PARÁBOLAS DEL AÑO 2008
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Un Quinto y un Cuarto, vieron a un Segundo que se alejaba, se sentaba en una piedra y se ponía a mirar el horizonte.
Y pasaron horas y llegó la noche, amaneció y seguía sentado en la piedra mirando al horizonte. Ya preocupados se acercaron al Maestro, y le dijeron:
– “Maestro, ¿vistes al Segundo, que no hace sino mirar el horizonte?, ni siquiera se ha parado a comer”.
El Maestro, se voltea, y les dice:
– “No necesita comer, está llenado su espíritu, sigamos caminando…”.
El Segundo, se levantó de la piedra, se acercó donde estaba un agua y se lavó la cara. Se acercó donde había pan y peces secos y comió. Después se acercó al Maestro y silencioso se quedó a su lado oyéndolo hablar. El Maestro, hablaba de la creación, de la vida, de la belleza.
El Segundo seguía callado sin decir palabra.
Cuando termina de hablar el Maestro, el Cuarto y el Quinto se acercaron al Segundo y le preguntaron:
– “¿Oíste lo que el Maestro nos estaba diciendo?”.
El Segundo, se sorprende y levanta los ojos, y les dice:
– “Siempre lo oigo, siempre”.
El Quinto, le dice:
– “Es que te veías tan ausente, como cuando estabas sentado en la piedra mirando al horizonte”.
El Segundo, se voltea y mira al Maestro. El Maestro, responde por él:
– “Es que estaba nuevamente nutriendo su espíritu. Vamos, sigamos caminando…”.
– “Maestro”, le dice un Segundo. “¿Y el niño que estaba con nosotros, no lo has visto?”
El Maestro, se voltea, y le dice:
– “¿Tan absorto estabas en tus pensamientos, que no lo has visto crecer?, míralo ahí viene caminando”.
Se volteó y un joven venía caminando, riéndose, feliz, contemplaba las piedras, contemplaba las hojas, sentía el viento en su cara y embozó una sonrisa tan hermosa que los iluminó a todos.
El Maestro, sonrió, y les dijo:
– “Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 30 de diciembre de 2008
Hora: 01:58 a.m.

Un Segundo, que era muy cercano al Maestro se había retirado hacia la parte alta de la colina, estaba sentado quieto, recogía arbustos, se los ponía en las manos, y pensaba:
– “¿Para qué sirven estos arbustos, sino tienen ni siquiera la gracia del color?”.
Después, recogía tierra y piedras, se les caían de las manos, y se preguntaba:
– “¿Para qué tanta tierra y tantas piedras si el verde de los pastos es mejor?”. Y así, seguía cavilando.
El Maestro, de repente, sintió su tristeza, sus dudas, sus inquietudes y se voltea. El niño, le hace señas que quiere ir, el Maestro, le dice en un gesto que se quede donde está y lentamente se acerca dónde estaba el Segundo, que era uno de sus preferidos, lo amaba con profundidad y su dolor era su dolor, se sienta al lado de él, y le dice:
– “¿Qué te pasa?”.
El Segundo, le dice:
– “¿No sabes lo que me pasa? Tanto que he caminado a Tú lado, ¿y no sabes lo que me pasa?”.
El Maestro, comprendió que el Segundo estaba viviendo un momento difícil, y le dice:
– “Dímelo con tus palabras, que de repente, no serán como las Mías”.
El Segundo, respiró y se relajó, y le dijo:
– “Maestro, ¿cuánto hace, que camino contigo?”.
Y el Maestro, le dice:
– “Desde siempre”.
– “¿Desde siempre, Maestro?”.
– “Sí, desde siempre, lo que pasa es que hay momentos, que tú no lo sabías”.
– “Maestro, si camino desde siempre, ¿por qué a veces, siento que hay dos caminos?, ¿por qué a veces, siento que caminara en dos caminos diferentes, aun estando al lado tuyo?”.
El Maestro, se queda pensativo y se da cuenta que la crisis que tenía el Segundo, su bien amado había sido fuerte, era fuerte, le pasa una mano por la cabeza, y le dice:
– “Explícame, ¿qué hay en esos dos caminos, que caminas a Mí lado?”.
El Segundo, le dice:
– “En uno hay felicidad, hay esperanza, hay futuro, siento la brisa, siento el pasto en mis pies, siento la alegría de vivir, Tú palabra me enaltece, es como música en mis oídos, me siento tan dichoso cuando voy por ese camino”.
– “¿Y?”, le dice el Maestro. “¿Cuál es el otro, el camino?”.
– “Maestro, el de la tierra seca, el de los arbustos sin vida, el dolor de no ser comprendido, la tristeza de ver lo que sucede y que no podemos hacer nada. No he logrado unir los dos caminos y siento que Te he defraudado”.
El Maestro, se saca la túnica de la cabeza y deja caer su pelo de un color marrón, con algunos tonos brillantes sobre su rostro, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué haces eso?”, le dice el Segundo.
Y el Segundo, le dice:
– “No entiendo, ¿qué tiene que ver tú cabello con lo que Te estoy diciendo?”.
El Maestro, le dice:
– “Obsérvalo, ¿ves este lado?, ha llevado Sol, está desteñido, mas, este que ha estado cubierto y protegido está más oscuro, no se ha desteñido, más los dos nacen de la raíz de Mí cuero cabelludo, los dos son Míos y si te pones a analizar, verás que hay canas, y muchas otras cosas más”.
El Segundo, le dice:
– “¿Los dos caminos son tuyos?”.
– “Los dos”, le contesta el Maestro. “Cuando te veo sonreír, que vas por el verde, que vas contento, Mí corazón se llena de alegría y le sonrío a Mí Padre. Cuando te veo por el camino donde están los arbustos, donde está la arena, Mí corazón se llena de amor y tiendo la mano, para agarrarte, para protegerte, para cuidarte”.
Al Segundo, se le escapan unas lágrimas de los ojos, se recuesta sobre Él, y le dice:
– “Maestro, Te amo tanto, ¿cuándo terminarán los arbustos?”.
El Maestro, con mucha suavidad, le toca la cara, y le dice:
– “Los arbustos siempre van a estar, pero siempre estará también el verde prado, así como están los tonos de Mí cabello, así estarán y Yo Estaré ahí, siempre”.
El Segundo, se pone a llorar, y le dice:
– “Maestro, tanto que camino contigo, ¿por qué tengo está tristeza?”.
Y el Maestro, que tenía mucha paciencia y veía ya que el niño venía corriendo a interrumpirlos, le dice:
– “Porque todo forma parte de un todo, ¿cómo puedes apreciar la belleza del verde prado sino tropiezas con un arbusto? Vente, sigamos caminando…”.
El niño, por fin había llegado donde estaban ellos y se dio cuenta que el Segundo, le caía una lágrima por los ojos y en su infinita inocencia se acerca él, y le limpia la lágrima, y le dice:
– “No llores, yo te amo, mira lo que te traje, lo conseguí en el prado verde al lado de un arbusto, mira qué flor tan hermosa para ti”.
El Maestro, se sonríe, el Segundo levanta la mirada, ve al Maestro, ve al niño, y le dice al Maestro y al niño:
– “Sigamos caminando…”.

Y me quedé sentada en la orilla, cerca de una piedra, no tenía a donde ir, no quería ir para ningún lado, simplemente quería estar sentada en la piedra. Y de repente, se me acerca el niño, y me pregunta:
– “¿Quién eres?”.
Me volteo y le digo:
– “¿Tú, qué crees?”.
– “Estás como perdida”.
– “¿Lo crees?”, le digo yo.
– “Sí, estás como pérdida”, dice él con su sabiduría de niño elocuente, y le respondí:
– “Si estuviera tan perdida tú no me hubieras encontrado”.
El niño, se rasca la cabeza, y me dice:
– “¿Tú como que conoces al Maestro?”.
Me sonrió:
– “Lo llevo en Mí corazón, lo estoy buscando”.
– “¡Ah!”, dice el niño. “No te preocupes yo te llevo a Él”.
Y le digo:
– “¿Tú crees que esté preparada?”.
– “¡Ay, a Él no le importa!”, dice el niño. “Él te prepara”.
Me toma de la mano y seguimos caminando…

Había una rosa, que no era muy grande, era pequeña, pero tenía tantas espinas, tantas espinas, que nadie podía llegar a su tallo, muchas espinas. Ni siquiera las hormigas se atrevían a subir hasta que un día vino una corriente de aire y cortó la rosa, y cayó sobre un lago pequeño que estaba a la entrada de una casa y la rosa floreció, y vino una joven, y la tomó en sus manos, y vio que la rosa era hermosa y no tenía espinas, no la pinchaba, la puso sobre un pocillito de agua y la rosa duró mucho tiempo, hermosa, fue cambiando de color, lentamente, ¡hermosa la rosa!
El tallo con las espinas se quedó en el suelo, en la Tierra y un granjero que pasaba, dijo:
– “Qué raro este tallo con tantas espinas, ¿será que da rosas hermosas? Los tallos con más espinas dan flores hermosas”.
Lo picó en varios pedazos y lo sembró, lo cuidó, y al poco tiempo empezaron a salir los botones, pero ninguno era tan hermoso como la rosa, que se había ido al lago y que estaba metida en el pocillo, mas, era muy linda.
Él le quitaba las espinas para que se volviera tan hermosa como la rosa, pero no se cambiaba, se mantenía.
-Inhala aire profundamente y continúa-
Un día, vino venir a una muchacha joven, que cargaba la rosa, la tenía en la mano, la estaba dejando secar, para guardar sus pétalos y él admirado se acercó a ella, y le pregunta:
– “¿Dónde conseguiste estos pétalos?”.
Ella, le dijo:
– “Me la trajo el viento”.
– “¿El Viento?”, le dijo él.
– “Sí, el viento”.
La tomó con suavidad entre sus manos, agarró cada pétalo y lo puso en un libro donde tenía su historia, su biografía, su diario y el último pétalo, que era el más pequeño, pero el más lindo quedó en la última hoja.
El hombre maravillado, le dice:
– “¿Y cuántos pétalos tenía esa rosa?”.
La muchacha, se le queda sorprendida, y le dice:
– “Lo suficiente, para ser feliz, aprecio tanto el regalo que Dios me ha enviado”.
El hombre, miraba su rosa, que había crecido en unos rosales hermosos, mas, ninguna tenía la rosa, que le había visto en las manos de la muchacha, y se preguntaba:
– “¿Qué será lo que le falta, a estas flores, para que sean tan hermosas como ella?”.
Y el viento le susurra al oído:
– “El amor, déjalas, que se vayan con amor, no las tengas encerradas para ti”.
El hombre, agarró la flor más bonita de las que tenía y la levantó, y esperó que el viento se la llevara, la soltara del tallo y en efecto el viento la soltó y se la llevó. Él siguió corriendo hasta donde llegaba y cuál fue su sorpresa, que llegó donde la muchacha, que había tenido la primera rosa, ella lo miró sorprendida, y él le dijo:
– “Yo estoy aquí por la gracia del amor, por la gracia del color de la rosa y por la brisa del viento que me trajo hasta ti, y te voy a cuidar, y me voy a quedar contigo”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 21 de diciembre de 2008
Hora: 04:29 p.m.

Un Segundo, se acerca al Maestro, que estaba sentado, empezando la noche, a ver a las estrellas que aparecían en el firmamento, y él le dice:
– “Maestro, ¿podremos llegar algún día a tocar las estrellas?”.
Y el Maestro, le dice:
– “Sí”.
– “Maestro, las estrellas están muy lejos”.
Y el Maestro, se voltea, y le dice:
– “Eso depende”.
– “¿Depende, de qué?”.
– “De cómo las mires”.
Le hace una seña y lo levanta, y lo lleva a donde estaba el niño, que estaba metiendo las manos en las aguas, en un pozo que se encontraba a flor de tierra.
Se acercan a él, el Segundo, le dice y un Tercero, que se había acercado, y un Cuarto, todos preocupados porque había anochecido y el niño se estaba mojando, pero notaron que el Maestro estaba tranquilo, se acerca al niño, y le dice:
– “¿Qué haces?”.
El niño, sonriendo con una mirada brillante, con una luz hermosa en sus ojos, le dice:
– “Maestro, tocando a las estrellas, ¡míralas!”.
Las estrellas se reflejaban majestuosas en el agua.
El Segundo, se le queda viendo al Maestro callado y el Maestro, le dice:
– “¿Quieres ver otras? Mírale los ojos como le brillan, mira la estrella que tiene en sus ojos.
Vente, vamos a sentarnos, déjalo que juegue un rato más”.
Pasa un rato, se quedaron dormidos contemplando las estrellas. Cuando ya estaba amaneciendo el Segundo se acerca nuevamente, junto con el Tercero y le vuelve a preguntar al Maestro:
– “Maestro, yo quiero saber si realmente vamos a llegar a esas estrellas”.
El Maestro, se voltea, lo mira con infinito amor, y le dice:
– “Si sigues caminando a Mi lado, te prometo, que pronto estarás en una estrella”.
Y siguieron caminando…
El niño, que ya se había despertado y había oído, le hala la túnica al Maestro, y le dice:
– “Maestro, Maestro, qué una estrella, que a todos les preocupe tanto, ¿por qué no ven lo hermosa que son en la noche, que brillan, que tienen luz?”.
El Maestro, le dice al niño:
– “Cuando tu crezcas, vas a sentir también esas inquietudes”.
– “¿Sí, Maestro?”.
– “Así es, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 30 de noviembre de 2008
Hora: 02:19 a.m.

El Tercero y un Cuarto, y un Quinto, ven al Maestro que observaba a lo lejos y caminaba de arriba hacia abajo y de abajo para arriba.
Y se preguntaban:
– “¿Qué pasará?”.
El niño, que estaba jugando muy tranquilo, ve la inquietud y se les acerca:
– “¿Qué les pasa, por qué están tan preocupados?”.
– “¿No te has dado cuenta?, mira al Maestro, va de arriba abajo y de abajo arriba mirando a lo lejos”.
El niño, les dice con tono de sorpresa:
– “¿Y no le han preguntado?, ya yo le pregunté”.
Ellos, se miraron unos a otros, asombrados, y le dijeron:
– “¿Qué te dijo?”.
– “Que el día que Él se quedara quieto…”
– “¿Sí?”, le dicen el Segundo y el Tercero y el Quinto, y todos.
El niño, dice:
– “Mejor se lo preguntan ustedes, porque no me acuerdo muy bien las palabras”, y se va corriendo.
Los Segundos, los Terceros y los Cuartos y los Quintos:
– “¡Ay, niño tenía que ser!”.
Hasta que un Segundo, se acerca, y le dice:
– “Maestro, ¿por qué vas hacia arriba y hacia abajo y de abajo hacia arriba con tanta inquietud mirando a lo lejos?”.
– “Es que veo como se preparan”, le responde el Maestro. “Y no Me puedo quedar quieto”.
– “¿Y para qué se preparan?”.
El Maestro, se voltea, le acaricia la cabeza, y le dice:
– “Para la guerra y no para el amor”.
El Segundo, baja la cabeza y el Maestro, le dice:
– “Menos mal que ustedes están caminando conmigo, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 11 de noviembre de 2008
Hora: 06:35 p.m.

El niño, se acerca a un Tercero, a un Cuarto y a un Quinto:
– “¿Dónde Está el Maestro?”, les pregunta.
Ellos, se voltearon y se les quedaron viendo:
– “Él a veces, desaparece, no sabemos a dónde va”.
El niño, se rasca la cabeza, y dice:
– “¿Ya lo ha hecho otras veces?”.
– “¡Muuuchas veces!”, le contestaron varios a la vez.
– “A bueno”, levantó sus hombros. “Me sentaré a esperarlo”.
Los Terceros, los Cuartos y los Quintos, le dicen:
– “No, tienes que caminar”.
El niño, se voltea, y les dice:
– “Si no Esta Él, ¿con quién voy a caminar?, yo lo voy a esperar”.
Los Segundos, los Terceros levantaron los hombros y siguieron caminando, más, el niño, se quedó sentado y pasaron las horas, y se entretenía viendo las hormigas, viendo las nubes como cambiaban, y seguía sentado. Y ya, casi al oscurecer, siente unos pasos, y ve que Estaba el Maestro.
– “Te Estaba esperando, te demoraste mucho. ¿Qué Estabas haciendo?”, le dice el niño, porque estaba ya un poco cansado de tanto esperar.
El Maestro, lo levanta con mucho amor y lo abraza, y le dice:
– “Moviendo las nubes, moviendo las hormigas”.
El niño, se ríe:
– “¿Tu Estabas moviendo las nubes y moviendo las hormigas?”.
El Maestro, le dice:
– “Sí, a veces, tengo que hacerlo; vente, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 30 de octubre de 2008
Hora: 05:55 p.m.

El Tercero, el Cuarto y el Quinto, estaban caminando detrás del Maestro y se voltearon preocupados, vieron que habían muchos Terceros, Cuartos, Quintos, Sextos, mas, no veían al niño; se preocuparon y se preguntaron:
– “¿Dónde se abra metido?, ¿dónde se abra metido?”.
Se acercaron al Maestro:
– “¡Maestro!, Maestro, ¡creo que el niño se nos ha perdido!, ¡creo que el niño se nos ha perdido!” -repitió el otro también.
El Maestro, se voltea, mira la distancia, mira aquí y mira allá, y se acerca. Los toma por el brazo y les dice:
– “Vamos a buscarlo”.
Encontraron al niño hablando con una viejita sentada, toda arrugada, con un bastón en la mano. La viejita, le decía al niño las maravillas que había, las cosas que le iba a dar, todo lo que iba a encontrar y el niño estaba embelesado viendo a la viejita, y el Maestro se acerca silenciosamente por detrás de la viejita, le pone la mano en el hombro:
-Rosaura, hace una expresión de sorpresa, como de susto-
– “¡Ah!”, se sorprendió cuando era el Maestro, salió corriendo, dando gritos y se fue.
El niño, le dice:
– “Maestro, ¿qué le hiciste a esa pobre vieja?”.

El Maestro, viendo la inocencia del niño, lo agarra, lo carga, lo toma en sus brazos, lo apreta, y le dice:
– “Nada mi amor, te estaba protegiendo, no debí haberte dejado solo. Ven, camina a Mi lado”.
Y siguieron caminando…
El Segundo, el Tercero y el Cuarto, se sintieron un poco avergonzados, pues ellos en su corazón habían tenido celos del niño, que con su brillantez y con sus palabras, lograba decir cosas que los desconcertaban.
El Maestro, se acerca a ellos y los abraza, y les dice:
– “¿Se dieron cuenta?”.
– “Sí, Maestro, ¡cuánta inocencia, Maestro!”.
El Maestro, los abraza, y les dice:
– “Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carriza, sábado 25 de octubre de 2008
Hora: 11:25 a.m.

El niño, vio que el Maestro estaba pensativo, se le fue acercar, más, un Segundo estaba cerca de él, le dice:
– “¡Déjalo!, ¿no ves que Está pensado, no ves que Está orando?”.
El niño, en su inocencia, le dice:
– “Pero yo quiero orar con Él”.
El Segundo, que era un poco impertinente, le pregunta:
– “¿Qué vas a saber tu orar mocoso, si eres un niño?”.
EL niño, se le queda viendo sorprendido, y le dice:
– “El Maestro, dice que yo sé orar, ¿dudas de la palabra del Maestro?”.
El Segundo, se sintió un poco avergonzado viendo la madurez del niño y se retiró discretamente.
El niño, se fue acercando donde estaba el Maestro y se sentó a un lado, quieto, casi no respiraba, para no molestarlo, no se movía.
El Maestro, se voltea, y le dice:
– “Regálame una sonrisa”.
El niño, le dice:
– “¿Una sonrisa, Maestro?”.
– “Sí”, le dice él. “Cuando tu sonríes, sale la luz del Sol”.
El niño:
– “Maestro, si la luz del Sol la llevas Tu todo el tiempo contigo, ¿cómo va a estar en mi sonrisa?”.
El Maestro, le dice con mucho amor:
– “Recuerda que tu caminas conmigo, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 14 de octubre de 2008
Hora: 02:40 a.m.

El Maestro, estaba viendo a un Segundo que se registraba la túnica, buscaba en el piso y no le prestaba atención a sus palabras y buscaba, y buscaba.
Se acerca:
– “¿Qué buscas?”.
– “Ay, Maestro, tenía unas monedas en mi bolsillo y se me perdieron”.
El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “¿Por qué te preocupas?, más adelante hay muchas monedas, las vas a encontrar”.
– “Sí Maestro, pero ya estas las tenía aquí”.
El Maestro, con infinita paciencia, le dice:
– “¿Oístes algunas de Mis palabras?, ¿oístes la fábula que estaba contando? ¿Rezastes acaso conmigo?”.
– “No, Maestro, estaba buscando las monedas”.
El Maestro, le pasa la mano por la cabeza con infinito amor, y le dice:
– “¿Qué es más importante, que hayas perdido tus monedas o que no me hayas oído, ni entendido? Ven, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 09 de octubre de 2008
Hora: 04:39 a.m.

Un Séptimo, logró acercarse a donde estaba el Maestro sentado y lo oyó hablar. Se quedó asombrado porque apenas movía los labios, no alzaba la voz y, sin embargo, sus palabras se esparcían por toda la colina y todos la oían, parecía algo mágico, pero lo que más le llamó la atención era su paz, su serenidad, y pensó:
– “¿Podré yo algún día, encontrar esa paz y esa serenidad?”.
El Maestro, se voltea, se le queda viendo, y le dice:
– “Sigue caminando conmigo, que la encontrarás”.
¡Se sorprendió tanto!, le había leído los pensamientos y una lágrima deslizó por su mejilla recordando las veces que había pensado que era fastidioso caminar tanto, que le dolían los pies, que le molestaba el calor.
El Maestro, se voltea, lo mira con mucho amor, y les dice:
– “Es cierto, más, sigamos caminando…”.
Y el Maestro, se voltea, y le dice:
– “¿Por qué se sorprenden, no sabéis acaso, que no hay nada en este mundo que Mi Padre no sepa? Quién Soy Yo, sino el Hijo de Mi Padre”.
Se sintió un silencio, había una gran paz, el niño dormía recostado en un Segundo, plácido, nadie quería hablar, había una armonía en el ambiente, algo tan hermoso.
El Maestro, se les queda viendo, y les dijo:
– “Veréis, lo lograréis, sólo tenéis que caminar a Mi lado, como Yo camino en el vuestro”.
Todos se sorprendieron y Él se sonrió:
– “¿Por qué se sorprenden, no saben acaso, que siempre Estoy con ustedes? Sigamos caminando…”.
El niño, se despierta de las piernas del Segundo y se estira, y los oye hablar entre ellos, y murmurar.
El niño, que era un poco inquieto los estaba oyendo y se acercó al Maestro, y le dice:
– “Maestro, Maestro”, halándolo por la túnica. “Maestro, Maestro”.
– “Dime”, le dice Él con aquella paciencia.
– “¿Es cierto lo que están diciendo?”.
El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “¿Qué es lo que están diciendo?”.
El niño, le dice:
– “Como que no es cierto”.
El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “¿Por qué no es cierto?”.
– “Bueno, porque si no, Tu supieras lo que te iba a preguntar”.
El Maestro, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “¿Qué quieres oír, que si puedo saber lo que venías a preguntarme o, que si tengo una respuesta para darte?”.
El niño, se sorprendió, se quedó un poquito… no entendió mucho. Se quedo viendo los ojos del Maestro y había una luz tan hermosa, y lo invadió esa paz. Sonrió, se recostó en las piernas de Él, y él le dijo:
– “Maestro, Tú también eres algo niño, te pareces a mí”.
El Maestro, sonrió, le acarició la cabeza, y le dijo:
– “Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 28 de septiembre de 2008
Hora: 08:00 p.m.

El niño, iba caminando al lado del Maestro y asomándose por la ladera de una montaña, vio las ruinas de una ciudad, y le dice al Maestro:
– “Maestro, ¿qué es eso?, ¿por qué la ciudad está en ruina?”.
El Maestro, se voltea, le hace un cariño, y le dice:
– “Porque no caminaron conmigo, sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 15 de septiembre de 2008
Hora: 12:59 a.m.

El Primero, estaba sentado en una colina. Se acerca uno de los Segundos, acompañado de un Tercero, y le dice:
– “Maestro, Maestro, ¿ves aquel grupo que viene? ¿Los dejamos que pasen?”.
El Maestro, sorprendido se voltea, y le dice:
– “Por supuesto, todos son bienvenidos”.
El Segundo y el Tercero, se quedaron mirándose los unos a los otros:
– “Maestro, ellos han hecho mucho daño”.
El Maestro, se les queda viendo, y le dice:
– “No saben, que los que han hecho más daño, son los que Me tienen que ver”.
El Segundo y el Tercero, se rascaron la cabeza sorprendidos:
– “¡Maestro!, ¿y entonces? ¿Qué diferencia hay, entre los que nos portamos bien y los que se portan mal?”.
El niño, que estaba jugando y que estaba cerca, le hala la túnica al Segundo, y le dice:
“¡Chico!, ¿no sabes que, para un padre, ningún hijo es malo?”.
El Maestro, se sonríe ante la sorpresa de ese Segundo y de ese Tercero, y les dice:
– “Tengo que enmendarles el camino, tienen que aprender”.
El Tercero, no estaba muy convencido y le dice arrodillándose frente a Él poniéndole la cabeza en su regazo:
– “Maestro, ¿y todo el sacrificio que hemos hecho nosotros, para ser buenos?”.
El Maestro, le levanta la cara, le acaricia la mejilla, y le dice:
– “¿Fue un sacrificio? Mejor, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…

El niño, se había ido corriendo, bajó la ladera y se encontró con el grupo que estaba subiendo. Se pone las manos así, -En la cintura- y le dice:
– “¿Ustedes son los malos que están buscando al Maestro?”.
Ellos se miraron sorprendidos, se pararon.
El niño, se les queda viendo, se dio cuenta de que quizás había hecho algo malo, en eso les dice:
– “No se preocupen, lo que pasa es que el Maestro es tan bueno que, ya sabe quiénes son ustedes”, y sale corriendo.
Ellos avergonzados se quedaron parados, no se atrevían a moverse, no se atrevían a seguir:
– “¿Qué hacemos?”.
Y de repente, silenciosamente se les aparece un hombre con una apariencia muy suave, con una gran luz, y les dice:
– “Al que buscáis, ya lo habéis encontrado”.
Ellos bajaron la cabeza, todos avergonzados.
Él alarga su mano, les da la bendición, y les dice:
– “Sigamos caminando, sois bienvenidos”.
El Segundo y el Tercero no estaban conformes con lo que había pasado, porque veían al Maestro hablar con todos los que eran malos, sentados alrededor y estaban hablando entre ellos:
– “Y no es justo, y no me parece, y yo no sé qué”.
El niño, que los estaba oyendo, se les acerca, y les dice:
– “¿Es qué ustedes no confían en las palabras del Maestro? Yo, sí”.
Ellos bajaron la cabeza, los dos avergonzados. Se pararon y se acercaron, se sentaron detrás del Maestro, para oír lo que el Maestro le decía a los que ellos sabían que habían sido malos.
El Maestro, les estaba hablando del hijo pródigo, todos bajaron la cabeza.
En eso el Maestro, se voltea y se queda mirando al Segundo y al Tercero con infinito amor, se levantó, se acercó dónde estaban ellos, los abrazó, y les dijo:
– “Sigamos caminando”, y así abrazados, siguieron caminando…
Y los que alguna vez fueron malos y se habían equivocado, se habían quedado sentados.
El niño, se acerca, y les dice:
– “¡Párense!, ¿no oyeron lo que dijo el Maestro?, que sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, jueves 11 de septiembre de 2008
Hora: 08:14 p.m.

El Maestro, estaba sentado, como en una hoguera, tenía muchos a su alrededor.
El niño, que siempre los acompañaba, se había quedado dormido.
Uno de los Cuartos o de los Quintos, le dijo:
– “Maestro, ¿es cierto que Tú vas a regresar?”.
El Maestro, se le queda viendo, se voltea y lo mira, y le dice:
– “¿Es que tú crees que alguna vez, Me vaya a ir?”.
El Segundo, que tenía al niño dormido en su pierna, le dice:
– “Maestro, las escrituras dicen que cuando Tú te vayas, Tú vas a regresar”.
El Maestro, se voltea y se le queda viendo con una cierta interrogante, y le dice:
– “¿Ves al niño que está en tus piernas, durmiendo, relajado con su inocencia?”.
– “Sí, Maestro”.
– “Ahí Estoy. Estoy en ti y Estoy en cada uno de los que están aquí”.
– “Sí, Maestro, eso lo entendemos, pero queremos saber si Tú vas a regresar nuevamente”.
El Maestro, “¡ahhyyy!”, suspira, y les dice:
– “Cada vez que alguien hable en Mí nombre, reciba Mis palabras y las de a conocer, ahí Estaré”.
El Segundo y el Tercero y el Cuarto, le preguntan:
– “Maestro, ¿cómo los profetas?”.
Y el Maestro, se le queda viendo:
– “Los tiempos cambian, hay una evolución en la humanidad, serán luces que vendrán, serán destellos de Mí y en muchas personas Me encontrarán, y a través de sus palabras siempre, siempre Estaré”.
El Quinto, que era medio fastidioso, le dice:
– “Maestro, ¿pero vas o no vas a regresar?”.
El niño, que estaba dormido, se estira, y le dice:
– “Pero no estás entendiendo, que es que nunca se va a ir”.
El Maestro, sonríe, le pasa la mano por la cabeza del niño, y les dice:
– “Sigamos durmiendo, que mañana tenemos que caminar”.

Había amanecido y todos, el Maestro y sus discípulos, el Uno, el Dos, el Tres, el Cinco, los Diez, los ¡uh!, todos los que habían se disponían a caminar.
El niño, se acerca tímidamente al Maestro y lo hala por la túnica, le dice: -En voz muy baja-
– “Maestro, Maestro, Maestro”.
Él se voltea, porque lo oye hablar:
– “¿Por qué hablas tan bajo?”.
– “Es que no quiero que me oigan”.
El Maestro, se sonríe, se sienta, y le dice:
– “¿Qué Me quieres decir?”.
– “Maestro, ¿por qué allá no han entendido, que Tú nunca Te vas a ir?”.
El Maestro, se sonríe y le dice cariñosamente revolviéndole el pelo:
– “Por eso, es que están caminando conmigo. Vente”, le dijo. “Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 03 de septiembre de 2008
Hora: 12:26 a.m.

Habían pasado muchos días, muchas Lunas y muchos Soles, y el Maestro, de repente, les dice a los muchos Unos, Tres, Cuatros, todos los que habían, porque ya habían algunos que ya se habían vuelto Uno, y les dice:
– “Yo quiero caminar un poco solo”.
Todos se quedaron pensativos:
– “¿Y para dónde querrá ir?”.
El Maestro, les hace una seña y se despide:
– “Pronto Estaré de nuevo con ustedes”.
Y se va caminando por un sendero que llevaba al pueblo, al pueblo donde Él había estado, el pueblo donde había una Iglesia, y entró.
El niñito, lo seguía de cerca, pero no se atrevía ponérsele al lado.
El Maestro, entró en la Iglesia, en ese momento no estaban hablando de Él, ni de su vida. Había un gran silencio, la Iglesia estaba casi vacía y de repente, se voltea, y ve al que hablaba muy bonito, al que conocía su vida, lo vio arrodillado en una esquina y lo vio llorar, y lloraba, y había sentimiento en sus palabras.
El Maestro, se le acerca y se arrodilla a su lado, mas, él, el que hablaba tan bonito, no lo vio. Él estaba sumergido en su tristeza, de repente, suena una campana, se para y se dirige subiendo las escaleras, y empezó nuevamente a llegar gente de todas partes, porque las campanas sonaban, BIN-BAN, BIN-BAN.
Y de nuevo empezó a hablar y hablaba tan hermoso, conocía su vida, sus milagros y lo ponía de ejemplo, pero el Maestro está vez lo vio diferente, lo había visto llorar, no había visto a un hombre envanecido, había visto al hombre buscando al Padre, consciente de sus defectos y de sus errores.
Cuando termina que baja las escaleras y se reúne con la gente, el Maestro le pasa al lado y le toca la cara. Él siente como una brisa, mas no logra ver al Maestro, pero esa brisa lo refrescó y lo hizo sentir en paz, y las lágrimas se secaron.
El niño, que era tan impertinente, le dice:
– “¡Maestro!, ¿ese no fue el que el otro día te puso triste?, ¿el que Tú dijiste que no caminaba contigo?”.
El Maestro, se le queda viendo al niño, y le dice:
– “Su dolor es parte de Mí dolor y su tristeza Me acompaña. Así que de nuevo empezó a caminar conmigo”.
El niño, que no entendía nada, sale detrás del Maestro:
– “Maestro, ¿se va a unir a nosotros caminando?”.
El Maestro, se voltea, y le dice:
– “Todavía no, pero lo va a hacer, sí lo va a hacer y lo Estaré esperando”.
Agarró al niño de la mano, y le dijo:
– “Sigamos caminando…”.
Los Cuartos, los Quintos y los Sextos, ven llegar al Maestro. Venía relajado, venía en paz y comentaron entre ellos:
– “Como que le fue bien”.
El niño, que era muy tremendo, se acerca a ellos, y les dice:
– “Si tanto le preocupan lo que le pasa al Maestro, ¿por qué no van con Él?”.
El Maestro, que lo oye, se sonríe y le pasa la mano al niño, y le dice: -Rosaura, se toca el cabello-
– “Ya tú también tendrás tu momento donde caminaras”.
– “¿Solo?”, le dice el niño.
– “No, ya nunca caminaras solo”.
Y siguieron caminando…
Un Quinto, se pregunta:
– “¿Pero por qué esta curiosidad del Maestro de bajar a los pueblos? Se distrae, no nos enseña”.
– “¿Tú crees?”, le dice un Cuarto.
– “¡Claro!, ¿no lo ves? Allá va otra vez a otro pueblo”.
El niñito, se voltea, y le dice:
– “¿Por qué ustedes en vez de estar discutiendo, no lo siguen y se van caminando con Él?”.
Ellos reaccionan y se quedan viendo al niño:
– “¿De dónde salistes tú?, le pregunta un Quinto al niño.
El niño, sorprendido, le dice:
– “Del amor de mis padres”.
El Quinto, avergonzado baja la mirada, le toma la mano al niño, y le dice:
– “Dame un poquito de ese amor”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 20 de agosto de 2008
Hora: 11:29 p.m.

Un Segundo, le dice a un Tercero:
– “¿Te fijaste, que desde que fue a aquel pueblo el Maestro, se retira de noche un rato antes de dormir, a pensar?”.
– “Sí, sí me fije, ¿qué habrá pasado que lo marcó tanto?”.
El niño, que estaba oyendo, les dice:
– “Es que allá hay uno, que no caminó con Él”.
El Segundo y el Tercero se voltean y le dicen al niño:
– “Hay muchos que no caminan con Él”.
El niño, se rasca la cabeza pensativo:
– “Es cierto, yo tampoco caminaba con Él”.
Y sale corriendo, se acerca donde el Maestro, y le hala así: -Rosaura, hace el gesto de que hala una túnica-
– “¡Maestro, Maestro!, no me gusta verte pensativo y triste”.
El Maestro, sorprendido se le queda viendo al niño, y le dice:
– “No Estoy triste”.
– “Ay, Maestro, Estás como estoy yo cuando me quitan mi fruta preferida.”
El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “Sí, es cierto, la ventaja es que ese árbol va a dar más frutos”.
El niño, que no entendía mucho, era muy pequeño, le dice:
– “¿A qué árbol te refieres?”.
– “Al árbol del amor y del conocimiento, y ese que no caminó conmigo, en algún momento, Me lo encontraré y cruzaremos, quizás Me vea cuando cruce el camino, quizás no, pero si te digo una cosa”.
– “¿Qué?”, le dice el niño.
– “Nosotros sigamos caminando…”.
Los Segundos, los Terceros, los Cuartos, los Quintos se preguntaban:
– “Bueno, ¿y por qué este niño tiene esa facilidad para hablar con el Maestro y nosotros no? Todo el tiempo está en conversaciones con el Maestro, y nosotros no”.
El Maestro, que tenía una paciencia, infinita paciencia, se acerca y se les queda viendo con mucha ternura, y les dice:
– “Tiempo tengo para el niño, tengo tiempo para ustedes, más aún, tengo tiempo para hablar con Mi Padre. Sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…

El niño, que lo había oído, lo vuelve halar por la túnica, y le dice:
– “Maestro, ¿Tú también perdiste a Tu Madre, como la perdí yo?”.
El Maestro, se sorprende, y le dice:
– “No… No, Ella siempre Está conmigo”.
El niño, le dice:
– “¿En dónde está que no la veo?”.
El Maestro, se sonríe, y le dice:
– “Rescatando almas para que caminen conmigo”.
El niño, se recuesta en las piernas del Maestro y sonríe.
El Maestro le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “¿Por qué estás tan feliz?”.
– “Porque si Tú tienes a Tu Madre que trae almas a caminar contigo, quizás fue Ella la que me trajo”.
El Maestro, le mueve la cabeza con sus manos, todo su cabello, y le dice:
– “Así es, fue Mi Madre la que te trajo conmigo”.
Se levanta, extiende la mano, y le dice:
– “Ven pequeñín. Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, La Arboleda, viernes, 15 de agosto de 2008
Hora: 10:05 p.m.

Un Segundo y un Tercero, se quedan viendo al Maestro que se alejaba.
El Cuarto, les pregunta:
– “¿No lo van a seguir?”.
– “No, Él nos dijo que quería estar solo, que quería acercarse al pueblo a ver que sabían de Él, que lo esperáramos aquí”.
Y el Maestro, siguió caminando y llegó al pueblo, había un sitio de reunión, una Iglesia y Él entró. Nadie lo reconoció, nadie lo sintió. Él se acercó encantado y vio a una persona que hablaba de Él, decía cosas hermosas, conocía Su vida. Él se quedó maravillado, pensó: “Cuanto ha estudiado, cuánto conocimiento”.
Y el que estaba ahí encaramado seguía hablando de las bondades de Dios, de la generosidad del Padre, del sufrimiento del Hijo y bla y bla y bla y bla.
Termina la conmemoración y baja unos escalones, todo el mundo se acerca a saludarlo y el Maestro que Estaba ahí, no lo reconoció.
En eso, el Maestro ve, que se le acerca una señora, que le costaba mucho acercarse a él, pues la había maltratado y la había humillado, pero ella pensando que era un digno representante de su amor, se acercó a saludarlo. Y él envanecido, que tenía tanto bla, bla, bla, se volteó y la ignoró.
Y el Maestro, sintió como le clavaban una daga nuevamente en el corazón. Se acercó donde estaba la señora y le pasó suavemente la mano por el rostro. Ella se volteó y lo miró, no se dijeron nada, mas, ella sintió una gran paz y se retiró caminando lentamente.
En eso el Maestro siente, que le halan de la túnica, era el niño que lo seguía a todas partes, y le dice:
– “Maestro, Maestro, ese hombre que habló tanto y tan bonito, ¿caminó contigo?”.
El Maestro, se sonríe, y le dice al niño:
– “El no, más aquella que va caminando allá, ella sí”.
Lo agarró de la mano y siguieron caminando…
El Maestro, se acercó donde estaban todos los Segundos y Terceros con el niño de la mano.
Un Tercero, que era bien arriesgado le preguntó:
– “Maestro, ¿cómo Te fue?”.
El Maestro, se le queda viendo y antes que pudiera responder el niño en su inocencia, le dijo:
– “Yo creo que no le fue bien, porque viene triste”.
El Tercero, le dice:
– “Maestro, ¿qué pasó?”.
El Maestro, le contestó:
– “Falta tanto camino por andar, mejor descansemos, porque nos falta mucho todavía”.
El Maestro, les dice:
– “Vamos a sentarnos aquí a hablar”.
Todos se sentaron alrededor de Él.
El niño, que ya estaba cansado, se quedó dormido en las piernas del Segundo, y el Maestro les dice:
– “Ustedes han caminado conmigo, han vivido conmigo, han sentido conmigo, el conocimiento que tienen lo tienen de Mis experiencias compartidas con ustedes. Mas, ¡ay, de aquellos, que hablan de ellas como si fueran suyas y el ahora de Dios no están complementados!, mas no la practican. ¡Ay, de ellos! Cuánto sufre Mí corazón, cuánto Me invocan, cuánto invocan a Mí Padre.
¡Ay, de ellos, que lejos están de ser lo que predican ser!
Debéis tener conciencia de esto, para que juntos sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo, 10 de agosto de 2008
Hora: 01:49 a.m.

Un Segundo, le dice al Primero:
– “Maestro, ¿oíste, a ese caminante recostado en la roca, lo que dice?”.
El Maestro, se voltea, y le dice al Segundo:
– “Lo oí”.
– “Y entonces, Maestro, ¿Qué hacemos?”.
– “Acercarle a el camino y que camine con nosotros, y sigamos caminando…”.
El Maestro, se acerca al que ya se había levantado de la roca donde estaba sentado, y le dice:
– “¿Encontrastes el camino?”.
– “Sí, Maestro”.
– “¿Vistes que solo tenías que serenarte, mirar con calma el sendero y él te llevaba a Mí?”.
– “Sí, Maestro”.
– “Ven, sigamos caminando…”.
El Tercero, le dice al Maestro:
– “Maestro, ¿por qué él no ha encontrado el camino si lo tenía delante de sus ojos?, ¿será qué tenía que encontrar una persona que lo ayudará a encontrarlo?”.
El Maestro, le acaricia la cabeza, y le dice:
– “Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 19 de julio de 2008
Hora: 11:15 p.m.

El Maestro, estaba sentado, eran como las 10:00 de la mañana de un día soleado, hermoso. Se sentía el trinar de los pájaros y la brisa suave del viento, y Él les hablaba muy entusiasmado a los Segundos, a los Terceros, a los Cuartos y a tantos que estaban a su alrededor, y se veía contento, se veía feliz.
El niño, que estaba parado a una corta distancia, mas no oía lo que decían, pensaba para sí mismo:
– “Cómo me gustaría estar ahí y saber de lo que están hablando, para yo también reírme”.
En eso, le pasó una mariposa hermosa con los tonos del arco iris en sus alas y se le posó en la mano, no se le movía. El niño, la miraba extasiado y con mucho cuidado se acercó al Maestro, y le dijo:
– “Maestro, mira lo que traigo de regalo”.
El Maestro, se voltea, lo mira con infinito amor, y le dice:
– “Hermosa, ¿verdad?”.
– “Sí”, le dice el niño. “¡Es muy hermosa!”.
– “Y si es tan hermosa”, le contesta el Maestro. “¿Por qué estás tan serio?”.
El niño, apenado baja los ojos, le pasa la mariposa con su mano, que se posó en la mano del Maestro. Él la sopla y la deja partir.
El niño, seguía apenado y el Maestro, le dice:
– “Me has traído un regalo muy hermoso, Me has traído la Luz, Me has traído el arco iris, Me has traído vida, ¿por qué estás tan apenado?”.
Y el niño, le dice:
– “Porque yo quiero estar sentado a Tú lado y reír contigo, como ríen todos”.
El Maestro, le acerca su pecho, lo abraza, y le dice con mucha dulzura:
– “¿Tú crees que necesitas estar a Mí lado?, ¿no crees acaso, que son ellos los que necesitan estar a tú lado?”.
Y siguieron caminando…
Los Segundos y unos Terceros, se acercaron al Maestro, y le dijeron:
– “Maestro, siempre que ese niño está cerca, te ves encantado, ¿qué te da él que no te damos nosotros?”.
El Maestro, se le queda viendo, y les dice:
– “Ustedes me dan su tiempo a cambio del conocimiento, ustedes me dan su confianza a cambio de la seguridad que les doy, ustedes me dan su comida porque Yo comparto la Mía con ustedes. Mas, él me da su alegría, lo mejor que tiene, su inocencia, su paz”.
Y siguieron caminando…
Un Quinto, que era muy pensativo y muy sereno, además era conciliador, suspira, y se acerca al Maestro:
– “Maestro, los años no pasan en balde”.
El Maestro, se le acerca, y le dice:
– “Sí, Yo lo sé, ¿más tú crees qué ellos lo sepan todavía?”.
Y siguieron caminando…
El Maestro, le dice al Quinto:
– “Dime, tú que eres conciliador y sabio, ¿Cuántos de ellos crees tú que Me siguen realmente para, aprender, realmente para crecer?, ¿Cuántos crees tú?”.
– “Maestro”, le dice el Quinto. “Hay muchos, hay muchos que creen en Ti, hay muchos que creemos en Ti”.
El Maestro, le dice:
– “Lo has dicho, hay muchos, más no son todos”.
Y siguieron caminando…
El Maestro, le dice al Quinto:
– “Voltea y mira allá, mira al niño, tiene otras mariposas posadas en sus manos, no las daña, no les hace nada, solo las contempla y se ríe, las disfruta, y las deja ir”.
– “Maestro”, le dice el Quinto. “¿Nosotros somos también como mariposas?”.
El Maestro, les dice con mucho amor:
– “También los debo dejar ir”.
Y siguieron caminando…
El Maestro, se acerca al niño, y le dice, tomándolo de sorpresa:
– “Puedes venir a caminar con nosotros”.
El niño, se sonríe, y le dice:
– “¡Cierto!, ¿puedo ir a caminar con ustedes?”.
– “Claro”.
Un Tercero, que era medio quisquilloso, le dice:
– “Maestro, es un niño pequeño hay que atenderlo, hay que cuidarlo, ¿y sus padres?”.
El Maestro, se voltea, y le dice:
– “Nosotros seremos sus padres y seremos sus madres, ¿no ves acaso, que anda solo?, que quedó huérfano. Lo cuidaremos y lo atenderemos”.
– “¡Maestro!”, le dice él. “¿Pero Tú no sabes que nos va a quitar tiempo?”.
El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “¿Y qué es el tiempo?”.
El Tercero, le dice:
– “El tiempo, Maestro, las horas”.
El Maestro, le dice:
– “¿Y quién inventó el tiempo?”.
– “Maestro”, y se quedó callado, no supo que contestar.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo, 13 de julio de 2008
Hora: 12:50 a.m.

El Maestro, estaba caminando con muchos Dos y Tres y Cuatro y Cinco y Seis, pero muchos.
Todos les seguían atentos a ver que Él decía.
De repente, Él se para a mitad del camino y les llega, y les señala un sembradío lleno de árboles con frutos, muchos árboles con frutos.
El Maestro, les dice:
– “Al Dos, ¿tú qué ves?”.
– “Ay, Maestro, ese árbol no tiene fruto”.
El Maestro, se voltea, y le dice a un Tres:
– “¿Y tú qué ves?”.
– “Maestro, allá hay un árbol y allá hay otro árbol que tampoco tienen frutos”.
Le pregunta a un Cuarto y a un Quinto, y todos le respondían:
– “Ahí vemos a un árbol, dos árboles que no tienen frutos”.
Y en eso el Maestro, ve que venía el niño caminando, le hace señas y él se acerca, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “¿Qué ves ahí?”.
El niño, invoca una sonrisa, y le dice:
– “Muchos árboles con frutos, ¡uhm!… ¡qué rico!… ¡cuántos frutos hay!”.
El Maestro, sonríe, se queda mirando a los Segundos y a los Terceros y a los Cuartos y a los Quintos.
Todos estaban sorprendidos porque el Maestro estaba feliz con la respuesta.
El niño, viendo que todos habían puesto cara seria, les dice:
– “¿Dije algo malo, Maestro?”.
Y el Maestro, sonriendo, le dice:
– “No. Vistes lo que tenías que ver, lo que Yo quería que ellos vieran, por eso seguirán caminando”.
Y siguieron caminando…
Un Cuarto, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Pero bueno Maestro, Tú nos dijiste que viera… Tú no nos dijiste que viéramos los árboles con fruto, Tú nos dijiste que viéramos”.
El Maestro, les dice a todos:
– “Siéntense”.
El niño, se había alejado correteando feliz comiéndose uno de los frutos.
Cuando todos estaban sentados alrededor de Él, les dijo:
– “Habían muchos árboles con fruto y solo habían dos que no tenían, más ustedes solo se fijaron en lo que no había, no en lo que mi Padre tan generosamente les da. El niño en su inocencia solamente vio los frutos, ¡ay, de ustedes si dejan de ser niños!”.
Y se paró, y les dijo:
– “Sigamos caminando” …
El niño, se termina de comer el fruto y sale corriendo donde está el Maestro, y le dice:
– “Maestro, Maestro”, lo jalaba de la túnica.
– “Maestro, ¿yo puedo caminar contigo?”.
El Maestro, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “Soy Yo el que debería caminar contigo”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 07 de julio de 2008
Hora: 12:25 p.m.

El niño, se para de la roca, sale de la orilla del mar y se va caminando hacia el bosque. Inquieto y observador como era, se queda mirando un árbol frondoso, miraba sus hojas, pero como era pequeño y el árbol era de tronco recto, muy recto no podía llegar a donde estaban las hojas que quería alcanzar, se puso triste.
En eso, el Maestro, que estaba reunido con muchos Dos y muchos Tres, y muchos Cuatros, y muchos Cincos, ve a lo lejos al niño y sintió su tristeza, y se acercó.
El niño, lo miraba sorprendido:
– “¡Hola, volviste!”.
Él le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “Dime, ¿por qué estás triste?”.
– “Es que el árbol es tan recto, tan recto, tan recto que no puedo alcanzar las hojas que quiero ver”.
El Maestro, lo toma de la mano, y le dice:
– “Ven caminemos”.
Y se acercaron a otro árbol igual de hermoso solo que el tronco no era tan recto, el tronco era medio ondulado, y le dice:
– “Móntate en este tronco, alcanza las hojas y baja”.
El niño, sonriendo y feliz sube por el tronco ondulado, agarra las hojas, le enseña el trofeo al Maestro sonriendo, pero como era inquieto y preguntón, le dice:
– “Maestro, ¿por qué este árbol está ondulado, torcido y no está recto cómo el que está al lado?”.
El Maestro, le dice:
– “Muchas veces, lo que creemos que es tan recto nos impide llegar a las cosas ciertas y este que estás viendo está ondulado, que ha sido maltratado por el viento, que ha crecido torcido porque no tiene sitio fijo donde fijarse te permitió llegar a tocar sus hojas”.
El niño, que era muy pequeño no entendía muy claro lo que le estaba diciendo el Maestro, pero un Segundo y un Tercero que estaban oyendo, se le acercan, y le dice:
– “Maestro, cuan grande eres”.
Y el Maestro, se voltea y se le queda viendo con mucho amor, y le dice:
– “Así es, así es la vida, no siempre lo que creemos que es, es y a veces las vicisitudes, y las cosas que nos pasan nos hacen después crecer. Así como este árbol frondoso, mira la alegría de este niño”.
El niñito, estaba extendiendo su mano y enseñando con orgullo a los Segundos, y a los Terceros, y a los Cuartos las hojas que había agarrado.
Un Cuarto, que era de lo más sabiondo, le dice:
– “Pero si lo que tienes en la mano son hojas, mira cómo está el suelo llena de ellas”.
El niño, se le queda mirando, y le dice:
– “Sí, pero esas cayeron y están muertas en cambio estás, están llenas de vida”.
El Maestro, se sonríe, le pasa la mano por la cabeza al niño, y le dice a los demás:
– “Sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Un Quinto, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, lo del árbol recto, ¿Qué nos quisiste decir?”.
El Maestro, le dice:
– “Cuántas cosas se han hecho creyendo que era lo correcto y lo que se tenía que hacer, y cuánto han alejado la verdad. Mejor, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
El Maestro, ve que el niño después de haber hablado con un Quinto estaba como triste y se le acerca:
– “¿Qué te pasa?”, le dice.
Él le enseña su manito, las hojas.
– “Él me dijo que solamente eran hojas”.
El Maestro, le dice:
– “¿Y tú qué ves?”.
– “Mira”, le dice él. “Este es un verde brillante, hermosa y mira está, a está le caminó una hormiguita, y está tiene un tono como dorado”.
El Maestro, le dice:
– “Cuan sabio eres aun siendo tan pequeño. Vente sigamos caminando”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, jueves 26 de junio de 2008
Hora: 12:30 p.m.

Un niño, se acerca a la orilla de la playa y se queda viendo el movimiento de las olas que iban y venían. Cuando trataba de agarrarla, la ola retrocedía.
El niño, se queda mirando y pasa horas mirando como se iba y como regresaba. De repente, se da cuenta que hay un hombre sentado en una roca cercana a la orilla de la playa y se acerca, y le dice:
– “Señor, ¿usted también está contando cuántas veces va y cuántas veces viene?”.
Él sonríe, le pasa la mano por la cabeza del niño, y le dice:
– “Mejor es que tengas mucha paciencia porque esto no se detiene”.
El niño, le dice:
– “¿No se detiene nunca?”.
– “Nunca”, le da un beso, se levanta de la piedra y se aleja caminando.
El niño, ve como mucha gente lo rodea, hablaban entre sí y oye cuando uno le pregunta:
– “Maestro, ¿Qué quería saber el niño?”.
El Maestro, se queda mirando al número Tres, que le había preguntado, y le dice:
– “La sabiduría”.
Y siguieron caminando…
– “Maestro”, le dice el Segundo. “¿Cómo que la sabiduría?, ¿es que acaso un niño tan pequeño pude ser sabio?”.
El Maestro, se le queda viendo, y le dice contemplando la orilla del mar:
– “¿Qué ves tú ahí?”.
– “Maestro, el mar, agua”.
El Maestro, sonríe, y le dice:
– “El niño veía el vaivén de las olas, como iban y venían, y se preguntaba si algún día se acabaría o si seguirían, y hasta las estaba contando”.
– “Y eso Maestro, ¿Qué es?”.
– “Ya te lo dije, sabiduría”.
Siguieron caminando…
El sigue contemplando el mar, se desprende de sus discípulos y se acerca al niño, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “¿Qué es lo que te preocupa?”.
El niño, levanta sus ojos, y le dice:
– “¿Se pondrá muy alta la ola cuando se pone bravo?”.
El Maestro, le dice:
– “Así es, por eso es que hay que mantenerla suave y calmada”.
El niño, suspira, y le dice:
– “Cuando se retira deja conchas marinas en la arena, pero cuando regresa se las lleva. Si no le arranco rápido las conchas y las sostengo con mis manos el agua me las quita”.
El Maestro, le hace cariño al niño en la cabeza. Ya muchos Segundos y Terceros se habían acercado y oían el diálogo que había entre los dos.
El Maestro, levanta la mirada, los ve a todos, y le dice al niño:
– “Abre tú mano”.
El niño, la abre y tenía una hermosísima concha de mar, le dice:
– “Baja la mano con suavidad y deja que el mar te acaricie la mano”.
El niño, lo hace y lo vuelve a hacer, y se empieza a reír, y le dice:
– “¡No se la lleva!”.
Y el Maestro, le dice:
– “Todo lo que se hace con amor, con alegría, con gracia siempre la tendrás en la mano”.
Se para, y le dice a los demás:
– “Sigamos caminando…”.
Un Sexto, le dice a un Quinto:
– “¿Yo no sé por qué el Maestro perdió tanto tiempo con ese niño? Al fin y al cabo, le dedica más tiempo a ese niño que a nosotros que estamos caminando con Él”.
El Maestro, que todo lo oye se acerca y les dice:
– “Cuando vosotros seáis como el niño estaréis más a Mí lado”.
Ellos bajan la mirada avergonzada, y le dicen:
-Maestro, no te quisimos ofender, es que quisiéramos compartir más contigo y a veces, no entendemos lo que nos dices”.
El Maestro, les dice:
– “¿Qué tienes en la mano? Ábrela”, la abre y no tiene nada.
Se acerca, le pasa la mano por el pelo, y le dice:
– “Ve a la orilla, agarra una concha marina y sé cómo el niño”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, edo. Miranda, Carrizal, miércoles 18 de junio de 2008
Hora: 12:39 a.m.

El Primero, iba caminando y lo seguían el Segundo, el Tercero, Cuarto y muchos Segundos y Terceros y Cuartos. Iba por un camino y de este lado era solamente tierra árida, seca y el viento la levantaba y le caía en su ropa… más en el otro lado del camino había un pasto verde, árboles con frutas, habían flores y el Maestro seguía caminando y caminaba, y de un lado le caía el aroma de las flores y del otro lado su túnica se ensuciaba con la tierra árida que levantaba el viento seco.
Un Tercero, se le acerca:
– “Maestro, Maestro, ¿por qué en este lado hay tanto verde?… es tan hermoso y del otro lado es tan árido… si lo que separa es un camino”.
El Maestro, se voltea con mucho amor, se le queda mirando, y le dice:
– “Dichoso tú qué sabes ver el verde… pero, hay muchos que solamente ven lo árido”.
Un Segundo, que estaba oyendo se sorprende, y le dice:
– “¿Maestro, pero no estamos caminando para que todo se ponga verde?”.
El Maestro, le señala el camino, y le dice:
– “¿Cuánto crees tú que falta?”.
El Segundo, se asoma por detrás del Maestro:
– “¡Uy, Maestro!… falta mucho”.
El Maestro, le dice:
– “Sí, por eso tenemos que seguir caminando”.
Y siguieron caminando…
Un Quinto, se le acerca, y le dice:
– “Pero bueno Maestro… Tú nos dijiste que aún en la tierra árida se movía la vida… hay insectos que se arrastran, que se mueven, que vuelan… hay minerales… hay creación del Padre”.
El Maestro, se le acerca, y le dice:
– “Es cierto, lo que dices es cierto”.
– “¿Entonces?”, le dice ese Quinto nervioso y fastidioso.
– “¿Por qué tenemos que seguir ese camino tan largo?… si de todas maneras aun en lo árido Tú nos enseñaste que hay vida”.
El Maestro, con infinita paciencia, le dice:
– “Porque al final del camino lo árido y lo verde se unen. Así que sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Un Sexto, que no estaba muy claro oyendo toda la conversación… se le acerca al Maestro, y le dice:
– “¿Maestro… pero, no será que tiene que haber un lado árido y un lado verde… así como hay la luz y la noche y así como hay un día?”.
Y se ponía todo nervioso porque era la primera vez que se atrevía acercarse al Maestro.
El Maestro, se le queda viendo, se queda pensativo, y le dice:
– “Sí, es cierto… hay una noche y hay un día… y hay una noche y hay otro día… y hay una noche y hay otro día… así que sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 07 de junio de 2008
Hora: 12:05 a.m.

Un Segundo, se acerca a un Tercero y a un Cuarto, y les dice:
– “¿Vieron lo que se acerca?”.
El Cuarto, se voltea… se queda mirando, y dice:
– “Sí, la oscuridad”.
El Maestro, que los estaba oyendo, les dice:
– “No miren la oscuridad… vean hacia allá, hacia el frente… ¡cuánta Luz!”.
El Quinto, que estaba oyendo… se acerca, y le dice al Maestro:
– “Maestro, ¿por qué si Estás Tú… hay tanta oscuridad?”.
El Maestro, le pasa la mano por la cabeza, y les dice:
– “¿Vieron esa Luz?”.
– “¡Claro Maestro!… hacia allá vamos”.
Y el Maestro, les dice:
– “¿Para qué vamos allá?”.
Todos se sonrieron:
– “Maestro, porque está la paz”.
El Maestro, se voltea y mira hacia atrás donde está la oscuridad, y les dice:
– “Cuando lleguemos allá tenemos que regresar a llevar la Luz… así que, sigamos caminando… se hace tarde”.
Unos a otros se miraron, no entendían… y el Maestro les vuelve a decir:
– “No vamos a caminar a ver la Luz, vamos a llevarla, a buscarla y llevarla con nosotros”.
El Quinto, seguía sin entender, y le dice:
– “Maestro, aunque lleguemos a la Luz, ¿vamos a seguir caminando?”.
El Maestro, mira hacia la oscuridad, y les dice:
– “Mientras haya oscuridad, seguiremos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 11 de mayo de 2008
Hora: 05:07 a.m.

El Primero, ve que hay muchos Segundos y muchos Terceros, y se sonríe.
Y sigue caminando…
Un Segundo, que lo estaba viendo, le dice al Tercero:
– “¿Vistes?… se está sonriendo cuando nos mira”.
El Tercero, que era muy analítico y pensativo, le dice:
– “Nos ama”.
El Segundo, se rasca la cabeza, se queda pensando:
– “¿Lo amaremos nosotros igual?”.
Y se voltea y ve al Primero, que brillaba… se alejaba caminando y brillaba, y pensó:
– “Algún día yo voy a brillar como Él”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado 03 de mayo de 2008
Hora: 04:51 p.m.

Un Segundo, a veces se preguntaba:
– “¿Y qué hago yo caminando tanto? Y pasan los días… y caminamos… y caminamos”.
Un Tercero, que estaba a su lado, lo ve pensativo, y se le acerca:
– “¿Qué te pasa?”.
– “Es que no sé”, le dice el Segundo. “Caminamos y caminamos”.
– “¿Y?”, le dice el Tercero.
– “No veo nada nuevo, no siento nada nuevo”.
El Tercero, alarmado se le queda viendo, y le dice:
– “Tu, que estás a un Segundo, que eres un Segundo y estás tan cerca, ¿dices eso?
¿Qué me esperará a mí?”.
El Segundo, se dio cuenta de lo que había dicho y vio que el Primero lo miraba, más le vio una sonrisa en el rostro.
El Primero, viendo la angustia del Segundo y el desconcierto del Tercero se acercó a ellos, y les dijo:
– “¿Qué os preocupa? A veces, Yo también me siento cansado de caminar”.
Y siguieron caminando…

El Segundo, le dice:
– “¿Tú también Maestro?, pero si Tu todo lo puedes, si Tu todo lo sabes”.
El Maestro, le dice con infinito amor:
– “Cuando consigo un árbol quemado, cuando consigo un ave en el suelo, muerta por el hombre. Cuando consigo la aridez en sus corazones, Me siento cansado”.
El Segundo y el Tercero se miraron y el Primero sonriente les pasa la mano por la cabeza, y les dice:
– “Pero cuando veo que al árbol le sale un retoño y que de esa ave caída se alimentan los insectos, y hay vida a su alrededor, levanto Mí mirada, y veo el cielo tan azul. Me levanto y sigo caminando.
Sigamos caminando” …
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 18 de abril de 2008
Hora: 05:30 p.m.

Un Cuarto, que venía caminando detrás de un Tercero y un Segundo, le pareció ver al Maestro, que se doblaba y le dolía, y pensó:
– “¡No hombre…! Cómo le va a doler a Él… a Él no le puede doler nada”.
Pasó un día… pasó otro… estaban sentados alrededor de una hoguera.
Y vio como el Maestro hizo un gesto…
– “Como que sí le dolía… No, no, no, eso es que lo estoy imaginando… cómo le va a doler a Él… si Él es el Maestro… si Él es Dios… a Él no le puede doler”.
Pero se quedó con la curiosidad y cada vez que veía al Maestro hablar o caminar lo observaba.
Y así pasaron los días y los días.
Caminando pasó al Tercero, al Segundo y llegó hasta el Primero. Y le notó gesto de dolor… se sorprendió tanto, que no podía hablar.
El Maestro, se voltea, lo mira con infinito amor, y le dice:
– “¿Por qué te sorprendes… no sabes que los amo a todos?”.
El Cuarto, se quedó avergonzado… bajo la mirada.
El Maestro, se acercó, le pasa la mano por la cabeza, y le dijo:
– “Ten presente, cada día el dolor es menor mientras tú camines a Mí lado”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo Miranda, Carrizal, domingo 06 de abril de 2008
Hora: 07:00 p.m.

Un Quinto, que venía caminando silenciosamente, pasaba los Terceros, los Cuartos, los Segundos más, no llegaba al Primero, siempre algo se lo impedía. Y así fueron pasando los días, y los días, y no llegaba al Primero.
Mas un día el Maestro viendo lo que sucedía, se abrió a pie a paso, entre todos, recorrió el camino, llegó hasta ese Quinto, y le dijo:
– “Ya que no llegas a Mí, Yo llego a ti… Sigamos caminando…”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 30 de marzo de 2008
Hora: 07:45 p.m.

Unos Cuartos y unos Quintos, se acercaron a un Segundo y a un Tercero que hablaban, y le preguntaron:
– “¿Usted sabe dónde Está el número Uno, el Maestro?”.
Ellos se voltearon, y le dijeron:
– “¿Ven allá al fondo en la ladera de la montaña? Él Está sentado, sigan derecho por este camino que van a llegar a Él”.
Esos Cuartos y esos Quintos se despidieron de los Segundos y de los Terceros, siguieron caminando y llegaron a la ladera de la montaña; habían muchos Terceros y muchos Cuartos, y muchos Quintos, y muchos Segundos, pero muchos. Como pudieron, pasaron entre unos y otros porque querían ver de cerca al número Uno, al Maestro. Ahí, habían oído hablar tanto de él.
Poco a poco fueron subiendo, disculpándose con la gente que apartaban, con los Segundos, los Terceros, los Cuartos, hasta que, por fin en una distancia de aproximadamente 2 metros, se sentaron.
El Cuarto, le dice al Tercero:
– “¿Viste cómo nos dejaron pasar?, nadie se molestó y llegamos hasta aquí”.
En eso el Primero, se les queda mirando, ellos se sorprendieron.
– “¿Será que nos oyó?; todos dicen que es muy especial”.
El Maestro, se levanta, se acerca hasta donde ellos están, y les dice:
– “¿Por qué se sentaron ahí?”.
Ellos, sorprendidos, dicen:
– “Maestro, sólo hay 2 metros para llegar a Ti”.
El Maestro, se les queda viendo, y les dice:
– “Para ustedes son 2 metros, que son como 2 kilómetros; para Mi fue tan fácil, sólo Me levanté, di unos pasos y llegué a ustedes”.
Ellos se quedaron sorprendidos, no entendían nada y el Maestro se devolvió, y se volvió a sentar; los demás que estaban ahí, que eran muchos, pero muchos Segundos, Terceros y Cuartos, sonreían, se veían felices, y ese Tercero y ese Cuarto, se preguntaron:
– “Mira, ¿vistes a los nuevos Cuartos y Quintos?, están como sorprendidos. Vamos a ayudarlos”.
Se levantaron, se acercaron, y les dijeron:
– “El Maestro, lo que quiere es que ustedes den los pasos, eso es todo lo que quiere el Maestro”.
Ellos seguían sin entender nada.
El Maestro se vuelve a levantar, se acerca a ese Tercero y a ese Cuarto que se habían acercado al Cuarto y al Quinto, y les dice:
– “Tranquilos, lo que pasa es que ellos quisieron llegar muy rápido y no se detuvieron a pensar, ni a sentir. Levantémonos y sigamos caminando”…
Se levantó y empezó a bajar la ladera de la montaña, se veían muchos, como hormigas, ya eran tantos; ya el Cuarto y el Quinto no se distinguían, estaban hablando muy animosos con los demás y el Maestro, se para de repente, se voltea, se les queda mirando, baja la mano, agarra un puñado de arena, la mira, la toca, se sonríe y siguieron caminando…
Los nuevos Cuartos y Quintos seguían sin entender nada, pero se sentían contentos y felices. Todos estaban ahí, se ayudaban entre ellos y eso para ellos era algo nuevo, y lo estaban disfrutando; no se querían hacer muchas preguntas, pero un día vieron que el Maestro, se levantó y se fue montaña arriba, solo, y vio que ninguno se preocupaba en seguirlo.
Se acercaron al Segundo y al Tercero que habían encontrado al inicio del camino, y le preguntaron:
– “¿Para dónde va el Maestro?”. -En voz baja-
Los Segundos y los Terceros se voltearon, se les quedaron mirando y les dijeron con mucha alegría:
– “A reunirse con su Padre”.
Esos Cuartos y esos Quintos:
– “¿Y por qué nos dejan a nosotros aquí?, ¿por qué nosotros no podemos ir con Él?”.
Los Segundos y los Terceros: “¡Ay!”, suspiraron, y le dijeron:
– “Él necesita su tiempo, necesita hablar con Su Padre; cuando nosotros estemos listos, hablaremos con el Padre, sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Los Cuartos y los Quintos nuevos, seguían sin entender nada, pero se seguían sintiendo a gusto con el grupo.
Pasaron los días…
El Maestro, se acerca a ellos, y les dice:
– “Agachen la mano y vamos a recoger arena del camino, cada uno va a agarrar un poquito y la va a poner en el centro de su mano”.
Ellos se miraron sorprendidos… “agarrar arena del camino” … bueno, pero bajaron la cabeza y la recogieron, levantaron la mano. El Maestro, también había agachado la mano y había recogido arena del camino, entonces, les dice:
– “Enséñenme lo que tienen en la mano”.
A cada uno de ellos, ellos extendieron sus manos.
– “Fíjense bien”, les dice el Maestro. “¿Cómo es tu arena?”.
– “Bueno”, le dice el Cuarto. “La arena tiene unas piedritas, tiene unos pedazos de vegetación”.
El Maestro, le dice:
– “Mira la mano de él, ¿Cómo es su arena?”.
– “Parecida… tiene piedritas, tiene pedazos de vegetación”.
Y el Maestro, le dice:
– “¿Cómo es la Mía?”.
– “Parecida, tiene piedras, pedazos de vegetación”.
Y el Maestro, le dice con infinito amor:
– “Tú lo has dicho, son parecidas mas no, son iguales. Ninguno de vosotros sois iguales, debéis tener paciencia, en algún momento llegareis al Padre como he llegado Yo, así que sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 26 de marzo de 2008
Hora: 11:32 p.m.

El Primero, se acerca silencioso a uno de los grupos y ve que están hablando de la Naturaleza; se acerca a otro grupo y ve que están hablando del ser humano; se acerca a otro grupo y ve que no están hablando de nada, puras incoherencias.
Un Segundo, se acerca, y le pregunta:
– “Maestro, ¿por qué Te quedaste al lado de los que están hablando incoherencias?”.
El Maestro, se voltea, y les dice:
– “Porque en alguna palabra suelta está dicha la verdad, la debo tomar al vuelo”.
– “¿Tomarla al vuelo?”, le dice el Segundo. “¿Para qué?”.
El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “Para que se vuelvan coherentes”.
Y siguieron caminando…
Los grupos se disolvieron, se unieron todos, pues había caído la tarde.
Alrededor de la hoguera se sentaron, unos recostados, otros acomodados. El Maestro, que estaba sentado un poco más arriba recostado de un árbol, los ve a todos, los contempla, eran muchos, estaba llena la ladera de la montaña, eran muchos, era una colina amplia, pero fue observando como el cansancio los vencía y sonreía, levantaba la mano, parecía como si los estuviera acariciando a distancia y se iban quedando dormidos.
Y pasó la noche y amaneció, el Maestro se levanta, se sacude, se estira Su túnica, mira al Cielo, mira al árbol y los ve que estaban empezando a despertar. Unos iban muy lentos en el despertar, otros se despertaron rápido y brincaron, más de uno se quedó que lo tuvieron que llamar:
– “¡Epa!, mira que ya el Maestro está listo, apúrate”.
El Segundo, que ve que el Maestro los estaba observando, se acerca y le pregunta:
– “Maestro… ¿Qué tanto le ves?”.
El Maestro, se voltea, y le dice:
– “A la vida, eso es la vida, unos van despacio, otros más lento, algunos les cuesta despertar, a otros hay que empujarlos, eso es la vida”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, lunes 03 de marzo de 2008
Hora: 10:40 p.m.

Un Segundo, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, Te siento preocupado, como si Estuvieras triste”.
El Maestro, que miraba a lo lejos, le pasa una mano por la cabeza, y le dice:
– “No te preocupes, no es nada”.
Pero el Segundo que ya lo conocía, le dice:
– “Maestro, ¿Cómo puedo llegar a Ti y ser como Tú si no me dejas entenderte?”.
El Maestro, se sorprende por la suavidad de las palabras y de la profundidad de las mismas, y le dice:
– “¿Ves aquel Tercero, que está allá, a lo lejos, hablando con todos, dando explicaciones con mucho conocimiento, con mucha lógica?”.
El Segundo, le dice:
– “Sí, lo veo. Maestro, pero, él dice que está muy cercano a Ti”.
El Maestro, le dice:
– “Eso es lo que dice. Y sigamos caminando”…
El Segundo, se quedó un poco preocupado, no entendía lo que el Maestro le quería decir:
– “Maestro, necesito que me ayudes, no comprendo”.
El Maestro, se voltea y ve al grupo que estaba hablando, oyendo, y le dice:
– “¿Tú qué crees, que una hormiga porque sea lenta en su caminar, no lleva muchas veces su comida en sus hombros?”.
El Segundo, se sorprende:
– “¿Y esto que tendrá qué ver?”.
El Maestro, lo vuelve a ver, y le dice:
– “Mira el pájaro, recoge muchas hojas y va haciendo su nido, sin embargo, algunas se le caen y el continúa”.
El Segundo, seguía sin entender, pues el Maestro miraba al grupo donde estaba hablando el que se las sabía todas, el que decía todo.
– “Maestro, ¿Qué me quieres decir?”.
El Maestro, se sonríe con infinita paciencia, y le dice:
– “Cuando a él se le caigan las hojas y cuando no comprenda, de que las hormigas llevan su comida muchas veces, lento y cadencioso en su caminar, Yo estaré ahí”.
Y siguieron caminando…
El Tercero, que le llegaron rumores de la conversación, se acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, Tú sabes muy bien que nos hiciste a todos diferentes, que cada quien tiene su manera de ver la vida y que cada quien tiene su verdad”.
El Maestro, se le queda viendo con mucho amor, y le dice:
– La verdad es una sola. Cuando las verdades perjudican y dañan a los demás, ya no son una sola; encuentra la tuya y ven, y camina a Mi lado”.
Y siguieron caminando…
El Tercero, que realmente amaba al Maestro y lo quería hacer bien, se sintió un poco triste y se alejó, y se sentó sobre una piedra que había en el camino, había un paisaje precioso.
El Maestro que estaba lejos lo contemplaba.
El Segundo le dice:
– “Maestro, ¿te vas a acercar?”.
– “No, él está creciendo y pronto va a caminar a Mi lado”.

Un niño caminando se acerca a un pueblo, había una revuelta en el centro de la plaza… unos se hablaban, otros se gritaban, otros se insultaban; el niño en su inocencia se acerca, y les pregunta:
– “¿Qué hacen?, ¿por qué discuten?”.
Un señor mayor, que estaba sentado afuera, les dice:
– “Porque todos quieren saber la verdad o tener la verdad”.
El niño, se sorprende, y les dice:
– “¿Y qué es la verdad?, porque si a mí me duele mi barriguita, es verdad que me duele mi barriguita; si yo tengo hambre, es porque tengo hambre y si está lloviendo, es porque está lloviendo. ¿Qué es la verdad?”.
El anciano, lo mira sorprendido, por la inteligencia del niño, y le dice:
“La que ellos no han encontrado”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 29 de febrero de 2008
Hora: 09:20 p.m.

Un Tercero, llega corriendo donde está el Primero, y le dice:
– “¡Maestro, Maestro!… mire lo que traigo en la mano, mire lo que encontré”.
El Maestro, lo mira, y le dice:
– “Hermosa piedra, ¡cómo brilla!”.
El Tercero, le dice:
– “Sí Maestro, brilla mucho, pero fíjate, Maestro, cuando la acerco a Ti, brilla mucho más. La voy a cargar cerca de mi corazón para tener Tu luz conmigo”.
Y el Maestro, se sonríe, se enjuaga una lágrima, le pasa los brazos por los hombros, y le dice:
– “Sigamos caminando”…
El Tercero, emocionado, se guarda la piedra. Un Segundo y un Quinto que estaban oyendo se acercan, y le preguntan:
– “¿Dónde la conseguiste?… nosotros no hemos visto piedras tan hermosas”.
El Tercero, les dice:
– “¿No han visto las piedras tan hermosas?… ¡hay muchas!,, fíjense en la luz”.
– “¿Cuál luz?”.
El Maestro, con su infinita paciencia se acerca al Tercero, y les dice:
– “Déjalos, ya las verán, ya las verán y sigamos caminando”…
Un Cuarto, que estaba oyendo, se acordó que él tenía una piedra guardada, no le había dado mucha importancia; era una linda piedra mas no, la había puesto al Sol a brillar, ni la había acercado al Maestro y se sintió un poquito avergonzado.
– “Maestro, yo tengo una piedra guardada, ¿la puedo acercar a Ti?”.
El Maestro, se le queda viendo sonriente, y le dice:
– “¡Claro!”.
Él tímidamente la saca de la bolsa que tenía colgando en su hombro, hecha de la más pura lana. Tímidamente se la enseña:
– “Aquí esta Maestro”.
Y cuando abre la mano sale una luz hermosa que se reflejaba; el Maestro, se sonríe:
– “Hermosa piedra”.
– “Maestro, no sabía que brillaba así”.
El Maestro, le hace cariño, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “Ya lo sabes, a veces, tenemos que ver brillar otras piedras para saber que las nuestras también pueden brillar”.
Y siguieron caminando…
Un Segundo y un Quinto, se agacharon a recoger piedras, trataron de conseguir piedras que brillaran, mas no las encontraban y se empezaron a preocupar:
– “¿Cómo es eso que nosotros no encontramos las piedras que brillan si caminamos tanto tiempo con Él, si lo seguimos a Él?”.
El Maestro, se voltea, y les dice:
– “Tómenlas en su mano, límpienlas con su ropa y verán que sale el brillo de su luz”.
Así lo hicieron, y de repente, las piedras que estaban opacas, que no se veían brillar, empezaron a brillar. Se emocionaron, se las enseñaron a todo el mundo:
– “Tenemos también las piedras que brillan, tenemos también las piedras que brillan”.
El Quinto, aquel que había sido tan inquieto se le acerca al Maestro, y le dice:
– “Maestro, ¿es tan importante tener una piedra que brilla?”.
El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “¿Tú qué piensas?”.
– “Maestro, sólo Tu Luz”.
El Maestro, se sonríe, le acaricia el pelo, y le dice:
– “Aún, en esas piedras que brillan, también está Mi Luz”.
Y siguieron caminando…
Y siguieron caminando, y caminaban, y caminaban, y ya las piedras se veían con más facilidad; todos tenían piedras que brillaban o, casi todos, y el Quinto que sólo le gustaba la luz del Primero se le vuelve acercar, y le dice:
– “Maestro, ¿será que tengo que agarrar una piedra que brille?”.
El Maestro, se voltea, lo mira, y le dice:
– “¿Tú qué crees?”.
El Quinto, lo ve, resplandecía, brillaba:
– “Maestro, sólo Tu luz”, le vuelve a decir.
Y el Maestro, abre la mano, tenía una hermosa piedra en la mano, se la da, y le dice:
– “Tu luz y la Mía, unidos, y sigamos caminando…”.
Los demás, vieron que el Quinto había recibido una piedra directamente del Maestro, y pensaron:
– “¿Por qué el Maestro se la da a él y a nosotros no?”.
Y se sintieron un poquito tristes, no entendían, ¿sería que tenía preferencia?, ¿sería que lo quería más que a los demás?
En eso el Quinto se acerca, y les dice a todos los que tenían piedras:
– “Por qué no hacemos una cosa, las metemos todas en este saco y así las piedras de ustedes, las mía y las del Maestro, son sólo una, y con Su luz tan hermosa, nos dará calor en la noche, y nos señalará el camino”.
Todos los que habían dudado se sintieron avergonzados; se acercaron, sacaron sus piedras, las metieron en el saco tejido de hermosas lanas.
El Maestro que los estaba observando se sonrió, dio la vuelta y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, domingo 24 de febrero de 2008
Hora: 01:22 a.m.

Finalizaba la tarde, y unos Segundos y unos Terceros y unos Cuartos y unos Quintos, estaban caminando. En eso se dan cuenta que un Quinto, que era antes muy alborotado, que hablaba mucho, que todo lo sabía, estaba acostado, mirando al cielo.
– “Maestro, Maestro, ¿Qué le pasa al Quinto?”.
El Quinto, miraba al cielo y se sonreía, habían nubes que le parecían casas, habían nubes que parecían pájaros, habían nubes que eran motas de un blanco y hermoso, y precioso algodón, como lo recogían de las matas en tierras lejanas.
Y el Maestro se sonríe, y le dice a todos esos Segundos y Terceros, y Cuartos:
– “Déjenlo ser, vamos todos a ponernos a ver las nubes, ¿no sabéis acaso, que el lenguaje del cielo es infinito?”.
Se recostaron y se pusieron a ver las nubes, hasta que callo la noche.
En la mañana, el Maestro se levanta, y les dice:
– “¿Qué vieron?”.
Uno le dice:
– “Creo que vi como un camello”.
El otro le dice:
– “Yo vi un pájaro”.
Y así sucesivamente, le pregunta al Quinto, el que en una oportunidad hablaba tanto y sabia tanto que nadie quería estar al lado de él.
– “¿Y tú que viste Quinto?”.
– “¡Ay, Maestro!”, le dice él con infinita alegría.
– “El movimiento del viento, la luz como se perdía en el anochecer, la presencia de Tu Padre. Te veía a Ti, Maestro”.
El Maestro, le acaricia la cabeza, se sonríe, y le dice a los demás.
– “Sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, sábado, 02 de febrero de 2008
Hora: 08:37 p.m.

El Tercero, ve que el Primero va caminando un poco lejos y de repente, ve que hay tres caminos. Había unos Segundos y unos Quintos detrás de Él.
– “¿Por dónde se habrá metido?, ¿qué camino habrá tomado?”.
Unos le decían, los Cuartos y unos Quintos:
– “¡Nos vamos a perder!, ¡nos vamos a perder! ¿Por qué permitiste que se fuera caminando solo?”.
El Primero, se dio cuenta que los había dejado atrás, retrocedió unos pasos y se asoma.
– “¡Maestro, pensamos que Te habíamos perdido!”.
El Maestro, les dice:
– “¿Qué os preocupa?, son tres caminos”.
– “Maestro, son tres caminos, pero nosotros queremos seguir caminando en el Tuyo”.
El Maestro, se sienta a la orilla de los tres caminos, y les dice:
– “El de la derecha, va a un pueblo donde hay mucha gente, muchos Primeros, muchos Segundos y muchos Terceros, que tenemos que encontrar. El del centro, va hacia Mi Padre y el de la izquierda, hay otro pueblo con muchos Primeros y Segundos y Terceros, que tenemos que encontrar. ¿Cuál camino creéis que debemos seguir?”.
El Tercero, se rascó la cabeza, el Cuarto miraba de reojo, se miraban unos entre otros. Ninguno se atrevía a decir nada, hasta que, por fin, uno de los Sextos, le dice:
– “Maestro, creo que voy a tomar el de la izquierda”.
Uno de los Terceros, le dice:
– “Yo creo que voy a tomar el de la derecha”.
Y el Maestro, se les queda mirando, y les dice:
– “Muy bien”.
Se quedan en silencio, uno de los Segundos se acerca tímidamente, y le dice:
– “Maestro, yo sé que debería de tomar el de la izquierda o el de la derecha, pero yo quiero ir en el centro, quiero llegar a mi Padre”.
El Maestro, se sonríe, y les dice:
– “Todos los caminos, llegan al Padre, solo tenéis que hacerlo con amor, simplemente con amor”.
Se paró, y les dijo:
– “Sigamos caminando…”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, miércoles 30 de enero de 2008
Hora: 01:53 a.m.

El Tercero, de repente, sintió algo que lo perturbó y se acerca al Cuarto y al Quinto, y les dice:
– “Me siento un poco perturbado, mas no sé por qué”.
El Cuarto y el Quinto, le dicen:
– “Nosotros también y no sabemos por qué”.
Y siguieron caminando…
Se acercaron al Segundo, uno de los tantos Segundos, y le dijeron lo que estaban sintiendo. El Segundo se sorprende y se les queda viendo, y les dice:
– “¿Acaso no estamos caminando?”.
El Primero, que los estaba oyendo, se acerca, los abraza con mucha ternura, y les dice:
– “Debéis estar más cerca de Mí. Caminemos juntos”.
Y siguieron caminando…
El Tercero, uno de los tantos Terceros, se acerca dónde estaban muchos sentados, y les dice:
– “¿Se han dado cuenta?, donde hacia calor está haciendo frío y donde hace frío está haciendo mucho frío y donde también hacia calor hay demasiado calor”.
Algunos se voltearon, sorprendidos porque no entendían mucho, no comprendían.
El Primero, les hace una seña y todos se levantan, caminan junto a Él, llegan a lo alto de una montaña y había un valle abajo, muy hermoso.
El Primero, les dice:
– “Observen, ¿ven eso que parece un zigzag que atraviesa todo?”.
– “Sí, Maestro”.
– “Ahí pasaba un río, un hermoso río”.
Ellos, seguían sin entender, y le dicen:
– “¿Y, Maestro?”.
– “El río volverá a pasar. Sigamos caminando”.
Y siguieron caminando…
El Quinto, que ya se había calmado, que ya no estaba tan inquieto, que estaba mucho más relajado. Se acerca al Maestro con mucha confianza, muy seguro de si mismo, le dice:
– “Maestro, si el río pasaba por ahí y dejó de pasar, y ahora va a volver a pasar, ¿por qué, no era mejor que siempre pasara el río por ahí?”.
El Maestro, se le queda viendo, y le dice:
– “No siempre las cosas son como deben ser, no siempre las cosas son como parecen ser, lo importante no es que paso, lo importante es que va a volver a pasar”.
Y siguieron caminando…
El Quinto, no le gustó mucho la respuesta, se quedó un poquito desconcertado.
Uno de los Segundos se acerca, y le dice:
– “Recuerda Quinto, que donde pasa el río hay abundancia, los animales tienen donde beber, las flores crecen, hay verde, hay paz, hay felicidad”.
El Primero, que los estaba oyendo, se sonrió, miró al cielo, y dijo para si mismo:
“Gracias, Padre, están caminando”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, martes 22 de enero de 2008
Hora: 04:35 p.m.

El Segundo, estaba sentado en una piedra y veía a los Terceros, los Cuartos y a los Quintos, que escuchaban al Primero. Y el Primero, nunca se cansaba y les hablaba, y les hablaba, y unos se iban y otros llegaban, y Él les hablaba y les hablaba.
Pasaron los ratos, pasaron los tiempos, y el Segundo seguía viendo al Primero.
En eso, el Primero se acerca, le pasa la mano por la cabeza, y le dice:
– “Estás ahí, estás ahí”.
El segundo, le dice al Primero:
– “¿A dónde Maestro?, porque no estoy ni allá, ni estoy aquí”.
El Maestro, le vuelve a acariciar la cabeza, y le dice:
– “Estás en Mí. Sigamos caminando…”.
Y siguieron caminando…
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Edo. Miranda, Carrizal, viernes 04 de enero de 2008
Hora: 10:50 p.m.
¡Madre!, ¡Madre Santa!, desde el día en que te entregué mí amor, mí tiempo, mi vida, me has tenido tanta paciencia. Me has comprendido, nunca me has ignorado y he cometido tantas faltas y te fallé tantas veces. Y creí, en mí ignorancia, que lo hacía bien y Tú con Tú paciencia, me marcas el camino, me guías.
¡Madre Santa!, escribiré de Ti las alegorías más bellas, cantaré para Ti las canciones más risueñas y serán melodías que entonaré con amor… ¡Madre Santa!
Me envuelves en Tú tibieza y en Tú abrazo. Emerges acariciante, dulce y tibia, cálido abrazo de mar.
Te encontré y mí mundo cambió, ¡Qué hermoso!
Madre Santa, tomaste mí mano y me llevaste hacia Él.
Rezaré Tú oración tantas veces y así será, mi mano y la de muchos unidos en esa oración maravillosa.
¡Madre Santa!, ¿qué viste en mí para que Tú presencia sea tan continua y tan hermosa?
¡Ay, Madre!, cuando oigo a la gente que llora emocionada por Tu presencia, por Tus bendiciones y Tus milagros… ¡Madre Santa!, cruzaré la puerta y ayudaré a muchos a cruzarla.
¡Ay, de aquellos que pasan por la puerta y no la ven!… ¡Pobres!
Mas una cosa te digo, Madre; Tú fuerza será mí fuerza y bajo el amparo de nuestro Señor Tú Amadísimo Hijo seremos todos uno. Lucharemos, disolveremos la mancha roja, se irá cuando sople el viento con una brisa de amor.
La pelea está dada.
¡Ay, de aquellos que pasan por la puerta y no la ven!
-Rosaura, abrió los ojos y luego continuó-
Myrna, dame agüita.
“No debéis temer. No debéis preocuparos. Su sufrimiento será mayor cada día que pasa, más ella lo va a llevar. Y cuando finalice un día, Yo la recogeré.
¿Por qué os preguntáis? ¿No sabéis acaso que siempre Estoy? Debéis tener más fe. Ya os lo dije, los acontecimientos ya no se pueden parar, más vosotros podéis modificarlos con vuestras oraciones, no sabéis aún el gran poder que tenéis”.
(Alba)
Pero yo no dudo que Ella esté. -Dirigiéndose a Myrna-
“No todos pueden Verme, tú lo sabes bien. No hay una explicación, es solo un sentir.
¿Qué pasaría si todos me Ven? Sería algo normal, natural, cotidiano, Me olvidarían al día siguiente. Más en la dicha de la espera, Yo siempre Estoy.
Os he dado muestras de Mí presencia, cada momento, cada hora, aún en vuestros momentos difíciles, He Estado ahí”.
(Alba)
Es verdad.
(Myrna)
¿Y los que han podido Verte?
“¿De qué manera? Porque hay quien Me ve con los ojos, hay quien Me ve con el corazón, hay quien Me ve con el amor, hay quien Me ve en su necesidad, hay quien Me ve en su tristeza”.
(Myrna)
Tú silueta en forma de luz.
“¿No sabes hija Mía, que esa luz es Mí amor, que esa luz Soy Yo?
¿Qué es lo que te inquieta que preguntas esas cosas?”.
(Myrna)
Verte y no saber qué hacer.
“Ahorita Me estás oyendo”.
(Myrna)
Sí Madre.
“Confía más en ti, en lo que sientes. Sí, Me vas a ver, todos Me van a ver. Mas no lo preguntéis cuando, ni Yo misma lo sé. Una cosa si os digo, debéis estar preparados, Mí Lugar Sagrado abierto y la luz, y la luz saldrá de ahí.
Os bendigo, debéis cuidarla, sus dolores van a ser cada día más fuertes.
Díganle que la amo como las amo a ustedes.
Os bendigo”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 23 de agosto de 2005
Hora: 08:30 p.m.
Gloria a Ti mí Señor.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelve!
¡Oh!, ¡Luz Radiante, Estás conmigo!
¡Oh, Luz Radiante!
¡Padre, Padre!
¡Estás aquí!… ¡uhm!
¡Madre hermosa!
“Rosaura, se nos acaba el tiempo. Tienes que decidirte ya”.
(Rosaura)
Madre, ¿qué es lo que quieres que haga?
“Ya terminaste de crecer. Asume tú realidad. Sé que no es fácil, pero Estamos contigo”.
(Rosaura)
Madre, ¿fue por la reunión de ayer?
No fue solamente lo que se vio, ¿verdad? Es lo que decidieron.
¿Se van a cumplir las revelaciones?
“Así es amada hija y te necesito a tiempo completo. No quiero, que sufras más innecesariamente”.
(Rosaura)
¿Qué quieres que haga, Madre? Dímelo, yo lo cumplo.
Madre… ¡Me gusta que me toques, me alivia tanto! ¡Estoy sufriendo mucho desde ayer! Creí que me iba a quedar, que me iba a ir con Ustedes, que no iba a regresar más a Tú Lugar Sagrado.
“Amadas hijas, vosotras en vuestro corazón sabéis lo que debéis hacer. Debéis tener tiempo para todo, más el tiempo más importante, lo debéis pasar”.
(Rosaura)
¿En dónde, Madre?
“Ya os lo dije, se abrieron los acontecimientos”.
(Rosaura)
Madre, realmente me siento un poco azorada. ¿Qué quieres más de mí?
“Quiero que vayas a misa, que recibas la Eucaristía”.
(Rosaura)
¿Yo sola?
“Mis amadas hijas, ¿no sabéis acaso, que sois una? Debéis recibir la Eucaristía.
Quiero que Mí Lugar Sagrado permanezca abierto”.
(Rosaura)
Madre, ayer yo me sentía incómoda. Mientras estuve en la Iglesia y atendía a los enfermos, estuve bien, pero en la tarde no.
¿Quieres que no vaya más? ¿Quieres que me dedique a Ti completamente?
“Amada hija, ¿sabes cuánto sufrimiento innecesario pasas tú? Ya no necesitas ir. Ya viste, que no tiene importancia. Te lo dije en una oportunidad, los lugares están solo a través de los ojos de quien los mira”.
(Rosaura)
Es que me siento tan incómoda cuando voy, pero es como algo que me impulsa a ir, que no lo puedo contener.
“Si no te hace feliz, ¿para qué vas?”.
(Rosaura)
Madre, ¿Quieres que estemos los domingos en la floristería? ¿Qué es lo que quieres de nosotras?
“Ya os lo dije, se están dando los acontecimientos. Necesitamos mucha oración, necesitamos vuestra ayuda con vuestras oraciones. ¡Ay, de aquellos, que van a caer sumidos en la oscuridad!”.
(Rosaura)
¡Madre, me asustan Tus palabras!
“Amada hija, Yo no te Estoy pidiendo que no vayas, Yo te Estoy diciendo lo que debes hacer y te quiero a tiempo completo. El tiempo se nos acorta, los acontecimientos…”.
(Rosaura)
Ya lo sé, los acontecimientos de ayer. ¡Fue horrible!, ¿verdad?
“¿No sabes acaso, que tú sufrimiento es compensación de esos acuerdos que firmaron a escondidas? ¡Ay, de aquellos!
¡Cuánto dolor embarga Mí corazón!”.
(Rosaura)
¡Madre, pero si sabemos, que es el mal! ¿Por qué lo dejamos actuar? ¿Qué pasa? ¡Te lo dije la otra vez!, ¿qué pasa?
“Debéis rezar mucho, hay una marcha que se va a dar, debéis orar”.
(Rosaura)
Madre, siento como si Te costara mucho decir las cosas.
“¿No sabes acaso, que Yo no puedo obligaros? Vosotras debéis hacer las cosas. Yo os puedo indicar el camino a seguir, más sois vosotras las que lo debéis hacer”.
(Rosaura)
¿Fue por la misa verdad?
“Ya es hora de que escojas, si eres la que va a misa o la que va a otras partes. Te necesito a tiempo completo”.
(Rosaura)
¡Madre, perdóname! ¿Le estoy quitando tiempo a la misión?
“Así es, ya están los momentos, los acontecimientos”.
(Rosaura)
¡Estás como angustiada, Madre! Te prometo, Alba y yo Te prometemos que nos vamos a dedicar, que no importa lo que dejemos atrás. Bueno yo, Te lo digo por mí, pero yo sé que ella también.
Ella está aquí a mí lado.
¿Quieres hablar con ella?
“Siempre lo hago, ella Me oye en su corazón, déjate guiar por sus palabras”.
(Rosaura)
Madre, ¿qué debemos hacer?
“Recuerda Mis palabras, tú eres luz, más ella es las manos que sostiene la luz. Debéis estar juntas, muy unidas. Debéis compartir aún las cosas, que no os gustan”.
(Rosaura)
¿Tan grave es lo que viene?
“Así es, la mancha roja se va a extender y solo vosotras con vuestras oraciones, con vuestras palabras, unidas a las oraciones de muchos donde tomaréis sus manos y las manos de muchos, lograréis pararlo”.
(Rosaura)
Madre, ¿por qué me busca? ¿Por qué me está buscando tanta gente extraña?
“Porque las señales están dadas. Hay quien las sabe leer, hay quien las entiende. Debéis ser precavidas. Mas, una cosa os digo, Yo Estoy, siempre Estoy”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, ¡me angustias cuando dices que Estás, y a la vez me da paz!
¿Sabes una cosa, Madre? Quiero renovar mis votos, te prometo dedicarme por entero a Ti en la Unidad del Espíritu Santo, para que me lleves hacia Tú Amado Hijo y encontrar la paz del Padre, por toda la eternidad, aún a costa de lo que me pueda suceder. Ya sé lo que quieres de mí, no Te voy a defraudar.
(Alba)
Yo también Te lo prometo, Madre. Te lo prometo, Te amo.
“Yo también las amo a las dos, sois Mis hijas amadas, no os voy a desamparar nunca, no os va a faltar nada. Mas, debéis continuar, sed valientes, sed humildes, ayudad a Mis sacerdotes, a Mí amada Iglesia a abrirle los ojos, compartid con ellos. Os amo y os bendigo”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 22 de agosto de 2005
Hora: 11:00 a.m.
Gloria a Ti mí Señor.
¡Oh!, ¡Luz Radiante, Hermosa! ¡Hermosa!
¡Oh!, ¡Luz Radiante, Hermosa!, ¡Hermosa!
¡Oh, Luz Radiante!, ¡Estás allí Hermosa!, ¡Hermosa!
¡Hermosa, Madre, Madre!
-Rosaura, respira con dificultad-
¡Madre!, ¿qué es lo que pasa? ¿No ves cómo caminan? Y pasa todo y no pasa nada.
¿Hacia dónde vamos? ¡Ayúdanos!, ¡ayúdanos! Nos tienen encantados como la serpiente.
¡Tanta destrucción, Madre! ¿Por qué me permites ver?… ¡Uhm!
¡Madre, Madre, no reacciona nadie! La gente evade la realidad. ¡Estoy muy angustiada!
¡Tenemos que sacarlo, debemos sacarlo, Madre! ¡Ayúdanos! ¡Tanta gente, tanta destrucción! Provocador sin oficio, tanto resentimiento.
¡Madre, Madre, nadie hace nada!, se conforman con lo que les dan. ¿Y dónde está el espíritu de libertad? ¿Dónde está?
¡Madre, Madre, estoy muy preocupada! ¿Es que nadie va a hacer nada?
¡Madre, oye mí súplica!, ¡sácalo por favor, evita la destrucción!
Yo creo que ya aprendimos, no le des tanto poder. -Rosaura, hablaba suplicante-
“Amada hija, ¿creéis realmente, que nosotros le damos el poder?”.
(Rosaura)
¡No, realmente no, pero no se lo permitan!
Ahora, en Ecuador, mira lo que está haciendo en Ecuador, todo planificado. Va a subir el precio del petróleo. Él dijo, que lo iba a llevar hasta los 100$ (Dólares) ¡Madre!
“Ya lo sabes, que el mal avanza, se arrastra”.
(Rosaura)
Pero, Ustedes son más poderosos, Ustedes tienen todo. ¿Qué más tiene que pasar? Estoy desconcertada, no entiendo. ¡Están permitiendo, que acabe con mucha gente!
¡Perdóname, perdóname! ¡Tengo 2 días corriendo, viendo los sucesos!
¡Madre, perdóname!
“Amada hija, ¡cuánto dolor hay en tú corazón!, pero debes tener la mente clara, no debes permitir”.
(Rosaura)
Pero, ¿cómo no lo voy a permitir, si lo veo todos los días? ¡Lo siento! La gente está como zombis, caminan sin ver, van derechito al desastre. ¿Por qué lo permiten? ¡No quiero que lo permitan!
“Amada, amada, Mí bien amada niña ¿no sabes acaso, que después de la tempestad viene la calma?”.
(Rosaura)
¡Sí claro, sí!, pero ¿hasta cuándo? Ahora, habla del año 30, ahora habla de yo no sé qué.
¿Viste lo que hizo con los jóvenes? ¿Y la fe? Está atacando la fe, le está quitando a la gente la fe.
¿Por qué se quedan quietos? Nadie hace nada… ¡uhm!
¡Yo no quiero más derramamiento de sangre, Madre!
“Rosaura, debes comprender, que ya los acontecimientos están dichos y dados”.
(Rosaura)
No comprendo, Madre. Hoy tengo el bruto atravesado, no comprendo. No lo acepto. No lo quiero más en el poder, no quiero que tome decisiones así, no quiero que haga más daño. ¡No quiero, Madre! No quiero, que ataque a la Iglesia, ¡no quiero, que me llame más!, ¡no quiero, que me moleste! ¡No quiero! (*)
“Lo has sabido manejar”.
(Rosaura)
Sí, eso dicen, eso dices Tú, pero ¿no es mejor que no me llame?
¡Ay, Madre, perdóname! Es que yo siento, que mis palabras se las lleva el viento. Hablo con él y después lo veo en la televisión, y absurdo todo, parecen dos personas diferentes.
¡Se me pone la piel de gallina cuando me llama!
“Pero, no le tienes miedo”.
(Rosaura)
¡No, no le tengo miedo, nunca! ¡Porque él no va a poder, no va a poder!
“Entonces, lo viste, lo sientes en tú corazón que no va a poder, eso tienes que transmitirlo, eso tienes que decirlo, tienes que darle fuerza a la gente. Va a llegar el día de la decisión, y ¡ay, de aquellos, que se queden en el camino!, ¡ay, de aquellos, que no crucen el umbral!, ¡ay, de aquellos, que miren desde afuera! Mas, una cosa te prometo, Mí amada hija, él se va a ir”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, no sabes cuánto me alivian Tus palabras! Pero, ¿cuándo?, ¿cuándo?
“Cuando haya cumplido su tiempo, cuando hayan aprendido la lección, cuando todos entiendan que sois solo uno”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, pero eso es como que demasiado, demasiado!
“Ten fe. Recuerda, él se va a ir”.
(Rosaura)
Gracias, Madre, perdóname si Te interrumpí, perdóname si Te…
“Recuerda Mis palabras, vienen momentos difíciles, él se va a ir”.
(Rosaura)
Pero, no Te noto muy contenta.
“¿Crees acaso, que debo Estarlo?”.
(Rosaura)
No, Madre… lo sé, lo sé.
Madre, lo que está en las revelaciones, que Me diste los primeros días de marzo, ¿se van a dar? ¿Hemos podido cambiar algo de eso?
“Amada hija, sigue rezando. Recuerda, Yo siempre Estoy, aún en los momentos más difíciles”.
(Rosaura)
Bendíceme, Madre.
“Os bendigo a cada uno de vosotros y recordad, siempre Estoy”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 19 de agosto de 2005
Hora: 08:30 p.m.
(*) el Presidente Hugo Chavez Frias.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelve, que Estás ahí! Protégeme, dame paz.
¡Madre, Madre!
Cúbreme con Tú manto, llena de luz y de paz.
Han sido muy fuertes las visiones… No me acostumbro, es muy difícil.
¡Madre!
¡Oh, Luz Radiante, que Estás ahí!, llegaste aquí, cúbreme con Tú manto.
Bendita sea Tú presencia, ¡oh, luz maravillosa!
-Rosaura, inhala aire profundamente cual suspiro-
“Sabes, que Estaba al lado tuyo siempre”.
(Rosaura)
Lo sé, Madre, ¡más, son tan fuertes las visiones! ¿Qué podemos hacer?
“Lo que hacéis. Ya lo sabes”.
(Rosaura)
¿Y es inevitable todo eso? ¡Tanta gente!
“Recuerda lo que te dije, cada oración es una luz que se eleva, es una llama de amor. Cada oración es una extensión de Mí manto, que es tejido con vuestras oraciones, con vuestro amor”.
(Rosaura)
¡Lo sé, Madre! ¿Pero, por qué tienen que pasar tantas cosas? ¿Cómo decir lo que veo? ¡No quiero ver tantas cosas!
¡Perdóname!… es que estoy un poquito agotada hoy. Mas, no Te voy a defraudar.
Voy a estar siempre contigo, pase lo que pase.
Pero, Te vi tan triste, ¡Tus ojos tan tristes!
“Estaban tristes, mas ¿no ves acaso, hija Mía, cuanto amor hay en ellos? Con tus oraciones, las de ellas, las de todos, podéis cambiar tanto las cosas”.
(Rosaura)
¡Lo hacemos siempre Madre, pero no sé qué pasa! Como que no alcanzarán.
¡Discúlpame!
“Debéis alejar la tristeza de ti. ¿No sabes, que tú alegría es fuente de vida?”.
(Rosaura)
¡Ay!, ¡Madre, Te estoy defraudando! ¡Perdóname… perdóname!
“¿Cómo puedes pensar eso? ¡Cómo puedes creer, que Me defraudas, si tú entrega es total! Es tan grande, que ni tú misma te das cuenta de lo que haces, ni de lo que logras y la historia se cambiará, y se van a escribir nuevas…”.
(Rosaura)
¡Madre, demasiada responsabilidad!
“¿Creístes acaso, que podíamos escoger a alguien que no lo pudiera hacer? Una vez Mí Amado Hijo os dijo, que la misión iba a continuar, que si no lo hacías vosotras lo iban a hacer otros. Más, van a ser ustedes, una a una, cual grano de arena, serán el soporte y detendrán ese mar embravecido, y de ahí surgirá la vida”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, hablas tan bello! ¡Realmente como me conforta Tú presencia! ¡Me siento, tan bien cuando Estás!
“Siempre Estoy, es lo que deben entender. Siempre Estoy, aún en los momentos más difíciles, siempre Estoy, recordad eso.
Os bendigo, siempre Estoy”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado 23 de julio de 2005
Hora: 07:00 p.m.
“¡Cuántas preguntas os hacéis! ¡Cuántos pensamientos tan humanos! ¡Cuánto indagáis en lo innecesario! ¿O es que no vieron acaso, en sus ojos la sorpresa y la emoción? ¿No sabéis acaso, que vuestro trabajo es mantenerlo pisado con vuestras oraciones en el medio?
Estáis siendo demasiado duros. ¿Es que acaso, no os ha bastado el amor que os he dado?
Y es cierto, ella sigue ahí porque debe estar y de ustedes la enseñanza será. Estáis ganando la batalla. ¿O es que acaso creéis que iba a permitir que estuviera tan cerca de vosotros? Así como en una oportunidad os dije, que se disfraza, así también os digo, que debe entrar a Mí Lugar Sagrado.
Dejad que el tiempo y en el tiempo sucedan las cosas. ¿No fue acaso María Magdalena recogida por Mí Amado Hijo y compartió Sus últimos tiempos? Dejad que la recoja. Debéis ayudarla, mas Mí corazón se entristece con vuestras palabras. No habéis comunicado nada positivo. ¡Ay, Mis hijos amados, ¡cuánto dolor Me han causado! ¿Dónde están Mis enseñanzas? ¿Dónde las habéis dejado? Os lo digo nuevamente, ¿creéis acaso, que iba a permitir que os hicieran daño?
¡Ay, de aquel, que se cree dueño de la verdad y hace derramar lágrimas! Triste aprendizaje.
¡Ay, de aquellos, que le van a recoger sus lágrimas! ¡Cuánto amor en su corazón!
¿No sabéis, que debéis protegerla? El peligro es real, existe”.
(Alba)
¿Cómo la protegemos?
“¿Todavía no lo sabes? Busca en tú corazón. Te lo dije en una oportunidad, es frágil como los pétalos de las flores que se lleva el viento. Mas, es fuerte como la tierra. Y ¿no sabes acaso, que en la tierra florece la vida?
Habéis dudado de su palabra, más cuánto amor alberga en su corazón. Ya os lo dije en una oportunidad, fue la única que quiso estar. ¡Ay, de vosotras, que lo olvidáis tan fácilmente! ¡Ay, de aquel! Mas, una cosa os digo, ella os cuidará.
¿Dónde está vuestra fe? ¿Creéis acaso, que solo basta con ir a la Iglesia? ¿No sabéis acaso, que Mí Amado Hijo Está en todas partes? Cuando vais a la Iglesia, vais a recibirlo a Él. ¿Realmente están preparadas para Recibirlo?
¿Quién dice que hay alguien que no está preparado si su corazón se purifica con el dolor y el arrepentimiento?
Debéis buscar en vuestros corazones, debéis encontrar la paz, debéis aprender a dar y debéis estar preparados”.
(Alba)
¿Se va a dar ese encuentro, verdad?
“Se va a dar.
Debéis dejarla que se proteja, lo está haciendo bien.
¡Ay, de aquell,a que abandonó por temor!
¿No veis acaso, que ella trata de no perjudicaos a ninguno? ¡Qué poco comprendéis los misterios de Mí Amado Hijo! Mas, una cosa os digo, Yo Estoy en ella y ella está en Mí. Yo Estoy en vosotras y vosotras estáis en ella, y ella os ama. ¿La amáis acaso tanto como ella a vosotras?
¡Ay, de aquella, que ante el primer… abandonó!
¡Ay, de aquel, que la ha abandonado!
Mas, una cosa os digo, ella los va a volver a recoger. Ya os lo dije, Yo Estoy en ella y vosotras también.
Os bendigo, y aun cuando Mí corazón se entristece ante vuestros comentarios, os bendigo. Recordad, siempre Estoy”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado 16 de julio de 2005
Hora: 12:15 p.m.
*Conversación dada mientras Rosaura, sufría la Pasión de Cristo.
Luz Radiante, aquí presente. Madre, que Estás aquí, protégenos algo está pasando, no lo permitas, que nada pase.
Madre, ayúdame, no quiero involucrar a los míos. ¿El encuentro se da?
“¿No sabes, que nada pasa sin que el Padre lo sepa?”.
(Rosaura)
El encuentro es inevitable, ¿qué le puedo dar?
“Lo que no tiene”.
(Rosaura)
Hace tiempo, que quiero irme de aquí… ¿Tú lo sabrás?
“Él va a estar ocupado con visitas inesperadas.
¿Quién es ese señor?, ¿por qué tienes que verlo?”.
(Rosaura)
Porque es un alma descarriada… Lo supe, Madre, pero él es de fe.
“¡Ay, de aquel, que habla de la fe y no es cierto! Muchos han sufrido por su causa. Él sabe, que tú eres el camino”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, no sé si pueda cumplir las tareas tan difíciles!
“¿Creíste, que no estabas preparada? Te lo dije el otro día, no sois consientes del poder que tienen”.
(Rosaura)
¡Ay!, ¡Madre, no me atrevo a atender el teléfono!, y sé cuándo él (*) va a llamar.
¿Qué hago?
“Dile que lo sientes, dale amor, hay mucha oscuridad. No es fácil, pero son gotas de rocío que llegarán”.
(Rosaura)
¡Tú me dijiste, que se iría en cualquier momento!
“Y así va a ser, en cualquier momento. Lo que ha de pasar, pasará. Yo lo tengo pisado por la cabeza, en el medio están las oraciones y acuérdate, las cosas materiales no tienen importancia”.
(Rosaura)
Yo lo sé, el otro día pasó por soberbia.
“Tienes tú que aprender la lección”.
(Rosaura)
¡Perdóname, Madre!
“Amada hija…”.
(Rosaura)
Protégelas a ellas que me ayudan tanto.
“Han recibido Mis bendiciones”.
(Rosaura)
Gracias, Madre, bendícenos.
“Han recibido Mis bendiciones.
Habrán acontecimientos inesperados, sois todos uno”.
(Rosaura)
Gracias, Madre.
Rosaura Gonzalo
Caracas, San Bernardino, jueves 30 de junio de 2005
Hora: 04:00 a.m.
(*) El Presidente Hugo Chavez Frias.
¡Madre, Madre!
¡Oh, Luz Radiante, que Te presentas!
¡Madre!, ¿por qué este enfrentamiento? ¿Por qué?
¡Madre!, ¿dónde Estás? ¡Fue horrible lo que había!
¿Por qué quieren hacerle daño? Su hija, ¡qué horrible, Madre!
Y después, otra llamada, la sentí angustiada a la persona, ella está angustiada. No quisiera que le pase nada. ¡No quiero que le pase nada, Madre! -A la asistente de Hugo Chavez Frias-
“¿No sabes acaso, que cada quien es libre de tomar sus decisiones? Ella decidió estar ahí, a ella le gusta estar ahí, hace las llamadas”.
(Rosaura)
Sí, Madre, pero a lo mejor tenía una confianza y la fe en algo que no existe.
“¡Ay, hija Mía!, ¿no sabes, que él se arrastra y utiliza el poder del dinero, el ego para envolver? Fuiste valiente, oferta tentadora te hicieron”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, ¡cómo crees Tú que yo iba a aceptar eso! ¿Tú no me conoces acaso? Si a veces, estoy pelando. Tú lo sabes muy bien. Yo confío en la Divina Misericordia, sé que nunca me va a faltar nada.
“¿Pero hoy se te desapareció el dinero?”.
(Rosaura)
Bueno, eso es cierto, en casa de Luisana, pero no me importó. Realmente no me importó y cuando él se dé cuenta que no me importa, no lo va a hacer más.
“Esa es la clave. No lo va a hacer más”.
(Rosaura)
¡Madre, me preocupa lo que está pasando!, ¡las visiones son muy fuertes! ¡La golpeó!, ¡vi como la golpeó! ¡Y fue mí culpa!, ¡le dije, que no iba!
“Amada hija, no es tú culpa, ella quiere estar ahí. Sabia decisión. Ya te lo dije, oye a tú ángel guardián”.
(Rosaura)
¡Ay!, ¡Madre, siempre lo oigo!, ¡lo que pasa es que él a veces es un poquito exagerado!
“Te ama”.
(Rosaura)
Yo lo sé, Madre.
Madre, ¿te puedo decir algo?, ¿a quién ama?, ¿a Rosaura, a la que habla Contigo, al canal?
“¿Tanto te duele hija Mía? ¿No sabes acaso, que ellos aman a las dos? Porque las dos son una y una, y todos sois uno. No debería dolerte”.
(Rosaura)
¡Perdóname, Madre, la verdad es que a veces me siento ignorada!
“Eres tú la que tienes esos pensamientos, no lo permitas. ¿No ves acaso, que te están dando libertad? Tú la pediste y la están dando. Sé más humilde y ellos serán más comprensivos. ¿No sabes acaso, que todos, de alguna manera, en algún momento cometen errores? No seas tan exigente. Y recuerda, tú lo escogiste, decidistes dar y por eso te amo”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, me siento tan apenada por lo del otro día!
“Amada hija, ¡cuánto dolor en tus palabras!, ¡cuánto sufrimiento en tú corazón! Pero, quien realmente te conoce, sabe que realmente no lo sentías”.
(Rosaura)
¡Madre!, ¿qué vamos a hacer con la situación del país? ¡Esto me tiene muy preocupada!
¡Me llaman cada rato! ¡Y yo siento, que no debo ir!
“Ya te lo dije, sabia decisión”.
(Rosaura)
Madre, ¿te puedo preguntar algo? ¿Tú crees, que venga?
“Amada hija, libre albedrío, recuerda.
Os bendigo a ti y a todos vosotros. Recordad Mis palabras, debéis rezar la oración y estar preparados. Vais a ser todos, la espalda de muchos. Debéis estar preparados”.
(Rosaura)
¡Madre!, ¿y cómo sabemos, que ya empezó?
“Tú lo sabes, ya empezó. Pero recuerda, Estamos al lado de ustedes, siempre. En cada oración que hacéis, Mí corazón Está. Y cuando vosotros decís: “os entrego, mi cuerpo, mi alma, mi espíritu”, Yo lo recibo con infinito amor, y los llevo de la mano a Mí Hijo Amado. Os bendigo a todos”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 13 de junio de 2005
Hora: 01:00 p.m.
Gloria a Ti mí Señor, estoy postrada a Tus pies.
¡Oh, Luz Radiante, que Te acercas, que me envuelve!
¡Madre… uhm!, ¡he estado todo el día sin poderme mover! ¡Me duele tanto todo el cuerpo!
¿Qué es lo que está pasando?
“Amada hija, todo lo que viste”.
(Rosaura)
¡Madre!, ¿qué va a pasar con Caracas?
“Mi amada hija, Yo te dije, que estábamos en el tiempo de los tiempos. Ya te dije”.
(Rosaura)
¡Pero, me preocupó demasiado! ¡Yo no quiero que pasen esas cosas! ¡Ah, Madre, Madre, Madre, extiende Tú manto y cúbrenos! ¡Yo no quiero que pasen esas cosas!
“¿Crees acaso, que Yo lo deseo? No sabes, que ustedes son todos muy rebeldes. ¿Cuántas veces os he dicho que no hagáis tal o cual cosa?, no ahorita de… en el tiempo. Los mensajes los envío, los reciben, los guardan”.
(Rosaura)
¡Madre!, ¿pero Tú nos dijiste, que teníamos que ser cuidadosos?
“Amada hija, no Me has entendido. La gente lee los mensajes, mas no los analiza. El hombre es dueño de su destrucción. Tú bien sabes, que Mí Amado Hijo vino a salvarlos, pero ¡ay, de aquellos, que no entienden, ni atienden Su lenguaje de amor!”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, estoy tan confundida!, ¡las visiones!, ¡tantos desastres!
“Debéis continuar rezando, solo el poder de la oración os hará más fuerte”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, ¡eso lo hacemos todo el tiempo! Todo el tiempo estamos rezando. ¡Ya no sé que más hacer! De verdad, ¡no quiero ver casas que se caen! Madre, no quiero ver a la Tierra que se traga todo.
¡Uhm… yo no Te quiero angustiar! ¿Qué debo hacer? ¿A quién puedo ayudar? ¿Qué es esa explosión verde tan fea? ¿Dónde va a ser? ¿Cómo puedo ayudar?
“Lo estáis haciendo. Todos vosotros lo estáis haciendo. Quien cuida tú dolor cuida a Mí Hijo. Quien cuida a Mí Hijo cuida al Padre, quien llega al Padre tiene la Paz. Debéis hacer que los demás lleguen al Padre”.
(Rosaura)
¡Yo lo trato de hacer todo el tiempo!
¿Sabes una cosa Madre? Me falta mucho por aprender. No sé qué pensar.
“Ya te dije, Yo la tengo en Mí regazo, la cuido”.
(Rosaura)
Gracias, Madre.
“Debéis decirles a todos, hay una oración que vais a encontrar, debéis rezarla los días que no tenéis el Rosario”.
(Rosaura)
¿Dónde la voy a encontrar, pues?
“Cuando la tengas en tus manos sabrás cual es, os va a dar mucha fuerza, os va a dar mucha paz”.
(Rosaura)
¿Y nos tenemos que reunir para rezarla?
“Cada quien la reza donde esté, pero debéis rezarla los 4 días que no tenéis el Rosario”.
(Rosaura)
Madre, pero yo muchas veces rezo el Rosario, también los otros días que no tengo el Rosario.
“Aun así, debéis rezarla”.
(Rosaura)
Madre, ¿esa oración va a evitar, que pasen muchas cosas?
“Amada hija, os va a aliviar, se va a aliviar. Más, lo que está escrito, escrito está. Debéis pasarla a todo el que llegue, debéis dársela, crear una cadena de oración para que todos, donde estén a la hora que quieran la puedan hacer”.
(Rosaura)
¿Por qué es tan especial? ¿Dime?
“Cuando la leas lo vas a entender.
Debéis estar preparadas, os lo vengo advirtiendo, estamos en los tiempos. Sabia decisión la que tomaste”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, cómo iba a ir sola! Y no fui por miedo, ¿sabes?
“Lo sé”.
(Rosaura)
Bendíceme, Madre.
-Silencio breve-
Te lo agradezco mucho… y a ustedes dos.
“No desesperéis, no os abandonaré, sois Mis hijas amadas, las quiero, las protejo. No debéis caer en la tristeza, ¿dónde está vuestra fe? ¿Dónde está vuestra fe?
Enseñad esa oración”.
(Rosaura)
Madre, ¿la voy a encontrar en un libro? ¿La voy a encontrar, en dónde?
“La vas a recibir, te la van a llevar”.
(Rosaura)
¿Quién?
“Tú solo escribe y transmítela”.
(Rosaura)
¿La voy a recibir de arriba?
“¿Por qué siempre pensáis, que Estamos arriba? ¿No sabéis acaso, que Estamos en todos lados? Os amo. Vienen momentos de mucha dificultad. Debéis estar enteras y fuertes. Vais a ayudar a muchas personas. Mi Lugar Sagrado debe estar abierto, van a venir muchos a llorar y a pedir misericordia. Debéis atenderlos”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, pero, ¿cómo hago, sino puedo ni caminar? ¿No ves cómo estoy?
“Vas a estar bien”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 07 de junio de 2005
Hora: 05:40 p.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves, que me sigues!
¡Oh, Luz Radiante, que llegas hasta mí!
Dame Tú paz, dame Tú amor, Ternura infinita.
Envuélveme en las redes de Tú amor.
¡Oh, Luz Radiante, que Estás ahí!
¡Oh, Luz Radiante!
“Alba”.
(Alba)
¡Ah! -Asintiendo-
“¿Sabes cuál fue la última palabra, que me dijo Mí Amado Joshua cuando salió?”
(Alba)
No.
“No ves, que nunca Me voy a ir”.
(Alba)
Eso es cierto, Él nunca se va, Por eso es que nunca estamos solas.
“Te bendigo. Debéis tener cuidado, están siendo vigiladas. Vosotras con vuestro amor ocasionan temores. Mas, una cosa os digo, siempre Estaré a vuestro lado”.
(Alba)
Por eso no tenemos miedo y por eso lo queremos hacer.
“Dile a ella -Rosaura- que está tan angustiada, que se recuerde cuando la llevé para que viera lo que le esperaba en el tiempo y más allá del tiempo. Que eso irá aflorando poco a poco en su mente y en su conciencia, y le dará paz”.
(Alba)
¿Qué más debemos hacer?
“Orar, debéis orar”.
(Alba)
¿Y con la Iglesia?
“¡Ay!, ¡Mí Amada Iglesia, cuánto dolor embarga Mí corazón! Debéis apuntalarla, aunque os trate con ingratitud. Vosotros sois el verdadero soporte, todos los que son como vosotras sois el verdadero soporte.
La palabra de Mí Hijo es eterna y habrá quien la dice a su manera. Más, llegará el día en que será dicha con el sonido de Su Voz y estaréis todos juntos oyéndole. Recordad, os bendigo a todos, no debéis flaquear, duras pruebas os esperan. Más, ¿ya acaso no las habéis pasado, ya algunas?
Pero, también os digo, siempre Estoy”.
(Alba)
Gracias Madre.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 30 de mayo de 2005
Hora: 03:30 p.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelve, que Te presentas!
¡Oh!, ¡Luz Radiante, Hermosa!, ¡Plácida!
Dame paz, dame paz, danos paz.
¡Ay!… ¡Madre!… ¡Madre, tengo tantas cosas que decirte! No encuentro sosiego en mí espíritu y eso que Tú fuiste, ¡me aliviaste!, y Tú presencia, ¡bálsamo maravilloso! Pero vuelvo a caer otra vez y trato de ser fuerte, más mis pensamientos me conducen a la tristeza.
¿Qué puedo hacer, Madre?
¡Tú no Te puedes Estar presentando todos los días!
Y no Te rechazo. Me dijiste, que no Te dejaba acercar, no. Sí quiero, que me abraces y Estés siempre a mí lado. Mas, esa nube triste se acerca y me envuelve, y los recuerdos me invaden.
Y me has mandado tanto trabajo, tantos enfermos, tanta gente con problemas, me has tenido entretenida, ¡mas, no encuentro la paz!
¿Por qué no encuentro la paz? ¿Por qué me duele tanto la cabeza?
Y yo me esmero. Madre, de verdad, que me esmero.
No sé, ¿por qué?
Tú me dijistes, tanto es el amor, tanto es el dolor.
¡Me está pasando algo muy feo!, ¡no me gusta la gente!, ¡veo muchas cosas feas!, abandonan a sus seres queridos, abandonan a los viejos, maltratan a los niños, crean guerras, viven pendientes del poder, del dinero, todo el mundo lo que quiere es sobresalir, que los miren, ver y ser vistos, ¿y qué puedo…?, ¿qué puedo hacer para cambiar eso? ¡Nada, no puedo hacer nada!
A veces, no quisiera profundizar en las relaciones con las personas, quedarme en el saludo cortes, en el “Hola, ¿cómo estás?”… Bien, ¿y tú?”. Y la sonrisa, y ya. Mas, no lo puedo evitar, debo ayudar.
Y empiezo a encontrar las cosas feas, y me pregunto: “son seres humanos, tenemos defectos, no somos perfectos”. Y me digo a mí misma: “Mañana será mejor”. Más, me pregunto, ¿por qué unos tienen tanto y otros no? ¿Por qué hay tantas necesidades? Y vas a responder: “él se arrastra, se esconde y utiliza las debilidades de los demás”. Y yo te voy a decir: “Yo eso lo entiendo”, pero no es cierto, no lo entiendo. ¿Por qué permiten, que se arrastre y que se esconda, y que haga tanto daño? Y me vas a responder: “Libre albedrío. Cada quien decide lo que quiere hacer, cada quien decide su propio camino”, y ¡gua catata!. A cargar con las culpas y las responsabilidades. No lo entiendo. Y fíjate, que no estoy llorando, porque no quiero darte tristeza. Me dijiste, que mis lágrimas Te daban tristeza.
Dime, ¿es libre albedrío, que la gente va caminando por la calle o está en un auto mercado, o está en una cola haciendo… para buscar trabajo, llega un loco y se explota, y los mata?
¿Eso es libre albedrío? ¿Es libre albedrío, que un loco como el que tenemos manejando el poder decida llevar todo un Continente, como me dijiste, a la guerra sonsacando las bases de los poderes de los demás países, uniéndose a religiones diferentes a las nuestras, haciendo pactos con el mal para mantenerse en poder? ¿Y los que estamos abajo, es libre albedrío?
¿Comprar a las personas por sus necesidades, por su hambre, por su miseria? ¡No me gusta lo que veo!, ¡no me gusta cómo se maneja Tú Iglesia! No me gusta, que el sacerdote dé la misa y se vaya sin hablar con los fieles. Deberían salir antes, conversar con ellos y preguntarles, ¿por qué están aquí?, ¿por qué estás triste, hijo mío?, ¿en qué te puedo ayudar? Pero, no, siempre están ocupados, siempre hay algo más importante que hacer.
Mira Tú Iglesia, mendigando dinero para arreglarla, en un país donde hay tanta riqueza y me duele el corazón cuando veo las paredes que se caen.
¡Ay, Madre, tengo tantas cosas que decirte!
Dime, ¿porque tienen los hijos en los barrios, las mujeres, 5, 6, 7 y tantas parejas que quisieran tener a Tus hijos bien, no pueden tenerlos?
¿Por qué han dejado, que el mal avance tanto?
-Rosaura, inhala aire profundamente y continúa-
Vine triste de Alemania, no solamente por lo que pasó con mi hija, que fue tan grave para mí, como madre, como esposa, como mujer. Vine triste porque vi cosas feas y vi que la gente ha perdido la fe. En la Catedral, cuando eligieron al Papa habían 10 personas, y yo me pregunto y Te pregunto, “¿Cuál es la falla?, ¿qué es lo que estamos haciendo mal?”.
Donde nació el Papa si hubieron fiestas, ¡claro, es un honor! Bavaria, estaba alegre, son más católicos, son más creyentes. ¿Pero, es que solamente vamos a trabajar con los creyentes? ¿Solamente vamos a estar con los que piensan como nosotros? ¿Y dónde está el trabajo? ¿Y qué es lo que tenemos que hacer?
En las calles de Berlín hay casas de culto al diablo, venden los objetos libremente, casas, tiendas de lujo, donde tú ves imágenes de Satán, cruces invertidas, ¡cosas horribles! y los jóvenes en las plazas reunidos, pertenecen a sectas, y esa tristeza en el ambiente. Y sin embargo, no hay hambre, hay prosperidad, es un pueblo que se levantó de una guerra. Entonces, si hay miseria se vale de la miseria. Si hay prosperidad, se vale de la prosperidad. Si hay debilidades, se vale de las debilidades. Si hay culpas, se vale de la culpa. ¿Hasta cuándo le vamos a permitir? ¿Hasta cuándo le vamos a aceptar? ¿Qué es lo que pasa?
¡No me gusta lo que veo!, ¡no me gusta lo que me haces ver! ¿Por qué me haces ver, si no puedo hacer nada?
Los miembros de Tú Iglesia no me buscan, para los médicos soy un fenómeno. Algunos hasta me tienen miedo, porque piensan que puede ser del mal. Otros me buscan para que rece y los ayude, pero apenas tienen lo que necesitan se alejan.
Yo sé que mucha gente ha regresado a Tú Iglesia, yo sé que hay mucha gente rezando, yo sé que la labor se cumple. Más, ¿Tú no crees, que es poco? ¿No deberíamos hacer más? ¿Por qué tantas trancas? Llegó aquí, la computadora dañada, tengo que comprar una computadora. Tenemos que empezar la fundación y falta esto y falta lo otro, y trancas y trancas y trancas. ¿Y dónde está Tú mano? ¡Ábrenos el camino! ¡Yo me siento cansada!
Me acerco a la misa y me siento tan en paz, me estoy poniendo en sitios donde casi nadie me vea, solo quiero sentir la presencia de Tú Hijo en la Eucaristía.
No sé, si estoy siendo muy dura, Madre. Pero, debe de haber una modificación. Los sacerdotes, deben buscar más a Dios ¿Y dónde los van a encontrar más, que en los seres humanos, con sus necesidades?
Y me dicen, que hay escasez de sacerdotes, que están cansados, que no pueden.
Gloria a Ti mí Señor.
Gloria a Ti mí Señor.
¡Luz Radiante, que me envuelve!
¿Estás triste por todo lo que Te dije?
Yo no Te quiero herir, Madre, ¡Te amo tanto!, ¡pero es que estoy tan confundida! Te apareces aquí, Te aparecistes allá y la gente todavía…
Sabes una cosa Madre, yo quiero que Él venga para que se acabe tanta injusticia.
¿No quieres hablar conmigo?
¡Me duele mucho la cabeza!
¡Qué lástima, que las mujeres no podamos ser sacerdotes! Yo creo, que yo hubiera sido un buen sacerdote, pero tengo que aceptar lo que me toca.
Cuando leo el misterio: “donde el Ángel Gabriel, se acercó a María”, y Tú contestaste: “Hágase Su voluntad”, sin replicar, sin nada, ¡me maravillo!, ¡realmente me maravillo!, ¡tanta generosidad!, ¡tanta aceptación sin preguntar! Tú dices, que yo no pregunto, no discuto, que me dejo guiar, ¡y me dio vergüenza con Tus palabras!, tenía que decirte todas estas cosas.
-Rosaura, inhala aire profundamente y abre los ojos-
Está sonando el teléfono… -Se escuchaba en la sala, que sonaba un teléfono- ¿Por qué no apagan los teléfonos?
-Rosaura, vuelve a cerrar sus ojos y continúa-
¡Oh, Luz Radiante, ¡Hermosa, que viene!
¡Oh, Luz Radiante, que Estás ahí presente! Oyente, silenciosa, de una queja tardía, de un corazón que se abre. ¡Necesito tanto, tanto de Tú amor!, ¡necesito tanto, tanto, que me guíes!
¿Estás brava conmigo? ¿O triste? ¡Tenía que decirte estas cosas!
Hoy el doctor, me quería llevar a la misa, a Tú misa, y yo le dije: “¿qué hay allá que no hay aquí?”. Y después, comprendí la burrada de lo que había dicho. Es Tú casa, la Consagración, ¡Dios mío Santo!, ¿cómo pude decir una cosa de esa? ¡Pero, es que me siento muy adolorida!, ¡muy estropeada!
¿Por qué he sangrado tantas veces hoy? ¿Qué es lo que hoy está sucediendo en el mundo?
¿A dónde me llevaste?
¡Oh, refugio de amor!
¿Qué pasa?, hay una inquietud en el ambiente, ¡algo pasa!
-Rosaura, inhala aire profundamente y continúa-
Me dices cosas tan bellas y yo no me siento digna de ellas, mas, como diría Alba: “¿cómo le vas a decir eso a la Virgen, si Ella nunca se equivoca?”. Perdóname Madre, realmente perdóname, siento un peligro inminente, creo que vamos a una catástrofe. Me has hecho ver tantas cosas. La gente no entiende lo que está pasando, el hombre está cegado.
¡Cuánta interrupción!
-Desde que Rosaura, empezó a dar el mensaje, los celulares sonaban una y otra vez-
-Rosaura, abre los ojos-
Apágalo. -Rosaura, volvió a cerrar sus ojos-
Madre, ¿Tú crees que podrán entender estas conversaciones que tenemos?
La Iglesia, Te ha montado en un pedestal inalcanzable, tan lejana y a la vez tan cerca, cerca en las oraciones e inalcanzable para nosotros como seres humanos.
No van a entender estas conversaciones, no van a entender a una hija, que habla con su Madre, ¿cómo van a entender si Estás en las alturas?
Trabajan en base a simbolismos, Te alejan y Te acercan a su conveniencia, y no se están dando cuenta, que el hombre cada vez se siente más solo, que lo material no lo llena y busca llenar el vacío con otras emociones.
“Es eso cierto amada hija, todo lo que has dicho”.
(Rosaura)
No estoy tan equivocada, ¿verdad, Madre? No es un reclamo, Tú sabes que no es un reclamo.
“Lo sé”.
(Rosaura)
¿Será, que yo no entiendo lo que pasa? El doctor -Aguilar- me dijo que aún necesitábamos crecer, que necesitaba mucho madurar. Y tuve un pensamiento feo, porque siento que él necesita mucho más que yo madurar. ¿Y quién soy yo para juzgar? Pero, yo lo quiero ayudar.
“Mi amada hija, abriste la herida y la limpiaste.
Quisiera darte tantas respuestas a tus preguntas, más, Mírame a los ojos y verás en ellos cuánto amor Tengo para todos”.
(Rosaura)
Pero, eso yo lo sé, y ellas también.
“¿Qué te pasa? ¿Por qué no Me lo terminas de decir?”.
(Rosaura)
No me es fácil, Madre.
“Dímelo, Estoy aquí, siempre Estoy aquí.
Rosaura, no es necesario que madures, no es importante. Lo importante es la limpieza del corazón, la nobleza de las acciones. ¿Qué es la madurez? Para algunos puede ser hacer las cosas bien, para otros alcanzar metas. Mas, se olvidan de la nobleza del corazón. No te dejes confundir, tus palabras fueron ciertas, hija Mía.
¿No crees acaso, que Yo también sufro? ¿Qué Mí Amado Hijo, sufre? Pero, Yo te prometo, que va a haber un cambio, que vendrán tiempos mejores”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, si no fuera por la confianza de esa promesa, no sé si resistiría tanto dolor.
“Lo sé hija, lo sé. ¿Creíste acaso, que no esperaba estas palabras? Las Estaba esperando”.
(Rosaura)
¡Madre, es que de repente, fue como si me quitaran algo! No lo quiero perder, no quiero perder la confianza en las personas, quiero creer que la gente es buena, no quiero ver solamente las cosas feas. ¡Ayúdame! Ayúdame a sacar de la gente lo mejor, que la gente crezca. ¡Dame fuerza!
“¿Qué es lo que te preocupa? ¿Qué es lo que te inquieta? Si lo haces bien. ¿Acaso crees, que el árbol crece de un día para otro? Ya te lo dije, es una semilla que dará sus frutos, más el tiempo es quien lo logra”.
(Rosaura)
Muchas gracias por oírme, ¡necesitaba tanto que me oyeras!, ¡necesitaba tanto hablarte!
“Lo sé, ¿qué Madre no oye a sus hijos?”.
(Rosaura)
Madre, ¿Te puedo decir una cosa?
-Rosaura, se sonreía-
Gracias, Madre, gracias. Realmente gracias. Bendíceme, Madre.
“Os bendigo. Y recordad, siempre Estoy”.
(Rosaura)
¡Madre, antes de que Te vayas!…
“Yo nunca Me voy”.
(Rosaura)
Bueno, Tú me entiendes. ¿Tengo que decir lo que me hiciste ver?
“En su momento, en su momento lo vas a decir”.
(Rosaura)
¿Y cómo voy a poder ayudar?
“Tú déjate guiar. En su momento lo dirás. Reza para que sea más suave, más leve”.
(Rosaura)
Gracias, Madre.
“Recordad, amadas hijas, aún en los momentos más difíciles, siempre Estoy”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 13 de mayo de 2005
Hora: 06:05 p.m.
“¿Por qué?”.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelve!
¡Oh!, ¡Luz Radiante, Hermosa!, ¡Brillante!
“Estoy esperando, que Me lo digas, ¿no sabes acaso, Mí amada hija, que Estoy a tú lado?”.
(Rosaura)
¿Qué te puedo decir, que Tú no sepas? ¡Todo lo sabes!
“¿De eso Me culpas? Yo te dije, que no te prometía felicidad en esta vida sino en la otra”.
(Rosaura)
Sí, pero me dijiste, que la tenías en Tú regazo, que ella tenía su destino trazado. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué me dejaste sola?, ¡si he sido tan fiel! Te he dado mi vida, mi corazón, mí tiempo. ¿Por qué me dejaste sola? ¿Por qué?
“No estuviste sola. ¿No sentías acaso cuando te acariciaba?”.
(Rosaura)
¿Y ella? ¿Por qué?
Los niños, ¡tantos niños!, los niños no se pueden defender.
“Te lo dijimos en una oportunidad, él se arrastra, disimula, pero está ahí agazapado.
¿Y dónde está tú fe? ¿Dónde está tú fe?”.
(Rosaura)
Yo la tengo, Tú sabes, que la tengo, pero Tú Eres mi Madre, si no hablo Contigo esto, con quién lo hablo. ¡Madre Amada, hermosa, luz de luces! Sólo he sentido paz y placidez cuando te pinto. ¡Perdóname, es que no entiendo!, no entiendo, perdóname, ¡estoy tan dolida! ¿Por qué no me hicieron ver?
“Amada hija, lo que está escrito, escrito está, y de esto vas a salir fortalecida. Ella está en Mí regazo y aunque no entiendas en este momento, pronto lo harás”.
(Rosaura)
¡Madre!, ¿por qué hay que sufrir para acercarse a Ti, si Tú Eres puro amor? ¿Dime?
“Estás siendo injusta Conmigo. Mas, sé que sufres, pero Yo voy a calmar tú dolor. Te hicimos ver los cambios que venían. Sabes lo que va a pasar”.
(Rosaura)
¿Y eso de qué me sirve si no puedo hacer nada?
“Eso crees tú, ¿sabes a cuántas personas te has acercado, le has dado tú amor durante tú vida?”.
(Rosaura)
¿Y eso de qué me sirvió si no pude proteger a mí hija? ¿Dime? ¿Tú lo pudiste proteger a Él? No pudiste, ¿verdad? Pero, Tú tenías la esperanza de que iba a resucitar.
“¿Tú no la tienes, acaso? ¿No sabes, que siempre van a estar unidas? Ella va a estar bien, tú vas a estar bien”.
(Rosaura)
¡Madre, si Tú supieras cuánto Te amo! ¡Protégeme!, ¡dame fuerza!, ¡estoy muy debilitada! ¡Me siento incapaz de hacer lo que pides!
“Las heridas se cierran, es cuestión de tiempo”.
(Rosaura)
¿No es mejor, que no hayan heridas?
“¡Ay, amada hija!, siente la brisa como acaricia tú rostro y esas lágrimas, que corren por tus mejillas entristecen Mí corazón. Tú decidiste tú vida y aun así saliste fortalecida. Recuerda, te lo avisaron”.
(Rosaura)
¡Yo lo sé, discúlpame Madre, perdóname! Quisiera tener Tú fuerza y Tú valor, y esa destreza hermosa de Tus manos cuando lo acariciabas. Mas, no soy como Tú, Tú fuiste elegida para ser Su Madre, desde antes, antes, mucho antes. ¿Quién soy yo?
“Eres la madre de muchos, aún de los que se creen fuertes. Eres la espalda, el soporte, no te dejes abatir, eso es lo que él quiere, no se lo permitas”.
(Rosaura)
Lo sé, Madre, lo sé. ¿Tú nunca Te pusiste triste?
“Te bendigo y bendigo a todos los que están contigo. Y una cosa os digo, de este árbol que hoy ve algunas ramas quebradas, emergerán retoños y crecerán hojas nuevas, y habrá flores con aroma y el fruto”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 06 de mayo de 2005
Hora: 05:55 p.m.
¡Oh, Madre! Bendita sea Tú pureza.
Madre, Madre, ¿qué es lo que tengo que saber que no me han dicho? ¿Qué es lo que debo escribir que mis manos no se mueven? Ayúdame.
¡Madre!, ¿cómo lo he de hacer? ¡Me falta tanto!
“Mañana, después de misa, te acercas a la Basílica, rezas una oración, regresas a tú casa y al séptimo día tendrás terminado el Libro de la verdad”. -Lo pueden leer en la sección de Revelaciones-
(Rosaura)
¡Madre!, pero yo no tengo ni papiro, ni tinta, ¿cómo lo voy a escribir? Las páginas, que me enseñas, en ese lenguaje, ¿cómo lo voy a descifrar?
¿Y por qué he de salir el sábado y no el domingo? No entiendo, mañana es viernes, el séptimo día es sábado.
¿Dónde voy a encontrar lo que voy a escribir? ¿Y a quién se lo voy a dar?
¡Madre!, ¿qué debo hacer?
“Mañana, en un libro nuevo que será traído a tus manos, él sabe que debe entregarlo. Escribirás, deja que Yo te guiaré tus manos. Nadie lo puede leer, no saldrá de tus manos”.
(Rosaura)
¿Ni siquiera los del grupo?
“¿No os he dicho que sois todos uno? Mas, debéis guardar silencio. El que te va a entregar el libro va a decidir”.
(Rosaura)
¡Madre!, ¿es tan grave lo que voy a escribir?
“Habrán momentos de amor, habrán momentos de dolor, habrán momentos de risa, habrán momentos de llanto. ¿No sabes acaso, hija Mía, que la vida está hecha así?”.
(Rosaura)
Pero, es que no entiendo tanto misterio, ¿para qué tanto misterio? Yo escribo mí diario.
“Se te va a entregar el libro de la vida. Se te ha venido mostrando”.
(Rosaura)
No sé, Madre, lo he visto. ¿Y él sabe, que me lo tiene que traer?
“Él lo sabe”.
(Rosaura)
Pero, no me ha dicho nada.
¿Tú Estás segura, que él lo sabe?
“Amada hija, lo vais a guardar como un tesoro y cuando vengan los anuncios nuevos lo podréis sacar. Mas, no discutáis por las otras palabras, son necesarias, deben llegar a todos”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, no estábamos discutiendo!, son puntos de vista encontrados, mas no discutimos.
De verdad no discutimos.
“Si sois todos uno, no podéis algunos tomar decisiones sin consultar a los demás”.
(Rosaura)
¿Eso lo dices por mí, Madre?
“No, lo digo por ellos. Ya os lo dije, debéis hablar mucho más”.
(Rosaura)
¿Y con el libro, que él me va a traer?
“Sólo cuando esté terminado, lo leerás”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, me estás preocupando!
“Ya hoy Me lo dijiste, van dos veces, que Me dices que te preocupo, ¿no confías en Mí?”.
(Rosaura)
Claro que sí, pero me estás hablando del Libro de la verdad. Suena como cuento o fantasía.
“Tú escribe, lo entenderás y ese ángel, que te envié para cuidarte, mañana te lo entregará”.
(Rosaura)
Así será, Madre.
“Y recordad, al séptimo día, sólo al séptimo día, se los leerás, escribas lo que escribas”.
(Rosaura)
Te lo prometo, Madre.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 03 de marzo de 2005
¡Oh, Mariam! Gloria a Ti, estoy postrada a Tus pies.
“Amadas hijas, ¿por qué os asombráis tanto? ¿No sabéis acaso, que os dije, que debéis estar prevenidas? Que os sirva de lección”.
(Rosaura)
¡Madre!… -Breve silencio-
Sí, lo veo.
Claro, que la veo… siempre estoy ahí y ella lo sabe también.
“Amadas hijas, debéis hablar más, no lo guardéis para vosotras solas. Quitad las piedras del camino”.
(Rosaura)
¡Madre!, ¿por qué Estás tan triste?, ¡no me gusta que estés triste!
“¡Cómo quieres que no Esté triste, si aún 2000 años después, todavía lo hacen Esperar!”.
(Rosaura)
Pero, eso no tiene importancia, Madre. Yo lo tomo como una prueba de humildad, de fe. A mí eso no me importa. ¡No me gusta verte triste! Eres tan hermosa cuando sonríes, cuando Tú luz nos baña.
“No permitáis hijas Mías, que los sentimientos de angustia os llenen de temor”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, pero es que no es tan fácil!, todas ponemos lo mejor, lo tratamos de hacer bien y ¡tamaña sorpresa, Madre que me diste!, ¡estamos todas tan golpeadas! No es fácil.
“Que os sirva de lección, no todo lo que brilla es oro. Tened esto presente, él se arrastra, se esconde, se disfraza, aún con voz de ángel. Recordad, que él es un ángel caído”.
(Rosaura)
Es cierto, Madre…
“Ya os lo dije, sólo con la oración. Y en la oración es como podéis ayudarla. Mas, debéis ser firmes, debéis mantenerla alejada. Recordad, una manzana dañada…”.
(Rosaura)
Sí, Madre, ya lo sé, echa a perder el saco. Pero, ¿cómo saber cuándo una gente está dañada? Y entonces, ¿cómo hacemos para ayudar? Hoy me he hecho tantas preguntas, si ayer me hice tantas preguntas, ¿cuándo lo hacemos bien?, ¿cuándo lo hacemos mal?
“Porque debéis dejaros guiar más, por lo que sentís en vuestros corazones. No os olvidéis de los ángeles, ellos están aquí para ayudaros. Mas, nunca los tomáis en cuenta, os soplan las verdades en el oído, os guían ante el peligro. Mas, ¡ay, de ustedes, siempre con los oídos sordos!”.
(Rosaura)
Bueno, Madre, tampoco la cosa es pa´ tanto, estamos pendientes no Te creas. Lo que pasa es que no es fácil.
“¡Ay, amada hija!, una cosa si os quiero decir, os amo. Cuando os veo rezar Mí corazón se engrandece, es como mil estrellitas que vuelan al firmamento y esas luces caen como gotas de rocío sobre vuestro amor, dándole luz y calor. Os bendigo”.
(Rosaura)
Gracias, Madre.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 24 de febrero de 2005
Hora: 11:00 p.m.
Gloria a Ti mí Señor, estoy postrada a Tus pies.
¡Madre, Madre!
¡Madre!
“¿Es que acaso, no quedaste conforme con lo que te dije?”.
(Rosaura)
¡No, Madre! ¡No! ¡Tengo una tristeza en mí corazón! ¡Muy fuertes Tus palabras, caos y destrucción!
¡Estoy tan triste!
“Amada hija, no estás triste realmente, solo por eso. Debes abrir tú corazón”.
(Rosaura)
¡Madre!, ¿qué quieres te diga? ¡Me parece tan trascendental lo que acabas de decirnos y estamos como si nada!
¡Me siento muy confundida!
“¿Qué te inquieta?”.
(Rosaura)
Tú lo sabes, Madre.
“No va a ocurrir así. Ninguno de los que está aquí tiene deseos de figurar.
Se va a dar, lo vais a hacer, la obra se va a construir. No debéis preocuparte, esos son avatares de otros, mas no de vosotros”.
(Rosaura)
Madre, ¿cómo se puede discutir por una obra del Señor?
“¡Ay, amada hija, si se inmolan en nombre de Él!”.
(Rosaura)
Yo lo sé, Madre. Difícil, ¿verdad? ¡Tan difícil!
“Dile a todos, debéis formar grupos de oración, enseñad a la gente a rezar. Debéis ser fuertes, vienen momentos difíciles. Ya os lo dije, la falsa opulencia va a pasar, va a ser inesperadamente. Debéis preparaos, no lo van a permitir”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre! ¿Y nuestros hijos? Todos nuestros hijos.
“¿Se te olvida que también son Mis hijos? ¿O es que crees acaso, que una Madre diferencia de un hijo con otro?”.
(Rosaura)
En algunas sí, algunas si tienen sus preferencias y a mí no me gusta eso, Madre, de verdad, que no me gusta, pero sí pasa, de verdad que pasa. Yo lo he visto muy a menudo, muchas veces.
“Mi pequeña, cuánta responsabilidad te hemos dado”.
(Rosaura)
¡Eso a mí no me importa, Madre! Y yo creo que a ellos tampoco.
“Cuánta responsabilidad le hemos dado. Mas, una cosa os digo, os digo a todos los que estáis aquí, no debéis guardar los secretos, los mensajes deben salir. Ya es hora de que se conozca la palabra de Mí Amado Hijo, mas, debéis hacerlo con discernimiento, no tengáis miedo, Yo estoy y Estaré. Y mañana os recibiré y os daré un abrazo de amor.
Os bendigo a todos”.
(Rosaura)
Gracias, Madre.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado 19 de febrero de 2005
Hora: 02:00 p.m.
Gloria a Ti mí Señor, estoy postrada a Tus pies.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelve!
¡Oh, Luz Radiante!
“Mi corazón brinca de júbilo, Mí corazón se enaltece con vuestras oraciones, pues debéis saber que son todas oídas”.
(Rosaura)
¡Madre, hoy estoy muy estropeada!, ¡no me puedo levantar de la cama! Me hicieron ver tantas cosas. ¿Qué debo hacer?
“¿Te sientes triste?”.
(Rosaura)
No. No es que esté triste, es que me siento… ¡Es tan poco lo que podemos hacer!
¿Por qué me tienes así, acostada? Tengo tanto que hacer.
“Amados todos, Mis bien amados todos, Mí amada hija, va a entrar en un proceso de sufrimiento y debéis estar a vuestro lado; cuando os digo a vuestro lado es porque sois todos uno. No la dejéis sola, acompañadla”.
(Rosaura)
¡Pero, Madre!, ellos cada quien tienen sus casas, sus cosas. Además, Tú sabes que yo vivo sola y yo me siento bien en mí casa, y tengo mucho que hacer.
“Ellos sabrán lo que tienen que hacer. Mas, una cosa te digo, debéis estar recogida 1, 2, 3 días”.
(Rosaura)
¿Tres días?
“Debéis escribir”.
(Rosaura)
¡Madre, si tengo que comprar comida, me tengo que quedar en la casa!, ¿3 días? Pero, si yo estoy bien.
“3 días, vas a ver y a escribir, y vas a dejar para todos, es necesario”.
(Rosaura)
Perdóname, Madre, lo haré, me quedaré 3 días.
“Siempre voy a Estar aquí, vas a recibir las nuevas instrucciones, ya estamos en el tiempo. Recordad esto, sois todos uno y os amo, y aún, pásele lo que le pase, debéis estar todos unidos. Vienen momentos hermosos, y al cuarto día os vais a reunir, y allí Estaré Yo. Os bendigo a todos Mis amados hijos”.
(Rosaura)
¡Madre, no Te vayas!… ¡no me dejes!… ¡no Te vayas!… ¡he visto tantas cosas hoy!
¡No quiero que Te vayas!
Lo sé… así será.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 16 de febrero de 2005
Hora: 01:30 p.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelve! Estás aquí presente con Tú aroma.
¡Madre!, ¿por qué me tienen tanto miedo?
“Por lo que representas”.
(Rosaura)
¿Es que realmente no creen, que Tú existas?
“No es eso, Amada hija. Ya te lo dije, es lo que tú representas. Tú eres un espejo delante de sus ojos y reflejas en ellos sus miserias, y sus temores, y sus debilidades”.
(Rosaura)
Pobres, Madre, ¿verdad?
“Sí, realmente sí. Mas, Yo los amo y está en ti poderlos ayudar, y está en todos darles fuerzas. Necesito, que la Iglesia de Mí Amado Hijo, sea fuerte, que salgan las manzanas podridas, que no sigan dañando las demás”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, pero eso tiene que empezar desde el seminario! ¿Por qué permiten que se gradúen?, ¿por qué permiten, que lleguen a tener altos cargos si no lo son, dignos? ¿Cómo puede, cómo pueden hacer una misa, leer la palabra?
“Ya te lo dijo Mí Padre. Ya te lo dijo, Él Está ahí.
“Ya te lo dije, Yo Estoy ahí”.
(Rosaura)
¡Padre!
“No todos tienen la capacidad para el sacrificio, pero el sacrificio bien entendido, el sacrificio del amor y del tiempo, de la dedicación. Mucho conocimiento teológico y mucha preparación. Mas, muy poca humildad, pero si te digo una cosa amada hija, hay muchos maravillosos que están aquí y en todas partes, y de ellos será la gloria del cielo”.
(Rosaura)
Madre, ¿y el cielo existe? Porque yo realmente no me imagino eso de que esté el Señor sentado a la… ahí y Tú Hijo Amado a la derecha. No sé, yo lo he visto a Él con una gran y bellísima luz.
“Llámalo cielo, llámalo infinito, llámalo permanencia, llámalo Dios. Él siempre va a Estar, siempre”.
“Amada hija, no quiero que sufras”.
(Rosaura)
¡No lo puedo evitar, Madre!, hubo momentos en la conversación en que le vi el mal al lado, en su rostro.
“Fue utilizado, muy utilizado. Está frágil”.
(Rosaura)
¿Y qué quieres que haga, Madre? Me dijo tantas cosas, que para mí es tan difícil de entender, de creer.
“¿No sabes, que existen? Por algo se han vivido”.
(Rosaura)
Pero todavía me cuesta creerlo.
“Hubo momentos en que te habló el hombre, hubo momentos en que te habló el mal, pero hubo momentos en que te habló el sacerdote arrepentido. Y pase lo que pase Yo no lo voy a desamparar”.
(Rosaura)
Gracias, Madre, bendíceme.
“Te bendigo a ti y la bendigo a ella”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 25 de enero de 2005
Hora: 05:30 p.m.
“Amados todos, así como le tejí a Mí Hijo tan Amado su túnica sin costuras, así entrelazo vuestros corazones, para que seáis uno solo. Recordad, que os amo”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 19 de enero de 2005
Hora: 09:05 p.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelve!
¡Oh, Luz Radiante!, ¡Hermosa!
¡Oh, Luz Radiante, que Estás aquí presente, a mí lado!
¡He visto tantas cosas! ¡Todo se mueve! ¡Hay tanta tristeza!
¡Madre!, ¿qué es lo que pasa?
¡Rezamos tanto!
¡Madre!
Gloria a Ti mí Señor, estoy postrada a Tus pies.
¡Madre, Luz Radiante, que me envuelve!
“¿Qué es lo que te preocupa?”.
(Rosaura)
¡Todo, Madre! ¿No ves todas las cosas que están pasando? El doctor -Dr. Aguilar- otro accidente más. El padre -Sacerdote- ¡Me duele tanto lo del padre!
“Debes entender, que cada quien debe tener sus propias decisiones. Mí Amado Hijo, les dio libertad para decidir. Mas, no debes preocuparte. ¿No sabes acaso, que siempre va a ser lo mejor? ¿Por qué Me haces esas promesas? ¿Por qué te castigas? ¿No sabes acaso, que te amo? No quiero que te castigues”.
(Rosaura)
¡Madre, yo no me castigo, yo lo hago por amor a Ti! ¡Yo Te amo!
“Yo lo sé, amada hija. Más no.
El hombre no lo ha entendido. Mí Amado Hijo, es Misericordia, es perdón. Te acaban de leer: “has lo que quieras que sufra en Ti y por Ti lo que quieras que sufra”. ¿Cómo pueden pensar que Mí Amado Hijo, quiere que sufran? Están equivocados. No quiero que te prives de nada de lo que a ti te guste. Ya te dije”.
(Rosaura)
¡Pero, Madre!
“Ya te dije, sabes discernir. No quiero que te castigues”.
(Rosaura)
¡Pero, yo no me estoy castigando! Yo lo ofrecí por mí amada hija -Jessica- ¡Tú sabes, que la amo tanto!
“¿Y dónde está tú fe? ¿No Me la entregaste acaso? ¿No sabes, que un día la cubrí con Mí manto? Ella tiene marcado su destino. Mas, no es tú culpa”.
(Rosaura)
¿Qué debo hacer, Madre?
“Tú, y todos, solo recen. Mas, no quiero una oración obligada. Quiero una oración espontánea, que les salga del corazón”.
(Rosaura)
No sé, Madre, me descontrolas un poco. Yo pensé, que estaba haciendo lo correcto.
“Hija Mía, ¿crees que el Señor le quitaría al pájaro su nido en el árbol, a la mariposa la esencia de las flores?”.
(Rosaura)
Pero, ¿por qué pasan esas tragedias tan grandes?
“Ya te lo dije. Tú lo sabes.
Mas, eso no es lo que Me preocupa”.
(Rosaura)
¡Madre!, ¿será que me falta fe? ¿Será que no entiendo realmente la grandeza de Tú amor?
“Confía más, déjate llevar más, te necesito fuerte. Acuérdate, que el tiempo es corto y hay tanto que hacer”.
(Rosaura)
Yo lo sé, Madre.
“Recuerda, no quiero más promesas”.
(Rosaura)
¿Y entonces, qué debo hacer?
“Sé tú misma. Confía más en Mí. Yo la tengo abrazada Conmigo”.
(Rosaura)
¿Y el padre? Sentí tanto dolor cuando lo vi. ¡Dios mío Santo!, ¿qué vamos a hacer? Necesitamos tantos sacerdotes.
“Tú lo has dicho, necesitamos tantos sacerdotes, más, deben ser sacerdotes que amen incondicionalmente lo que están haciendo. En la Iglesia vendrán cambios profundos, está siendo atacada de adentro hacia fuera. Y los cambios se darán en su momento, ni antes ni después”.
(Rosaura)
¡Madre, Te quiero tanto!
“Os bendigo. Mas, una cosa si os digo, debéis manteneros fuertes y unidas. Seguirán los momentos difíciles, la humanidad no comprende, no valora. Los que mandan toman decisiones injustas, egoístas, egocentristas. ¡Ay, de aquellos, que no sepan entender lo que tienen en sus manos!
Debéis rezar”.
(Rosaura)
¡Madre, no Te vayas!, ¡no quiero que Te vayas!
“¿No sabes acaso, que nunca Me voy? Extiende tú mano y Me sentirás.
Hoy lo dijiste, que sentías Mí abrazo cuando Me pintabas. Te Estaba abrazando”.
(Rosaura)
¡Madre! ¡Te amo tanto!
“Os bendigo”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado 15 de enero de 2005
Hora: 01:35 p.m.
“Hay quien teme a sus pensamientos. Hay quien teme a sus acciones. Hay quien teme a la soledad. Más, a lo que nunca se debe temer, es a la presencia de Mí Amado Hijo.
¡Ay, de aquellos, que temen a la presencia de Mí Amado Hijo! Debéis orar mucho, debéis entender vuestras sensaciones y vuestros pensamientos. Estáis unidas para ayudar, no para juzgar. En el tiempo y con el tiempo se sabrán las cosas. Mas, debéis siempre extender la mano. Sólo el que da, recibe”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 09 de enero de 2005
Hora: 09:15 p.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves, que me arrullas!
¡Oh, Luz Radiante!, ¡Hermosa!
¡Oh, Luz Radiante!, ¡Perfecta!
¡Oh, Luz Radiante!
¿Qué he hecho, Madre? ¡Ay, de mí, quejándome de mí tristeza y de mí lejanía, cuando hay tanto dolor! ¡Ay, de mí, trataré de aprender!
¡Ay, me duele! -La cabeza- ¡No me la puedo sacar! -La astilla en la frente- ¡Me duele!
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves, que vienes hasta mí con este dolor que siento!
¡Madre, Madre, ayúdame, hoy necesito tanto de Ti!, ¡cobíjame, necesito tanto de Tú calor!
¡Oh, Ternura insondable, que me acaricias con Tú sonrisa, que me envuelves en Tú caricia!
¡Oh, Madre! Osada criatura soy, quejarme de mis dolencias, debo acudir a Ti, Madre amada, luz de luz.
¡Madre!, ¿qué pasó?, ¿qué fue lo que pasó?
“Sabías las palabras de tú amiga, de Mí amada hija, también usa el reflejo, es un arma como otra cualquiera”.
(Rosaura)
¿Y entonces, Madre, ¿hasta cuándo esto?, ¿hasta cuándo? No lo estoy reprochando. ¿Es que acaso, no va a parar nunca? Pero, sabes una cosa, sé que la vas a cuidar. Tú lo dijiste, lo voy a hacer.
Pobre de él, infeliz criatura que se arrastra humillado y vencido por Tú amor, no voy a permitir que siga molestando, pues voy a rezar todos los días una oración que será luz.
¡Madre, sé que mi tiempo es corto, no lo puedo desperdiciar, ayúdame!
“El tiempo puede ser largo como una angustia o corto como una sonrisa. Mas, lo importante es lo que se haga mientras transcurre.
Amada hija, amadas hijas, lo de hoy es aprendizaje para vosotros”.
(Rosaura)
¡Madre, hice cosas tan feas! ¿Cómo pude reclamarte eso?
Sentí que abrí otra vez una puerta.
“Ellas, las puertas, se cierran. Para eso están, para cerrarlas. Cuando se abren solas, cuando las empujan, se pasa la llave, se pasa la llave. Y recuerda, aún con todo lo que vas a vivir, no vas a estar sola, ella está a tú lado, ellas están a tú lado. Tú sabes lo que viene, lo viste”.
(Rosaura)
Madre, te entrego todo lo que tengo, creo que es la única manera de lograrlo, suceda lo que suceda. Yo aceptaré Tú voluntad.
“¡Ah!, ¿creíste que te podíamos dejar sola?”.
(Rosaura)
Nunca, Padre, nunca. ¡Este cuerpo se resiente y a veces está agotado!
“¡Qué importa el cascaron si el aroma, que emana es de dulzura!”.
(Rosaura)
¡Padre!, Tú dices tantas cosas hermosas que enalteces mí corazón, me das paz.
“No te dejes manipular, a veces los sentimientos son engañosos. Ya tú sabes lo que debes hacer”.
“Y a Mí amada hija, que siente en su corazón y que precisa las cosas”.
(Rosaura)
¿Te refieres a Myrna?
“Sí, ella sabe, que estoy con ella. Ella Me vio y Me sintió.
Y a Mí otra hija -Diana- que se ha enfrentado tantas veces a sus dudas, a sus miedos, a sus temores a la soledad. Ese sacrificio de amor, porque realmente hay amor en ella, verá sus frutos.
Os bendigo a ti y a ellas. Os amo”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 07 de enero de 2005
Hora: 07:00 p.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves, que Estás presente!
¡Oh, Luz Radiante!
¡Madre, Madre!
-Rosaura, inhala aire profundamente y con dificultad-
Madre, ¿por qué tanta destrucción?
¿Qué vamos a hacer?, ¿qué puedo hacer?
¿Por qué me haces ver?
¡Dios mío!
El círculo de fuego, que avanza y avanza… ¡Pobre gente!
“Amada hija, estás inquieta”.
(Rosaura)
¡Cómo no voy a estarlo!… ¡tengo varios días, que no hago sino llorar por dentro! ¿Qué hago si no puedo hacer nada?
Te pregunté, dónde Estabas Tú y dónde Estaba Él… -Lloraba- ¡Toda esa gente!
“Tú sabías, que eso iba a pasar, tú habías visto”.
(Rosaura)
Pero, tú me dijiste, que con la oración se podían modificar las cosas. ¡Y ha sido terrible, Madre!, ¡tanta destrucción! Perdóname, ¡pero me pregunté tantas veces, ¡dónde Estaban Ustedes en ese momento!
“Los estábamos recibiendo una a una, cada alma que iba llegando. Yo te lo dije, estamos en los tiempos finales… más, ¡ay, de aquellos, que no lo vean!”.
(Rosaura)
¡Madre!… si Tú me dijiste, que el fin del mundo nunca iba hacer. Tú dijiste, que siempre iba a ver la permanencia.
Estoy, ¡sorprendida de tanto dolor! Y hoy me llevaste a ver tantas cosas.
“No debes perder la fe en ningún momento, cada oración que haces, que hacen, todos los que a través de ti han llegado de nuevo al encuentro de mí Amado Hijo, es un bálsamo para todas las personas. El hombre ha buscado sus calamidades, lo he dicho de tantas maneras y no hacen caso. Mí Amado Hijo, les dio la libertad para decidir y escoger, ¿y qué hacen? Envueltos en vicios, en miserias, corrupciones”.
(Rosaura)
¡Lo sé, Madre!, ¿pero siempre va hacer así?, ¿van a pagar justos, inocentes por pecadores?
“Tú lo dijistes, tú creías y crees en Dios”.
(Rosaura)
Claro, yo creo, en el amor y la misericordia. El perdón, no es dolor ni es ira… Él me dijo, que Él no sentía ira, que lo que sentía era dolor.
“¿Y tú crees acaso, que no Estábamos tristes? ¿Que no Estamos tristes? Mas, una cosa te digo, vendrá un cambio, la gente tiene que entender que tiene que volver a sus valores, a su respeto, sin caer en los excesos, una falsa moralidad”.
(Rosaura)
¡Madre, discúlpame!, ¡he sufrido mucho todos estos días!
“Yo lo sé, amada hija, ¿acaso no has sentido cuando he estado a tú lado?”.
(Rosaura)
¡Sí!… -Rosaura, se queja del dolor- ¿Qué debo hacer, Madre?
“Lo que estás haciendo. Ya tú sabes lo que tienes que hacer, que nada ni nadie pare tus decisiones, que son tomadas con el corazón y con la verdad”.
(Rosaura)
Esto va a seguir, Madre.
“Tú reza, y has que los demás recen y mejoren”.
(Rosaura)
¿Qué puedo hacer yo?, ¡no ves que soy una pobre limitada mujer!
“¿Creíste acaso, que un compromiso tan grande se le iba a dar a una pobre y limitada mujer? Sabías tus palabras, mas no se acercan a la realidad. Tú vas a poder, y en el tiempo, con el tiempo y en el seguimiento del mismo se verán los resultados. Cuando las palabras viejas, unidas a las nuevas y a las que están guardadas, ya te lo he dicho en una y varias veces, solamente así habrá paz”.
(Rosaura)
Bendíceme, Madre.
“Yo os bendigo a ti y a vosotros, que estáis al lado de ella cuidándola. Recordad amados hijos, os amo”.
Rosaura Gonzalo
San Antonio de los Altos, Carrizal, Edo. Miranda, domingo 02 de enero de 2005
Hora: 10:00 a.m.
¡Madre, Madre!
¡Madre! ¿Dónde Estás, Madre? ¿Dónde Estás?
“Debéis decirle al mundo, que están equivocados. Debéis decirle, que solo a través del amor lograréis calmar Su ira, que no es más que Su dolor”.
(Rosaura)
¡Madre! Pero, ¿qué puedo hacer yo? ¿Qué puedo hacer yo?
“Te di alas, vuela. Abre tú horizonte, transmite Su palabra, ¿o es que acaso, Su Amado Hijo en Su momento no lo hizo? Sí lo hizo”.
(Rosaura)
Es que los seres humanos somos tan necios, tropezamos con la misma piedra, 2 y 3 veces.
Madre, ¿qué va a pasar?
“Hija Mía, la Tierra se moverá, el cielo llorará sus lágrimas de tristeza, los ríos se desbordarán, la nieve cubrirá con su manto blanco y se oirán los lamentos”.
(Rosaura)
Bueno, ¿y Su Misericordia? ¿Dónde está Su Misericordia? ¡Me siento muy asustada!, no por mí, por todos los seres que habitan. Yo creo que no puede acabar con la obra de la creación donde puso tanto amor.
“Pero, vendrá una limpieza”.
(Rosaura)
¿Cuándo Madre? ¿Qué debemos hacer? ¡Estoy muy angustiada!, ¿qué debemos hacer?
“Tú lo sabrás en su momento, estás actuando como debes hacerlo. Te están poniendo en el camino para que llegues a donde debes llegar. Recogerás el sufrimiento de muchos, más el amor de todas vosotras alivia Mí corazón”.
(Rosaura)
¡Madre!…
“Debéis tener presente cuanto os amo, y aún en las duras pruebas que se están presentando saldréis adelante”.
(Rosaura)
Madre, tengo las manos dormidas, ¡tengo muchos días sintiéndome mal!, no me quiero sentir más mal. ¿Tiene que ver con lo del otro día, Madre? Me enfrenté a él sin estar preparada.
“Estabas preparada, más la angustia que sientes con tú hija -Jessica- te debilita, debes dejarla crecer y volar. Ella tiene su destino”.
(Rosaura)
Gracias, Madre. Te amo tanto.
“Yo también te amo. Mas, recuerda, que tú cuerpo es frágil, debes cuidarlo. Os quiero fuertes y unidas. Yo os bendigo Mis pequeñas niñas. Recordad, debéis confiar más en la Divina Providencia”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 23 de noviembre de 2004
Hora: 03:47 p.m.
¡Estoy cansada! ¡Me cuesta mucho, Padre! Mas, mí oración Te la doy con mi corazón, con mi mente.
¡Ay, Madre!, ¿por qué me lo Estás haciendo ver nuevamente?
-Rosaura, decía ver a sus familiares fallecidos alrededor de ella, en la habitación-
¡Están todos aquí!
Pero, yo no la veo… por un momento pensé… Yo también los amo…
Madre…
“¿Creen ustedes, que las voy a dejar sin esas respuestas que anhelan saber? ¿Creen ustedes que porque hayan momentos de silencio, no Estoy presente? Fíjense en el viento cuando sopla la brisa, suave, fresca, alivia. Mas, cuando se vuelve tormentosa y se agita, se oscurece, es amenazante. Quiero que seáis la brisa”.
(Rosaura)
Madre, ¿te puedo hacer una pregunta?
“¿No sabéis acaso, que les leo el pensamiento, aun respetando su libertad?”.
(Rosaura)
¿La hago o no la hago? Porque si Tú puedes leer el pensamiento no la hago.
“Debes hacerlo, el que Yo pueda saber lo que ustedes piensan no Me hace interrumpir sus momentos preciosos de libertad. Yo puedo aconsejar, indicar, insinuar más, nunca obligar”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, ¿es malo que yo vaya a jugar?, ¿no quieres que vaya a jugar?
“¿Te sientes aliviada porque Me lo preguntaste? Te has martirizado con esto, tan innecesariamente”.
(Rosaura)
¿Y los demás? También se han martirizado, los he hecho sufrir.
“¿No te he dicho la respuesta? Ya lo dije en una oportunidad, hay quien pierde lo que quiere perder, lo que puede perder. Hay quien pierde lo que no sabe que está perdiendo”.
(Rosaura)
¿Y qué es lo que estoy perdiendo yo?
“Tú no, ellos”.
(Rosaura)
¿Ellos? No entiendo, Madre. Yo pensé, que Te referías a las cosas materiales.
“¿No habéis visto que siempre, después de algún momento, ha sido repuesto? A veces, en mayor abundancia, no es eso lo que pierden”.
(Rosaura)
Madre, creo que debes explicarte mejor y perdóname.
“Más que para ti, ha sido una prueba para ellos. Más que para ti, es para ellos”.
(Rosaura)
Para mí también, ¿no? Cada vez que ha pasado, ¡que horrible ha sido, las veces que me he sentido mal!, ¡lo horrible que me he sentido!
“¿Cuándo te he dicho que no quiero que vayas a jugar? Yo te he dicho, no te quiero ver en los sitios impuros. Te lo dije ayer, aún al cruzar la calle, puede haber un sitio impuro, aún en una reunión familiar puede haber un sitio impuro”.
(Rosaura)
Pero Madre, ¿cómo les digo a los demás que no jueguen si me ven jugando? Sobre todo, ¿cómo les digo que no jueguen a los que tienen el vicio de jugar?
“Tú lo has dicho, los que tienen el vicio de jugar, pero tú no estás enferma. En su afán de creerse dueños de la verdad iniciaron una búsqueda, términos y no se acercaron a la raíz del problema”.
(Rosaura)
No sé, Madre.
“Te voy a decir algo, necesito que te levantes”.
(Rosaura)
Pero, yo me levanto.
“No, no te levantas, Vives pendiente de lo que los demás piensan o dicen. Ayer, te lo dije cuando tú Me dijiste, que los amabas. ¿Qué te respondió Mí Amado Hijo?”.
(Rosaura)
Bueno Madre, Tú lo sabes, yo no lo quiero repetir.
“El amor no es solo convivencia, el amor no es solo actuar bajo la conciencia de una realidad inexistente. Es una suave brisa, es dar y no esperar, y ellos, todos, esperan algo a cambio. Les falta mucho por crecer”.
(Rosaura)
Madre, son muy fuertes esas palabras.
“¿Qué madre que ama a sus hijos no los atiende cuando la necesitan? ¿O es que tú piensas que cada uno de ellos en su corazón no sabe cuándo actúan mal? Tú sabes discernir lo que está bien y lo que está mal. Has tenido pruebas realmente difíciles, ni aún a la que más amas lo ha entendido y vive inmersa en sus inquietudes, en sus por qué, en sus yo”.
(Rosaura)
¿Te refieres a Alba?
“Me refiero a Alba”.
(Rosaura)
Ella está.
“¿Es que acaso, no ves que la tengo agarrada de la mano?”.
(Rosaura)
Yo la quiero mucho a ella y a todos. Ella sufre, tiene sus cosas, sus problemas, eso influye, todas esas cosas influyen.
“No la Estoy acusando, no la defiendas. ¿No ves que la tengo agarrada de la mano?”.
(Rosaura)
¡Madre!
“Hija Mía, a veces quienes más lo aman a uno, es quien más nos hace sufrir”.
(Rosaura)
¡Madre, esta conversación me afecta!
“¿Crees que no Me afecta a Mí? Las necesito unidas en la confianza plena. Ya está bien”.
(Rosaura)
Ya está bien, ¿de qué?
“De que tengan dudas, de que se pongan a analizar y a buscar. Sólo les pido, que se entreguen. Has lo que tienes que hacer, ve donde tengas que ir”.
(Rosaura)
¿Aunque sea un sitio impuro?
“Aunque sea un sitio impuro”.
(Rosaura)
Pero, eso no es lo que Tú me dijiste.
“¡Ay, amada hija! Hoy es hoy, ayer era ayer. Ayer eras diferente, hoy eres otra persona”.
(Rosaura)
Alba, también es otra persona, ella ha crecido mucho.
“¿Por qué crees tú que la tengo agarrada de la mano?”.
(Rosaura)
Porque la amas.
“Porque Me necesita”.
(Rosaura)
Bendíceme, Madre.
“Siempre Estoy, siempre Estoy. ¿Es que acaso, no os dais cuenta, que siempre Estoy? No permitáis que os perturben los acontecimientos normales de la vida, las cosas del día a día. Confiad más en Mí Amado Hijo, tenéis una misión y la vais a cumplir, y el tiempo se acaba”.
(Rosaura)
Madre…
“Eso no tiene respuesta. Os bendigo a todos. Sois todas Mis hijas amadas.
Y recordad esto, quien ama a su madre, me ama a Mí”.
-Rosaura, abrió los ojos por un momento, los volvió a cerrar y continuó-
¡Oh, Luz Radiante, que me embriagas, que me envuelves!
¡Volviste!
“Nunca Me fui, recuerda eso, nunca Me fui”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 31 de octubre de 2004
Hora: 01:00 p.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves, que Estás conmigo!
Madre, Madre, Estás aquí, no Te veía desde aquel día, desde el día…
“Desde el día que no debías ir a los sitios impuros”.
(Rosaura)
¡Me sentí tan mal!
“Amada hija, los lugares impuros están en todas partes. No quiero que te prives de los sitios que te gustan”. -Jugar bingo y maquinitas con su familia-
(Rosaura)
No entiendo, Madre. ¡Estoy muy confundida!
“Te he llevado para que veas las cosas”.
(Rosaura)
Por eso, he estado tantas veces inconsciente. No entiendo, estoy confundida. Me dijiste, que no puedo descuidar a mí rebaño. Me dijiste, que el tiempo se acaba, ¡me dejaste muy preocupada!
“¡Ay, amada hija!, ¿no sabes, que el tiempo de Dios es perfecto? Hay tiempo para reír, hay tiempo para llorar, hay tiempo para amar y tiempo para morir.
Los sitios impuros los hacen los hombres y estos pueden estar al cruzar la calle, en cualquier lugar”.
(Rosaura)
¡Ellos me presionan, me exigen, no me dejan ser!
“¡Ay, de aquellos, que no dejan ser!
¡Ay, de aquellos, que no dejan ver!
¡Ay, de ellos, que tiran piedras!”.
(Rosaura)
Bendíceme, Madre.
“Te bendigo y las bendigo”.
-Rosaura, todavía se sentía muy triste, confundida, y aún no estaba tranquila-
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves, que Te acercas!
¡Madre, necesito aclarar las ideas!
¡Ayúdame! Yo no entendí Tus palabras; me dijiste: “¿Es que no te basta acaso con lo que Yo te doy, que dejas que tus debilidades te dominen?”.
“Amada hija, eres cabeza de grupo y eres cola de ratón. Y en ese momento tenías que haberle dicho a Egleé, que se parara, tuviste el conocimiento de lo que sucedía”.
(Rosaura)
Sí, Madre, pero preferí quedarme. Le fallé, ¿verdad?
“Busca dentro de ti, que es lo que te inquieta, ¿el que hayas ido a jugar con ella o el que le hayas fallado?”.
(Rosaura)
El que le haya fallado.
“Yo no quiero que te prives de lo que a ti te gusta, más si te pido sabiduría. Es saber discernir, el saber hasta cuando, por eso te llevé para que vieras, si te hubieras parado y le dices, no sigas, es saber discernir. Si te sientas en una mesa, que la gula si es pecado, y no sabes discernir hasta aquí, es no saber discernir.
¡Ay, de aquellos, que lanzan la piedra y se creen dueños de la verdad absoluta y cuánto daño te están haciendo! Lo dije en el último mensaje, dejadla volar”.
(Rosaura)
¡Madre, a veces siento, que todo lo que hago es malo!
“Amada hija, ¿no sabes acaso, que la maldad está en los ojos de quien la ve?
Te lo dijo Mí Amado Hijo, sabemos quién eres, de lo que eres capaz, suelta esos fardos, sé tú misma, te necesitamos en paz. ¡Ay, de aquellos, que tomaron literalmente Mis palabras, que olvidaron que el juzgar, es pecar! Recuerda esto, hay quien no cruza el río porque temen encontrar lo que está en la orilla. Mas, tú, sin embargo, te embarcaste en la corriente y lo recorres.
Debes tener más confianza, cada quien lo entenderá a su manera. Y recuerda, aun cruzando la calle hay sitios impuros”.
(Rosaura)
Madre, Madre, me hiciste ver, mas no tenía palabras para explicárselos a ellos.
“Ya te lo dije y se lo he dicho a ellos, que se pongan la mano en el corazón y ellos sabrán”.
(Rosaura)
Bendíceme, Madre.
“Recuerda hija Mía, los santos y los buenos ya están aquí. Tú trabajo, es recoger y salvar a las almas, aún en esos sitios impuros, llevándolas a Dios. Te di alas, ¡vuela!”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado 30 de octubre de 2004
Hora: 09:35 p.m.
Gloria a Ti mí Señor, estoy postrada a Tus pies.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves!
¡Oh, Luz Radiante, que me guías!
“¿Creéis acaso, que de alguna manera pudieron pasar esos hechos que habéis comentado? Absurdas ideas. ¿No sabéis acaso, que sois incapaces de haceros daño? ¿Cómo podéis pensar, siendo como sois, escogidas, vais a hacer tan graves cosas? Debéis tener más confianza en el amor que os profesa. Mas, Yo lo he dicho, él se arrastra, está vigilante a vuestras debilidades, de vuestros temores, de vuestras ansiedades. Mas, una cosa os voy a decir, no permitáis que la duda os debilite, ya es hora de que seáis fuertes.
Ya os dije en una oportunidad, cada quien quiere y puede, y pierde lo que quiere. Mas, no siempre se pierde lo que aparentemente se pierde. No debéis ser tan duras. Ya os lo dije, ¿creéis acaso, que en donde Está Mí Amado Hijo sería capaz de hacer tanto daño? No le sigáis el juego. Ya os lo dije, aún en los momentos que sonríe Él Está presente. No lo olvidéis. Debéis tener cuidado a las palabras, se puede herir inocentemente a quien se ama y así, inocentemente también se puede pecar. Debéis abriros al amor. ¿No os he enseñado? ¿No os basta cuanto os he dicho?
El tiempo se acaba, no pongáis tantos obstáculos en absurdas necedades. Debéis cumplir lo que se os ha pedido, no os dejéis manipular por los sentimientos inútiles, dejad de abrir puertas y ventanas. ¡Cuánto entristece Mí corazón!
Ya os lo he dicho, debéis rezar, mas, no por eso debéis creer que es solo la oración. Deben haber los hechos, más una cosa si os digo, Estoy presente en vosotras constantemente, a vuestro lado, así que no debéis temer. De todos vosotros, ella fue la única que aceptó. Alejad de vuestros corazones tan vanos pensamientos. No permitáis, que haya alejamiento, sois todos uno y el tiempo se acaba.
Recordad siempre, os amo, más, ¿vosotros os amáis como Yo os amo? Hoy les hablo con el amor de una Madre, que siente que no es oída ni entendida. Mí Amado Hijo Está presente, os bendigo”.
Gloria a Ti mí Señor, estoy postrada a Tus pies… ¡Padre!
“Más debo deciros cosas gratas también, Mí corazón hoy se sintió enternecido viendo como cuidabas y limpiabas, y ella con su dolor Me trabajaba. Cada quien a su manera aportaba. Recordad esto siempre, quiero que lo guardéis en vuestros corazones, os amo, os bendigo, os llevo agarradas de Mí mano y a veces, cuidar es dejar hacer, si no ¿cómo creéis, que los pajaritos saldrían del nido? Debéis dejarlos volar, debéis dejarla volar. Os bendigo nuevamente y pronto, muy pronto, Estaré con vosotros”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 24 de octubre de 2004
Hora: 11:45 a.m.
Gloria a Ti mí señor, estoy postrada a Tus pies.
¡Oh, Joshua!
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves!
¡Oh, Luz Radiante, que me acaricias!
¡Oh!, ¡Luz Radiante, Estás conmigo, a mí lado permanentemente!
¡Madre, Madre, Madre!
“Amada hija, admiro tú fe y tú constancia cuando tienes que dar amor. Mas, esa decisión es a veces sin pensar, solo guiados por el amor. Y esas decisiones te pueden traer algunas dificultades, te enfrentas al peligro sin medir las consecuencias”.
(Rosaura)
Madre, no podía dejarla sola, me necesitaba. Además, yo sé que Ustedes Están conmigo y fueron invocados en todo momento.
“Debes recordar, que él se arrastra, se esconde, disimula”.
(Rosaura)
Pero, no va a poder, Madre, no va a poder.
“Amada hija”…
(Rosaura)
¿No te gustó lo que hice? Yo sentí, que estaba haciendo lo correcto.
“Y lo estaba. Mas, debes pedir ayuda”.
(Rosaura)
Yo lo hice, ayer le dije a Alba.
“No es tan fácil, la primera vez te fuiste a ciegas”.
(Rosaura)
Madre, yo no me fui a ciegas, Te sentí a mí lado.
“Lo estaba. Yo te lo he dicho, él se arrastra, se disfraza, debes tener cuidado. Eres tan importante”.
(Rosaura)
¡Madre, no sé cómo interpretar Tus palabras!
“Recuerda, el tiempo se termina has lo que tengas que hacer, ve donde tengas que ir. Mas, recuerda, sois todos uno, comparte, habla tus decisiones”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, ¡Tú sabes, que lo material no me importa!, la computadora se arregla, el equipo de sonido también.
“Él no te va a tocar más, ya te lo dije en una oportunidad, pero le gusta fastidiar. ¿Sabes una cosa? Me llenas de felicidad cuando te veo, cuando enfrentas con tanto amor y sigues Mis palabras. Pero recuerda, debes estar protegida”.
(Rosaura)
Lo estoy, estoy Contigo, estoy con ellos, ellos me aman.
“El tiempo, amada hija, cada vez va más rápido, en el vuestro, cada quien está encontrando lo que necesita, cada cosa está llegando a su lugar y solo así, juntos, van a encontrar la paz. No debéis olvidar, sois todos uno”.
(Rosaura)
¡Madre, me siento muy preocupada por la Naturaleza!, el hombre, la Naturaleza misma. A veces, siento que no evolucionamos, que somos los mismos de hace 2000 años.
“Mira los ojos del que se queda afuera, del que no entra. Aunque ya está más limpio, y verás la obra del Señor, gracias a tú amor, gracias a vuestro amor. Mas, quizás no como lo piensas. Debéis tener más confianza en lo que hacéis, en lo que decís. Debéis abrir las rejas”.
(Rosaura)
¿Abrir las rejas? ¡No entiendo, Madre!
“Lo entenderás en su momento”.
(Rosaura)
Ayer estuviste, Te sentí, yo Te vi. ¡Estabas radiante!
“Amada hija, ¿cuántas horas de amor han dedicado? ¿Cómo no agradecer? ¿Cómo no Estar con Mis hijas amadas cuando más Me necesitan? Siempre las voy a acompañar. Y lo que hoy parece algo difícil e insondable, porque aparentemente no tiene explicación, ya la tendrá en su momento, y solo a través del amor, de ese amor, llegará la felicidad”.
(Rosaura)
Madre, ¿te puedo hacer una pregunta?
“Rosaura, nunca Me has querido preguntar por tus hijos”.
(Rosaura)
Madre, es que Te los entregué a Ti.
“Entonces, no Me la hagas. Sigue confiando en Mí”.
(Rosaura)
Gracias, Madre.
“Vienen cambios, debéis estar preparados, no serán malos, al contrario, lo que sucede, aunque represente una dificultad, va a ser un progreso. Debéis tomarlos con alegría. Recuerda, que en todos los sucesos Mí Hijo Amado Está presente”.
(Rosaura)
Madre, la Naturaleza, la lluvia, las sequías, las guerras, ¡eso me preocupa tanto!, las visiones que tengo. ¿Qué puedo hacer?
“Lo que haces. Creo que vosotros no habéis entendido realmente el valor de la oración y como habéis ayudado con vuestro amor. Mas, debéis continuar con lo que estáis haciendo. Y recordad, que él sigue agazapado, mas no va a poder.
Yo os bendigo a todos y aún a los que no están aquí en este momento, Yo estoy a su lado en donde estén. Son todos y todas Mis hijos amados”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado 13 de octubre de 2004
Hora: 01:15 p.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves!
¡Oh, Luz Radiante, que Estás a mí lado!
¡Oh, Luz Radiante, que Estás aquí presente, Hermosa!
¡Oh, Luz Radiante, bendíceme, ¡dame paz!
¡Oh, Madre, ¡cómo Te he fallado!
“Amada hija, ¿creéis realmente, que Me han fallado?”.
(Rosaura)
¡Madre, sí!, ¡realmente sí! ¡Me siento destrozada! ¿Cómo hago?
“Extiende tú mano y Me encontrarás, voltea el rostro y Me verás, abre tú corazón y Me sentirán, en cada uno de ellos, los que están a tú alrededor, Estoy”.
(Rosaura)
¡Madre, Madre!
“No todo lo que se dice es cierto. Mas, sí te digo, Mí amada hija, en tus conversaciones Mí Hijo Está presente”.
(Rosaura)
Yo lo sé, Madre, por eso cuando hago algo que no debo hacer, ¡me siento tan mal! ¡Me falta voluntad!
“¿Piensas realmente, que es falta de voluntad? Mas, Yo creo que es temor. Ellos te aman, están puestos a tú lado para cuidarte y de alguna manera, todos te necesitan. No te encierres”.
(Rosaura)
¡Madre, sentí tanto dolor y sentí vergüenza! ¿Qué puedo decirte que Tú no sepas?
“Recuerda Mis palabras, después de la oscuridad viene la luz. Las señales están dadas, ya es hora de que ellos también aprendan a verlas. Eres tan frágil”.
(Rosaura)
¡Madre!, no los puedo responsabilizar por mis actos.
“Ellos tienen que crecer y crecerán”.
(Rosaura)
¡Y me acusan de algo tan feo que no he hecho! Madre, ¿por qué tantos ataques? ¿Por qué tantas cosas feas?
“Porque estás en el camino. Recuerda lo que te he dicho, no te prometí felicidad en esta Tierra sino la vida eterna. Mas, recuerda, que a los demás les das mucha felicidad y ellos, los que te aman, los que están a tú alrededor, deben comprenderlo”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, ¡creo que yo soy la que no comprende! Soy yo la que debo crecer.
“Ya es hora, hija Mía, de que rompas las barreras. Recuerda, Mí Amado Hijo Está en ti y Yo siempre Estoy a tú lado, y si tú sufres Él sufre”.
(Rosaura)
Madre, yo no quiero que Él sufra, ¡ya Él ha sufrido tanto! ¿Cómo es posible, que el mundo esté tan horrible? Ahora, con tanto desastre que viene, la Tierra va a mecer su tristeza y verterá sus lágrimas.
“Deben continuar con lo que están haciendo, la oración. Mas, no debéis perder la risa, esa risa que inunda el corazón de los que te rodean”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, ¡Tú siempre dices palabras tan bellas!
“Tú también”.
(Rosaura)
He aprendido de Ti, porque Tú siempre las dices. ¡Me reconfortó tanto estos días pintando!, como en días pasados.
“Y siempre lo vas a hacer, aun cuando el dolor de las manos sea más fuerte, siempre lo vas a hacer, quítate esa angustia. Ellos de alguna manera lo entienden y están creciendo. Las palabras a tú hermano fueron sabias, reflejo de tú amor hacia él, y tú hermana, que está aquí a Mí lado, sabe cuánto la amaste, cuanto la amas y cuanto la seguirás amando”.
(Rosaura)
Madre, bendíceme.
“Te bendigo a ti y a todos los que están a tú lado. Y dile a mí pequeño Juan (*) que para él tengo una bendición especial, porque sé las veces que ha dicho que no”.
(Rosaura)
Se lo diré, Madre.
“Recuerda, Mí Inmaculado Corazón, reinará.
Aún la roca más fuerte, una gota de agua la puede perforar. Más, una lágrima la refuerza, la hace fuerte. No es lo mismo una gota de agua, que una lágrima”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 14 de septiembre de 2004
Hora: 03:40 p.m.
(*) Marino.
¡Oh, Luz Radiante, que me iluminas!
Que Te acercas, que Estás conmigo.
¡Oh, Luz Radiante!
¡Madre, Madre!, ¿por qué ese encuentro?, ¿por qué me hiciste ver?
¡Madre!, ¿por qué me hiciste ver?
¡Madre!, ¿por qué me hiciste ver?
¡Madre!, ¿qué es lo que quieres que haga?
Me siento confundida con estas marcas en mis manos, no las merezco. Hay momentos, que siento pena y quisiera taparlas, son tan incomprendidas. ¿Por qué a mí? ¡Me pusiste a llamar la atención! ¿Por qué me hiciste ver? Me gustaba tanto soñar, me era más fácil llevarlo soñando.
¡Madre!, ¿por qué me hiciste ver?
“Era tú tiempo, lo necesitabas, Mí dulce niña. Recuerda, que tú tiempo es breve, en la brevedad del hombre. Más, tú lucha es larga en el tiempo del Señor”.
(Rosaura)
¡Madre, quedé muy desconcertada! Madre, realmente desconcertada. Yo siento el amor profundo de Su palabra, yo la oigo en mí corazón, veo al cielo y veo la obra de la Creación. Más, lo que veo últimamente a mí alrededor enlútese mí alma, ¿por qué me hiciste…?
“Amada hija, llegó el momento de que tomes tú decisión, el mundo está hecho de los soñadores”.
(Rosaura)
No sé, Madre, no te entiendo. ¿Cómo voy a soñar si me haces ver cosas tan difíciles?
“Hace 2 días, pudiste ver más allá a la persona que puse a tú lado para cuidarte. Le sentiste sus dudas y sus temores, y lo respetaste. No tengas miedo, él siempre va a estar a tú lado, mas es cuestión de confianza. A veces, las palabras suenan muy dulces pero la realidad los lleva a otra cosa”.
(Rosaura)
¡Madre, me dolió mucho su duda, la sentí en mí corazón!
“¿No sabes acaso hija Mía, que más le dolió a él dudar? Más, Yo te digo, él va a estar siempre a nuestro lado. Tened paciencia. Así como el rocío cada noche embellece a las flores, así tú presencia te dará el soporte”.
(Rosaura)
¡Madre, quisiera preguntarte tantas cosas!
“Ya te lo dije, pon la mano en tú corazón y actúa como debes actuar. Todos de alguna manera dependen de ti y cuando digo todos, hablo de todos. ¿O es que acaso, que tanto tiempo de oración, donde se ha visto el brillo de tú amor, de tú paciencia, de tú paz, es tiempo perdido?”.
(Rosaura)
No, Madre, no lo pienso. Si mí problema es que no pienso mal.
“¿Tú problema o tú regalo? Di a todos, que los amo, aún a los que se creen conocedores de la verdad porque han estudiado día y noche. Yo estoy con ellos porque los amo. Y no te inquietes porque ellos tienen su camino trazado”.
(Rosaura)
Bendíceme, bendícenos a todos. Dame Tú luz, Tú refugio.
“Yo os bendigo en el nombre de Mí Inmaculado Corazón”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 02 de septiembre de 2004
Hora: 06:35 p.m.
¡Estoy muy adolorida!
Quiero ser solo oración y no llantos.
¿Cuándo aprenderé a ser solo oración?
¡Cuánto me falta crecer todavía, pero siento mucho dolor!
¡Oh, Luz Radiante, que Te acercas!
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves!
¡Ay!, ¡Luz Radiante, Hermosa!
¡Madre!
“¿Por qué no lo dices? ¿No sabes acaso, que Yo sé lo que piensas?”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, ¡me siento tan avergonzada!, ¡tanto tiempo rezando, tanto tiempo a vuestro lado! ¡Madre!
“Dilo”.
(Rosaura)
Sentí, que no han entendido nada. ¡Me siento tan apenada!
“Un día te dije, que en su momento ellas y ellos, entenderán”.
(Rosaura)
¡Todo lo que rezamos! ¿Dónde se van esas oraciones?
¡Me has hecho ver unas cosas! ¡Me estás moviendo el piso!
“Ya os lo dije en una oportunidad, debéis tener paciencia, no perder la fe, la esperanza, ni el amor”.
(Rosaura)
¡Madre, hay mucha desilusión, mucho dolor!
“En algunos, en otros hay alegría. Ya os lo dije, no juzguéis”.
(Rosaura)
¡Ay!, ¡Madre, no es fácil, sabemos quién es! Estoy tan desconcertada. La reacción de mis compañeros. ¡No lo esperaba!
“Amada hija, ¿no sentiste su amor en el Rosario? ¿No viste, que estabais todos unidos en la oración?”.
(Rosaura)
¡Pero, me enteré después de algo que me dolió mucho!
“No la juzgues, ella necesita de tú amor, de tú paciencia.
Ya os lo dije, bajaré del cielo con 7 estrellas, con la “P” de la Paz, con la “V” de la Victoria y la “V” de la Virgen, y el mal será vencido”.
(Rosaura)
¡Bueno, es que creíamos, que era ahora! No sé, Madre, es que esto…
“Recordad, que Mí tiempo no es vuestro tiempo, mas nunca os dejo solos. Os he enviado tantas señales estos días, algunas las habéis entendido, otras no”.
(Rosaura)
Madre, ¿qué debemos hacer?
“Orar, solo orar, la oración. Él se disfraza, se esconde. A veces, tiene cara de ángel, de bueno. No todos los que parecen buenos lo son, ni todos lo que parecen malos lo son”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, dame fuerza, ¡dale fuerza al grupo!
“Ya os lo dije, rezad el Rosario por la unión y la paz, por el amor”.
(Rosaura)
Bendícenos, Madre.
“Como no los voy a bendecir, si los tengo a todos bajo Mí regazo. Mas, debéis controlar vuestras emociones, no os permiten ver la luz, no os permiten ver los brillos de los nuevos tiempos. Debéis tener cuidado”.
(Rosaura)
Yo también, Te amo.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 17 de agosto de 2004
Hora: 02:45 p.m.
Gloria a Ti mí Señor.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves!
¡Oh, Luz Radiante, que me baña!
¡Oh, Luz Radiante!
¡Madre, no me puedo voltear!, ¡me duele mucho la espalda!, ¡me duelen mucho las manos!
“¿Por qué te preocupa sentir esa tristeza?”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, ¡Tú sabes muy bien por qué!
-Su hermana, Félida Helena, padece un cáncer terminal y todos los hermanos están reunidos con ella. Ya el momento del encuentro está cerca-
“Yo la voy a recibir, más ella tiene que vivir su tiempo”.
(Rosaura)
Yo lo sé, ¡me siento tan mal!, pero no porque ella se va, yo sé, que Tú la vas a recibir. Sino porque me duele que se vaya. ¡Y esa enfermedad tan fuerte!
“Pero ella no tiene dolor”.
(Rosaura)
Yo lo sé, y eso es gracias a Ti.
“No. Gracias a vosotros, Mis amados hijos, que rezáis constantemente. No te sientas mal”.
(Rosaura)
¡Es que me falta crecer mucho!
“¿No será, que te acostumbraste a ver los árboles ya crecidos? Recuerda, todos salen de una semilla, germinan y tímidamente salen de la tierra a la luz y crecen hasta el cielo, y luego llegan los insectos y los atacan el viento, la lluvia, pero va creciendo. Cuando te sientas así, recuerda: eres una semilla, que va creciendo, se va haciendo grande, frondosa, hermosa, donde los pájaros encontrarán refugio y habrá sombra para muchos y extenderás tus ramas a distancias tan largas, donde muchos encontrarán cobijo”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, ¡Te amo tanto!
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 26 de julio de 2004
Hora: 07:00 p.m.
¡Me duele la cabeza!, creo que me golpearon la cabeza. Es que no es fácil, no es fácil entender una realidad aparentemente incierta, aparentemente intangible, no es fácil.
“No todo lo que parece es, ni es todo lo que parece.
¿Desde cuándo Mis hijos amados, Estoy a vuestro lado y aún os dejáis abatir por los problemas pequeños? Vosotros los hacéis grandes, más son solamente pequeños.
Debéis ser fuertes, al resguardar vuestros sentimientos. No permitáis, que aniden en ellos dolorosos pensamientos, que, así como hoy, hay luz y esperanza en ellos, mañana también.
¿Por qué siempre esperáis de la misma manera? No habéis entendido, que siempre Estoy presente. ¿Cuántas veces más os lo debo decir? El que carga la carga sabe lo que pesa, solo el que la carga. Más, si compartís los fardos, ¡cuánto alivio sentís! Quitádmelos de encima”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 16 de julio de 2004
Hora: 07:15 p.m.
Gloria a Ti mí Señor.
Gloria a Ti mí Señor, estoy postrada a Tus pies.
Joshua, estoy postrada a Tus pies.
¡Madre!
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelve!
¡Oh, Luz Radiante, que Te acercas!
¡Oh, Luz Radiante, que Estás a mí lado, que nos proteges!
¡Oh, Luz Radiante, que alivias mí dolor!
¡Oh, Luz Radiante, que me enseñas a compartir Su dolor!
¿Qué pasó? ¿Por qué esto? ¿Por qué, nos está atacando tan duro?
No entiendo, no comprendo. Si me porto bien hay ataque, si me porto mal, también hay ataque.
¿Qué pasa, Madre?
¡No comprendo!, esclarece mí mente, abre mí corazón, endulza mí entendimiento, que mí juicio no sea severo. ¡Ayúdame, a conseguirlo!
¡Qué mí dolor duradero alivie en Él Su dolor!
¡Oh, Madre Santa!
“Amada hija, te portaste muy bien, lo hiciste”.
(Rosaura)
¿Cómo, que me porté muy bien? Hice lo que tenía que hacer, invocarte, rezar; ¡estoy desconcertada, no entiendo! ¿Qué fue lo que hicimos? ¿Qué puerta abrimos?
“De los que están aquí, ninguno abrió puertas. Mas, no ignoréis, que él se cuela por debajo de las rendijas”.
(Rosaura)
¡No entiendo, estoy desconcertada! ¿Qué pasó?
“Cada vez, que alguno de vosotros de alguna manera crecéis. Cada vez, que alguno de vosotros os acercáis el uno al otro. Cada vez, que vosotros os acercáis a Mí Amado Hijo, a él le molesta”.
(Rosaura)
¡Entonces, Madre! ¿Esto va a ser todo el tiempo? ¡Porque yo te voy a decir una cosa!, ¡no puede ser, que todo el tiempo esté molestando!, ¡esté atacando a mis seres queridos, a mis amigos, a mis hijos!
“Lo que piensas, que son ataques, no son ataques. También vosotros hacéis cosas, os equivocáis, no todo se le puede achacar al de la cola”.
(Rosaura)
¡Si perdió el pasaporte!, ¡lo perdió! -Rodolfo, hijo de Rosaura- No tuvo conciencia.
“Exactamente, hay situaciones en que las cosas suceden por inconciencia.
Hoy, él quiso hacer una demostración de fuerza, mas no pudo, tú lo enfrentaste, fuerte, severa”.
(Rosaura)
Bueno Madre, ni tan severa, no Te creas, estaba deseando, que todos llegaran.
¿Por qué se tardaron tanto?
“No se tardaron, llegaron a tiempo justo. Es que cuando estabas en el enfrentamiento, era el tiempo del Señor”.
(Rosaura)
¿Cuándo nos enfrentamos, es el tiempo del Señor?
“Es el tiempo del Señor. Más, ellos vinieron todos a ti y están aquí. Ya te lo dije, eres una señal viviente de la presencia de Mí Amado Hijo, de la Gloria del Señor y el que no vea las señales, ¡ay, de aquel!”.
(Rosaura)
¡Perdóname, Madre!, pero estoy desconcertada, agotada. Realmente fue largo el tiempo, ¡más Te veía tan radiante, Te sentía a mí lado!
“Anoche lo pudiste controlar, ayer lo pudiste controlar, mañana lo podrás controlar. Pero, quédate tranquila, no voy a permitir, que los vuelva a atacar, que nada interfiera en la obra de Mí Amado Hijo, os voy a proteger. Ya habéis aprendido, ya habéis entendido.
Aprended a separar vuestras equivocaciones de los ataques. No voy a permitir, que esto vuelva a suceder. Yo os prometo por Mí amor.
Así como vosotros la protegéis, así os protejo Yo. Habéis respondido como siempre, con todo, con amor. Mas, Yo os digo, dichosos aquellos, que están a Mí lado”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, ¡qué Hermosa Eres!
“Y no te preocupes, siempre Me vas a poder pintar, ¿no sabéis acaso, que estamos unidas es ese instante?”.
(Rosaura)
¡Pero, él empezó cuando yo Te estaba pintando! Yo estaba preparando el color azul para Tú manto, cuando empezaron a abrirse las puertas y a caer las cosas.
“Ya te dije, no va a volver a pasar, confía en Mí. Todos debéis confiar, entregaos a Mí con confianza. Recordad, Yo Estoy aquí.
Ya sabéis, todos sois Mis hijos amados, no hay distingo para Mí. Os amo”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, sábado 10 de julio de 2004
Hora: 09:45 a.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelve!
¡Oh!, ¡Luz Radiante, Tú suave brisa me acaricia!
¡Estás aquí a mí lado!
¡Oh, Luz Radiante!
“Amada hija, ¡cuánto has aliviado hoy el sufrimiento de Mí Amado Hijo”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, ¡me lo he preguntado tantas veces, si con esto alivio!
“No solo lo alivias con los dolores, también con el amor. Sois todos, los que están a vuestro alrededor, hermosos”.
(Rosaura)
Madre, Tú nos dijiste que éramos todos en uno y uno en todo. Pero, hoy ha sido para mí un poco sorprendente, por el sitio donde me ocurrió, un sitio público donde hay tanta gente y me he sentido como apenada. No me avergüenzo, pero sentí pena de que me vieran y eso me ha puesto triste. Yo sé, que no soy digna de esto tan grande que me está pasando, pero ¿por qué sentí pena?
Ayúdame.
“¿Quién ante lo desconocido no se sorprende? Y tú eres Mí niña amada, tan frágil. Mas, recuerda, cada momento, cada instante de dolor, es como una gota de rocío que cae sobre una flor y sus colores brillan a la luz”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, ¡me dices cosas tan bellas! ¡Me siento tan pequeñita, tan poquita cosa!
¡Estoy tan adolorida!
“Te lo había dicho, que las señales se te iban a acentuar”.
(Rosaura)
Sí, Madre. Yo pensé, que eran los dolores.
“Las señales están dadas para aquellos que las sepan ver y tú, hija Mía, eres una señal de que Él Está vivo, presente”.
(Rosaura)
Bendíceme, Madre.
“Os bendigo a todos y os cubro con Mí manto. Mas, debéis protegerla”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 06 de julio de 2004
Hora: 08:00 p.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves, que me sigues!
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves, que me proteges!
¡Oh, Luz Radiante!
Ella Está aquí, nos pide una Salve.
Dios Te Salve, Reina Madre,
Madre de misericordia
vida, dulzura y esperanza nuestra:
Dios Te Salve.
A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
A Ti suspiramos gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas,
Ea, pues, Señora abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos Tus ojos misericordiosos y,
después de este destierro,
muéstranos a Jesús, fruto Bendito de Tú vientre.
¡Oh, Clemente!
¡Oh, piadosa!
¡Oh, dulce, Virgen María!
Ruega por nosotros Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Ella dice, que no estamos desterrados, que Ella siempre Está a nuestro lado, que no debemos suspirar y llorar, que no estamos en un valle de lágrimas, que el Creador, su Creador lo hizo todo con amor. Que tengamos fe, que tal como Ella lo prometió, así será. Y bajará del cielo.
La puerta, la puerta, la puerta… quieren que vean la lámpara y después que cierren los ojos, y verán la puerta, Puerta al Cielo.
-Todos los presentes cerraron los ojos y después Rosaura, volvió a cerrar los ojos y continuó-
“Hijas Mías, os amo. ¿Creéis acaso, que en estos días en que habéis estado tan desorientadas os He abandonado? ¿Es que no sentís cuando os acaricio con Mí mano? Ustedes, Mis ángeles amadas, debéis estar preparadas. Su sufrimiento se va a acentuar”.
(Rosaura)
¡Madre, Madre! ¿Qué tenemos que hacer? Vienen tantas cosas difíciles, dime.
¿Qué tenemos que hacer, ellas, ellos, yo?
“Amaos los unos a los otros como Yo os amo”.
(Rosaura)
Pero, nosotros nos amamos.
¡Me duele mucho el brazo! ¡Madre, no lo puedo mover!
“Hija Mía, supiste, lo sabes y lo sabrás en su momento. Cada uno de ustedes lo sabrá, lo saben. No permitan, que estos días de tanta inquietud y dolor os alejen. Sabéis, que sois todos escogidos. Mi amor de Madre os protege, extiendo Mí manto y os cubro. Se enaltece vuestro amor en el brillo de Sus ojos cuando oráis. Os amo”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 15 de junio de 2004
Hora: 05:30 p.m.
Gloria a Ti mí Señor.
Gloria a Ti mí señor.
¡Oh, Luz Radiante, que Te acercas, que llegaste!
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves, que me acaricias!
¡Madre!, ¿por qué están todos aquí? ¿Por qué la puerta? ¿Por qué la luz? ¿Es que me vinieron a buscar? ¿Por qué no me hablas? ¡No me dices, Madre! ¿Por qué están todos aquí?
“Están aquí, porque cada vez que tú visitas a un enfermo, ellos ven lo que tú estás viendo y es necesario que se lo digas, que hables con ellos, que reafirmen su fe. No hay manos que agarren, no hay brazos que halan. ¿No sabéis, que Mí Hijo es sólo Misericordia?”.
(Rosaura)
¡Madre, los he tenido aquí todo el día! ¡Me asusté! Creí, que me vinieron a buscar.
“Ya oíste, te lo dijo Alba, nada es antes ni después, que todo es a su tiempo, solo el Señor sabe”.
(Rosaura)
No comprendo, ¿realmente no comprendo por qué siguen aquí?
“Porque te aman. Recordad, es necesario estar fuertes, estos momentos dolorosos van a continuar”.
(Rosaura)
Lo sé, Madre, pero eso no es lo que me preocupa. Es que no sé distinguir cuando tengo que estar o no estar. No sé, me siento un poco confundida, ¡tanta presencia hermosa!, ¡tanto dolor físico! Me siento un poco confundida y la puerta sigue abierta.
“¿Quién te dijo, que se cerraba? Nunca se cierra, cada alma la traspasa”.
(Rosaura)
¿En serio?
“Por supuesto”.
(Rosaura)
¿Por eso me enviaste a todos mis seres queridos?
“Sí, por eso, te estamos preparando. Permití, que los vieras para que se comprenda la importancia de la labor que tienen y tú labor”.
(Rosaura)
Pero, yo la comprendo, yo trato de hacerla.
¡Ay, Madre, tenía ganas de irme para allá, ¡pero no pude!
“Porque no es tú tiempo. Cuando te llegue tú tiempo ni te darás cuenta, en el tiempo nuestro lo entenderás y eso va para todos, la puerta nunca se cierra”.
(Rosaura)
Pero, te digo una cosa, es una tentación lo que me hiciste ver, casi me quiero ir.
“Te querías ir, mas no es tú tiempo. De nuevo te lo digo, solo el Señor lo sabe”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, ¡eres tan hermosa! Cúbrelos con Tú manto.
“¿No ves acaso, que siempre Estoy, los protejo? Tú Me has visto muchas veces al lado de ellos. Cuando ellos empiecen a sentirme, Me verán”.
(Rosaura)
¿Ya se lo puedo decir?
“En su tiempo”.
(Rosaura)
Bendíceme, Madre.
“Los bendigo a todos. Debéis manteneros fuertes y unidos. Los acontecimientos se van a desarrollar de una manera insospechada. Mas, vosotros tenéis la fuerza de la fe, debéis de alguna manera enseñarlo a los demás, a los hombres, especialmente a Mis Almas Consagradas”.
(Rosaura)
Ya lo sé, Madre, ¡me sentí tan bien allá!
“Pero, te dolía todo”.
(Rosaura)
Eso sí es verdad, me dolía todo, pero estaba tan feliz, allá fui feliz.
“¿Y no eres feliz aquí?”.
(Rosaura)
Sí, lo soy, solo que tengo mucha responsabilidad.
¿No viste lo que pasó en el supermercado? ¿Viste esa sombra gris, que se me acercó?
“¿Pero, no pudo, María sacarte de ahí?”.
(Rosaura)
¡Sí Madre!, pero ella no la vio.
“Pero, sintió que debía cuidarte. Recuerda, sois todos uno. Os amo, os bendigo”.
(Rosaura)
Amén, Madre, amén.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 30 de mayo de 2004
Hora: 05:00 p.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelve, que me sigue!
¡Oh!, ¡Luz Radiante, que Estás a mí lado, cúbreme, protégeme!
¡Madre, Madre!, me has consolado, me has envuelto con Tú manto, me has dado paz.
“Amada hija, ¿pensaste acaso, que te podía dejar sola?”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, ¡te he sentido tanto hoy!
“No quiero, que sufras, ya es hora de que entiendas, que hay cosas que no debes hacer”.
(Rosaura)
¡Es que no sé qué me pasa!, no sé por qué me pasa. Yo busco dentro de mí.
¡Es que ni siquiera soy feliz en esos momentos!
“Acepta, debes aceptar, simplemente aceptar, solamente aceptar. Entrégate en paz, déjate guiar, confía. Ellos, los que están a tú alrededor te aman, confía”.
(Rosaura)
¡Madre!, ¿fue otro ataque?
“Amada hija, se arrastra, se esconde, utiliza las debilidades de los demás, tú fragilidad, tú amor. Debes ser fuerte, debes aprender, confía, confía. Mas, no estuviste sola, siempre Estuve”.
(Rosaura)
¡Madre, qué dolor tan grande sentí!
“Eso es lo que busca, que te distraigas, que no cumplas la misión. Mas, Yo te digo, que en este momento y en esta hora estás creciendo; que en este momento y en esta hora Está Mí corazón de Madre”.
(Rosaura)
Gracias, lo sé. Te amo, bendíceme.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 18 de mayo de 2004
Hora: 06:00 p.m.
¡Oh, Luz Radiante Hermosa!
¡Oh!, ¡Luz Radiante, ven a mí!
¡Madre, Madre!, ¿por qué Estás tan triste?, ¿qué Te pasa?
¡Madre, Madre!
“El dolor, que Me embarga, es ver. Utilizan a Mí Amado Hijo en vano. Los sufrimientos ¡cómo lo utilizan en vano! Mi Amada Iglesia, ¡cómo es atacada de adentro y de afuera!
¡Ay, de aquellos, que le juraron lealtad a Mí Amado Hijo y blasfeman! Pobres. Debéis orar por ellos, debéis orar por ellos”.
(Rosaura)
¡Madre, no me gusta verte triste! Si Tú Eres mí luz, Eres el faro, que me guía.
“Ay, amada hija, ¿cómo decirte lo que hay en Mí corazón? ¿No ves las barbaridades que hacen?”.
(Rosaura)
¡Bueno, Madre, pero, no Te lo tomes tan apecho! ¿Tú no sabes, que los hombres son así?
¡No me gusta verte triste!
“Les voy a pedir algo, debéis profundizar vuestra oración, acudid más a la Eucaristía. Debéis reforzaros”.
(Rosaura)
¡Madre!, no me porté bien, ¿verdad? ¿Estás triste por eso?
¡Dime, no me gusta verte triste!
“No seas tan severa contigo misma, ya te lo he dicho tantas veces. Extiende tú mano, utiliza ese don maravilloso que tienes, que es tú alegría, que es tú amor, que es tú paciencia. No vuelvas a permitir, que ese que fue un rayo de luz se meta en tú vida, no le abras puertas, ninguno le debe abrir puerta.
En la medida en que se acercan los tiempos, los tiempos venideros, los tiempos de Dios, él se va a revolver como fiera herida. Mas, Yo os lo dije, así como Yo le piso la cabeza, vosotros le pisáis la cola, y solo con las oraciones que hacéis en el medio, podéis crecer”.
(Rosaura)
Madre, bendíceme, ¡estoy muy adolorida!
“Lo sé. Mas, recuerda, que es el bálsamo que alivia a tantos y tantos”.
(Rosaura)
Bendíceme, Madre.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 06 de abril de 2004
Hora: 11:50 a.m.
¡Madre!, ¿dónde Estás? ¡Madre!
¡Me siento perdida!, ¡no encuentro salida, Madre, Madre!
¡Oh!, ¡Luz Radiante, se acerca Hermosa!
¡Oh, Luz Radiante, que me cobijas!
¿Qué me pasó? ¿Qué me pasa? ¿Dónde estoy metida? ¿Qué me pasa?
“Amada hija, esperas más y debes aprender a esperar menos, así no será tan doloroso”.
(Rosaura)
¿Cómo hago, Madre? ¡Estoy tan confundida!
“En la medida en que vayas aceptando tus limitaciones, en la medida en que cada quien también las tiene, saldrás del laberinto”.
(Rosaura)
¿Tengo que esperar tanto? Si, quiero salir ahora. ¡No me gusta estar aquí!, ¡yo me quiero salir!
“¿Y creéis acaso, que no has comprendido? Claro, que has comprendido, deja de luchar, entrégate confiadamente”.
(Rosaura)
¡Madre!, ¿qué les puedo decir? Necesito decirles, ¿qué les puedo decir?
“Nada ¿Os qué creéis, que ellos no saben muy dentro de sí que pasa en tú corazón? Son los pilares que te rodean, recuéstate en ellos confiadamente”.
(Rosaura)
No es fácil, yo siento que ellos deben confiadamente recostarse en mí, no yo en ellos.
“Estás en un error, una casa no se sostiene con un solo pilar. Recuerda eso, todos son necesarios, todos son importantes. Cuando vengan los movimientos serás fuerte, serás sostenida. Recuerda eso, todos son necesarios”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, ¡Eres tan Hermosa! ¿Qué está mal? ¿La violencia? ¿Qué será tan intenso?
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 31 de marzo de 2004
Hora: 06:00 p.m.
¡Oh!, ¡Luz Radiante, Hermosa!
¡Oh, Luz Radiante, que Estás ahí!
¡Ay!… ¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves!
¡Ay, Madre, ¡Madre!, ¿qué vamos a hacer?, ¿qué podemos hacer?
“Lo que os dije, debéis continuar orando. Ya están en los tiempos vuestros”.
(Rosaura)
Y ¿hasta cuándo vamos a estar con esto?
“Ten paciencia, ¿no sabes acaso, que Estoy a tú lado? ¿No sabes acaso, que nunca estás sola?”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, ¡tantos muertos y heridos!, ¡Están maltratando a Tú Iglesia, a mí Iglesia!
“Ya os dije, tened confianza, debéis tener más confianza, no permitáis, que vuestras angustias os dominen ¿No sabéis, que eso es lo que quiere él? Quiere desviaros, que no estéis atentas. Habrá un acontecimiento muy importante, que va a cambiar la vida de muchas personas y después de ese acontecimiento vendrá un nuevo amanecer. Ya os lo dije, va a ser de la manera más inesperada”.
(Rosaura)
¡Madre!, ¡estoy tan cansada, muy cansada! ¡Quiero llorar y no puedo!
Lo haré… se los diré… Yo también Te amo.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 10 de marzo de 2004
Hora: 08:50 p.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves!
¡Oh!, ¡Luz Radiante,
Estás aquí, ¡Hermosa!
¡Oh, Luz Radiante!
¡Madre, Madre!, ¿por qué esto?, ¿por qué esto?
“Porque habéis olvidado, no habéis entendido, ni comprendido nada”.
(Rosaura)
Pero, ¡hemos hecho todo lo que Tú nos has pedido!, ¡hemos hecho todo!
“No hablo de ti, ni hablo de los que están contigo. Es la humanidad, cada día se aleja más de las enseñanzas de Mí Amado Hijo”.
(Rosaura)
Y entonces, ¿para qué rezamos tanto? Dime, ¿por qué si rezamos como Tú nos pides? ¡Madre!, ¡estoy tan adolorida con lo que me has permitido ver! ¿Por qué me haces ver?
“Todavía no has comprendido la importancia, que estas palabras que hoy se escriben y, mañana serán leídas y entendidas, cumplirán su meta”.
(Rosaura)
Si, todo está bien, pero ahora, ¿por qué ahora?, ¿por qué ahora?, ¿por qué, Madre?, ¿por qué?
“Porque necesitan entender, que solo a través del amor, solo a través del conocimiento de lo que es la naturaleza humana, podéis crecer. ¿No sabéis acaso, que siempre Estamos? Te lo He dicho una y otra vez, no debes desesperarte. ¿No sabes acaso, que siempre Estoy a tú lado?”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, lo sé, ¡lo entiendo! Mas ¿qué debo hacer?
“Orar, solo orar, únicamente orar”.
(Rosaura)
Bendíceme, Madre.
“No sólo a ti, amada hija, sino a cada uno de los que están aquí, que todos en su momento cumplen su misión.
Recuerda siempre, los amo”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 11 de febrero de 2004
Hora: 10:55 a.m.
Heme aquí, postrada a Tus pies.
“¡Quién cree, que lo pierde en el Lugar Sagrado, no lo pierde en el Lugar Sagrado!, donde Estoy siempre con vosotros, nada se pierde, nada se pierde.
Pierde, el que quiere perder.
Pierde, el que no sabe perder y pierde, lo que añora perder.
Debéis tener cuidado con el perder, lo que no debe perderse, es la unión, el amor, el respeto. Recordad, no se pierde nada en el Lugar Sagrado. Más, ¡ay, de aquel, que un día fue un destello de luz, que se arrastra! Más, Yo os digo, no permitáis, que los separen, debéis estar fuertes y unidos, más aún en estos momentos”.
(Rosaura)
¡Madre, están pasando tantas cosas a todos!, enfermedades, accidentes. Como Tú dices, pérdidas, y eso me preocupa.
“¿Te preocupas?, ¿por qué te preocupas? Eso es lo que pretende, dispersarlos, alejarlos de Mí, de lo que Yo Siento por vosotros. Él está acechando, atacando por todos lados. Vuestras debilidades son tan apreciables para él. No debéis bajar la guardia”.
(Rosaura)
Madre, me preocupa que a Alba se le pierda el dinero, ¡me siento mal! Ella toma una actitud… se esconde como el caracol, no sé cómo ayudarla.
“Hija Mía, Alba va a encontrar en su corazón la verdad, no os preocupéis”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 29 de enero de 2004
Hora: 07:05 p.m.
¡Oh, Luz Radiante que me envuelves, que Te acercas!
¡Oh, Luz Radiante, que Estás a mí lado!
¡Oh!, ¡Luz Radiante, Hermosa!
¡Oh, Luz Radiante!
Bendíceme, Madre.
“Amados hijos, se acercan los momentos difíciles, os vengo a prevenir. Debéis tener cuidado, debéis manteneros unidos. No hagáis caso a falsas alarmas. Recordad, que sois las espaldas de muchos. No debéis sentir el fardo muy pesado, debéis compartirlo. Pronto haré una demostración”.
(Rosaura)
¿Una demostración de qué, Madre? ¿Por qué Te quedaste callada?
“¡Ay, hija Mía!, con todas las cosas que ven y que sienten, ¿todavía tengo que hacer una demostración?”.
(Rosaura)
Yo lo sé, Madre, pero Tú las haces, porque Tú quieres, porque todas nosotras tenemos fe y sabemos que Tú Estás. Además, hoy nos regalaste Tú aroma.
¡No te pongas triste, Madre!
“Es que es necesario, vienen acontecimientos muy difíciles. Están irrespetando la Casa de Mí Hijo, están profanando los lugares sagrados. Debéis continuar con la oración”.
(Rosaura)
¡No Te quiero ver triste, Madre! ¿Tanto daño Te han hecho?, ¿tanto dolor Te hemos causado?
“No Estoy triste, Estoy es preocupada. Debéis continuar orando para que no se alejen Mis amados hijos”.
(Rosaura)
¿Y cuáles van a ser los acontecimientos?, ¿Van a pasar cosas muy fuertes en el país?
“Van a pasar y están pasando. Más, ya os lo dije, en una oportunidad, la oración tiene el poder de cambiar las cosas, podéis suavizarlo mucho.
Van a venir ataques más violentos a Mí Amada Iglesia”.
(Rosaura)
¡Eso no me gusta, Madre!
“Ahí es donde debéis creceros, ahí es donde debéis demostrar lo cerca que están”.
(Rosaura)
¿Qué voy a hacer? ¿Qué les digo? Siempre nos hacemos preguntas, pero Tú Hijo nos dice que no debemos preguntar tanto, que dejemos llevarnos más, que Él siempre está con nosotros.
“Y lo Está, así como lo Estoy Yo, no lo olvidéis. Aunque os ocurran cosas de aparente dureza, siempre Estoy con vosotros, siempre y os protegeré.
Recordad, estáis bajo Mí sombra y protección, nunca os abandonaré”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 22 de enero de 2004
Hora: 07:35 a.m.
¡Oh!, ¡Luz Radiante Hermosa, Estás aquí!
¡Oh, Luz Radiante!
¡Oh, Luz Radiante! ¡Madre, estoy tan estropeada!
¡Oh, Madre!… ¡Yo también Te amo! -Entre risas- Sí… lo voy a hacer… ¡JAJAJAJA!… Si a Ti Te gusta así, así lo voy a hacer. Cuando lo tenga listo, solo cuando lo tenga listo, lo voy a hacer.
Sí… ¡JAJAJA! -Rosaura, empezó a respirar mal. Duró poco-
Yo también Te amo. -Sonreía-
“Y a ustedes, a Mis amadas hijas, que estáis pendiente de todo lo que hablamos. Pronto sabréis, que es lo que ella va a hacer y os va a gustar. Debéis continuar con la oración, os purifica”.
(Rosaura)
¿Se los digo, Madre? -Se reía- Está bien… Bueno.
“Y esto va con vosotras, y cualquiera, que en algún momento puedan leer estas líneas:
¡Ay, de aquel, que no vea las señales, las señales están dadas, siempre!”.
(Rosaura)
Pero, ellas las están entendiendo. Myrna, fue la que se confundió un poco.
“Ella, debe vencer sus temores, sus miedos, Debe entregarse más libremente.
Cada quien de vosotras tenéis vuestras rendijas y vuestras culpas. No permitáis, que esas culpas abran vuestras rendijas.
Acordaos de lo que os he dicho, él está agazapado, esperando, simplemente esperando. Mas, nunca en ningún momento os he abandonado, siempre Estoy, siempre Estaré, siempre. Recordad eso, siempre”.
-Rosaura, inhala aire profundamente-
(Alba)
¿Y lo que dijo, el sacerdote, que no estábamos preparadas para enfrentarlo? -El Padre Ruperto-
“¿creíste acaso, que si no hubieran estado preparados os hubieras podido enfrentar? ¿No os acabo de decir, que nunca habéis estado solas?”.
(Alba)
-Respuesta corta, inaudible-
(Rosaura hija)
Tal vez tenga miedo.
“Tiene mucho conocimiento teológico, mucho aprendizaje en libros, pero pocas vivencias en la vida. No debéis ser tan severas al juzgar, es un alma hermosa, fue puesto por Mí Amado Hijo para guiaros. Debéis dejaos os guiar. ¿No veis acaso, cuanto conocimiento tiene y que alma pura es? ¿Por qué preguntáis lo que no debéis preguntar? La curiosidad no es buena”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 15 de enero de 2004
Hora: 08:00 a.m.
¡Estoy un poco cansada!, ¿por qué no oramos un poquito?, ¡estoy muy cansada, muy golpeada!
¡Me batuqueaba, me batuqueaba!
Hoy, tocan los Misterios Dolorosos.
-Todos los presentes empezaron a rezar el Santo Rosario y mientras lo hacían, Rosaura, entonó cantos de alabanzas y empezó a hablar-
“¿Quién en algún momento no ha tenido una culpa, una tristeza, un tropiezo?, ¿Quién en algún momento no ha volteado la cabeza viendo algo que le desagrada?, ¿Quién en algún momento ha olvidado un gesto de amor?, ¿Quién en algún momento se ha olvidado de Mí? Mas, Yo os digo, en ella Estoy, siempre Estaré”.
(Rosaura)
¡Madre!, ¿qué hice?
“Abriste la puerta de la culpa, terrible puerta”.
(Rosaura)
¡Los he defraudado, me siento tan poquita!
“¿No ves acaso, que ellos están a tú lado? ¿No sientes su amor, su cariño?”.
(Rosaura)
Sí. Yo no pensé, que era tan grave lo que estaba haciendo.
“Hay lugares a los que no puedes ir, porque estás en el proceso de crecimiento. No quiero, que sufras innecesariamente. No volverás más”.
(Rosaura)
¡Pero, hay algo en mí, que me hace ir!, cuando tengo mucha presión, ¡es como si no quisiera pensar! -A jugar maquinitas en el casino en familia-
“Déjate guiar, Yo te llevaré de la mano por el camino. Él no te va a volver a molestar”.
(Rosaura)
¡Madre, Padre, ¡estoy tan estropeada!
“Esto no comenzó anoche, tienes muchos días batallando, hasta que vino la crisis, pero saliste fortalecida. Me habéis demostrado, que sois todos uno.
¿Creísteis acaso, que estabas sola? ¿No sentiste a tus Ángeles custodios a tú alrededor? ¿No viste que nadie se te acercó? Hubo un momento, que la oscuridad estuvo cerca, mas, tú hija -Rosaura hija- se dio cuenta. Pobre infeliz criatura, se vale de las debilidades, de la culpa, ese que un día fue un rayo de luz. Debes crecer en la oración como Yo te enseñé. Recuerda, como Yo te enseñé”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 09 enero de 2004
Hora: 09:00 a.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelve, que me embriaga!
¡Oh, Luz Radiante, que Te acercas a mí!
¡Oh, Luz Radiante, que llegas!
¡Madre, Madre!, ¿qué me pasó?… ¿qué me pasó?
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves, protégeme… Protégeme! Necesito vencerlo.
¡Madre!
¡Oh!, ¡Luz Radiante, llegaste a mí!
“¿Creísteis acaso, que te iba a dejar sola?”.
(Rosaura)
¿Por qué tengo, que ver tantas cosas tan terribles, si no puedo hacer nada para cambiarlas?
¿Por qué tengo, que presenciar la oscuridad tan cerca, y en Tú casa?
“Pero lo venciste, pudiste con él”.
(Rosaura)
Pero se fue, sigue en él.
“Ya os lo dije, sólo con la oración, sólo con la oración”.
(Rosaura)
Tanta ira acumulada, tanto odio.
“Es una infeliz criatura. Debéis rezar por ella, cada vez que rezáis una oración algo hermoso sucede en alguna parte”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, fue una sensación tan extraña, me golpeó de repente.
“Cuando bajaste tus defensas, te dejaste llevar por tus sentimientos”.
(Rosaura)
Pero, Tú dijiste, que pusiera una mano en mí corazón y actuara.
“También te dije, que tenías que ser precavida, muy precavida”.
(Rosaura)
¿Y cómo hago para diferenciar una cosa de la otra?
“Tú estabas consciente, muy consciente de lo que había hoy ahí. Más de uno lo sintió”.
(Rosaura)
¿Y eso es malo?
“No, esa es la manera de combatirlo, con la oración, sólo con la oración. Él va a usar sus artimañas, se va a presentar desvalido, triste, acongojado. Mas, tú siempre le verás su verdadero rostro y el día, que esté limpio lo vas a notar”.
(Rosaura)
Te amo, Madre.
“Yo también. Los bendigo a todos. ¿Creéis acaso, que porque no Me presento más a menudo no Estoy siempre ahí? Siempre Estoy. Esta mañana te sentías tan desolada, ¿y vistes, todas las cosas hermosas que pasaron en el día?”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre, ¡realmente fue bello!, ¡tantos testimonios! ¡Qué lindo día!
“Por eso es que el ataque fue muy fuerte. El ataque fue sumamente fuerte”.
(Rosaura)
Pero, ¿cómo puede entrar a Tú Casa?
“Y a la de Mí Padre, y donde Mí Hijo se hace presente, y ha sido así por los siglos. Mas, no va a poder, su tiempo se acaba, su tiempo termina”.
(Rosaura)
¿Y cuántas almas, más va a utilizar?
“Todas las que el considere necesarias. Mas, cada día que pasa os hacéis más fuertes con la oración, con la paz”.
(Rosaura)
Bendíceme, Madre.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, viernes 02 enero de 2004
Hora: 09:30 p.m.
Estoy postrada a Tus pies.
Gloria a Ti mí Señor.
Iré a Tú encuentro
con la paz que me da Tu voz
y recurriré a Ti en mis momentos de dolor
y Tú, solamente Tú, me bañarás con Tú luz.
Que así sea. Amén.
“Ya os lo dije, debéis estar preparados para los momentos difíciles”.
(Rosaura)
¡Madre!
“Debéis acordaros de vuestros hermanos, extenderles la mano, compartir lo que tenéis”.
(Rosaura)
¡Madre, va a escasear la comida, no va a haber comida!
¡Oh, Luz Radiante, que Te acercas, que me envuelves!
¡Oh, Luz Radiante, que Estás ya aquí!
¡Uhm!… ¡Lo sé!
-Rosaura, inhala aire profundamente-
“Ese al que estáis limpiando, al que Yo recibiré cuando esté limpio, carga encima su miseria. Y recordad, que anda agazapado y se vale de las miserias, no permitáis que os perturbe. ¿No sabéis acaso, que él está siempre en la oscuridad esperando? ¡Cual infeliz criatura, que lo carga a cuestas!
Ya os lo He dicho, debéis tener precaución. Y así como una vez os lo dije, os lo vuelvo a decir, lo recibiré limpio porque vosotros lo estáis limpiando”.
-Rosaura, inhala aire profundamente-
(Rosaura)
¿Qué tengo que hacer?, ¿qué tengo que hacer? Yo le veo eso tan feo que tiene encima, se lo veo en sus ojos, en su olor, pero también, de repente, le veo en sus ojos miedo, tristeza, abandono, ¿cómo podemos ayudarlo?
“Con oración, sólo con la oración”.
(Rosaura)
Sí, pero él tiene que comer, y tiene que vestirse, y todo eso.
¿Seguimos haciendo lo que estamos haciendo?
“Deja que tú corazón te guíe. Mas, necesita mucha, mucha oración. Tienes el don de poder ver, se te ha dado a ti y a otros como a Mirna, y cuando veas que está presente ahuyéntalo”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, Tú dices las cosas de una manera tan hermosa, todo se hace tan fácil.
¿Qué es lo que pasa, que está viniendo poca gente a rezar? ¿Es que ya no se encuentran a gusto?, ¿qué es lo que está sucediendo? ¡A mí eso me preocupa, me entristece!, yo quisiera que cada vez sean más y más y más.
“Amada hija, son como las olas del mar, de repente, están arriba y de repente, bajan, y suavemente se esparcen. Muchos vienen porque tienen necesidades de amor, de salud, material”.
(Rosaura)
¡Yo eso lo entiendo, yo lo comprendo!, pero entonces, me parece, que después que consiguen lo que quieren se retiran, nunca tienen tiempo, siempre algo tienen que hacer.
“Quizás tú no los ves rezando ahí, mas, siempre tienes la casa llena, no es así tampoco como tú dices, los demás, lo están haciendo en sus hogares. Yo te puedo asegurar, que esa semilla que esparcisteis ha dado frutos, muchos frutos”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre perdóname!, creo que he sido un poco vanidosa… Perdóname de verdad, como que siempre hago las cosas mal. Busco, busco y busco, y no encuentro.
¡Fíjate lo que ha pasado en estos días, esas pérdidas!
“Se ha perdido lo que se ha querido perder, se ha perdido lo que se tenía que perder”.
(Rosaura)
¿Tú crees?, ¡a mí no me parece, porque eso es esfuerzo, trabajo!… A mí no me parece.
“En efecto, es esfuerzo, es trabajo, pero la persona piensa, analiza, busca en su interior y crece, y eso que perdió se le multiplica mil veces o ¿es acaso, que no te has dado cuenta, que nunca le está faltando nada?”.
(Rosaura)
¡Ay, sí, es verdad!, es correcto, gracias a Dios y gracias a Ti. -Rosaura, sonríe-
Se los diré… lo haré… Yo también, Te amo mucho Madre, bendíceme.
-Rosaura, inhala aire profundamente, abre los ojos y pide agua-
(Diana)
¿Qué te dijo la Virgen?
(Rosaura)
Aun perdiendo se gana, lo que hay que ganar.
Que vienen los momentos difíciles, que tenemos que estar preparados, que no olvidemos sus mensajes, que los analicemos, que en ellos está todo. Y no me dijo más nada.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 24 de diciembre de 2003
Hora: 11:30 a.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves, que me embriagas!
¡Oh, Luz Radiante!
¡Madre, Madre!… ¿Qué ha sucedido?
¿Por qué tanto dolor?… ¡Madre, Madre!, ¿por qué tanto dolor?
¿Y cuándo será?, ¿y cuándo será?
¡Madre, Madre!, ¡cobíjanos en Tú abrazo!, ¡envuélvenos en Tú manto!
¡Madre, Madre!
-Rosaura, inhala aire profundamente-
”Así como os doy el Rosario, así os envuelvo en Mí Manto. Mis amadas hijas, no permitáis, que los sucesos venideros os llenen de congoja. No permitáis, que vuestras debilidades os dominen. Debéis tener en cuenta, que os hemos estado forjando día a día, paso a paso”.
(Rosaura)
¡Uhm… Madre! Veo tantas cosas. Unas las veo sin ver, otras las veo viendo y otras las veo sintiendo, y eso me perturba mucho.
“¿Y piensas acaso, que te van a dejar de perturbar?”.
(Rosaura)
Bueno, sería lo correcto, ¿verdad?, porque uno… y entonces, ¿cómo es esto del crecimiento? No sé, yo cada día sufro más. Estaba tan angustiada ayer, que creía que no venía, después de las palabras tan difíciles que le dije, de que olía mal, de que tenía que bañarse.
“Pero él fue, llegó y llegó limpio y se va a ir limpio, y lo voy a recibir limpio, porque él se está limpiando, lo están ayudando a limpiarse, eso va más allá del tiempo. Ese amor que sientes por él, va más allá del tiempo”.
(Rosaura)
Madre, estoy un poco desconcertada, a veces Tú lenguaje me parece tan profundo.
Me parece, que hiero a las personas que amo… No sé, no debería, ¿verdad? Aunque ellas me agredan.
Madre, ¿qué debo hacer?
“Lo que haces, poco a poco, muy poco a poco, lo que haces, todo está en armonía con el tiempo Divino y ellos y ellas en su momento lo van a entender. Pero, primero tienes tú que dar el ejemplo. Eres Mi hija amada”.
(Rosaura)
¡Madre, perdóname! ¡Perdóname! A veces, siento la necesidad como de correr y corre y correr, pero siempre Estás en mí.
“Es que tú no corres sola, corremos juntas”.
(Rosaura) -Inhala aire-
Yo lo sé… Te amo.
“Yo también te amo”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 18 de diciembre de 2003
Hora: 03:25 p.m.
“Recordad, que la piedra preciosa, la fruta más hermosa, a la flor más olorosa todos se quieren acercar; unos lo hacen por codicia, otros lo hacen por admiración, hay quien lo hace por necesidad. No importa porque se acerquen, eso no es lo importante. Lo importante es que se acercan”.
(Rosaura)
No entiendo, Madre, qué Estás queriéndome decir… ¿Tenemos que atender a todos los que llegan?, ¿eso es lo que me quieres decir? No entiendo Tus palabras. Tú misma dijiste, que no todos los que se acercaban al Lugar Sagrado lo hacían por Ti. Me tienes algo confundida, no comprendo Tus palabras.
“Una piedra preciosa es solamente eso, una piedra preciosa a los ojos de muchos, pero a los ojos del conocedor se necesitó tiempo, años, muchos años para tallarla, para que esos minerales se unieran y se formaran dando ese brillo y esa luz. Una fruta puede acercar a quien la quiere saborear, pero hay el que puede y sabe que con su semilla crecerán y se multiplicarán y habrán muchas, muchas frutas más. Y esa flor olorosa, que puede producir esencias deliciosas, esa flor tan hermosa que adorna los altares, los rostros, los jardines, reflejan el arcoíris, el color, la belleza y, ¡ay, del que lo sepa entender!”.
(Rosaura)
Entiendo Madre, que la piedra no es solo piedra preciosa, que la fruta no es solo una fruta y que la flor, aunque se marchite, no es solo una flor.
“Así es, es la creación, es el tiempo, es la paciencia, es el crecimiento, es el nacer, el vivir, expandir. Vosotros debéis expandir las ideas, mas, debéis ser precavidos, muy precavidos”.
-Rosaura, inhala aire profundamente y continúa-
(Rosaura)
Me preocupa enormemente Madre, que por querer ser precavidos caigamos en la injusticia, en juzgar. Me preocupa mucho eso, no quisiera ser injusta.
Lo sé… lo haré… lo haré… Yo también Te amo.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 13 de noviembre de 2003
Hora: 07:45 p.m.
Gloria a Ti mí Señor Jesús.
“Ya os lo dije, que lo tengo pisado por la cabeza. Vosotros debéis pisarlo por la cola y en esos espacios vacíos solo vuestra oración llenará ese vacío.
Está muy maltratada, mas, salió victoriosa. Nunca la luz dejó de estar en su corazón.
-Rosaura, inhala aire profundamente-
¡Va de retro satanás!, no puedes nada contra ella, tiene Mí protección y la de Mí Amado Hijo, ¡no vas a poder!
Abriré los caminos para que el doctor pueda venir.
-El Dr. Enrique Aguilar, que asistía a Rosaura-
Mientras ella confunda lo que es el amor, la generosidad, el perdón, será manejada en sus debilidades. Debéis reforzarle su autoconfianza. Amar, a veces, es decir que no.
Está aquí, agazapado, bajado, disimulado, mas, ella lo está venciendo. Y será vencido”.
(Rosaura)
Y bajará del cielo con 7 estrellas, con la “P” de la paz, la “V” de la victoria, la “V” de la Virgen.
-Rosaura, inhala aire nuevamente-
“Está muy agotada, la lucha empezó desde las 4:00 de la tarde, son muchas horas luchando. Mas, lo pudo vencer, gracias a ustedes y a su oración, fue vencido. Mas, no alejado, sigue agazapado. Debéis tener cuidado con vuestras debilidades, ser más generosas en vuestros hogares. Ella es el centro, si ella se debilita, se caerá la misión y no lo vamos a permitir. Si tenemos que sacrificar a algunos de los que están a su alrededor, sea familia, sea amigo, así será”.
(Rosaura)
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves, que llegas hasta a mí!
¡Oh, Luz Radiante, protégeme, no me desampares, ayúdame, ¡guíame!
¡Oh, Luz Radiante, guíame, ¡ayúdame!
¡Madre!, ¿qué me pasó?… ¿qué me pasó?… ¿qué me pasó?
¡Oh, Luz Radiante, que me guía!, ¿por qué me dejas ver la oscuridad?, ¿por qué me permites acercarme a ella, si confío tanto en Ti?
¡Oh, Luz Radiante!
“Porque solo venciéndola la podrás dominar, solo conociéndola sabrás de lo que es capaz. ¿No sabes acaso, amada hija, que tienes a tus Ángeles alrededor que te protegen?”.
(Rosaura)
¡Madre, es tan fuerte! Tengo más de 12 horas luchando. ¿Por qué se lo permites?… ¿por qué?
“Ya os lo dije, está agazapado, simplemente esperando. Yo os lo dije, Yo le aplasto la cabeza, vosotros debéis aplastarle la cola y en esos espacios llenarlos con vuestras oraciones. Esas oraciones, que saldrán de tus manos y que muchos van a leer y serán guía de paz y de amor”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 10 de noviembre de 2003
Hora: 12:15 p.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves, me acaricias!
¡Oh, Luz Radiante!, ¡me viniste a sanar las heridas!
¡Oh, Luz Radiante, ¡no son tan profundas!, siempre estuviste Tú primero, siempre.
¡Oh, Luz Radiante, ¡envuélveme!
¡Oh, Luz Radiante!
¡Estás acompañada!
Lo sé, lo sé… lo entiendo… así será… yo también Te amo… Así será.
“Cuando os dije, que debéis pasar por el camino angosto, también os dije, que está lleno de luz. Solo debéis seguir la luz. Mas, aquel que un día fue un destello de ella os pone trabas. Perdéis el tiempo en cosas innecesarias, en afanes. ¿Por qué os afanáis tanto? ¿No sabéis acaso, que todo tiene su tiempo? ¿No sabéis acaso, que no debéis buscar? Más, siempre está ahí. ¿Por qué os afanáis tanto en tener, en hacer, perdiendo el tiempo?
Ya os los dije, vienen los momentos más difíciles, debéis pisarle la cola pues, Yo le piso la cabeza y con vuestras oraciones llenáis esos espacios vacíos. ¿Qué os preocupa tanto? En la medida en que tengáis más confianza en vosotros mismos, en la medida en que entendáis, que aun mirando a lo lejos nunca la vista alcanzará a abarcar toda la Creación.
Cuando os entreguéis serenamente, plácidamente a lo que debéis hacer. ¿Creéis acaso, que os iba a dejar sufrir? ¿Creéis acaso, que Yo no iba a Estar presente en todos vuestros momentos de ansiedad? ¡Cómo Me duele, Me ponéis triste! ¿Es que acaso, no confiáis en lo que os digo?, ¿por qué tanto el afán?, ¿por qué os afanáis tanto en hacer?”.
(Rosaura)
Madre… si no hacemos, no llegamos.
“Hace el que quiere hacer, hace el que puede hacer y hace el que tiene que hacer”.
(Rosaura)
No entiendo… de verdad creo que estamos lográndolo. Sé que tengo, que dejar muchas cosas en el camino, pero recojo tantas otras tan hermosas.
“Acuérdate, que Yo no hablo solo para ti. Mis palabras caen en oídos de muchos y cada quien sabe”.
(Rosaura)
Madre, agradezco tanto, que Estés aquí.
“Habrán momentos, amada hija, que el dolor no te dejará caminar y en esos momentos recuerda, que Yo te sostengo.
Habrán momentos, en que algunos de ustedes sentirán, que todo termina, que todo se va. Mas, ¿no sabéis acaso, que en cualquier sitio donde se vaya, siempre Estaré? Y aunque os vayáis o sintáis que os vais, siempre Estaré”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 02 de noviembre de 2003
Hora: 03:00 p.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me llega y me envuelve!
¡Oh, Luz Radiante, que Estás tan cerca de mí!
¡Oh, Luz Radiante, Hermosa, llévame contigo, ¡protégeme!
¡Oh, Luz Radiante!
“Amada hija, tú no puedes abrir ninguna rendija. ¿No sabes acaso, que la oscuridad se cuela por cualquier hueco? Se arrastra, se arrastra. Te la hicimos ver tal como es, porque te sentías tan culpable, te sentías mal por el rechazo que sentías. Mas, aquel que fue un día un destello de luz sabe cómo utilizar las debilidades, y aunque tú bondad es tú mejor… También, puede ser tú debilidad”.
(Rosaura)
Madre, ¿mí mejor qué? ¿Tú no dices, que tenemos que ser más generosos, amorosos?
“Es tú mejor condición, pero hay de quienes abusan de ella.
Ya se los dije, no debéis tener miedo, pronto esa luz tan deseada llegará. Quiero, que cada uno de todos los que conforman este grupo donde brilla la luz, tengan el aceite que será preparado solo por ti para cada uno de ellos”.
(Rosaura)
¿Los demás no lo pueden preparar?
“Sólo por ti, y se lo darás a cada uno de ellos”.
(Rosaura)
Bueno, así será… ¿No los estamos excluyendo?
“No, al contrario, son extensión de Mí Amor Maternal y tú eres la luz, que los guía a todos ellos”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, ¡hoy estoy con el bruto medio atravesado! No sé, es que tengo tantos días sintiéndome tan estropeada. Pero, ¿sabes? Ayer, estuve… ¡tan linda Tú casa!, con la monjita. -La Hermana Gloria de Las Carmelitas de la Anunciación, en las Piedras del Valle- Estaba hermosa y Estabas ahí presente.
“Estaba y Estoy, la tengo en Mí regazo”.
(Rosaura)
Yo lo sé, yo se lo dije a ella y le dije, que pronto nos íbamos a encontrar. Está muy linda -Hermana Gloria- Pero, sufre.
“Pero, lo que tú le dijiste es cierto, su amor y el amor, que le tienen no le permite, que le llegue el dolor. No fue accidental que fueras, fuiste porque así vas a ser tú, así estás siendo tú y así serás tú una fuente de amor donde las vas a proteger y los vas a proteger a todos”.
(Rosaura)
No sé, perdóname, pero… -Rosaura, respiraba agitadamente-
“Ya lo sé, no Me estás entendiendo”.
(Rosaura)
No es que no Te entienda, Madre, es que estoy confundida. ¿Cómo es posible, que pueda haber en Tú casa, en Tú lugar sagrado personas así?
“Ya os lo dije, no todos los que llegan ahí, vienen a Mí”.
(Rosaura)
Estoy un poco confundida, realmente confundida, si esa es Tú Casa. ¿Cómo les digo, que no vayan a esas pobres mujeres?, ¿cómo les digo, que no estén ahí?, ¿cómo las puedo ayudar?
“Ellas escogieron, ellas eligieron, les diste tiempo, les diste espacio, sacrificaste tú cuerpo. Mas, no lo entendieron, no lo comprendieron”.
(Rosaura)
Yo, Te amo, Madre.
“Yo también, te amo”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, jueves 23 de octubre de 2003
Hora: 02:10 p.m.
¡Oh, Luz Radiante, que me envuelves, que me embriagas!
Me encantó, me encantó, ¡cuánto me gustó lo que hiciste! A ellos también les gustó, aunque no todos lo entendieron… ¡Ay, Madre!, ¡me encantó!
Está bien… ¡Ay, sí!
“¿Pensasteis acaso, que no tenía palabras para vosotros? Os di luz, os doy luz, os daré luz siempre, siempre”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 07 de octubre de 2003
Hora: 06:45 p.m.
¡Ay, me duele la cabeza!, ¡me duele mucho la cabeza!, ¡me duele tanto la cabeza!
¿Dónde estoy? ¡Ay, cómo me duele Su dolor!… ¡ay, de mí!… hay tanta oscuridad, quítenme la oscuridad. -Rosaura, se queja mucho-
“Amada hija, no permitas, que te perturbe, no permitas, que te toque”.
(Rosaura)
¡Madre, me quiere matar!
“¿Tú crees acaso, que lo va a poder lograr?”.
(Rosaura)
Madre, ¿qué me pasó hoy? Estuve vagando por las calles, no me acuerdo.
“No estuviste sola, tú Ángel te acompañó. Qué importa lo material, llegaste sana y salva”.
(Rosaura)
Es que ni siquiera sé cómo llegué. ¿Es que estoy permitiendo algo que no debo?, ¿es que estoy actuando mal?
“Al contrario, cada día lo estás haciendo mejor. Y a ese, que un día fue un destello de luz, a ese que llaman satán, no le gusta. Y a Mis hijos amados, mientras más cerca están de Mí, más los ataca. Pero no van a poder, no te inquietes, lo que hoy se perdió mañana florecerá, no te inquietes”.
(Rosaura)
Es que no sé qué pasó, llamé a un teléfono, que no conozco, los teléfonos no servían. Llamé a María, a Marino…
“Y seguirán pasando cosas así, como hubo llamadas desde un teléfono muerto para que todos supieran, que Yo Estaba presente. Habrán señales, unas pequeñas, otras grandes”.
(Rosaura)
Madre, no sé qué pasó.
“No importa lo que pasó, ya pasó. Importa lo que vas a hacer ahora. Te vas a recoger, Te dije en una oportunidad, que escribieras, que iba a guiar tus manos”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, es que no he tenido tiempo.
“Quiero, que tomes ese tiempo, no vas a salir, estarás en un retiro en paz. No quiero, que nada te moleste, ni te perturbe. Sólo la oración será tú compañía. Lo vas a hacer, y el séptimo día vas a salir y van a ir todos, y te acompañarán a Mí casa”.
(Rosaura)
¿Todos?
“Sí”.
(Rosaura)
¿Cómo el otro día?
“Como el otro día”.
(Rosaura)
Madre, ¿tengo, que quedarme toda la semana en la casa? No sé si voy a poder, yo no puedo dejar a los demás así. ¿Cómo voy a dejar a Alba sola? Además, no tengo comida en la casa… no puedo, no sé… estoy confundida.
“¿Alguna vez te ha faltado algo? ¿No sabes acaso, que te rodean todos los que te aman? Y aquel, que diese de lo suyo, mil veces se le multiplicará. Te necesito en paz”.
(Rosaura)
No estoy muy en paz, ¿verdad? Es que últimamente los dolores han sido muy fuertes, pero yo no reniego de ellos, al contrario, los he llevado con mucho amor.
“Lo sé, pero tú cuerpo necesita reposo, tú mente necesita aclarar sus ideas, necesitas buscar dentro de ti. No quiero que nada te perturbe”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, me lo estás poniendo un poco difícil, no sé, Madre.
¿Viste que tengo a Tú Hijo conmigo? -Se toca un crucifijo, que tiene en el pecho-
“Siempre lo tienes contigo”.
(Rosaura)
¿No Te vas a aparecer más?
“¿Quién te dijo eso?”.
(Rosaura)
No sé, como no me he portado últimamente bien…
Yo, también Te amo, Madre.
“Y a todos vosotros… debéis cuidarla. La persona, que le está haciendo daño está muy cerca, Myrna le oyó su sonido. Myrna, sabe que hoy pasó algo, presten atención a Myrna.
Satanás, se está valiendo de ella, que es un ser de baja luz para dañarla, tiene una vecina, que practica cosas que van en contra de la verdad de Dios, tiene que estar recogida y hacer oración. Y al séptimo día ir a la casa de Mí Hijo y recibir la Eucaristía. Debéis cuidarla”.
(Rosaura)
Madre, ¿te puedo hacer una pregunta? ¿Estás cosas me están pasando porque no soy digna de Ti?, ¿no lo estoy haciendo con toda la nobleza de mí alma? Madre, ¿no soy merecedora de Tú amor? ¿Por qué estás lagunas? Ayúdame.
“Ha habido las señales, y ninguno os habéis dado cuenta. Hasta Ángeles se le han acercado para protegerla. No todo el que entra a Mí casa, entra con amor. Debéis cuidarla”.
(Rosaura)
¿Pero de qué me van a cuidar?, ¡Imagínate, Madre!
“De ti misma, de tus miedos, de tus dudas, de tus temores. No os lo dije, os necesito fuertes y unidos”.
(Rosaura)
Pero, yo no dudo de la misión, ni de ellos. Yo, los quiero mucho a todos.
“Se ven envueltos en situaciones diarias, sabe por dónde dar, sabe lo que te puede molestar. Vas a salir el séptimo día, como la mariposa, que sale de su capullo, fuerte, hermosa, radiante”.
(Rosaura)
Si es Tú deseo, así será, pero me va a costar bastante.
“El séptimo día irás a la Casa de Mí Amado Hijo y todos juntos lo recibirán en cuerpo y sangre, y serán bendecidos. Y habrá una nueva señal que todos van a entender”.
(Rosaura)
Te quiero mucho, Madre… están alegres -Los ángeles-
Es que la Madre, Está presente.
¿Por qué lloraron todos? No me gusta que llores.
-Marino, María Mata y Alba, fueron a casa de Rosaura, porque ella estaba sintiéndose mal. Al llegar Marino y María Mata, esperaron en la sala, mientras Rosaura y Alba conversaban en el cuarto. Al salir, hicieron notar, que los cuadros que estaban encima de la mesa del comedor, que estaba pintando Rosaura, estaban llorando escarchas-
“No son lágrimas, son luz de vida, es protección. Estoy allí, en cada uno de ellos Estoy”.
(Rosaura)
Pero impresiona.
“Estaba protegiéndolos”.
(Rosaura)
¿Es que no lo estoy haciendo bien, que necesito que me protejas tanto?
“Ay, Mí amada hija, porque lo estás haciendo bien, porque todos lo están haciendo bien es que necesitan más protección”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 28 de septiembre de 2003
Hora: 09:50 p.m.
Madre, Madre… Madre, ¿todavía estás triste? Madre.
Yo también… Madre, ¿qué puedo hacer?, ¿qué puedo hacer?
A veces, me vienen dudas y no quiero juzgar a nadie, ni pensar en nadie… Yo los quiero. Nos quieren dividir, nos están atacando.
Ayúdame, ayúdame.
“Sólo si buscáis en tú corazón encontrarás la respuesta. Sabes, que ese es el camino indicado, no sigas luchando”.
(Rosaura)
No es fácil, no es fácil, ¡me da tanta pena contigo!
¿Cómo hago?, ¿cómo hago?
Voy a Tú casa, la veo tan vacía, que me da tristeza. Son tan pocos los que llevan la palabra de Tú Hijo con verdadero amor, están enfrascados es en tener, más, no en ser y me produce tanto dolor. Ellos, que están tan cerca, están cada vez más lejos. No nos dejan ayudar, no se dejan ayudar, los dominan sus temores, en todas partes ven lo malo, en todas partes. Siento mucha lástima, mucha lástima.
Cómo explicarles, que todas esas cosas son banales, que deben ser más generosos con el prójimo, que deben tener más tiempo. Cómo explicarles, que Él nunca se cansaba, siempre había una sonrisa.
Cuando voy a Tú Casa lloro mucho, pues sé que eso no es lo que Tú Amado Hijo quiere, menos mal que hay algunos, que realmente lo aman, si no, no sé qué será.
“Hay muchos más de lo que tú piensas, que no se dejan ver, que cumplen su misión. No estés pendiente de los que tienen oropeles, está pendiente de los que silenciosamente trabajan, así como lo haces tú, como lo hacen todos. Eso es lo que agrada a Mí Amado Hijo, eso llena de paz Mí corazón. ¿Cómo voy a estar triste? Recuerda, siempre Estoy, siempre. Y te envío las señales, más, tú a veces, no las quieres ver”.
(Rosaura)
Lo que pasa, es que las entiendo después que han pasado, no en el momento, ¡y me da tanta tristeza!
“Yo también te amo”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, lunes 22 de septiembre de 2003
Hora: 07:00 p.m.
“No creo que sean necesarias las palabras. Vosotras sabéis muy bien lo que ha pasado. Debéis comprenderos mejor. Que os sirva de lección lo que habéis vivido”.
-Hubo un silencio largo en la grabación y continuó-
“No es lo que pensáis. ¿Creísteis acaso, que os iba a abandonar? ¿Cuántas veces os debo repetir las mismas cosas? Mi corazón Está adolorido, muy adolorido. ¿No me vas a decir nada?”.
(Rosaura)
¡No me atrevo, Madre!
“¿Creéis acaso, que Estoy triste, sólo por lo que vosotras pensáis que hacéis? ¿Es que no veis lo que pasa a vuestro alrededor? Cada quien se sumerge en sus propias necesidades, en su momento y no miran a su entorno, y no se dan cuenta de lo que sucede a su alrededor. Por eso, os estamos forjando poco a poco. ¿No sabéis acaso, que todas, de alguna manera, son parte de la luz? No permitáis, que esa luz se apague, que os envuelva la oscuridad. Está al acecho, pendiente, agazapada, pero no es más que un triste, un triste recuerdo de lo que un día fue, un destello de luz. Recordad siempre, sois luz. Me inquieta, Me angustia, cuando os veo distanciadas”.
(Rosaura)
¡Oh, Madre!, no sé qué decir.
“No digas nada, no es necesario. Quien sino Yo, que Soy tú Madre, te comprende. A todas las comprendo, mas, debéis comprenderme a Mí. Recordad siempre, Me tenéis al alcance de vuestras manos. Soy vuestra Madre, os amo, no permitáis que os alejen de Mí, no permitáis, que las dudas, los temores os inquieten, ya Mí Amado Hijo os lo dijo: la única verdad absoluta, es ÉL”.
(Rosaura)
¡Madre, no me gusta verte triste, no me gusta sentirte triste! ¿Por qué a nosotras si no damos la talla?
“No la dais si no la queréis dar, pero sí podéis, todas pueden, todos pueden. No podemos permitir, que nadie se sacrifique. Os quiero fuertes y unidos. Mí Amado Hijo, os necesita.
Recordad siempre, nunca os dejo solos, siempre Estoy con vosotros”.
-Rosaura, abre los ojos, dice sentirse muy triste y con ganas de llorar. Después, continúa-
“¿No sientes acaso, como acaricio tú rostro?”.
(Rosaura)
¡Madre, estoy tan avergonzada!, ¡todos estamos avergonzados!
“Sentid Mí abrazo, os estoy envolviendo con Mí manto. ¿Estáis viendo Mí protección?
-Empezó a caer mucha escarcha-
Te dije un día, que era luz de vida, Mí luz. Estás rodeada de luz, ellas están rodeadas de luz. Yo Estoy presente en cada uno de sus momentos. Si van a poder, no debéis temer.
Recuerda, te quiero alegre”.
(Rosaura)
¡Oh, Madre!, ¿cómo podemos estarlo, si Te veo triste?
“Yo también te amo”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, martes 16 de septiembre de 2003
Hora: 03:15 p.m.
¡Me duele tanto la cabeza!, ¡ay, Madre!, ¿por qué me duele tanto la cabeza?
“¿No será, porque eres demasiado severa contigo misma, y con los demás?”.
(Rosaura)
¿Soy muy severa conmigo misma?
“Si, contigo misma”.
(Rosaura)
A lo mejor, sí, a lo mejor espero demasiado y doy poco. A lo mejor es eso, quizás debo aprender, quizás debo crecer. Es que esto de crecer y crecer y crecer, ¿hasta cuándo tenemos que crecer?
-La respuesta de la Madre, fue mental para Rosaura-
(Rosaura)
Ya lo sé.
“No quiero verte sufrir, quiero verte alegre, sonriente. ¿No sabes acaso, que eso alegra Mí corazón?”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, no es fácil, no es fácil. Veo tantas cosas todos los días.
“Mí Amado Hijo, no te da más de lo que no puedas soportar. Sé más generosa, deja pasar las cosas, no hagas caso. ¿No sabes, que así te lastimáis y lastimáis a los que están a tú alrededor?”.
(Rosaura)
¡Es que no me comprenden, realmente no me comprenden y ya no sé qué hacer!
No creo que me comprendan, me siento a veces, que no puedo dar más, me siento a veces atada a mis debilidades.
“Ay, Mí amada hija, quizás he sido demasiado severa contigo, quizás los demás han interpretado Mis palabras muy literalmente”.
(Rosaura)
Madre, ¿qué quieres Tú, que yo haga?
“Lo que haces, ni más ni menos, quizás más”.
(Rosaura)
¿Cómo crecer? Yo quiero ayudarlos a todos y de repente, me siento, que los descontrolo, que no los ayudo.
“¿Recuerdas, lo que le dijiste ayer a la señora, que estaba contigo?”.
(Rosaura)
¿A cuál?
“A la señora, que estaba al lado tuyo. Le dijiste, que no fuera tan severa con ella misma, que perdonara. Hablaste del perdón, le dijiste, que cuando se perdonaba, se liberaba”.
(Rosaura)
Pero, yo no soy rencorosa, yo no guardo rencor en mí corazón.
“Ya lo sé”.
(Rosaura)
¿Y entonces? No entiendo lo que me quieres decir.
“Acuérdate, que Yo no hablo solo para ti. Yo hablo para todas Mis hijas y Mis hijos. Algún día estas palabras serán leídas y releídas, y muchos los comprenderán y lo entenderán, y verán la importancia del perdón y del amor. Tú lo sabes, tú lo aplicas, lo dices todos los días. No sufras, no Me gusta verte sufrir”.
(Rosaura)
¡Ay!, ¡Madre, perdóname!, soy tan poquita cosa, pero Te amo, Te amo mucho.
“Lo sé, Yo también te amo y a ellas y a ellos”.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, miércoles 10 de septiembre de 2003
Hora: 02:05 p.m.
“Rosaura, ¿por qué te inquietas tanto?, ¿no sabéis acaso, que Yo siempre Estoy con vosotros?”.
(Rosaura)
¡Ay, Madre!, creo que en este momento no me estoy portando bien, ¿verdad? Me he debilitado mucho, pero Te prometo, que voy a crecer, voy a ser más fuerte. ¡Es que me afectan las cosas!, yo me hago la que no, pero me afectan.
“Yo, lo sé, pero debes tener paciencia, ya el peligro está pasando, lo habéis enfrentado muy bien. Debéis continuar alerta, mas, no preocupados.
Sois más firmes que la roca y tenéis más fuerza que el agua. Y el agua y la roca juntos y la roca y el agua también. Nada puede contra eso.
No debéis pensar, que os abandono, te lo dije, los quiero fuertes y unidos. Vienen momentos difíciles, no para ustedes, para los demás y seréis la espalda de muchos”.
(Rosaura)
¿Para nosotros no hay más momentos difíciles?
“En la medida en que crezcáis en la fe estaréis más fuertes. Os amo y os bendigo”.
(Rosaura)
Gracias, Madre.
Rosaura Gonzalo
Isla de Margarita, Edo. Nueva Esparta, Porlamar, domingo 17 de agosto de 2003
Hora: 06:15 p.m.
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