaría estar ahí y saber de lo que están hablando, para yo también reírme”.
En eso, le pasó una mariposa hermosa con los tonos del arco iris en sus alas y se le posó en la mano, no se le movía. El niño, la miraba extasiado y con mucho cuidado se acercó al Maestro, y le dijo:
– “Maestro, mira lo que traigo de regalo”.
El Maestro, se voltea, lo mira con infinito amor, y le dice:
– “Hermosa, ¿verdad?”.
– “Sí”, le dice el niño. “¡Es muy hermosa!”.
– “Y si es tan hermosa”, le contesta el Maestro. “¿Por qué estás tan serio?”.
El niño, apenado baja los ojos, le pasa la mariposa con su mano, que se posó en la mano del Maestro. Él la sopla y la deja partir.
El niño, seguía apenado y el Maestro, le dice:
– “Me has traído un regalo muy hermoso, Me has traído la Luz, Me has traído el arco iris, Me has traído vida, ¿por qué estás tan apenado?”.
Y el niño, le dice:
– “Porque yo quiero estar sentado a Tú lado y reír contigo, como ríen todos”.
El Maestro, le acerca su pecho, lo abraza, y le dice con mucha dulzura:
– “¿Tú crees que necesitas estar a Mí lado?, ¿no crees acaso, que son ellos los que necesitan estar a tú lado?”.
Y siguieron caminando…
Los Segundos y unos Terceros, se acercaron al Maestro, y le dijeron:
– “Maestro, siempre que ese niño está cerca, te ves encantado, ¿qué te da él que no te damos nosotros?”.
El Maestro, se le queda viendo, y les dice:
– “Ustedes me dan su tiempo a cambio del conocimiento, ustedes me dan su confianza a cambio de la seguridad que les doy, ustedes me dan su comida porque Yo comparto la Mía con ustedes. Mas, él me da su alegría, lo mejor que tiene, su inocencia, su paz”.
Y siguieron caminando…
Un Quinto, que era muy pensativo y muy sereno, además era conciliador, suspira, y se acerca al Maestro:
– “Maestro, los años no pasan en balde”.
El Maestro, se le acerca, y le dice:
– “Sí, Yo lo sé, ¿más tú crees qué ellos lo sepan todavía?”.
Y siguieron caminando…
El Maestro, le dice al Quinto:
– “Dime, tú que eres conciliador y sabio, ¿Cuántos de ellos crees tú que Me siguen realmente para, aprender, realmente para crecer?, ¿Cuántos crees tú?”.
– “Maestro”, le dice el Quinto. “Hay muchos, hay muchos que creen en Ti, hay muchos que creemos en Ti”.
El Maestro, le dice:
– “Lo has dicho, hay muchos, más no son todos”.
Y siguieron caminando…
El Maestro, le dice al Quinto:
– “Voltea y mira allá, mira al niño, tiene otras mariposas posadas en sus manos, no las daña, no les hace nada, solo las contempla y se ríe, las disfruta, y las deja ir”.
– “Maestro”, le dice el Quinto. “¿Nosotros somos también como mariposas?”.
El Maestro, les dice con mucho amor:
– “También los debo dejar ir”.
Y siguieron caminando…
El Maestro, se acerca al niño, y le dice, tomándolo de sorpresa:
– “Puedes venir a caminar con nosotros”.
El niño, se sonríe, y le dice:
– “¡Cierto!, ¿puedo ir a caminar con ustedes?”.
– “Claro”.
Un Tercero, que era medio quisquilloso, le dice:
– “Maestro, es un niño pequeño hay que atenderlo, hay que cuidarlo, ¿y sus padres?”.
El Maestro, se voltea, y le dice:
– “Nosotros seremos sus padres y seremos sus madres, ¿no ves acaso, que anda solo?, que quedó huérfano. Lo cuidaremos y lo atenderemos”.
– “¡Maestro!”, le dice él. “¿Pero Tú no sabes que nos va a quitar tiempo?”.
El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “¿Y qué es el tiempo?”.
El Tercero, le dice:
– “El tiempo, Maestro, las horas”.
El Maestro, le dice:
– “¿Y quién inventó el tiempo?”.
– “Maestro”, y se quedó callado, no supo que contestar.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo, 13 de julio de 2008
Hora: 12:50 a.m.

El Maestro, estaba caminando con muchos Dos y Tres y Cuatro y Cinco y Seis, pero muchos.
Todos les seguían atentos a ver que Él decía.
De repente, Él se para a mitad del camino y les llega, y les señala un sembradío lleno de árboles con frutos, muchos árboles con frutos.
El Maestro, les dice:
– “Al Dos, ¿tú qué ves?”.
– “Ay, Maestro, ese árbol no tiene fruto”.
El Maestro, se voltea, y le dice a un Tres:
– “¿Y tú qué ves?”.
– “Maestro, allá hay un árbol y allá hay otro árbol que tampoco tienen frutos”.
Le pregunta a un Cuarto y a un Quinto, y todos le respondían:
– “Ahí vemos a un árbol, dos árboles que no tienen frutos”.
Y en eso el Maestro, ve que venía el niño caminando, le hace señas y él se acerca, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “¿Qué ves ahí?”.
El niño, invoca una sonrisa, y le dice:
– “Muchos árboles con frutos, ¡uhm!… ¡qué rico!… ¡cuántos frutos hay!”.
El Maestro, sonríe, se queda mirando a los Segundos y a los Terceros y a los Cuartos y a los Quintos.
Todos estaban sorprendidos porque el Maestro estaba feliz con la respuesta.
El niño, viendo que todos habían puesto cara seria, les dice:
– “¿Dije algo malo, Maestro?”.
Y el Maestro, sonriendo, le dice:
– “No. Vistes lo que tenías que ver, lo que Yo quería que ellos vieran, por eso seguirán caminando”.
Y siguieron caminando…
Un Cuarto, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Pero bueno Maestro, Tú nos dijiste que viera… Tú no nos dijiste que viéramos los árboles con fruto, Tú nos dijiste que viéramos”.
El Maestro, les dice a todos:
– “Siéntense”.
El niño, se había alejado correteando feliz comiéndose uno de los frutos.
Cuando todos estaban sentados alrededor de Él, les dijo:
– “Habían muchos árboles con fruto y solo habían dos que no tenían, más ustedes solo se fijaron en lo que no había, no en lo que mi Padre tan generosamente les da. El niño en su inocencia solamente vio los frutos, ¡ay, de ustedes si dejan de ser niños!”.
Y se paró, y les dijo:
– “Sigamos caminando” …
El niño, se termina de comer el fruto y sale corriendo donde está el Maestro, y le dice:
– “Maestro, Maestro”, lo jalaba de la túnica.
– “Maestro, ¿yo puedo caminar contigo?”.
El Maestro, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “Soy Yo el que debería caminar contigo”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 07 de julio de 2008
Hora: 12:25 p.m.

El niño, se para de la roca, sale de la orilla del mar y se va caminando hacia el bosque. Inquieto y observador como era, se queda mirando un árbol frondoso, miraba sus hojas, pero como era pequeño y el árbol era de tronco recto, muy recto no podía llegar a donde estaban las hojas que quería alcanzar, se puso triste.
En eso, el Maestro, que estaba reunido con muchos Dos y muchos Tres, y muchos Cuatros, y muchos Cincos, ve a lo lejos al niño y sintió su tristeza, y se acercó.
El niño, lo miraba sorprendido:
– “¡Hola, volviste!”.
Él le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “Dime, ¿por qué estás triste?”.
– “Es que el árbol es tan recto, tan recto, tan recto que no puedo alcanzar las hojas que quiero ver”.
El Maestro, lo toma de la mano, y le dice:
– “Ven caminemos”.
Y se acercaron a otro árbol igual de hermoso solo que el tronco no era tan recto, el tronco era medio ondulado, y le dice:
– “Móntate en este tronco, alcanza las hojas y baja”.
El niño, sonriendo y feliz sube por el tronco ondulado, agarra las hojas, le enseña el trofeo al Maestro sonriendo, pero como era inquieto y preguntón, le dice:
– “Maestro, ¿por qué este árbol está ondulado, torcido y no está recto cómo el que está al lado?”.
El Maestro, le dice:
– “Muchas veces, lo que creemos que es tan recto nos impide llegar a las cosas ciertas y este que estás viendo está ondulado, que ha sido maltratado por el viento, que ha crecido torcido porque no tiene sitio fijo donde fijarse te permitió llegar a tocar sus hojas”.
El niño, que era muy pequeño no entendía muy claro lo que le estaba diciendo el Maestro, pero un Segundo y un Tercero que estaban oyendo, se le acercan, y le dice:
– “Maestro, cuan grande eres”.
Y el Maestro, se voltea y se le queda viendo con mucho amor, y le dice:
– “Así es, así es la vida, no siempre lo que creemos que es, es y a veces las vicisitudes, y las cosas que nos pasan nos hacen después crecer. Así como este árbol frondoso, mira la alegría de este niño”.
El niñito, estaba extendiendo su mano y enseñando con orgullo a los Segundos, y a los Terceros, y a los Cuartos las hojas que había agarrado.
Un Cuarto, que era de lo más sabiondo, le dice:
– “Pero si lo que tienes en la mano son hojas, mira cómo está el suelo llena de ellas”.
El niño, se le queda mirando, y le dice:
– “Sí, pero esas cayeron y están muertas en cambio estás, están llenas de vida”.
El Maestro, se sonríe, le pasa la mano por la cabeza al niño, y le dice a los demás:
– “Sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Un Quinto, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, lo del árbol recto, ¿Qué nos quisiste decir?”.
El Maestro, le dice:
– “Cuántas cosas se han hecho creyendo que era lo correcto y lo que se tenía que hacer, y cuánto han alejado la verdad. Mejor, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
El Maestro, ve que el niño después de haber hablado con un Quinto estaba como triste y se le acerca:
– “¿Qué te pasa?”, le dice.
Él le enseña su manito, las hojas.
– “Él me dijo que solamente eran hojas”.
El Maestro, le dice:
– “¿Y tú qué ves?”.
– “Mira”, le dice él. “Este es un verde brillante, hermosa y mira está, a está le caminó una hormiguita, y está tiene un tono como dorado”.
El Maestro, le dice:
– “Cuan sabio eres aun siendo tan pequeño. Vente sigamos caminando”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 26 de junio de 2008
Hora: 12:30 p.m.

Un niño, se acerca a la orilla de la playa y se queda viendo el movimiento de las olas que iban y venían. Cuando trataba de agarrarla, la ola retrocedía.
El niño, se queda mirando y pasa horas mirando como se iba y como regresaba. De repente, se da cuenta que hay un hombre sentado en una roca cercana a la orilla de la playa y se acerca, y le dice:
– “Señor, ¿usted también está contando cuántas veces va y cuántas veces viene?”.
Él sonríe, le pasa la mano por la cabeza del niño, y le dice:
– “Mejor es que tengas mucha paciencia porque esto no se detiene”.
El niño, le dice:
– “¿No se detiene nunca?”.
– “Nunca”, le da un beso, se levanta de la piedra y se aleja caminando.
El niño, ve como mucha gente lo rodea, hablaban entre sí y oye cuando uno le pregunta:
– “Maestro, ¿Qué quería saber el niño?”.
El Maestro, se queda mirando al número Tres, que le había preguntado, y le dice:
– “La sabiduría”.
Y siguieron caminando…
– “Maestro”, le dice el Segundo. “¿Cómo que la sabiduría?, ¿es que acaso un niño tan pequeño pude ser sabio?”.
El Maestro, se le queda viendo, y le dice contemplando la orilla del mar:
– “¿Qué ves tú ahí?”.
– “Maestro, el mar, agua”.
El Maestro, sonríe, y le dice:
– “El niño veía el vaivén de las olas, como iban y venían, y se preguntaba si algún día se acabaría o si seguirían, y hasta las estaba contando”.
– “Y eso Maestro, ¿Qué es?”.
– “Ya te lo dije, sabiduría”.
Siguieron caminando…
El sigue contemplando el mar, se desprende de sus discípulos y se acerca al niño, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “¿Qué es lo que te preocupa?”.
El niño, levanta sus ojos, y le dice:
– “¿Se pondrá muy alta la ola cuando se pone bravo?”.
El Maestro, le dice:
– “Así es, por eso es que hay que mantenerla suave y calmada”.
El niño, suspira, y le dice:
– “Cuando se retira deja conchas marinas en la arena, pero cuando regresa se las lleva. Si no le arranco rápido las conchas y las sostengo con mis manos el agua me las quita”.
El Maestro, le hace cariño al niño en la cabeza. Ya muchos Segundos y Terceros se habían acercado y oían el diálogo que había entre los dos.
El Maestro, levanta la mirada, los ve a todos, y le dice al niño:
– “Abre tú mano”.
El niño, la abre y tenía una hermosísima concha de mar, le dice:
– “Baja la mano con suavidad y deja que el mar te acaricie la mano”.
El niño, lo hace y lo vuelve a hacer, y se empieza a reír, y le dice:
– “¡No se la lleva!”.
Y el Maestro, le dice:
– “Todo lo que se hace con amor, con alegría, con gracia siempre la tendrás en la mano”.
Se para, y le dice a los demás:
– “Sigamos caminando…”.
Un Sexto, le dice a un Quinto:
– “¿Yo no sé por qué el Maestro perdió tanto tiempo con ese niño? Al fin y al cabo, le dedica más tiempo a ese niño que a nosotros que estamos caminando con Él”.
El Maestro, que todo lo oye se acerca y les dice:
– “Cuando vosotros seáis como el niño estaréis más a Mí lado”.
Ellos bajan la mirada avergonzada, y le dicen:
-Maestro, no te quisimos ofender, es que quisiéramos compartir más contigo y a veces, no entendemos lo que nos dices”.
El Maestro, les dice:
– “¿Qué tienes en la mano? Ábrela”, la abre y no tiene nada.
Se acerca, le pasa la mano por el pelo, y le dice:
– “Ve a la orilla, agarra una concha marina y sé cómo el niño”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, edo. Miranda, Carrizal, miércoles 18 de junio de 2008
Hora: 12:39 a.m.

El Primero, iba caminando y lo seguían el Segundo, el Tercero, Cuarto y muchos Segundos y Terceros y Cuartos. Iba por un camino y de este lado era solamente tierra árida, seca y el viento la levantaba y le caía en su ropa… más en el otro lado del camino había un pasto verde, árboles con frutas, habían flores y el Maestro seguía caminando y caminaba, y de un lado le caía el aroma de las flores y del otro lado su túnica se ensuciaba con la tierra árida que levantaba el viento seco.
Un Tercero, se le acerca:
– “Maestro, Maestro, ¿por qué en este lado hay tanto verde?… es tan hermoso y del otro lado es tan árido… si lo que separa es un camino”.
El Maestro, se voltea con mucho amor, se le queda mirando, y le dice:
– “Dichoso tú qué sabes ver el verde… pero, hay muchos que solamente ven lo árido”.
Un Segundo, que estaba oyendo se sorprende, y le dice:
– “¿Maestro, pero no estamos caminando para que todo se ponga verde?”.
El Maestro, le señala el camino, y le dice:
– “¿Cuánto crees tú que falta?”.
El Segundo, se asoma por detrás del Maestro:
– “¡Uy, Maestro!… falta mucho”.
El Maestro, le dice:
– “Sí, por eso tenemos que seguir caminando”.
Y siguieron caminando…
Un Quinto, se le acerca, y le dice:
– “Pero bueno Maestro… Tú nos dijiste que aún en la tierra árida se movía la vida… hay insectos que se arrastran, que se mueven, que vuelan… hay minerales… hay creación del Padre”.
El Maestro, se le acerca, y le dice:
– “Es cierto, lo que dices es cierto”.
– “¿Entonces?”, le dice ese Quinto nervioso y fastidioso.
– “¿Por qué tenemos que seguir ese camino tan largo?… si de todas maneras aun en lo árido Tú nos enseñaste que hay vida”.
El Maestro, con infinita paciencia, le dice:
– “Porque al final del camino lo árido y lo verde se unen. Así que sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Un Sexto, que no estaba muy claro oyendo toda la conversación… se le acerca al Maestro, y le dice:
– “¿Maestro… pero, no será que tiene que haber un lado árido y un lado verde… así como hay la luz y la noche y así como hay un día?”.
Y se ponía todo nervioso porque era la primera vez que se atrevía acercarse al Maestro.
El Maestro, se le queda viendo, se queda pensativo, y le dice:
– “Sí, es cierto… hay una noche y hay un día… y hay una noche y hay otro día… y hay una noche y hay otro día… así que sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 07 de junio de 2008
Hora: 12:05 a.m.

Un Segundo, se acerca a un Tercero y a un Cuarto, y les dice:
– “¿Vieron lo que se acerca?”.
El Cuarto, se voltea… se queda mirando, y dice:
– “Sí, la oscuridad”.
El Maestro, que los estaba oyendo, les dice:
– “No miren la oscuridad… vean hacia allá, hacia el frente… ¡cuánta Luz!”.
El Quinto, que estaba oyendo… se acerca, y le dice al Maestro:
– “Maestro, ¿por qué si Estás Tú… hay tanta oscuridad?”.
El Maestro, le pasa la mano por la cabeza, y les dice:
– “¿Vieron esa Luz?”.
– “¡Claro Maestro!… hacia allá vamos”.
Y el Maestro, les dice:
– “¿Para qué vamos allá?”.
Todos se sonrieron:
– “Maestro, porque está la paz”.
El Maestro, se voltea y mira hacia atrás donde está la oscuridad, y les dice:
– “Cuando lleguemos allá tenemos que regresar a llevar la Luz… así que, sigamos caminando… se hace tarde”.
Unos a otros se miraron, no entendían… y el Maestro les vuelve a decir:
– “No vamos a caminar a ver la Luz, vamos a llevarla, a buscarla y llevarla con nosotros”.
El Quinto, seguía sin entender, y le dice:
– “Maestro, aunque lleguemos a la Luz, ¿vamos a seguir caminando?”.
El Maestro, mira hacia la oscuridad, y les dice:
– “Mientras haya oscuridad, seguiremos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 11 de mayo de 2008
Hora: 05:07 a.m.

El Primero, ve que hay muchos Segundos y muchos Terceros, y se sonríe.
Y sigue caminando…
Un Segundo, que lo estaba viendo, le dice al Tercero:
– “¿Vistes?… se está sonriendo cuando nos mira”.
El Tercero, que era muy analítico y pensativo, le dice:
– “Nos ama”.
El Segundo, se rasca la cabeza, se queda pensando:
– “¿Lo amaremos nosotros igual?”.
Y se voltea y ve al Primero, que brillaba… se alejaba caminando y brillaba, y pensó:
– “Algún día yo voy a brillar como Él”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 03 de mayo de 2008
Hora: 04:51 p.m.

Un Segundo, a veces se preguntaba:
– “¿Y qué hago yo caminando tanto? Y pasan los días… y caminamos… y caminamos”.
Un Tercero, que estaba a su lado, lo ve pensativo, y se le acerca:
– “¿Qué te pasa?”.
– “Es que no sé”, le dice el Segundo. “Caminamos y caminamos”.
– “¿Y?”, le dice el Tercero.
– “No veo nada nuevo, no siento nada nuevo”.
El Tercero, alarmado se le queda viendo, y le dice:
– “Tu, que estás a un Segundo, que eres un Segundo y estás tan cerca, ¿dices eso?
¿Qué me esperará a mí?”.
El Segundo, se dio cuenta de lo que había dicho y vio que el Primero lo miraba, más le vio una sonrisa en el rostro.
El Primero, viendo la angustia del Segundo y el desconcierto del Tercero se acercó a ellos, y les dijo:
– “¿Qué os preocupa? A veces, Yo también me siento cansado de caminar”.
Y siguieron caminando…

El Segundo, le dice:
– “¿Tú también Maestro?, pero si Tu todo lo puedes, si Tu todo lo sabes”.
El Maestro, le dice con infinito amor:
– “Cuando consigo un árbol quemado, cuando consigo un ave en el suelo, muerta por el hombre. Cuando consigo la aridez en sus corazones, Me siento cansado”.
El Segundo y el Tercero se miraron y el Primero sonriente les pasa la mano por la cabeza, y les dice:
– “Pero cuando veo que al árbol le sale un retoño y que de esa ave caída se alimentan los insectos, y hay vida a su alrededor, levanto Mí mirada, y veo el cielo tan azul. Me levanto y sigo caminando.
Sigamos caminando” …
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 18 de abril de 2008
Hora: 05:30 p.m.

Un Cuarto, que venía caminando detrás de un Tercero y un Segundo, le pareció ver al Maestro, que se doblaba y le dolía, y pensó:
– “¡No hombre…! Cómo le va a doler a Él… a Él no le puede doler nada”.
Pasó un día… pasó otro… estaban sentados alrededor de una hoguera.
Y vio como el Maestro hizo un gesto…
– “Como que sí le dolía… No, no, no, eso es que lo estoy imaginando… cómo le va a doler a Él… si Él es el Maestro… si Él es Dios… a Él no le puede doler”.
Pero se quedó con la curiosidad y cada vez que veía al Maestro hablar o caminar lo observaba.
Y así pasaron los días y los días.
Caminando pasó al Tercero, al Segundo y llegó hasta el Primero. Y le notó gesto de dolor… se sorprendió tanto, que no podía hablar.
El Maestro, se voltea, lo mira con infinito amor, y le dice:
– “¿Por qué te sorprendes… no sabes que los amo a todos?”.
El Cuarto, se quedó avergonzado… bajo la mirada.
El Maestro, se acercó, le pasa la mano por la cabeza, y le dijo:
– “Ten presente, cada día el dolor es menor mientras tú camines a Mí lado”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo Miranda, Carrizal, domingo 06 de abril de 2008
Hora: 07:00 p.m.

Un Quinto, que venía caminando silenciosamente, pasaba los Terceros, los Cuartos, los Segundos más, no llegaba al Primero, siempre algo se lo impedía. Y así fueron pasando los días, y los días, y no llegaba al Primero.
Mas un día el Maestro viendo lo que sucedía, se abrió a pie a paso, entre todos, recorrió el camino, llegó hasta ese Quinto, y le dijo:
– “Ya que no llegas a Mí, Yo llego a ti… Sigamos caminando…”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 30 de marzo de 2008
Hora: 07:45 p.m.

Unos Cuartos y unos Quintos, se acercaron a un Segundo y a un Tercero que hablaban, y le preguntaron:
– “¿Usted sabe dónde Está el número Uno, el Maestro?”.
Ellos se voltearon, y le dijeron:
– “¿Ven allá al fondo en la ladera de la montaña? Él Está sentado, sigan derecho por este camino que van a llegar a Él”.
Esos Cuartos y esos Quintos se despidieron de los Segundos y de los Terceros, siguieron caminando y llegaron a la ladera de la montaña; habían muchos Terceros y muchos Cuartos, y muchos Quintos, y muchos Segundos, pero muchos. Como pudieron, pasaron entre unos y otros porque querían ver de cerca al número Uno, al Maestro. Ahí, habían oído hablar tanto de él.
Poco a poco fueron subiendo, disculpándose con la gente que apartaban, con los Segundos, los Terceros, los Cuartos, hasta que, por fin en una distancia de aproximadamente 2 metros, se sentaron.
El Cuarto, le dice al Tercero:
– “¿Viste cómo nos dejaron pasar?, nadie se molestó y llegamos hasta aquí”.
En eso el Primero, se les queda mirando, ellos se sorprendieron.
– “¿Será que nos oyó?; todos dicen que es muy especial”.
El Maestro, se levanta, se acerca hasta donde ellos están, y les dice:
– “¿Por qué se sentaron ahí?”.
Ellos, sorprendidos, dicen:
– “Maestro, sólo hay 2 metros para llegar a Ti”.
El Maestro, se les queda viendo, y les dice:
– “Para ustedes son 2 metros, que son como 2 kilómetros; para Mi fue tan fácil, sólo Me levanté, di unos pasos y llegué a ustedes”.
Ellos se quedaron sorprendidos, no entendían nada y el Maestro se devolvió, y se volvió a sentar; los demás que estaban ahí, que eran muchos, pero muchos Segundos, Terceros y Cuartos, sonreían, se veían felices, y ese Tercero y ese Cuarto, se preguntaron:
– “Mira, ¿vistes a los nuevos Cuartos y Quintos?, están como sorprendidos. Vamos a ayudarlos”.
Se levantaron, se acercaron, y les dijeron:
– “El Maestro, lo que quiere es que ustedes den los pasos, eso es todo lo que quiere el Maestro”.
Ellos seguían sin entender nada.
El Maestro se vuelve a levantar, se acerca a ese Tercero y a ese Cuarto que se habían acercado al Cuarto y al Quinto, y les dice:
– “Tranquilos, lo que pasa es que ellos quisieron llegar muy rápido y no se detuvieron a pensar, ni a sentir. Levantémonos y sigamos caminando”…
Se levantó y empezó a bajar la ladera de la montaña, se veían muchos, como hormigas, ya eran tantos; ya el Cuarto y el Quinto no se distinguían, estaban hablando muy animosos con los demás y el Maestro, se para de repente, se voltea, se les queda mirando, baja la mano, agarra un puñado de arena, la mira, la toca, se sonríe y siguieron caminando…
Los nuevos Cuartos y Quintos seguían sin entender nada, pero se sentían contentos y felices. Todos estaban ahí, se ayudaban entre ellos y eso para ellos era algo nuevo, y lo estaban disfrutando; no se querían hacer muchas preguntas, pero un día vieron que el Maestro, se levantó y se fue montaña arriba, solo, y vio que ninguno se preocupaba en seguirlo.
Se acercaron al Segundo y al Tercero que habían encontrado al inicio del camino, y le preguntaron:
– “¿Para dónde va el Maestro?”. -En voz baja-
Los Segundos y los Terceros se voltearon, se les quedaron mirando y les dijeron con mucha alegría:
– “A reunirse con su Padre”.
Esos Cuartos y esos Quintos:
– “¿Y por qué nos dejan a nosotros aquí?, ¿por qué nosotros no podemos ir con Él?”.
Los Segundos y los Terceros: “¡Ay!”, suspiraron, y le dijeron:
– “Él necesita su tiempo, necesita hablar con Su Padre; cuando nosotros estemos listos, hablaremos con el Padre, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Los Cuartos y los Quintos nuevos, seguían sin entender nada, pero se seguían sintiendo a gusto con el grupo.
Pasaron los días…
El Maestro, se acerca a ellos, y les dice:
– “Agachen la mano y vamos a recoger arena del camino, cada uno va a agarrar un poquito y la va a poner en el centro de su mano”.
Ellos se miraron sorprendidos… “agarrar arena del camino” … bueno, pero bajaron la cabeza y la recogieron, levantaron la mano. El Maestro, también había agachado la mano y había recogido arena del camino, entonces, les dice:
– “Enséñenme lo que tienen en la mano”.
A cada uno de ellos, ellos extendieron sus manos.
– “Fíjense bien”, les dice el Maestro. “¿Cómo es tu arena?”.
– “Bueno”, le dice el Cuarto. “La arena tiene unas piedritas, tiene unos pedazos de vegetación”.
El Maestro, le dice:
– “Mira la mano de él, ¿Cómo es su arena?”.
– “Parecida… tiene piedritas, tiene pedazos de vegetación”.
Y el Maestro, le dice:
– “¿Cómo es la Mía?”.
– “Parecida, tiene piedras, pedazos de vegetación”.
Y el Maestro, le dice con infinito amor:
– “Tú lo has dicho, son parecidas mas no, son iguales. Ninguno de vosotros sois iguales, debéis tener paciencia, en algún momento llegareis al Padre como he llegado Yo, así que sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 26 de marzo de 2008
Hora: 11:32 p.m.

El Primero, se acerca silencioso a uno de los grupos y ve que están hablando de la Naturaleza; se acerca a otro grupo y ve que están hablando del ser humano; se acerca a otro grupo y ve que no están hablando de nada, puras incoherencias.
Un Segundo, se acerca, y le pregunta:
– “Maestro, ¿por qué Te quedaste al lado de los que están hablando incoherencias?”.
El Maestro, se voltea, y les dice:
– “Porque en alguna palabra suelta está dicha la verdad, la debo tomar al vuelo”.
– “¿Tomarla al vuelo?”, le dice el Segundo. “¿Para qué?”.
El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “Para que se vuelvan coherentes”.
Y siguieron caminando…
Los grupos se disolvieron, se unieron todos, pues había caído la tarde.
Alrededor de la hoguera se sentaron, unos recostados, otros acomodados. El Maestro, que estaba sentado un poco más arriba recostado de un árbol, los ve a todos, los contempla, eran muchos, estaba llena la ladera de la montaña, eran muchos, era una colina amplia, pero fue observando como el cansancio los vencía y sonreía, levantaba la mano, parecía como si los estuviera acariciando a distancia y se iban quedando dormidos.
Y pasó la noche y amaneció, el Maestro se levanta, se sacude, se estira Su túnica, mira al Cielo, mira al árbol y los ve que estaban empezando a despertar. Unos iban muy lentos en el despertar, otros se despertaron rápido y brincaron, más de uno se quedó que lo tuvieron que llamar:
– “¡Epa!, mira que ya el Maestro está listo, apúrate”.
El Segundo, que ve que el Maestro los estaba observando, se acerca y le pregunta:
– “Maestro… ¿Qué tanto le ves?”.
El Maestro, se voltea, y le dice:
– “A la vida, eso es la vida, unos van despacio, otros más lento, algunos les cuesta despertar, a otros hay que empujarlos, eso es la vida”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 03 de marzo de 2008
Hora: 10:40 p.m.

Un Segundo, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, Te siento preocupado, como si Estuvieras triste”.
El Maestro, que miraba a lo lejos, le pasa una mano por la cabeza, y le dice:
– “No te preocupes, no es nada”.
Pero el Segundo que ya lo conocía, le dice:
– “Maestro, ¿Cómo puedo llegar a Ti y ser como Tú si no me dejas entenderte?”.
El Maestro, se sorprende por la suavidad de las palabras y de la profundidad de las mismas, y le dice:
– “¿Ves aquel Tercero, que está allá, a lo lejos, hablando con todos, dando explicaciones con mucho conocimiento, con mucha lógica?”.
El Segundo, le dice:
– “Sí, lo veo. Maestro, pero, él dice que está muy cercano a Ti”.
El Maestro, le dice:
– “Eso es lo que dice. Y sigamos caminando”…
El Segundo, se quedó un poco preocupado, no entendía lo que el Maestro le quería decir:
– “Maestro, necesito que me ayudes, no comprendo”.
El Maestro, se voltea y ve al grupo que estaba hablando, oyendo, y le dice:
– “¿Tú qué crees, que una hormiga porque sea lenta en su caminar, no lleva muchas veces su comida en sus hombros?”.
El Segundo, se sorprende:
– “¿Y esto que tendrá qué ver?”.
El Maestro, lo vuelve a ver, y le dice:
– “Mira el pájaro, recoge muchas hojas y va haciendo su nido, sin embargo, algunas se le caen y el continúa”.
El Segundo, seguía sin entender, pues el Maestro miraba al grupo donde estaba hablando el que se las sabía todas, el que decía todo.
– “Maestro, ¿Qué me quieres decir?”.
El Maestro, se sonríe con infinita paciencia, y le dice:
– “Cuando a él se le caigan las hojas y cuando no comprenda, de que las hormigas llevan su comida muchas veces, lento y cadencioso en su caminar, Yo estaré ahí”.
Y siguieron caminando…
El Tercero, que le llegaron rumores de la conversación, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, Tú sabes muy bien que nos hiciste a todos diferentes, que cada quien tiene su manera de ver la vida y que cada quien tiene su verdad”.
El Maestro, se le queda viendo con mucho amor, y le dice:
– La verdad es una sola. Cuando las verdades perjudican y dañan a los demás, ya no son una sola; encuentra la tuya y ven, y camina a Mi lado”.
Y siguieron caminando…
El Tercero, que realmente amaba al Maestro y lo quería hacer bien, se sintió un poco triste y se alejó, y se sentó sobre una piedra que había en el camino, había un paisaje precioso.
El Maestro que estaba lejos lo contemplaba.
El Segundo le dice:
– “Maestro, ¿te vas a acercar?”.
– “No, él está creciendo y pronto va a caminar a Mi lado”.

Un niño caminando se acerca a un pueblo, había una revuelta en el centro de la plaza… unos se hablaban, otros se gritaban, otros se insultaban; el niño en su inocencia se acerca, y les pregunta:
– “¿Qué hacen?, ¿por qué discuten?”.
Un señor mayor, que estaba sentado afuera, les dice:
– “Porque todos quieren saber la verdad o tener la verdad”.
El niño, se sorprende, y les dice:
– “¿Y qué es la verdad?, porque si a mí me duele mi barriguita, es verdad que me duele mi barriguita; si yo tengo hambre, es porque tengo hambre y si está lloviendo, es porque está lloviendo. ¿Qué es la verdad?”.
El anciano, lo mira sorprendido, por la inteligencia del niño, y le dice:
“La que ellos no han encontrado”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 29 de febrero de 2008
Hora: 09:20 p.m.

Un Tercero, llega corriendo donde está el Primero, y le dice:
– “¡Maestro, Maestro!… mire lo que traigo en la mano, mire lo que encontré”.
El Maestro, lo mira, y le dice:
– “Hermosa piedra, ¡cómo brilla!”.
El Tercero, le dice:
– “Sí Maestro, brilla mucho, pero fíjate, Maestro, cuando la acerco a Ti, brilla mucho más. La voy a cargar cerca de mi corazón para tener Tu luz conmigo”.
Y el Maestro, se sonríe, se enjuaga una lágrima, le pasa los brazos por los hombros, y le dice:
– “Sigamos caminando”…
El Tercero, emocionado, se guarda la piedra. Un Segundo y un Quinto que estaban oyendo se acercan, y le preguntan:
– “¿Dónde la conseguiste?… nosotros no hemos visto piedras tan hermosas”.
El Tercero, les dice:
– “¿No han visto las piedras tan hermosas?… ¡hay muchas!,, fíjense en la luz”.
– “¿Cuál luz?”.
El Maestro, con su infinita paciencia se acerca al Tercero, y les dice:
– “Déjalos, ya las verán, ya las verán y sigamos caminando”…
Un Cuarto, que estaba oyendo, se acordó que él tenía una piedra guardada, no le había dado mucha importancia; era una linda piedra mas no, la había puesto al Sol a brillar, ni la había acercado al Maestro y se sintió un poquito avergonzado.
– “Maestro, yo tengo una piedra guardada, ¿la puedo acercar a Ti?”.
El Maestro, se le queda viendo sonriente, y le dice:
– “¡Claro!”.
Él tímidamente la saca de la bolsa que tenía colgando en su hombro, hecha de la más pura lana. Tímidamente se la enseña:
– “Aquí esta Maestro”.
Y cuando abre la mano sale una luz hermosa que se reflejaba; el Maestro, se sonríe:
– “Hermosa piedra”.
– “Maestro, no sabía que brillaba así”.
El Maestro, le hace cariño, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “Ya lo sabes, a veces, tenemos que ver brillar otras piedras para saber que las nuestras también pueden brillar”.
Y siguieron caminando…
Un Segundo y un Quinto, se agacharon a recoger piedras, trataron de conseguir piedras que brillaran, mas no las encontraban y se empezaron a preocupar:
– “¿Cómo es eso que nosotros no encontramos las piedras que brillan si caminamos tanto tiempo con Él, si lo seguimos a Él?”.
El Maestro, se voltea, y les dice:
– “Tómenlas en su mano, límpienlas con su ropa y verán que sale el brillo de su luz”.
Así lo hicieron, y de repente, las piedras que estaban opacas, que no se veían brillar, empezaron a brillar. Se emocionaron, se las enseñaron a todo el mundo:
– “Tenemos también las piedras que brillan, tenemos también las piedras que brillan”.
El Quinto, aquel que había sido tan inquieto se le acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, ¿es tan importante tener una piedra que brilla?”.
El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “¿Tú qué piensas?”.
– “Maestro, sólo Tu Luz”.
El Maestro, se sonríe, le acaricia el pelo, y le dice:
– “Aún, en esas piedras que brillan, también está Mi Luz”.
Y siguieron caminando…
Y siguieron caminando, y caminaban, y caminaban, y ya las piedras se veían con más facilidad; todos tenían piedras que brillaban o, casi todos, y el Quinto que sólo le gustaba la luz del Primero se le vuelve acercar, y le dice:
– “Maestro, ¿será que tengo que agarrar una piedra que brille?”.
El Maestro, se voltea, lo mira, y le dice:
– “¿Tú qué crees?”.
El Quinto, lo ve, resplandecía, brillaba:
– “Maestro, sólo Tu luz”, le vuelve a decir.
Y el Maestro, abre la mano, tenía una hermosa piedra en la mano, se la da, y le dice:
– “Tu luz y la Mía, unidos, y sigamos caminando…”.
Los demás, vieron que el Quinto había recibido una piedra directamente del Maestro, y pensaron:
– “¿Por qué el Maestro se la da a él y a nosotros no?”.
Y se sintieron un poquito tristes, no entendían, ¿sería que tenía preferencia?, ¿sería que lo quería más que a los demás?
En eso el Quinto se acerca, y les dice a todos los que tenían piedras:
– “Por qué no hacemos una cosa, las metemos todas en este saco y así las piedras de ustedes, las mía y las del Maestro, son sólo una, y con Su luz tan hermosa, nos dará calor en la noche, y nos señalará el camino”.
Todos los que habían dudado se sintieron avergonzados; se acercaron, sacaron sus piedras, las metieron en el saco tejido de hermosas lanas.
El Maestro que los estaba observando se sonrió, dio la vuelta y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 24 de febrero de 2008
Hora: 01:22 a.m.

Finalizaba la tarde, y unos Segundos y unos Terceros y unos Cuartos y unos Quintos, estaban caminando. En eso se dan cuenta que un Quinto, que era antes muy alborotado, que hablaba mucho, que todo lo sabía, estaba acostado, mirando al cielo.
– “Maestro, Maestro, ¿Qué le pasa al Quinto?”.
El Quinto, miraba al cielo y se sonreía, habían nubes que le parecían casas, habían nubes que parecían pájaros, habían nubes que eran motas de un blanco y hermoso, y precioso algodón, como lo recogían de las matas en tierras lejanas.
Y el Maestro se sonríe, y le dice a todos esos Segundos y Terceros, y Cuartos:
– “Déjenlo ser, vamos todos a ponernos a ver las nubes, ¿no sabéis acaso, que el lenguaje del cielo es infinito?”.
Se recostaron y se pusieron a ver las nubes, hasta que callo la noche.
En la mañana, el Maestro se levanta, y les dice:
– “¿Qué vieron?”.
Uno le dice:
– “Creo que vi como un camello”.
El otro le dice:
– “Yo vi un pájaro”.
Y así sucesivamente, le pregunta al Quinto, el que en una oportunidad hablaba tanto y sabia tanto que nadie quería estar al lado de él.
– “¿Y tú que viste Quinto?”.
– “¡Ay, Maestro!”, le dice él con infinita alegría.
– “El movimiento del viento, la luz como se perdía en el anochecer, la presencia de Tu Padre. Te veía a Ti, Maestro”.
El Maestro, le acaricia la cabeza, se sonríe, y le dice a los demás.
– “Sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado, 02 de febrero de 2008
Hora: 08:37 p.m.

El Tercero, ve que el Primero va caminando un poco lejos y de repente, ve que hay tres caminos. Había unos Segundos y unos Quintos detrás de Él.
– “¿Por dónde se habrá metido?, ¿qué camino habrá tomado?”.
Unos le decían, los Cuartos y unos Quintos:
– “¡Nos vamos a perder!, ¡nos vamos a perder! ¿Por qué permitiste que se fuera caminando solo?”.
El Primero, se dio cuenta que los había dejado atrás, retrocedió unos pasos y se asoma.
– “¡Maestro, pensamos que Te habíamos perdido!”.
El Maestro, les dice:
– “¿Qué os preocupa?, son tres caminos”.
– “Maestro, son tres caminos, pero nosotros queremos seguir caminando en el Tuyo”.
El Maestro, se sienta a la orilla de los tres caminos, y les dice:
– “El de la derecha, va a un pueblo donde hay mucha gente, muchos Primeros, muchos Segundos y muchos Terceros, que tenemos que encontrar. El del centro, va hacia Mi Padre y el de la izquierda, hay otro pueblo con muchos Primeros y Segundos y Terceros, que tenemos que encontrar. ¿Cuál camino creéis que debemos seguir?”.
El Tercero, se rascó la cabeza, el Cuarto miraba de reojo, se miraban unos entre otros. Ninguno se atrevía a decir nada, hasta que, por fin, uno de los Sextos, le dice:
– “Maestro, creo que voy a tomar el de la izquierda”.
Uno de los Terceros, le dice:
– “Yo creo que voy a tomar el de la derecha”.
Y el Maestro, se les queda mirando, y les dice:
– “Muy bien”.
Se quedan en silencio, uno de los Segundos se acerca tímidamente, y le dice:
– “Maestro, yo sé que debería de tomar el de la izquierda o el de la derecha, pero yo quiero ir en el centro, quiero llegar a mi Padre”.
El Maestro, se sonríe, y les dice:
– “Todos los caminos, llegan al Padre, solo tenéis que hacerlo con amor, simplemente con amor”.
Se paró, y les dijo:
– “Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 30 de enero de 2008
Hora: 01:53 a.m.

El Tercero, de repente, sintió algo que lo perturbó y se acerca al Cuarto y al Quinto, y les dice:
– “Me siento un poco perturbado, mas no sé por qué”.
El Cuarto y el Quinto, le dicen:
– “Nosotros también y no sabemos por qué”.
Y siguieron caminando…
Se acercaron al Segundo, uno de los tantos Segundos, y le dijeron lo que estaban sintiendo. El Segundo se sorprende y se les queda viendo, y les dice:
– “¿Acaso no estamos caminando?”.
El Primero, que los estaba oyendo, se acerca, los abraza con mucha ternura, y les dice:
– “Debéis estar más cerca de Mí. Caminemos juntos”.
Y siguieron caminando…
El Tercero, uno de los tantos Terceros, se acerca dónde estaban muchos sentados, y les dice:
– “¿Se han dado cuenta?, donde hacia calor está haciendo frío y donde hace frío está haciendo mucho frío y donde también hacia calor hay demasiado calor”.
Algunos se voltearon, sorprendidos porque no entendían mucho, no comprendían.
El Primero, les hace una seña y todos se levantan, caminan junto a Él, llegan a lo alto de una montaña y había un valle abajo, muy hermoso.
El Primero, les dice:
– “Observen, ¿ven eso que parece un zigzag que atraviesa todo?”.
– “Sí, Maestro”.
– “Ahí pasaba un río, un hermoso río”.
Ellos, seguían sin entender, y le dicen:
– “¿Y, Maestro?”.
– “El río volverá a pasar. Sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
El Quinto, que ya se había calmado, que ya no estaba tan inquieto, que estaba mucho más relajado. Se acerca al Maestro con mucha confianza, muy seguro de si mismo, le dice:
– “Maestro, si el río pasaba por ahí y dejó de pasar, y ahora va a volver a pasar, ¿por qué, no era mejor que siempre pasara el río por ahí?”.
El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “No siempre las cosas son como deben ser, no siempre las cosas son como parecen ser, lo importante no es que paso, lo importante es que va a volver a pasar”.
Y siguieron caminando…
El Quinto, no le gustó mucho la respuesta, se quedó un poquito desconcertado.
Uno de los Segundos se acerca, y le dice:
– “Recuerda Quinto, que donde pasa el río hay abundancia, los animales tienen donde beber, las flores crecen, hay verde, hay paz, hay felicidad”.
El Primero, que los estaba oyendo, se sonrió, miró al cielo, y dijo para si mismo:
“Gracias, Padre, están caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 22 de enero de 2008
Hora: 04:35 p.m.

El Segundo, estaba sentado en una piedra y veía a los Terceros, los Cuartos y a los Quintos, que escuchaban al Primero. Y el Primero, nunca se cansaba y les hablaba, y les hablaba, y unos se iban y otros llegaban, y Él les hablaba y les hablaba.
Pasaron los ratos, pasaron los tiempos, y el Segundo seguía viendo al Primero.
En eso, el Primero se acerca, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “Estás ahí, estás ahí”.
El segundo, le dice al Primero:
– “¿A dónde Maestro?, porque no estoy ni allá, ni estoy aquí”.
El Maestro, le vuelve a acariciar la cabeza, y le dice:
– “Estás en Mí. Sigamos caminando…”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 04 de enero de 2008
Hora: 10:50 p.m.
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